Dios todopoderoso, que hiciste a san Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María; concede a los que creemos en este privilegio de la Madre de tu Hijo, sentirnos amparados por su poderosa y materna intercesión. Por Jesucristo nuestro Señor
Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino,
y curaba toda dolencia del pueblo.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 3, 1-6.
¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Palabra del Señor
El Sagrado Corazón de las Ermitas de Córdoba

Este monumento fue erigido en Las Ermitas, conjunto de 13 ermitas situadas en el Desierto de Nuestra Señora de Belén, aledaño a Córdoba, y bendecido el 24 de octubre de 1929
Ordenación sacerdotal

La liturgia de la Iglesia ve en el sacerdocio de Aarón y en el servicio de los levitas, así como en la institución de los setenta «ancianos» (cf Nm 11,24-25), prefiguraciones del ministerio ordenado de la Nueva Alianza. Por ello, en el rito latino la Iglesia se dirige a Dios en la oración consecratoria de la ordenación de los obispos de la siguiente manera:
«Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo […], Tú que estableciste normas en tu Iglesia con tu palabra bienhechora. Desde el principio tú predestinaste un linaje justo de Abraham; nombraste príncipes y sacerdotes y no dejase sin ministro tus santuario» (Pontifical Romano: Ordenación de Obispos, presbíteros y diáconos. Ordenación de Obispo. Oración de la Ordenación, 47)
Oración
Dios todopoderoso y eterno, derrama sobre nosotros tu Espíritu, para que nuestros corazones se abrasen en el amor intenso que ayudó a san Vicente a superar los tormentos. Por Jesucristo nuestro Señor
Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 2, 23-28.
El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
SUCEDIÓ que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde:
«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?».
Y les decía:
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».
Palabra del Señor
¿Cómo se escribió la Biblia?

