Para mejor entender, pues, la sagrada liturgia, es necesario considerar otro de sus importantes caracteres.
La Iglesia es una sociedad, y por eso exige autoridad y jerarquía propias. Si bien todos los miembros del Cuerpo místico participan de los mismos bienes y tienden a los mismos fines, no todos gozan del mismo poder ni están capacitados para realizar las mismas acciones.
De hecho, el divino Redentor ha establecido su reino sobre los fundamentos del orden sagrado, que es un reflejo de la jerarquía celestial.
Sólo a los Apóstoles y a los que, después de ellos, han recibido de sus sucesores la imposición de las manos, se ha conferido la potestad sacerdotal, y en virtud de ella, así como representan ante el pueblo a ellos confiado la persona de Jesucristo, así también representan al pueblo ante Dios.
Este sacerdocio no se transmite ni por herencia ni por descendencia carnal, ni nace de la comunidad cristiana ni es delegación del pueblo. Antes de representar al pueblo ante Dios, el sacerdote tiene la representación del divino Redentor, y, dado que Jesucristo es la Cabeza de aquel cuerpo del que los cristianos son miembros, representa también a Dios ante su pueblo. Por consiguiente, la potestad que se le ha conferido nada tiene de humano en su naturaleza; es sobrenatural y viene de Dios: «Como mi Padre me envió, así os envío también a vosotros…; el que os escucha a vosotros, me escucha a mí…; id por todo el mundo: predicad el Evangelio a todas las criaturas; el que creyere y se bautizare, se salvará».
Joseph Zen cardenal de China
CARTA ENCÍCLICA MEDIATOR DEI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XII SOBRE LA SAGRADA LITURGIA
Evangelio según san Mateo, 5: 17- 19 «No penséis que he venido a destruir la ley o los profetas; no he venido a destruirlos, sino a darles cumplimiento. Porque en verdad os digo que el cielo y la tierra no pasarán, sin que se cumpla todo el contenido de la ley hasta una jota o un ápice. Por lo cual quien quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños y enseñare así a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas quien hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos». (vv. 17- 19)
Finalmente, porque aun los que estaban constituidos en esta vida bajo la influencia de la gracia, encontraban grande dificultad en cumplir lo que estaba escrito en la ley: «No desearás» ( Ex 20,17 ). Cristo, constituido en sacerdote, nos alcanza el perdón por el sacrificio de su carne, cumpliendo también la ley para que lo que no podamos cumplir por nuestra debilidad, se cumpla por la perfección de Cristo, de cuya cabeza fuimos constituidos miembros. Y en el capítulo veintidos añade: Pienso que estas palabras: «No he venido a destruir la ley, sino a cumplirla» ( Ex 22- 23 ), deben entenderse de aquellas adiciones que pertenecen a la exposición de las antiguas sentencias o a la vida en conformidad con ellas ( Mt 5 ). Así es como el Señor nos enseña que hasta el deseo inicuo de hacer daño al hermano pertenece al género de homicidio.
Quiso el Señor más bien que nosotros no jurando no nos separásemos de la verdad, a que, jurando lo verdadero nos acercásemos al falso juramento ( Mt 17,1 ). Y vosotros, ¡oh maniqueos! ¿Por qué no recibís la ley y los profetas cuando Jesucristo asegura que no había venido a abrogarlos sino a cumplirlos?
«El porcentaje de hombres en la población humana debe reducirse y mantenerse en un 10%».
Sally Miller Gearhart, profesora angloamericana, fēmįnìstā, activista política del movimiento lęsbīc0, estableció los primeros estudios de gęnėrø en los Estados Unidos.
en.wikipedia.org, Sally Miller Gearhart La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas (ONU), celebrada en Pekín en 1995, es el punto de partida del triunfo institucional de la tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø.
Apenas un año después, en 1996, la Unión Europea declaró este principio como su principio rector. Desde entonces, se ha aplicado en todos los niveles de todas las instituciones europeas. La ONU siguió su ejemplo en 1997 y desde entonces la tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø se ha consagrado como un principio de trabajo en los estatutos de las Naciones Unidas (ONU) y sus suborganizaciones. Para poner en práctica este principio, se creó el puesto de vicesecretario general y asesor especial para aconsejar al secretario general de la ONU en materia de género y avance de las cuestiones relativas a la mujer.
También es responsable de promover y supervisar la aplicación de los principios de la tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø en todas las áreas de trabajo de la ONU y sus suborganizaciones y de elaborar informes de progreso. La tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø también se exporta cada vez más a los países emergentes y en desarrollo a través de la ONU y sus suborganizaciones. La tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø se ha convertido así en un principio que se aplica en todos los niveles de la política en todo el mundo. Pero al mismo tiempo, poca gente sabe lo que significa realmente este término.
