Dios omnipotente y eterno, luz resplandeciente y día sin ocaso, al volver a comenzar un nuevo día, te pedimos que nos visites con el esplendor de tu luz y disipes así las tinieblas de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo.
Evangelio
San Mateo 8:5-17
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.» Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.» Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: `Vete’, y va; y a otro: `Ven’, y viene; y a mi siervo: `Haz esto’, y lo hace.» Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.
Palabra del Señor
¿Qué es el hombre?
EL HOMBRE, CRIATURA DE DIOS, POSEE UN ALMA INTELIGENTE, ESPIRITUAL, LIBRE E INMORTAL
El hombre es una criatura racional compuesta de cuerpo y alma. El hombre es una criatura, es decir, un ser que viene de la nada por el poder de Dios. Es una criatura racional, es decir, inteligente, capaz de discernir el bien del mal, lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto. Es la razón la que distingue eminentemente al hombre del animal y de las otras criaturas del mundo visible. El hombre se compone de un cuerpo y de un alma.
El cuerpo es esta envoltura exterior, esta substancia material que vemos, que tocamos; se compone de diversas partes: son nuestros miembros y nuestros diversos órganos.
El alma es una substancia invisible que vive, siente, piensa, juzga, razona, obra libremente y da al cuerpo el ser, el movimiento y la vida.
La unión del alma con el cuerpo constituye al hombre y lo hace un ser intermedio entre los ángeles, que son espíritus puros, y las criaturas sin inteligencia o son vida, que son materia. Así, pues, el cuerpo y el alma son dos substancias distintas, y su unión íntima, substancial, personal, constituye el hombre.
R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Síndrome de Imperato- McGinley
¿La normalización e idealización de la høm0sèxüālidâd—junto con el cese de la investigación causal— no perjudica en realidad a la sociedad en su conjunto?
Los estudios han revelado una tasa de suicidio varias veces superior, así como un abuso de alcohol y drogas evidentemente más frecuente entre los høm0sèxüāles. Sin embargo, como ejemplo impresionante, se describe aquí un fenómeno de origen genético, que se denomina «síndrome de Imperato- McGinley» en honor a su descubridora. La Dra. Julianne Imperato- McGinley estudió a personas con un raro trastorno genético que hace que el feto masculino produzca testosterona pero no dihidrotestosterona durante el embarazo.
Es sabido e indiscutible que el gęnėrœ físico se forma en los tres primeros meses de embarazo, en los fetos masculinos bajo la influencia de la testosterona y la dihidrotestosterona, que se producen en los testículos. Sin embargo, pocas personas—incluso pocos profesionales de la medicina— saben que los testículos del feto masculino siguen produciendo grandes cantidades de testosterona y dihidrotestosterona desde el cuarto al sexto mes de embarazo, tras la determinación del gęnėrœ físico en el final del tercer mes de gestación, y que la concentración de estas hormonas en su forma efectiva supera la que hay en la sangre de un varón adulto. La testosterona es responsable de la impronta masculina del cerebro, mientras que la dihidrotestosterona es responsable de la migración de los testículos del abdomen al escroto. El resultado de la falta de dihidrotestosterona en los pacientes con el síndrome de Imperato- McGinley era que los fetos genéticamente masculinos parecían niñas al nacer porque los testículos estaban ocultos en el interior del cuerpo, y eran criados como tales.
El hecho es que, a más tardar al inicio de la pubertad, los afectados se sentían hombres a pesar de su crianza femenina, se sometieron en su mayoría a una cirugía de reasignación de gęnėrœ y se casaron con mujeres.
Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asêxû@da. Alejandro Kaiser

El cambio de la Antigua ley a la Nueva ley: Cristo
Evangelio según san Mateo, 5: 17- 19 «No penséis que he venido a destruir la ley o los profetas; no he venido a destruirlos, sino a darles cumplimiento. Porque en verdad os digo que el cielo y la tierra no pasarán, sin que se cumpla todo el contenido de la ley hasta una jota o un ápice. Por lo cual quien quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños y enseñare así a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas quien hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos». (vv. 17- 19)
Jesucristo llevó a su plenitud a los profetas cumpliendo todas las cosas que éstos habían dicho de El. Primero, la ley, no quebrantando ninguna prescripción legal. Segundo, justificando por la fe lo que la ley no podía hacer por medio de la letra
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 16,2

