Evangelio según san Mateo, 7: 6- 6 «No déis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies y volviéndose contra vosotros los perros os despedacen». (v. 6)
O bien los perros son aquellos que han vuelto a su vómito, y los puercos los que, aún no convertidos, se revuelcan en el cieno de los vicios ( ver Prov 26,11; 2Pe 2,22 ).
La doctrina de los derechos humanos no es posmoderna, sino esencialmente moderna e ilustrada. Podría considerársela incluso un metarrelato, como la ideología jurídica de legitimación con pretensiones universales del actual globalismo que, en su propio parto, evidenció sus dificultades inexorables. En 1947, alrededor de 150 intelectuales de distintos países fueron convocados para discutir las bases de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que se promulgaría al año siguiente. El fracaso de la iniciativa fue tal que la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU evitó publicar los resultados de la convocatoria: allí donde se procuraba encontrar universales que hicieran las veces de fundamentos sólidos, el particularismo afloraba en todas partes. Derechos universales carentes de fundamentos universales solo pueden evidenciar la contingencia, particularidad y fragilidad de lo que se pasa por universal. Si además se da la razón a Francis Fukuyama cuando dice que los derechos humanos necesitan <fundarse en una concepción de la naturaleza humana>, se tiene frente a los ojos un importante cortocircuito entre el relato jurídico dominante y la cultura posmodernista en boga, que desprecia los <grandes relatos>, que considera falaz hablar en términos de una historia universal, que reivindica con efusión las diferencias, que desprecia la mentalidad ilustrada y que entiende, por supuesto, que no existe nada que pueda ser llamado <naturaleza humana>. Lo Ilamativo es que este cortocircuito no se haya hecho notar en una medida apropiada. <Será porque la misma izquierda que abrazó al posmodernismo es la que al mismo tiempo y sin sonrojarse hegemoniza el derechohumanismo?
No es por lo menos curioso advertir que los mismos que repiten con Foucault aquello de <la muerte del sujeto> son quienes militan en nombre de derechos que tienen al ser humano precisamente como sujeto universal? Los derechos humanos en la posmodernidad tal vez no sean mucho más que la cristalización jurídico-política universal de una batalla cultural global por la definición de sus contenidos. En Hispanoamérica se ha tenido un caso reciente de bastante significación.
El 9 de enero del 2018, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió su Opinión Consultiva No. 0C-24/17 sobre una consulta de Costa Rica presentada el 18 de mayo de 2016 en referencia a los llamados <dërechos LkGyBiT>. En resumen, la CIDH interpretó que la Convención Americana de Derechos Humanos protege derechos como los inherentes al matrimonio homosexual, la adopción homoparental y la idęntidªd de gęnėro. Desde luego, estos derechos no existen en la citada Convención, con lo cual la Corte se excusa diciendo que <los tratados de derechos humanos son instrumentos vivos, cuya interpretación tiene que acompañar la evolución de los tiempos y las condiciones de vida actuales>, lo cual significa, en puridad, que la interpretación está directamente condicionada por la ideología hegemónica del momento que se naturaliza como <evolución de los tiempos> y como <las condiciones de vida actuales>. En otras palabras, cuando se presiona un poco, las contingencias y particularidades de la batalla cultural se terminan asumiendo de manera más o menos embozada como verdadero fundamento de lo que luego se pone frente a nuestros ojos como dato universal y, por lo tanto, como absolutamente verdadero. Como agravante, esa batalla cultural ha sobrepasado los límites de las naciones y ahora tiene escala planetaria y, en consecuencia, efectos políticos y jurídicos globales. La Opinión Consultiva de la CIDH no solo impactó sobre Costa Rica, sino sobre los veintitrés Estados que ratificaron la Convención Americana en su momento y que ahora están sujetos a <la evolución de los tiempos>
Francis Fukuyama, Natural Rights and Natural History>, en The National Interest, Nueva York (otono 2001), p. 19.
*La opinión consultiva en cuestión se puede leer completa en h tt. p://w ww .cor teid h.of. c r/docs/opini. ones/serie a_24_e sp.pd f
Los filósofos William Lane Craig y Richard Swinburne han desarrollado un ejemplo muy sugestivo para ilustrar esto: Supóngase que cien tiradores expertos son enviados para ejecutar a un prisionero en un escuadrón de fusilamiento, y el prisionero sobrevive. El prisionero no debería asombrarse de que no ve que está muerto.
