POR AMOR A CRISTO, CUANDO HABLO DE ÉL, NI A MÍ MISMO ME PERDONO




Hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel. Fijémonos cómo el Señor compara sus predicadores a un atalaya. El atalaya está siempre en un lugar alto para ver desde lejos todo lo que se acerca. Y todo aquel que es puesto como atalaya del pueblo de Dios debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de preverlo todo y ayudar así a los que tiene bajo su custodia. Estas palabras que os dirijo resultan muy duras para mí, ya que con ellas me ataco a mí mismo, puesto que ni mis palabras ni mi conducta están a la altura de mi misión. Me confieso culpable, reconozco mi tibieza y mi negligencia. Quizá esta confesión de mi culpabilidad me alcance el perdón del Juez piadoso. Porque, cuando estaba en el monasterio, podía guardar mi lengua de conversaciones ociosas y estar dedicado casi continuamente a la oración. Pero, desde que he cargado sobre mis hombros la responsabilidad pastoral, me es imposible guardar el recogimiento que yo querría, solicitado como estoy por tantos asuntos. Me veo, en efecto, obligado a dirimir las causas, ora de las diversas Iglesias, ora de los monasterios, y a juzgar con frecuencia de la vida y actuación de los individuos en particular; otras veces tengo que ocuparme de asuntos de orden civil, otras, de lamentarme de los estragos causados por las tropas de los bárbaros y de temer por causa de los lobos que acechan al rebaño que me ha sido confiado. Otras veces debo preocuparme de que no falte la ayuda necesaria a los que viven sometidos a una disciplina regular, a veces tengo que soportar con paciencia a algunos que usan de la violencia, otras, en atención a la misma caridad que les debo, he de salirles al encuentro. Estando mi espíritu disperso y desgarrado con tan diversas preocupaciones, ¿cómo voy a poder reconcentrarme para dedicarme por entero a la predicación y al ministerio de la palabra? Además, muchas veces, obligado por las circunstancias, tengo que tratar con las personas del mundo, lo que hace que alguna vez se relaje la disciplina impuesta a mi lengua. Porque, si mantengo en esta materia una disciplina rigurosa, sé que ello me aparta de los más débiles, y así nunca podré atraerlos adonde yo quiero. Y esto hace que, con frecuencia, escuche pacientemente sus palabras, aunque sean ociosas. Pero, como yo también soy débil, poco a poco me voy sintiendo atraído por aquellas palabras ociosas, y empiezo a hablar con gusto de aquello que había empezado a escuchar con paciencia, y resulta que me encuentro a gusto postrado allí mismo donde antes sentía repugnancia de caer.
¿Qué soy yo, por tanto, o qué clase de atalaya soy, que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de la montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de mi debilidad? Pero el Creador y Redentor del género humano es bastante poderoso para darme a mí, indigno, la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me perdono

De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro del profeta Ezequiel
(Libro 1,11, 4-6: CCL 142,170-172)

Oración

Mis ojos se consumen aguardando tu salvación
Y tu promesa de justicia

Evangelio

San Lucas 5:33-39
Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos no se privan de comer y beber.» Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces, en aquellos días, ayunarán.» Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo, porque, si lo hace, desgarrará el nuevo, y al viejo no le irá el remiendo del nuevo. «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los pellejos, el vino se derramará, y los pellejos se echarán a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: El añejo es el bueno.»

Palabra del Señor

Santo Sacrificio de la Misa

La iglesia Católica no puede hacer nada que sea más santo, mejor dicho, nada más digno de Dios ni más agradable a María, a los ángeles y santos, ni más provechoso a los justos y pecadores, ni más saludable a las almas del Purgatorio que ofrecer la Santa Misa

Marchant

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712

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Cristo

Sin embargo a quien tantas aflicciones padece no le falta el alivio de la consolación, porque siente que con llevar pacientemente la cruz de sus sufrimientos está ganando un gran premio para el día de la recompensa. Y sabe que al poner valientemente el hombro a la cruz, el dolor de cada tribulación se transformará en confianza de recibir el salario prometido a quienes sufren por Dios
Y cuanto más se domina y quebranta la carne y las pasiones con las tribulaciones y sufrimientos, tanto más cobra fuerza el espíritu por las gracias que el alma recibe. Y a veces se robustece tanto el asemejarse a Cristo en los sufrimientos, que ya no quiere verse libre de tribulaciones y de dolor, porque juzga que cuantos más sufrimientos padezca por Cristo, tanto más agradará a Dios
Esto no es virtud humana. Es la gracia de Cristo que tanto puede y tan grandes obras hace en la pobre naturaleza humana, que lleva a amar aun aquellos sufrimientos que naturalmente aborrecería.

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis) 1418

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Tibieza espiritual¿Qué es?



Consiste la tibieza cierta especie de relajamiento espiritual, que va parando las energías de la voluntad, inspira horror al esfuerzo, y recarga pesadamente los movimientos del vivir cristiano. Es una languidez y entorpecimiento, que no es aún la muerte, pero que a la muerte lleva insensiblemente robándonos poco a poco las fuerzas morales. Podríamos compararla con un cáncer que va consumiendo poco alguno de nuestros órganos vitales. La tibieza en sí misma no es pecado mortal ni venial, sino un estado de desgano consentido. Sin embargo, después del pecado es lo que más se opone a la santidad

Oriente



Evangelio según san Mateo, 2: 1- 2 Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: «¿ Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle». (vv. 1- 2)

Si estos reyes eran descendientes de Balaam, pudieron venir en tan poco tiempo a Jerusalén porque no distaban mucho de la tierra prometida. Pero entonces se podrá preguntar ¿por qué el evangelista dice que vinieron de Oriente? Porque su país estaba situado en la frontera oriental de Judea. Por otra parte, las palabras «vinieron del Oriente» nos ofrecen el magnífico pensamiento de que, siendo Jesucristo llamado «el Oriente» según aquellas palabras de Zacarías: «He aquí un hombre, el Oriente es su nombre» ( Zac 6,12), todos los que vienen al Señor, vienen de El y por El

Remigio

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Oración

Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Venid en pos de mí —dice el Señor—,
y yo os haré pescadores de hombres.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 5, 1-11.

Dejándolo todo, lo siguieron.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: –Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: –Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: –Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: –No temas: desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor.

Santo Sacrificio de la misa

No hay nada más ventajoso para el hombre, ni más útil para las almas del Purgatorio, que el sacrificio de la Misa. Su excelencia es tal, que todas las otras buenas obras unidas a la práctica de las virtudes más altas, no valen nada en comparación de ella

Padre Antonio Molina (Cartujo español, Tratado sobre la dignidad del sacerdocio)

Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712