Perros mudos



Oráculo del Señor Dios, que congrega a los dispersos de Israel. «Aún congregaré a otros, con los ya congregados». Fieras todas del campo, venid a comer, fieras todas del bosque.  Sus guardianes son ciegos todos ellos, no se dan cuenta de nada; todos son perros mudos, incapaces de ladrar, soñolientos, tumbados, amigos de dormitar. Y los perros voraces fueron insaciables. Son pastores que no saben discernir. Todos ellos se volvieron a sus caminos, cada cual a su interés, sin excepción. Isaías 56

Evangelio según san Mateo, 7: 6- 6 «No déis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies y volviéndose contra vosotros los perros os despedacen». (v. 6)

Son perros los que combaten la verdad, y consideramos como puercos a los que la menosprecian. Como los perros se arrojan para morder, y como destrozan lo que muerden no dejándolo entero como estaba antes dijo: «No déis lo santo a los perros», porque en cuanto pueden, si está a su alcance, se esfuerzan en destruir la verdad. Los puercos, aunque no tienen tanto
instinto de morder como los perros, andando por el fango todo lo ensucian, y por ello añade: «Ni echéis vuestras perlas ante los puercos»

San Agustín, de sermone Domini, 2,20

Detrás de la guayaba podrida



El Estado está perdiendo actualmente dos elementos esenciales: su autonomía y su soberanía. Esta última se refiere al derecho reconocido del Estado a ejercer el control supremo sobre su territorio; y aquella, a las capacidades efectivas que el Estado tiene para poner en marcha de manera independiente ese control supremo

Esta pérdida no es una pérdida del poder político en tanto que disminución de una cuantía total sobrenla sociedad, sino todo lo contrario: el Estado se está viendo sobrepasado por la emergencia de un poder superior al suyo, que empieza a regimentar a los Estados (y, por tanto, a las sociedades) a través de estructuras organizacionales de tipo internacional

Con otras palabras, el Estado, en permanente expansión, ha experimentado sin embargo una disminución de su poder en términos relativos, en la medida en que el poder político de las organizaciones internacionales ha venido creciendo en detrimento del Estado. Las burocracias internacionales y regionales se van imponiendo paulatinamente sobre las nacionales, y sus reglamentaciones, a menudo sustraídas de todo poder ciudadano efectivo, van arrollando los resquebrajados marcos del derecho interno. El derecho internacional, en lo que a su desarrollo y expansión se refiere, refleja con precisión la actual crisis del Estado nación. Durante el siglo XIX, el derecho internacional se concibió como una articulación a partir de la cual fuera posible regular las relaciones entre los Estados. Pero en el siglo XX naceria la doctrina de los derechos humanos (apoyada en varios antecedentes, como les droits de T’homme), que incluyó como sujeto del derecho internacional a los propios individuos. El
estatus de ciudadano nacional empezo a ceder ante la noción de una suerte de ciudadanía universal

Tal es el hecho ideológico más significativo, a nivel político, de nuestra época, en la medida en que desplaza al Estado como unidad política suprema que se da un marco jurídico propio y lo hace cumplir para redirigir ese poder a la progresiva conformación de nuevas organizaciones supranacionales que procurarán brindar ellas tal marco, esta vez no particular sino universal, y que paulatinamente intentarán hacerlo cumplir.

Como el derecho natural, la nueva doctrina procura en principio proteger al individuo del Estado, pero, a diferencia del mencionado derecho, termina creando una burocracia potencialmente más poderosa. Como el cristianismo, apela a una concepción universalista donde la humanidad se reconcilia en el cumplimiento de una sola Ley, la ley verdadera.
Pero, a diferencia de aquel, esa ley ya no tiene raices en ninguna Revelación transmitida (y limitada) por la tradición, sino en la revelación de aquellos que tienen el poder político global para decidir qué es un Derecho Humano y qué no, hoy mismo, aquí y ahora, hoy de una forma, mañana de otra. Los derechos humanos tienen, en efecto, bastante de religión política, como Dios y como Estado, se suelen escribir con mayúscula. Alain de Benoist tiene razón cuando apunta que <hoy resulta inconveniente blasfemo y escandaloso criticar la ideologia de los derechos humanos tal y como antes lo era dudar de la existencia de Dios>. Régis Debray, otro francés, pero esta vez de izquierda, define los derechos humanos como <la última de nuestras religiones civiles en aparecer, el alma en un mundo sin alma>

Alain De Benoist, Derechos humanos. Deconstrucción de un mito moderno (Tarragona: Edición Fides, 2016), p. 55.