Después de todo, si estuviera muerto no podría observar su muerte. No obstante, itendría que asombrarse de que esté vivo! Extendiendo el argumento de Craig y Swinburne, el prisionero debería concluir, dado que está vivo, que todos los tiradores expertos erraron por algún azar extremadamente improbable. ÉI podría querer atribuir su supervivencia a una increíble buena suerte, pero sería mucho más racional que él concluyera que los tiradores erraron por decisión de alguien que debe haber tenido el propósito de que sobreviva… En este sentido, si el ateo sigue insistiendo en que el ajuste fino ocurrió por azar podríamos responder a su posición haciendo una reducción al absurdo y diciéndole que si un tren entero le pasara por encima y él sobreviviera, en su necedad no se preguntaría por qué está vivo sino que simplemente diría ‘ Estoy vivo, por tanto no tengo de qué sorprenderme
Obviamente absurdo. Las probabilidades de que hubiera muerto son tremendamente superiores a las probabilidades de que esté vivo. Por tanto, si dijera ¡Sobreviví porque no morí! ‘ y no se preguntara por qué sobrevivió, sería simple y llanamente porque es un necio. ¿qué pensaria de un biólogo que le dijera que no hay que estudiar el origen de la vida «porque el hecho es que sí estamos vivos!»
Jesucristo no es solamente rey de la lglesia o de los fieles, sino que es rey de todos los hombres y de todos los Estados. El mismo lo dijo antes de su Ascensión: «Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). El es el Rey del mundo entero, nada puede sustraerse a su poder.
¿Cuáles son los fundamentos de la soberania de Jesucristo?- El Papa Pio IX enseña en su encíclica Quas primas que Cristo tiene un doble derecho a la soberanía:
1) El es rey por naturaleza, en razón de un don innato (Él es el Hombre-Dios); 2) Él es rey por conquista, en virtud de un derecho adquirido (redimiendo el mundo, el se adjudicó a todos los hombres por su sangre).
¿Esta soberanía de Cristo no se entiende solamente para los bautizados?- Pio XI cita a este propósito a su predecesor León XIlI: Su imperio no abarca exclusivamente a las naciones católicas ni solamente a los cristianos bautizados [..]; abraza igualmente y sin excepción a todos los hombres, incluso a los no cristianos, de suerte que el imperio de Jesucristo, es, en verdad estricta, la universalidad del género humano
LEON XII encíclica Annum sacrum (25 de mayo de 1899) citado por Pio XI en Quas primas 11 de diciembre de 1925) EPS-PIN 542
El Concilio Vaticano lI (1962-1965) no es un concilio como los otros: Ha rechazado no solamente comprometer su infabilidad, sino también enseñar la verdad de manera precisa. En lugar de condenar los errores del mundo contemporáneo, se ha querido abrir al mundo, dialogar con el, encontrar un terreno ambiguo con los enemigos de la lglesia (quienes, de ahora en adelante, no deben ser considerados enemigos). Sus textos son mucho más textos diplomáticos o publicitarios que textos magisteriales
Dios todopoderoso, te pedimos que nos invada el doble gozo de esta fiesta que glorifica a los santos Juan y Pablo, verdaderamente hermanos en la misma fe y en el mismo martirio
San Lucas 12:1-8 En esto, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas será proclamado desde los terrados. «Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. «¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.No temáis; valéis más que muchos pajarillos. «Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios.
no es infalible, el Vaticano ll no es infalible, es lo que afirma expresamente el cardenal Ratzinger en 1988 diciendo: La verdad es que el Concilio no ha definido ningún dogma y se ha tenido que situar en un nivel más modesto, simplemente como un Concilio pastoral. A pesar de esto, numerosos son los que lo interpretan como si se tratara de un «súper dogma» que sólo él tiene importancia.