Sin la Tradición de la Iglesia no tendríamos la Biblia
¿Cómo fueron escritos los primeros libros de la Biblia? Los textos de la Biblia empezaron a escribirse en tiempos anteriores a Moisés (1.200 a.C). Escribir era un arte raro y caro, pues se escribía en tablas de madera, papiro y pergamino (cuero de carnero).
Moisés fue el primer codificador de las leyes y tradiciones orales y escritas de Israel. Esas tradiciones fueron creciendo lentamente por otros escritores con el paso de los siglos, sin que hubiera una catalogación rigurosa de las mismas.
Así se fue formando la literatura sagrada de Israel. Hasta el siglo XVIII d.C. se admitía que Moisés tenía escrito el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio); pero en los últimos siglos, los estudios más precisos mostraron que Moisés debe haber sido el autor de toda esta obra.
La teoría que la Iglesia católica acepta es la siguiente: El pueblo de Israel, desde que Dios llamó a Abraham de Ur de los caldeos, fue formando su tradición histórica y jurídica. Moisés debe haber sido quien hizo la primera codificación de las Leyes de Israel, por orden de Dios, en el siglo XIII a.C.
Después de Moisés, el bloque de tradiciones fue enriquecido con nuevas leyes debido a los cambios históricos y sociales de Israel.
A partir de Salomón (972-932), empezó a existir en la corte de los reyes, tanto de Judá como de Samaria (reino cismático desde 930 a.C.) un grupo de escritores que velaban por las tradiciones de Israel: eran los escribas y sacerdotes. De su trabajo surgieron cuatro colecciones narrativas históricas que dieron origen al Pentateuco:
1. Colección o código Yahvista (Y), en el que predomina el nombre Yahve. Tiene estilo simbolista, dramático y vivo; muestra a Dios muy cerca del hombre. Tiene su origen en el reino de Judá con Salomón (972-932).
2. El código Elohísta (E), predomina el nombre Elohim (=Dios). Fue escrito entre 850 y 750 a.C. en el reino cismático de Samaria. No usa tanto el antropoformismo (representar a Dios a semejanza del hombre) del código Yahvista. Cuando sucedió la caída del reino de Samaria, en 722 para los asirios, el código E fue llevado al reino de Judá, donde se realizó la fusión con el código Y, dando origen a un código YE.
3. El código (D) Deuteronomio (=repetición de la Ley, en griego). Se cree que tiene su origen en los santuarios del reino cismático de Samaria (Siquem, Betal, Da,…) repitiendo la ley que se obedecía antes de la separación de las tribus. Tras la caída de Samaria (722), este código debió llevarse al reino de Judá, y todo indica que se guardó en el Templo hasta el reinado de Josías (640-609 a.C.), como se ve en 2 Rs 22. El código D sufrió modificaciones y su redacción final es del siglo V a.C., cuando íntegro fue adjuntado a la Torá. En el Deuteronomio se observan cinco “deuteronomios” (repetición de la ley). La característica marcada del Deuteronomio es el estilo fuerte que recuerda las exhortaciones y prédicas de los sacerdotes al pueblo.
4. El código Sacerdotal (P) – probablemente los sacerdotes judíos durante el exilio de Babilonia (587-537 a.C.) tenían redactadas las tradiciones de Israel para animar al pueblo en el exilio. Este código contiene datos cronológicos y tablas genealógicas, ligando el pueblo del exilio a los Patriarcas, para mostrarles que fue el propio Dios quien escogió a Israel para ser una nación sacerdotal (Ex 19,5s). El código P enfatiza el Templo, el Arca, el Tabernáculo, el ritual, la Alianza. Todo indica que en el siglo V a.C., un sacerdote, tal vez Esdras, fundió los códigos YE y P, colocando como apéndice el código D, formando así el Pentateuco o la Torá, como la tenemos hoy. Si no fuera por la Iglesia católica, no existiría la Biblia como la tenemos hoy, con los 73 libros canónicos, esto es, inspirados por el Espíritu Santo.
Fue con un largo proceso de discernimiento con el que la Iglesia, desde el tiempo de los Apóstoles, fue haciendo crecer la Biblia, y descubriendo los libros inspirados. Si crees en el dogma de la infalibilidad de la Iglesia, entonces puedes creer en la Biblia como Palabra de Dios. Pero si no crees, entonces la Biblia pierde su infalibilidad, esto es, su ausencia de error.
Tardó algunos siglos que la Iglesia llegara a la forma final de la Biblia. En varios concilios, algunos regionales y otros universales, la Iglesia estudió el canon de la Biblia, es decir, su índice.
El Catecismo de la Iglesia católica y el Concilio Vaticano II nos garantizan que “fue la Tradición apostólica la que hizo a la Iglesia discernir qué escritos debían ser enumerados en la lista de los Libros Sagrados (DV 8, CIC 120).
Por tanto, sin la Tradición de la Iglesia no tendríamos la Biblia. San Agustín decía: “No creería en el Evangelio, si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica” (CIC, 119).
¿Cómo se escribió la Biblia?