El argumento de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento
Es absolutamente equivocado decir que el Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna. ¡El Nuevo Testamento está lleno de contradicciones! Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.
Respuesta: Para responder a esta objeción primero hay que entender bien las reglas y criterios a los que deben ceñirse los historiadores para aplicar correctamente la prueba de la evidencia interna. Una de estas reglas es que frente a una aparente inconsistencia o contradicción, el analista debe seguir aquel postulado de Aristóteles de acuerdo con el cual “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”. En otras palabras, haciendo una analogía jurídica, el documento se considera “inocente” hasta que no se pruebe lo contrario. Por tanto, como bien ha señalado el académico John W. Montgomery, “uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas”. Y no solo eso. Aún en el caso en que el historiador se encuentre con lo que le parece una contradicción debe hacerse tres preguntas antes de proclamarla como tal:
1) ¿hemos comprendido bien este pasaje?,
2) ¿poseemos el conocimiento suficiente acerca de esta cuestión?, y
3) ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre esto a través de la investigación documental y arqueológica? Solo después de ello puede darse un juicio intelectualmente honesto sobre el tema.
Pues bien, dado ese contexto, ¿es el Nuevo Testamento un libro “plagado de contradicciones” como pretende la objeción? Al parecer no. Cuando le aplicamos al análisis del Nuevo Testamento los criterios mencionados varias de las “insalvables contradicciones” de las que nos hablan los críticos se muestran como puramente aparentes. Como muestra de ello responderemos brevemente a algunas de las “contradicciones” que más comúnmente se plantean
¿A los cuántos días Pedro, Santiago y Juan fueron llevados por Jesús a un monte alto para orar?
Seis (Mateo 17: 1).
Ocho (Lucas 9: 28)
En Lucas se utiliza el vocablo griego hosei que quiere decir “alrededor de, más o menos, aproximadamente” así que no se está comprometiendo necesariamente con un número exacto de días. Además, como dice “Jesús subió al monte a orar”, también es posible que esté contando el día en que partió con los tres apóstoles y el día que se transfiguró, lo cual cubriría los dos días adicionales.
Por tanto, no hay contradicción.
En el obscuro Medievo
Decamerón
libro de 1353, de Giovanni Boccaccio
El Decamerón (Decameron o Decamerone, en italiano), subtitulado Príncipe Galeoto (Prencipe Galeotto en italiano antiguo), es un libro constituido por cien cuentos, algunos de ellos novelas cortas, escritos por Giovanni Boccaccio entre 1351 y 1353. Desarrolla tres temas principales: el amor, la inteligencia humana y la fortuna. Los diversos cuentos de amor en el Decamerón van de lo erótico a lo trágico. Son relatos de ingenio, bromas y lecciones vitales.

Destrucción Creativa Revolución y el tiempo
Destrucción Creativa
Revolución y el tiempo
La tradición es tiempo inconscientemente acumulado. La revolución es tiempo conscientemente destruido.
La destrucción del tiempo simboliza un corte radical con la historia; el hombre moderno se reconoce amargamente como un producto de ella y busca su emancipación: no se quiere criatura, sino creador. Cree ponerse, pues, al margen del tiempo que lo subyuga; cree poder hacerse a sí mismo, aunque de ello no derive, a la postre, más que una farsa constructivista a menudo peligrosa. Por eso las sociedades tradicionales nunca se preocuparon demasiado por el tiempo.
Marc Bloch ha narrado una anécdota medieval sobre un duelo judicial en Mons, en el que un solo contendiente se presenta al alba;
una vez llegada la hora nueve, que marca el término de la espera prescrita por la costumbre, pide que sea atestiguada la ausencia de su adversario. Sobre el punto de Derecho no existía duda. ¿Pero, era verdad la hora prescrita? Los jueces del condado deliberan, miran al Sol, interrogan a los clérigos, a los que la práctica de la liturgia ha dado un mayor conocimiento del ritmo horario y cuyas campanas lo dividen, de manera aproximada, en provecho de la generalidad de los hombres. Al fin, el tribunal se pronuncia en el sentido de que la hora nonna ha pasado.
Exclama al respecto el propio Bloch: «¡Hasta qué punto no parece lejana, a nuestros ojos de hombres modernos, habituados a vivir pendientes del reloj, esta sociedad en la que un tribunal tenía que discutir e investigar para saber la hora del día!».
Y ese «vivir pendientes del reloj» supone más bien una dependencia estructural de la que Georg Simmel dio cuenta al analizar la ciudad moderna: «si todos los relojes de Berlín comenzaran repentinamente a marchar mal en distintas direcciones, se produciría un auténtico caos». El tiempo se vuelve parte estructural del sistema, ya que la coordinación interna de las unidades industriales y la llegada a tiempo de sus componentes humanos requieren su sincronización por cuestiones de minutos, cuando no de segundos
Marc Bloch, La sociedad feudal (Madrid: Akal, 2002), p. 96.
Georg Simmel, El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura (Barcelona: Península), p. 250.
* No es coincidencia que la revolución de los relojes mecánicos en el siglo XIV haya sido el corolario de su demanda para el funcionamiento de una incipiente producción mecánicamente organizada, aunque aún el trabajo fuera manufacturero, realizado directamente por hombres. El segundo momento histórico de esta «revolución en el tiempo» acontece en el siglo XVIII, al comienzo del capitalismo como sistema enteramente establecido y la generalización del paso a la producción industrial de gran escala basada en la operación de máquinas con una alimentación externa de energía. Cf. David S. Landes, Revolución en el tiempo. El reloj y la formación del mundo moderno (Barcelona: Crítica)
Oración
Te pedimos, Dios todopoderoso y eterno, que, al celebrar la grandeza del amor que resplandece en el corazón de tu Hijo, recibamos de esta fuente divina gracias cada vez más abundantes. Por Jesucristo, nuestro Señor
Evangelio
San Mateo 11:25-30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»
Palabra del Señor