Régis Debray, Que vive la République (Odile Jacob: 1989). Citado en De Benoist, Derechos humanos, P. 44-53.

Oración

Dirige, Señor, la marcha del mundo, según tu voluntad, por los caminos de la paz; y que tu Iglesia se regocije con la alegría de tu servicio

Evangelio

San Lucas 5:1-11
Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres

Palabra de Dios

¿Múltiples caras de Dios?

Aclarando que la cuestión de cuál es la religión verdadera no me parece del todo insoluble como para que represente una dificultad absoluta responderé que básicamente Dios permite (no causa) la multiplicidad de religiones por dos razones:

i) para que la criatura pueda perfeccionarse en el
amor y la verdad esforzándose por dilucidar cuál
es la verdad (si la cuestión fuese evidente no podría darse esa posibilidad); y

ii) porque si quisiera impedirlo tendría que eliminar el libre albedrío.

En efecto, en este caso habrían dos mundos posibles: uno donde no hay libre albedrio y en el que los seres humanos son dirigidos mecánicamente por Dios a la religión verdadera; y otro en el que sí hay libre albedrío y en el que, por tanto, los hombres mismos pueden confundir la religión verdadera hasta crear (arbitrariamente) otras nuevas (con lo cual habría más confusión). El gran problema del «primer mundo posible» es que en realidad se trata de un «mundo imposible» pues una condición esencial para que el ser humano sea un ser humano  es que tenga voluntad y, por ende, libre albedrío.
Luego, solo nos queda el segundo mundo posible en el que si bien hay una religión verdadera también hay seres libres que pueden confundir el camino o crear ellos mismos otras religiones. ¿Pero por qué es necesaria la libertad? Para que el hombre pueda ser feliz. Y es que allí donde no hay consciencia ni, en consecuencia, libertad, no puede haber propiamente felicidad o virtud sino únicamente placer y dolor en el caso de seres vivos sin consciencia) o mera existencia (en el caso de los seres inertes)

¡DIOS SI EXISTE!: Como defender racionalmente esta verdad ante ateos, agnósticos e incluso creyentes. Dante A. Urbina

El mundo de cabeza



iAlgunas enseñanzas del Vaticano ll no han sido presentadas como «fundadas en la Revelación», «conformes a la Revelación», «transmitidas por la lglesia» o «decretadas en el Espiritu Santo?- Estas son fórmulas piadosas pero muy insuficientes para asegurar la infabilidad. Sería necesario imponer esta enseñanza con autoridad, ligada necesariamente a la Revelación divina, inmutable, obligatoria. Ahora bien, la libertad religiosa y el ecumenismo son novedades contrarias a
la enseñanza anterior de la lglesia. De hecho, los obispos no las imponen de manera firme y
precisa como verdades inmutables. Ellos no comprometen formalmente, para predicarlas, su
autoridad de guardianes del depósito revelado a los Apóstoles, sino que las proponen de manera
liberal («pastoral») como el fruto de un diálogo con el mundo modemno y como el reflejo de lo que
creen los cristianos hoy en día. Esto es suficiente para excluir la infabilidad.

¡Entonces no podemos invocar el magisterio ordinario universal en lo que concierne a la
libertad religiosa?- No podemos invocar el magisterio ordinario universal a favor del ecumenismo y de la libertad religiosa, pero podríamos con justificación afirmar que las condenaciones puestas en el curso de los dos últimos siglos en contra de la libertad religiosa y del ecumenismo, sí son infalibles en razón del magisterio ordinario.

CATECISMO CATOLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA Por el Padre Matthias Gaudron

«El testigo»



Con las gentes de Indias, España no hizo más que despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas y varias, nunca otras tales vistas ni leidas ni oídas, maneras de crueldad (…). Los españoles les arrebataron a los indios las comidas y los enseres más elementales, para pasar luego a quitarles las mujeres y los hijos, usar mal de ellos, y obligarlos más tarde, a buscar en la selva el refugio salvador. (Pero cuando eso no ocurría, los indigenas enfrentaban a los españoles y estos) extremaban su crueldad (…), los españoles entraban a los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaran y hacían pedazos: como si dieran a unos corderos metidos en sus apriscos (…). Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas

Tomaban las creaturas de los pechos de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando y cayendo
en el agua; otras criaturas metían en la espada con las madres juntamente y todos cuanto delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a horror y reverencia de nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca, pegándole fuego, así los quemaban

¡Qué horror! iPero qué salvajes estos españoles! Según el fraile el conquistador era la encarnación del diablo: «Los españoles desean solo henchirse de riquezas en muy breves días (..) más que hombres parecen lobos, leones y tigres crudelísimos de muchos días hambrientos (..). Cometían grandísimas crueldades, matando y quemando y asando y echando y asando
y echando perros bravos». Pero….qué clase de cristianos eran estos conquistadores? Es natural que si las cosas fueron así en América, más les habría convenido a los indios quedarse como estaban y no hacer uso del «derecho» de recibir la «civilización occidental»..

Pero veamos algunos detalles. Las Casas siempre engloba sus dichos diciendo «los españoles», como si uno dijese hoy «los judios» o «los nazis» o «los musulmanes». La obsesión de Las Casas es una idea: España y deseando que la Conquista sea lo más «pura» posible denuncia muchas veces sin fundamento ni precisión. Se trata de la clásica dialectización, «españoles malos- indios buenos»: los aborígenes, eran apacibles en la tierra de la libertad, pueblos habitados por suavísimos indígenas, delicados y tiernos, como lo pudieran ser en España los hijos de principes y señores Gente que «no conoce sediciones o tumultos» y del todo «desprovista de rencor», odio y deseo de venganza; para Las Casas el indio era un ser que carecía del pecado original. Aquí nuestro dominico surgirá como el predecesor del «buen salvaje» rousseauniano, publicitado por los iluministas del siglo XVIII y los charlatanes de hoy. Pero bástennos estos ejemplos como muestras. Hay muchísima bibliografía acerca de la personalidad de Las Casas y de su «obsesión» e imprecisiones; existen incluso serios estudios que afirman un grado de paranoia en Las Casas y hasta de «profetismo», como señala autorizadamente Menéndez Pidal: «holgadamente se hallaba Las Casas, en un ambiente profetista
situándose fuera de toda realidad, y con cuánta sencillez falseaba por completo la verdad de todo lo que le rodeaba!».

RÓMULO CARBIA, Historia de la Leyenda Negra
hispano-americana, Publicaciones del Consejo de la Hispanidad, Madrid 1944, 42.

DÍAZ ARAUJO, Enrique Las Casas visto de costado
Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo
Percopo, Madrid 1995, 218 y La rebelión de la nada, Cruz y Fierro, Buenos Aires 1983,369;

RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, El Padre Las Casas: su doble personalidad, Espasa-Calpe, Madrid 1963, 410 pp. y El P. Las Casas y Vitoria, Espasa-Calpe, Col. Austral, Madrid, pp. 152.

Exquisita paradoja: mimesis



el fēmīnįsmo, que habitualmente adopta expresiones de género, actitudes y disposiciones conductuales tenidas por masculinas y encuentra en ello una <nueva forma de ser mujer> celebra al mismo tiempo a los hombres que, a la inversa, adoptan expresiones de género femeninas.
De esta manera, para terminar con la <mascûlinidād t∅xicą> hay que forzar en los hombres rasgos tenidos por femeninos; pero, para emancipar a la mujer hay que estimular en ella rasgos considerados masculinos (<t0xic0s?>), tales como utilizar la vi0lencįa físìca en una manifestación, insultar a otras personas, despreocuparse por su aspecto físico
o rechazar los códigos del amor romántico. Aquí no hay nada nuevo, sino simplemente un intercambio una mímesis forzada con lo otro, que promete una <liberación> inefabl

Generación idiota: Una crítica al adolescentrismo. Laje, Agustin

Sagradas Escrituras



Evangelio según san Mateo, 7: 6- 6 «No déis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies y volviéndose contra vosotros los perros os despedacen». (v. 6)

Santo es el bautismo, la gracia que se concede por medio del sagrado cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, y otras del mismo orden.
Los misterios de la verdad son las perlas, porque
así como las perlas cuando están en las conchas se encuentran en lo profundo del mar, así los misterios divinos se encuentran en la profundidad del sentido de las Sagradas Escrituras.

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in
Matthaeum, hom. 17

Oración

¡Oh Dios, que nos has hecho memorable este día con el nacimiento de San Juan Bautista!; concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y dirige las almas de tus fieles por el camino de la eterna salvación