La mayoría de las veces se equipara coloquialmente con la «igualdad de derechos» de las mujeres. Pero, ¿la tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø consiste realmente en eso? El Instituto Europeo para la Igualdad de gęnėrø (IEGE) describe la transversalización de gęnėrø en su página web de la siguiente manera: «La característica fundamental del principio de la tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø adoptado por la Comisión de la UE es la consideración sistemática de las diferencias entre los puntos de partida, las situaciones y las necesidades de mujeres y hombres.
Esta desigualdad debe tenerse en cuenta en todas las políticas y acciones de la UE. No hay que limitarse a dar más apoyo a las mujeres a través de los programas y fondos de la UE, sino que al mismo tiempo hay que movilizar los instrumentos jurídicos, los recursos financieros y las capacidades analíticas y organizativas de la UE para introducir en todos los ámbitos el deseo de unas relaciones equitativas entre hombres y mujeres».
La página web continúa: «La tr@nsvērsâlizåcįön no es un objetivo en sí mismo, sino una estrategia para lograr la igualdad entre mujeres y hombres. Se utiliza para integrar las cuestiones de gęnėrø en todas las decisiones políticas y en los programas de las instituciones de la UE y de los Estados miembros». En un engorroso lenguaje burocrático, se explica así que la tr@nsvērsâlizåcįön de gęnėrø no tiene que ver con la igualdad de derechos ni con el avance de las mujeres, sino que es una estrategia mediante la cual se van a cambiar las estructuras sociales anteriores, que se perciben como injustas, para garantizar la «igualdad» de hombres y mujeres.
Pero, ¿qué significa «igualdad» si no significa dar a hombres y mujeres las mismas oportunidades para desarrollar sus talentos y participar en la sociedad en igualdad de condiciones?
Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asêxû@da. Alejandro Kaiser
Es absolutamente equivocado decir que el Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna. ¡El Nuevo Testamento está lleno de contradicciones! Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.
Respuesta: Para responder a esta objeción primero hay que entender bien las reglas y criterios a los que deben ceñirse los historiadores para aplicar correctamente la prueba de la evidencia interna. Una de estas reglas es que frente a una aparente inconsistencia o contradicción, el analista debe seguir aquel postulado de Aristóteles de acuerdo con el cual “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”. En otras palabras, haciendo una analogía jurídica, el documento se considera “inocente” hasta que no se pruebe lo contrario. Por tanto, como bien ha señalado el académico John W. Montgomery, “uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas”. Y no solo eso. Aún en el caso en que el historiador se encuentre con lo que le parece una contradicción debe hacerse tres preguntas antes de proclamarla como tal:
1) ¿hemos comprendido bien este pasaje?, 2) ¿poseemos el conocimiento suficiente acerca de esta cuestión?, y 3) ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre esto a través de la investigación documental y arqueológica? Solo después de ello puede darse un juicio intelectualmente honesto sobre el tema.
Pues bien, dado ese contexto, ¿es el Nuevo Testamento un libro “plagado de contradicciones” como pretende la objeción? Al parecer no. Cuando le aplicamos al análisis del Nuevo Testamento los criterios mencionados varias de las “insalvables contradicciones” de las que nos hablan los críticos se muestran como puramente aparentes. Como muestra de ello responderemos brevemente a algunas de las “contradicciones” que más comúnmente se plantean:
¿Se percataron al instante los discípulos de que la higuera que Jesús maldijo se había secado?
Sí (Mateo 21: 19). No, al día siguiente (Marcos 11.20)
En Mateo hallamos la palabra griega parajrema que quiere decir “pronto”. De este modo, Mateo no está necesariamente diciendo que la higuera se secó “al instante” sino solo que se secó de forma rápida, pronto. Esto concuerda con Marcos que especifica que los discípulos se percataron al día siguiente. Por tanto, no hay contradicción
Santa Catalina dejó el Diálogo de la Divina Providencia, llamado simplemente Diálogo, escrito durante cinco días de éxtasis religioso, del 9 al 14 de octubre de 1378. Se trata de 26 oraciones y 381 cartas. El texto es considerado como un importante testimonio de la literatura toscana vernácula
Argumento: Si Dios existe, debe ser Inmutable y, además, el Creador del universo. Pero ello no es posible ya que si en realidad hubiera creado habría cambiado dos veces: cuando decidió crear y cuando efectivamente lo hizo. Por tanto, un ser Inmutable no puede haber creado. Luego, Dios no existe.