Sin la Tradición de la Iglesia no tendríamos la Biblia
¿Cómo fueron escritos los primeros libros de la Biblia? Los textos de la Biblia empezaron a escribirse en tiempos anteriores a Moisés (1.200 a.C). Escribir era un arte raro y caro, pues se escribía en tablas de madera, papiro y pergamino (cuero de carnero).
Moisés fue el primer codificador de las leyes y tradiciones orales y escritas de Israel. Esas tradiciones fueron creciendo lentamente por otros escritores con el paso de los siglos, sin que hubiera una catalogación rigurosa de las mismas.
Así se fue formando la literatura sagrada de Israel. Hasta el siglo XVIII d.C. se admitía que Moisés tenía escrito el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio); pero en los últimos siglos, los estudios más precisos mostraron que Moisés debe haber sido el autor de toda esta obra.
La teoría que la Iglesia católica acepta es la siguiente: El pueblo de Israel, desde que Dios llamó a Abraham de Ur de los caldeos, fue formando su tradición histórica y jurídica. Moisés debe haber sido quien hizo la primera codificación de las Leyes de Israel, por orden de Dios, en el siglo XIII a.C.
Después de Moisés, el bloque de tradiciones fue enriquecido con nuevas leyes debido a los cambios históricos y sociales de Israel.
A partir de Salomón (972-932), empezó a existir en la corte de los reyes, tanto de Judá como de Samaria (reino cismático desde 930 a.C.) un grupo de escritores que velaban por las tradiciones de Israel: eran los escribas y sacerdotes. De su trabajo surgieron cuatro colecciones narrativas históricas que dieron origen al Pentateuco:
1. Colección o código Yahvista (Y), en el que predomina el nombre Yahve. Tiene estilo simbolista, dramático y vivo; muestra a Dios muy cerca del hombre. Tiene su origen en el reino de Judá con Salomón (972-932).
2. El código Elohísta (E), predomina el nombre Elohim (=Dios). Fue escrito entre 850 y 750 a.C. en el reino cismático de Samaria. No usa tanto el antropoformismo (representar a Dios a semejanza del hombre) del código Yahvista. Cuando sucedió la caída del reino de Samaria, en 722 para los asirios, el código E fue llevado al reino de Judá, donde se realizó la fusión con el código Y, dando origen a un código YE.
3. El código (D) Deuteronomio (=repetición de la Ley, en griego). Se cree que tiene su origen en los santuarios del reino cismático de Samaria (Siquem, Betal, Da,…) repitiendo la ley que se obedecía antes de la separación de las tribus. Tras la caída de Samaria (722), este código debió llevarse al reino de Judá, y todo indica que se guardó en el Templo hasta el reinado de Josías (640-609 a.C.), como se ve en 2 Rs 22. El código D sufrió modificaciones y su redacción final es del siglo V a.C., cuando íntegro fue adjuntado a la Torá. En el Deuteronomio se observan cinco “deuteronomios” (repetición de la ley). La característica marcada del Deuteronomio es el estilo fuerte que recuerda las exhortaciones y prédicas de los sacerdotes al pueblo.
4. El código Sacerdotal (P) – probablemente los sacerdotes judíos durante el exilio de Babilonia (587-537 a.C.) tenían redactadas las tradiciones de Israel para animar al pueblo en el exilio. Este código contiene datos cronológicos y tablas genealógicas, ligando el pueblo del exilio a los Patriarcas, para mostrarles que fue el propio Dios quien escogió a Israel para ser una nación sacerdotal (Ex 19,5s). El código P enfatiza el Templo, el Arca, el Tabernáculo, el ritual, la Alianza. Todo indica que en el siglo V a.C., un sacerdote, tal vez Esdras, fundió los códigos YE y P, colocando como apéndice el código D, formando así el Pentateuco o la Torá, como la tenemos hoy. Si no fuera por la Iglesia católica, no existiría la Biblia como la tenemos hoy, con los 73 libros canónicos, esto es, inspirados por el Espíritu Santo.
Fue con un largo proceso de discernimiento con el que la Iglesia, desde el tiempo de los Apóstoles, fue haciendo crecer la Biblia, y descubriendo los libros inspirados. Si crees en el dogma de la infalibilidad de la Iglesia, entonces puedes creer en la Biblia como Palabra de Dios. Pero si no crees, entonces la Biblia pierde su infalibilidad, esto es, su ausencia de error.
Tardó algunos siglos que la Iglesia llegara a la forma final de la Biblia. En varios concilios, algunos regionales y otros universales, la Iglesia estudió el canon de la Biblia, es decir, su índice.
El Catecismo de la Iglesia católica y el Concilio Vaticano II nos garantizan que “fue la Tradición apostólica la que hizo a la Iglesia discernir qué escritos debían ser enumerados en la lista de los Libros Sagrados (DV 8, CIC 120).
Por tanto, sin la Tradición de la Iglesia no tendríamos la Biblia. San Agustín decía: “No creería en el Evangelio, si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica” (CIC, 119).
NO TENÍA AÚN EDAD DE SER CONDENADA, PERO ESTABA YA MADURA PARA LA VICTORIA

Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita. ¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y, si distraídamente se pinchan con una aguja, se ponen a llorar como si se tratara de una herida. Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos. ¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.
Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.
El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo: «Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero.» Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; cómo temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio
Cerro de los Ángeles de Getafe

España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra ante ese trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la Península (…) Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestra leyes e instituciones patrias