¿Por qué las autoridades actuales le dan tanta importancia al Vaticano l, a pesar que reconocen al mismo tiempo que no es infalible?- De hecho, el Vaticano ll es, desde su origen, el objeto de un juego deshonesto. Durante el concilio, se insistió sobre el carácter pastoral para evitar expresarse con precisión teológica; pero después, quisieron darle una autoridad igual y hasta superior a la de los concilio y documentos pontificales anteriores. Este juego deshonesto fue denunciado por uno de los participantes en el Concilio, Monseñor Lefebvre, desde 1976: Es indispensable desmitificar este concilio que lo quisieron pastoral en razón de su horror instintivo al dogma, y para facilitar la introducción oficial en la Iglesia de un texto de ideas liberales Pero al terminar la operación, dogmatizan el Concilio, lo comparan con el de Nicea, lo pretenden semejante a los otros, hasta superior
Alocución del cardenal RATZINGER frente a la conferencia episcopal chilena, 13 de julio de 1988 (ltineraires 330, febrero de 1989, p.4)
Oráculo del Señor Dios, que congrega a los dispersos de Israel. «Aún congregaré a otros, con los ya congregados». Fieras todas del campo, venid a comer, fieras todas del bosque. Sus guardianes son ciegos todos ellos, no se dan cuenta de nada; todos son perros mudos, incapaces de ladrar, soñolientos, tumbados, amigos de dormitar. Y los perros voraces fueron insaciables. Son pastores que no saben discernir. Todos ellos se volvieron a sus caminos, cada cual a su interés, sin excepción. Isaías 56
Evangelio según san Mateo, 7: 6- 6 «No déis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies y volviéndose contra vosotros los perros os despedacen». (v. 6)
Son perros los que combaten la verdad, y consideramos como puercos a los que la menosprecian. Como los perros se arrojan para morder, y como destrozan lo que muerden no dejándolo entero como estaba antes dijo: «No déis lo santo a los perros», porque en cuanto pueden, si está a su alcance, se esfuerzan en destruir la verdad. Los puercos, aunque no tienen tanto instinto de morder como los perros, andando por el fango todo lo ensucian, y por ello añade: «Ni echéis vuestras perlas ante los puercos»
El Estado está perdiendo actualmente dos elementos esenciales: su autonomía y su soberanía. Esta última se refiere al derecho reconocido del Estado a ejercer el control supremo sobre su territorio; y aquella, a las capacidades efectivas que el Estado tiene para poner en marcha de manera independiente ese control supremo
Esta pérdida no es una pérdida del poder político en tanto que disminución de una cuantía total sobrenla sociedad, sino todo lo contrario: el Estado se está viendo sobrepasado por la emergencia de un poder superior al suyo, que empieza a regimentar a los Estados (y, por tanto, a las sociedades) a través de estructuras organizacionales de tipo internacional
Con otras palabras, el Estado, en permanente expansión, ha experimentado sin embargo una disminución de su poder en términos relativos, en la medida en que el poder político de las organizaciones internacionales ha venido creciendo en detrimento del Estado. Las burocracias internacionales y regionales se van imponiendo paulatinamente sobre las nacionales, y sus reglamentaciones, a menudo sustraídas de todo poder ciudadano efectivo, van arrollando los resquebrajados marcos del derecho interno. El derecho internacional, en lo que a su desarrollo y expansión se refiere, refleja con precisión la actual crisis del Estado nación. Durante el siglo XIX, el derecho internacional se concibió como una articulación a partir de la cual fuera posible regular las relaciones entre los Estados. Pero en el siglo XX naceria la doctrina de los derechos humanos (apoyada en varios antecedentes, como les droits de T’homme), que incluyó como sujeto del derecho internacional a los propios individuos. El estatus de ciudadano nacional empezo a ceder ante la noción de una suerte de ciudadanía universal
Tal es el hecho ideológico más significativo, a nivel político, de nuestra época, en la medida en que desplaza al Estado como unidad política suprema que se da un marco jurídico propio y lo hace cumplir para redirigir ese poder a la progresiva conformación de nuevas organizaciones supranacionales que procurarán brindar ellas tal marco, esta vez no particular sino universal, y que paulatinamente intentarán hacerlo cumplir.
Como el derecho natural, la nueva doctrina procura en principio proteger al individuo del Estado, pero, a diferencia del mencionado derecho, termina creando una burocracia potencialmente más poderosa. Como el cristianismo, apela a una concepción universalista donde la humanidad se reconcilia en el cumplimiento de una sola Ley, la ley verdadera. Pero, a diferencia de aquel, esa ley ya no tiene raices en ninguna Revelación transmitida (y limitada) por la tradición, sino en la revelación de aquellos que tienen el poder político global para decidir qué es un Derecho Humano y qué no, hoy mismo, aquí y ahora, hoy de una forma, mañana de otra. Los derechos humanos tienen, en efecto, bastante de religión política, como Dios y como Estado, se suelen escribir con mayúscula. Alain de Benoist tiene razón cuando apunta que <hoy resulta inconveniente blasfemo y escandaloso criticar la ideologia de los derechos humanos tal y como antes lo era dudar de la existencia de Dios>. Régis Debray, otro francés, pero esta vez de izquierda, define los derechos humanos como <la última de nuestras religiones civiles en aparecer, el alma en un mundo sin alma>
Alain De Benoist, Derechos humanos. Deconstrucción de un mito moderno (Tarragona: Edición Fides, 2016), p. 55.
Régis Debray, Que vive la République (Odile Jacob: 1989). Citado en De Benoist, Derechos humanos, P. 44-53.