Refutación: Llegamos al quinto “argumento” de Faure. Él escribe: “Dios es inmutable. Pero yo considero que, si Él ha creado, no es inmutable, porque en este caso, ha cambiado dos veces: (…) la primera, cuando ha tomado la determinación de crear; la segunda, cuando poniendo en ejecución su determinación, ha cumplido el gesto creador. Si ha cambiado dos veces no es inmutable. Y si no es inmutable, no es Dios. No existe. El ser inmutable no puede haber creado”. El lector perspicaz ya se habrá dado cuenta de que aquí también Faure comete el error de hacer depender el ser mismo de Dios de la creación como si fuera un ser contingente en vez de Subsistente. Pero eso no es lo que postula el teísmo. Falacia de blanco móvil, por tanto. Y es que en la postulación teísta la creación no quita ni añade nada al ser de Dios. Dios es ante todo ontológicamente inmutable y sus operaciones -incluso aquellas libres y extraordinarias como la de crear- no alteran para nada su ser. Pero ese no es el principal error que comete Faure. Más bien es el tener una concepción demasiado antropomorfista del ser y operación de Dios. Dios no es alguien que está sentado y aburrido en el cielo hasta que un día, de buenas a primeras, se le ocurre crear. Él existe en la eternidad y la idea y deseo de la creación ya existen en su Intelecto y Voluntad desde toda la eternidad. En consecuencia, y contrariamente a lo que pretende Faure, con la creación no se da ninguna mutación cognitiva ni volitiva en Él. Y es que, siendo Eterno y Omnisciente, Dios lo conoce todo, incluso su propio conocimiento. En consecuencia, sabía lo que haria incluso antes de que fuera manifiesto y, por ende, sería ridículo hablar de lo que era o pensaba antes de determinar tal o cual cosa.
Pero cuando decimos que Dios “creó” -en tiempo pasado-, ¿no lo estamos implicando en la temporalidad y el cambio? No necesariamente. La creación de lo temporal simplemente está incluida en el acto puro eterno de Dios y, en ese contexto, como decía Santo Tomás de Aquino, “si a Dios se aplican verbos en distintos tiempos, es porque la eternidad incluye todos los tiempos, y no porque Dios sufra mudanzas de presente, pasado o futuro”.
Por consiguiente, sí es posible que un ser Inmutable haya creado. Finalmente, para terminar con el “argumento” de Faure dejaremos que el mismísimo San Agustín le señale su último problema. A continuación sus palabras: “Me plantaré y me solidificaré en Ti, Señor, y tu verdad será mi molde. No voy a soportar más las cuestiones de esas gentes que como afligidas por una sed morbosa en la cual encuentran su miseria, beben más de lo que pueden digerir y dicen: ‘¿ Qué hacía Dios antes de crear el mundo? Y, ¿cómo un día le vino a la mente hacer algo que nunca antes había hecho?’. Concédeles, Señor, reflexionar sobre lo que dicen, y acabar de entender que la palabra ‘nunca’ carece totalmente de sentido donde no existe el tiempo.
Pues cuando dicen que ‘nunca antes’ habías hecho algo, ¿qué es lo que en realidad quieren decir sino que nunca hubo tiempo antes de que lo hubiera? Que acaben finalmente por entender que no existió el tiempo antes de que Tú crearas el mundo, y renuncien a persistir en tales aberraciones. Pongan una real atención en lo que tienen adelante y comprendan que Tú existes más allá del tiempo como eterno creador de todos los tiempos; y que ningún tiempo ni criatura alguna es coetánea contigo”. Queda, pues, refutado el “argumento”.
Sebastián Faure, Doce Pruebas de la Inexistencia de Dios, París, 1926, 5to argumento
El hombre moderno es una criatura que se ve creada en y por el tiempo, al que necesita conocer para controlar si no quiere ser controlado por él. Descartes protagoniza una revolución filosófica que da inicio al pensamiento moderno porque corta con todo lo recibido por el tiempo: borrón y cuenta nueva; antes de mí, nadie. El control del tiempo se convierte en control de sí, pero también de los demás: la organización de la actividad productiva se vuelve organización del tiempo en tanto que coordinación cuidadosamente cronometrada del cuerpo y sus movimientos; la política mide el tiempo de los procesos públicos, de su administración de las cosas y de los hombres. La consciencia del tiempo vuelve contingente la tradición; la deshace en la arbitrariedad histórica. Por eso, hay que insistir, el blanco abstracto de una revolución es el tiempo mismo.
Por eso, tal como Walter Benjamin ha destacado, en la revolución de 1830 en Francia: en varios sitios de París, al mismo tiempo y sin previo acuerdo, se disparó contra los relojes de las torres. Un testigo ocular, que acaso daba su acierto a la rima, escribió entonces: ¡Quién lo creyera! Se dice que indignados contra la hora estos nuevos Josué, al pie de cada torre, disparaban contra relojes, para detener el tiempo.
