Zeitgesit (espíritu de la época)



Jesús efectivamente existió. Pero no fue un personaje tan especial como se pretende sino que, a decir verdad, fue mitologizado por sus seguidores quienes copiaron historias de la tradición pagana tales como las de Horus, Osiris, Krishna, Mitra, Tammuz, Adonis y Apolonio de Tiana.

Respuesta: La idea de que la creencia en Jesús fue una exageración inspirada en la mitología pagana fue planteada por algunos teólogos liberales alemanes del siglo XIX. Pero su teoría fue rápidamente desestimada por la comunidad académica. Sin embargo, en los últimos años, debido al crecimiento del Internet y la proliferación de información poco confiable que ello implica, esta idea ha resurgido en el imaginario social.

Así, por ejemplo, la famosa película- documental Zeitgesit hace, entre otras, las siguientes afirmaciones sobre el dios egipcio Horus: 1) nació de la virgen María Isis un 25 de diciembre, 2) tres reyes vinieron a adorarlo cuando nació, 3) se convirtió en un maestro niño prodigio a los 12 años, 4) fue bautizado antes de iniciar su ministerio, 5) tuvo doce discípulos, y 6) fue crucificado.

Mucha gente asume acríticamente estas aseveraciones e infiere entonces que el Cristianismo es en su conjunto una farsa. Sin embargo, cuando hacemos un análisis serio y documentado de los escritos sobre Horus nos encontramos con lo siguiente:

1) Horus nació de Isis que ni era virgen (ella era la viuda de Osiris) ni llevaba el nombre de “María” (y eso sin mencionar que “María” es el nombre de la madre de Jesús en nuestro idioma, siendo “Miryam” el nombre original), además su natalicio fue durante el mes de Khoiak (octubre- noviembre), no el 25 de diciembre;
2) no hay registro de tres reyes visitando a Horus en su nacimiento, además la Biblia no establece el número exacto de reyes que fueron a ver a Jesús;
3) no hay documentación de que Horus haya sido maestro a los 12 años,
4) Horus nunca fue “bautizado” ni tuvo propiamente un “ministerio”, de hecho el único relato sobre Horus que incluye agua es aquel donde es cortado en pedazos e Isis le pide al dios cocodrilo que lo salve;
5) Horus no tuvo doce discípulos sino cuatro semidioses que lo seguían y, tal vez, algunos humanos;
6) Horus no murió crucificado, no hay ningún relato sobre él que implique eso.

Asimismo, se pretende equiparar la resurrección de Jesús con el relato de la “resurrección” de Osiris, dios egipcio padre de Horus. Pero esa teoría no tiene pies ni cabeza. Simplemente sucede que en una de las varias versiones mitológicas al respecto se dice que Osiris fue asesinado por su hermano quien lo cortó en catorce partes y las esparció por Egipto. Luego de ello Isis, su esposa, juntó las partes (excepto el pene, que se perdió) y lo devolvió a la vida. ¿Pero puede esto acaso compararse con la resurrección de Jesús? De ningún modo, lo de Osiris fue una mera “zombificación”, similar a la del monstruo de Frankenstein, no propiamente una resurrección.

Y análogamente sucede con los otros ejemplos mencionados por la película Zeitgeist. Se afirma que el Krishna hindú también fue crucificado y resucitado cuando en realidad el hinduismo enseña muy claramente que Krishna murió por una herida infligida de modo accidental por la flecha de un cazador y que luego de eso se fue con Brahmán. Eso es muy difícilmente compatible con el concepto de resurrección.

A su vez, en referencia a Mitra, la mencionada película afirma que nació de una virgen, que fue un gran maestro, que tuvo doce discípulos y que resucitó de los muertos. Sin embargo, cuando uno examina lo que dicen verdaderamente los textos antiguos sobre Mitra se encuentra con que no nació de ninguna mujer sino que más bien surgió de una piedra, que nunca fue un gran maestro ni tuvo doce discípulos (a lo más hay un mural en que se encuentra rodeado por los doce signos del Zodiaco) y que no hay documentación sobre su muerte corporal, así que no podría haber ninguna resurrección (lo único que hay es un relato en el que, luego de su misión terrenal, es llevado vivo al paraíso).

Con respecto a Tammuz, de Mesopotamia, y Adonis, de Siria, tenemos que el paralelo se hace en función de las muertes y resurrecciones que experimentaban en correspondencia con los ciclos estacionales de fertilidad agrícola.

Pero no hay la más mínima conmensurabilidad. La resurrección de Cristo se conceptúa como un acontecimiento único, absoluto y trascendente mientras que las de Tammuz y Adonis son cíclicas, relativas e inmanentes. “La muerte y resurrección de dioses estaba fuertemente relacionada al ciclo estacional. Sus muertes y resurrecciones eran vistas como reflejadas en el cambio de la vida vegetal. La muerte y resurrección de Jesús es un evento único, no repetitivo, y no relativo a los cambios estacionales. (…) No hay evidencia prima facie de que la muerte y resurrección de Jesús es una construcción mitológica, dibujada sobre mitos y ritos (…) la fe en la muerte y resurrección de Jesús conserva su carácter único en la historia de las religiones”.