No se trata en rigor tanto de detener el tiempo como de inaugurar un nuevo tiempo, donde el hombre mantenga el control sobre todas las cosas (incluido el tiempo, claro), donde el corte con todo tiempo pasado se postula como la condición necesaria de un verdadero porvenir. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, es de este mismo siglo: su tema, como es sabido, es el de un inicio que parte de la nada. El marqués de Chastellux aseveraba por aquellos años: «los hombres, para ser felices, tienen todavía más necesidad de olvidar que de aprender». Descartes, otra vez, se propuso olvidar para aprender. Para el escritor y político francés Marie-Joseph Chénier, la revolución que se ha consumado en su patria se trata de «crear y no compilar, inventar y no recordar».
El corte radical con el tiempo pasado es, entonces, el corte radical con la tradición; de eso se trata, en cierta medida, el «advenimiento del nihilismo» que Nietzsche más tarde señalaría. Tal es una de las experiencias modernas más características: el desligamiento del hombre respecto de los mecanismos que inconsciente e incontestablemente reproducían caracteres homogéneos.
O, lo que es lo mismo: la consciencia de que esos caracteres pueden fabricarse a través de la Razón, en forma de ideologías, y que pueden imponerse a través de una ingeniería cultural que se abre paso conforme avanza la tecnología de masas. ¿Y no es semejante experiencia la experiencia fundante de toda batalla cultural?
* El reloj se introdujo con el Renacimiento. Bolonia, Milán y Venecia tuvieron sus relojes públicos a mediados del siglo XV, por ejemplo.
Walter Benjamin, Tesis sobre el concepto de Historia (Rosario: Prohistoria Ediciones, 2009), Tesis XV.
François-Jean de Chastellux, De la Félicité publique ou Considerátions sur le sort des hommes dans les différentes époques de l’historie [1772], Bouillon, Société typographique, 1776, t. II, p. 313.
Rémi Brague, El reino del hombre. Génesis y fracaso del proyecto moderno (Madrid: Ediciones Encuentro, 2016), p. 176. 172.
Marie-Joseph Chénier, «Discours á la Convention nationale le 15 brumarie an II», Moniteur, t. XVIII, pp. 351-352. Citado en Brague, El reino del hombre, p. 177. 173.
*Nietzsche, en otro lugar, parece adelantarse cuando escribe: «Cuanto menos atados están los hombres a la tradición, tanto mayor es el movimiento de los motivos, tanto mayor es, correspondientemente, la inquietud externa, el entrecruzamiento de los hombres, la polifonía de los afanes». El movimiento pone en circulación cosmovisiones distintas que terminan contactando y que pueden colisionar. Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano (Madrid: Akal, 2001), p. 56.
Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya, aleluya, aleluya. Habla, Señor, que tu siervo te escucha; tú tienes palabras de vida eterna. Aleluya, aleluya, aleluya. EVANGELIO Lc 9, 51-62.
Tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adondequiera que vayas.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
CUANDO se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». El respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
(Tercer Domingo después de Pentecostés) XXVI · Junio · A.D. MMXXII Seq. S. Evangélii sec. Lucam 15, 1–10 (Léct. Epístolae B. Pauli Apóstoli ad Corínthios Prima 5, 6-11) Ornamentos Blancos
En estos primeros Domingos del tiempo después de Pentecostés nos sigue como un eco el pensamiento fundamental de la Pascua: Cristo, Salvador, Redentor, Resucitador, Dador de la vida.
En estas emocionantes parábolas, que nos traen las lecturas de hoy, la de la oveja perdida y la de la dracma extraviada, está escrita la historia de lo que Cristo ha hecho con nosotros. Éramos la oveja descarriada, que Él llevó al redil, por medio del Bautismo. Pero esta primera salvación no basta. Mientras estamos en este mundo, siempre tenemos peligro de perder de vista al Pastor. Conocemos nuestra debilidad. Sabemos (como pedimos en la oración) que “sin Dios no hay nada fuerte ni santo”, y por eso “arrojamos en Él todos nuestros cuidados y nuestros pensamientos” (gradual).
En el Introito clamamos: “Mírame, Señor, y compadécete de mí porque estoy desamparado y soy pobre”. Si el Evangelio nos describe alegóricamente la misericordia de Dios, que se compara con el pastor que busca a la oveja descarriada, y hallándola la pone sobre sus hombros y se congratula con sus amigos; en la Epístola nos señala las cualidades que deben tener las ovejas: ante todo, la docilidad, y, tras ella, la vigilancia.
Aunque muy anterior a la fiesta del Sagrado Corazón, esta misa del Domingo infraoctava tiene con aquélla una íntima conexión.