En cuanto a Apolonio de Tiana tenemos que fue un místico neopitagórico que, al parecer, vivió en el siglo I y al cual se le atribuyen muchos prodigios y milagros. Pues bien, algunos escépticos han aducido que Jesús sería una mera “copia barata” de él. Pero en realidad, si examinamos con criterios históricos, resulta mucho más probable lo contrario: que Apolonio de Tiana sea una mera “copia barata” de Jesús. Como sabemos, los primeros documentos sobre Jesús se escribieron en torno al año 50, es decir, a solo unas dos décadas luego de su muerte. En cambio, la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato, que es prácticamente la única fuente al respecto (en contraste con la significativa pluralidad de documentos sobre Jesús), se escribió en torno al año 220, es decir, a más de 100 años luego de la muerte de Apolonio y más de 150 luego de la de Jesús. Así que es perfectamente posible que, como han sostenido algunos, la historia de Apolonio de Tiana sea más bien “el producto de una reacción consciente contra el Cristianismo”. Basta y sobra con todo esto para desestimar la objeción pues se habría abordado específicamente cada uno de los principales casos de comparaciones.

Sin embargo, también nos parece importante hacer algunas observaciones adicionales.

En primer lugar, que este “argumento” cae en la falacia post hoc. En efecto, incluso si las
narraciones pre- cristianas de dioses mitológicos se asemejaran a las de Cristo (lo cual no es el caso), ello no necesariamente implica que haya tergiversación por parte de los autores del Nuevo Testamento que muy probablemente las desconocían. Eso sería tanto como decir que las series de televisión de Star Trek fueron la causa de que la NASA haya implementado el programa “Space Shuttle”. Pero incluso el supuesto de precedencia temporal puede ser seriamente cuestionado en varios de los casos. Así, por ejemplo, el apologista Tertuliano escribió acerca de los creyentes de Mitra que hacían referencia a una resurrección pero aclaró que hicieron esto después de la época en que fueron escritos los Evangelios. En esa misma línea, escriben los estudiosos Gary Habermas y Michael Licona: “El primer relato de un dios que muere y resucita que de algún modo se compara con la historia de Jesús aparece al menos 100 años después de los reportes de la resurrección de Jesús. Las versiones más tempranas de la muerte y resurrección del personaje mitológico griego Adonis aparecen al menos después del año 150.

(…) Por tanto, uno no puede clamar que los discípulos estaban escribiendo de acuerdo a un estilo literario contemporáneo de dioses que mueren y resucitan”. En todo caso, la historia ha demostrado que se requieren de al menos dos generaciones para que un mito pueda entrar en un relato histórico. ¿Por qué? Porque los testigos presenciales pueden refutar los errores introducidos y exponer la obra como falsa. Sin embargo, prácticamente todo el Nuevo Testamento fue escrito en la época en que vivían los testigos presenciales y, de hecho, hay relatos, como las cartas de Pablo, que datan de fechas tan tempranas como el año 50. Ergo, era difícil introducir invenciones mitológicas sobre los principales hechos. Por otro lado, es importante resaltar el hecho de que, desde los inicios mismos de la predicación cristiana, la imagen de Jesús no se confunde con la de ningún otro dios.

Dice el libro de Hechos: “Mientras Pablo esperaba en Atenas a Silas y Timoteo, se indignó mucho al ver la ciudad llena de ídolos. Por eso discutía en la sinagoga con los judíos y con otros que adoraban a Dios, y cada día discutía igualmente en el ágora con los que por allí se reunían. También disputaban con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: ‘¿ Qué quiere decir este palabrero?’ Y otros: ‘Parece ser un predicador de divinidades extrañas’. Decían esto porque Pablo les predicaba a Jesús y la resurrección. Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, diciendo: ‘¿ Podemos saber qué es esta nueva enseñanza que proclamas? Porque nos hablas de cosas extrañas, queremos saber qué significan’” (Hechos 17: 16- 20). ¿Acaso hubiera sido esta la respuesta de los epicúreos y estoicos si fuera cierto que el Cristianismo no es más que una copia de mitos paganos anteriores? ¿por qué, frente a la prédica de la resurrección de Jesús, no respondieron diciendo “Ah, al igual que Horus y Mitra” sino que más bien se refirieron a ello como “nueva enseñanza”? Se ve claro, entonces, que la idea de que Jesús fue un mito no es más que un mito y que, por tanto, permanece con toda su vigencia e implicancia existencial la pregunta que Jesús hacía a sus discípulos:

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16: 15)


T. N. Mettinger, The Riddle of Resurrection: «Dying and Rising Gods» in the Ancient Near
East, Ed. Almquist & Wiksell International, Estocolmo, 2001,p. 221

Colin Hemer, The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History, Ed. Eisenbrauns, Winona Lake, 1990, p. 94

Gary Habermas and Michael Licona, The Case for the Resurrection of Jesus, Kregel Publications, Grand Rapids, 2004, ch. 4

Lee Strobel, El Caso de Cristo, Ed. Vida, Florida, 2000, p. 168.

Philip Schaff, History of the Christian Church, Ed. Eerdmans, Grand Rapids, 1962, p.
109

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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