Aleluya, aleluya, aleluya. Jesús proclamaba el Evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblos. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mc 7, 31-37.
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá» (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Habla Señor que tus siervo escucha (1 Reyes 3, 10) Siervo tuyo soy. Dame inteligencia para entender tus palabras (Salmo 98 y 125) Inclina mi corazón a escuchar con buena voluntad las palabras de tu boca. Que caigan en mi como el rocío bienhechor sobre la tierra Señor que no sólo me hable Moisés. Que no sólo me hablen los profetas. Háblame tú, Señor, Dios mío; tú que a todos los profetas inspiraste e iluminaste. Porque tú sólo puedes enseñarme bien, y sin tu ayuda no sabré qué es lo que por medio de ellos quisiste enseñar.
Hoy en día en todo el mundo, especialmente en Oriente Medio y en China, y en naciones de África y Asia, los cristianos están siendo perseguidos y martirizados por su fe en Jesucristo. ¿Cuál es su mensaje para ellos y para la Iglesia? ¡Me gustaría decirles a todos nuestros heroicos hermanos y hermanas en Cristo que su sufrimiento y sacrificios son las fuerzas espirituales más poderosas para el crecimiento de la Iglesia en nuestros días. Sus lágrimas, su dolor y su sangre se recogen en el cáliz de cristal transparente por el ángel, como se describe en la tercera parte del secreto de Fátima, y el campo espiritual de la Iglesia de nuestros días está siendo regado con sus sacrificios. Nuestros hermanos y hermanas perseguidos demuestran al mundo entero la validez y fecundidad espiritual de la santidad del Evangelio «Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros» (Mt 5,11- 12). En el otro extremo, la Santa Sede y la totalidad de la Iglesia católica tiene el deber de defender a nuestros hermanos y hermanas con claras palabras de protesta y con acciones apropiadas. Las autoridades de la Iglesia católica deben resistir a la tentación, debido al políticamente correcto, de mantenerse en silencio o minimizar la persecución de los cristianos en nuestros días. Los verdaderos católicos en el llamado mundo libre en Occidente están siendo perseguidos también, pero a través de formas cínicas y extremadamente sofisticadas de marginación psicológica, burocrática y social, y represión. Los católicos perseguidos en nuestros días física y psicológicamente representan el verdadero honor y la corona de nuestra madre la Iglesia. Yo les diría a ellos: «sois preciosos para nuestro Señor, estamos orgullosos de vosotros, no os olvidamos, «sed fieles hasta la muerte y el Señor nos dará una corona de vida» (cf. Ap 2, 10).
Evangelio según san Mateo, 2: 1- 2 Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: «¿ Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle». (vv. 1- 2)
Eran muchos los reyes que habían nacido y habían muerto en Israel; ¿era por ventura alguno de éstos a quien los magos buscaban para prestarle adoración? Ciertamente no, porque de ninguno de ellos les había hablado el cielo. Estos reyes, extranjeros y de un país tan remoto, no se juzgaban obligados a prestar un homenaje tan grande a un rey de la clase y condición que lo eran ellos en su país; sino que habían aprendido que debía ser tal la condición del que había nacido, que, adorándolo, no podía ofrecerles duda alguna el conseguir la salvación, que consiste en el mismo Dios. Por otra parte, tampoco la edad se prestaba a la adulación humana, no estaban cubiertos de púrpura los miembros del recién nacido, ni brillaba una diadema en su cabeza; ni pudo ser la pompa de los servidores, ni el terror de los ejércitos, ni la fama de gloriosos combates lo que atrajese a estos varones de tan remotas tierras con fe tan grande y tan ardientes votos. Un niño recién nacido, pequeñito, menospreciado por la pobreza se manifiesta recostado en un pesebre. Pero se oculta bajo estas apariencias alguna cosa grande que aquellos hombres, primicias de los gentiles, habían comprendido, no por testimonio de la tierra, sino del cielo. Por eso decían: «Hemos visto su estrella en el Oriente». Anuncian y preguntan, creen y buscan, a imagen de aquéllos que caminan en la fe y desean ver
Oh Señor, que por medio de Moisés liberaste a tu pueblo de la tierra de la esclavitud, y a él confiaste tu santa ley, concédenos, liberados de la esclavitud del pecado, abrazar tan profundamente tu Evangelio que alcancemos la patria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo
San Lucas 6:1-5 Sucedió que, cruzando un sábado por unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas, las desgranaban con las manos y se las comían. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?» Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?» Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»
Tenemos obligación de reconocer que los cristianos no pueden hacer nada más santo ni más santo ni más divino que celebrar o asistir a estos divinos misterios, en los cuales la víctima vivificante, que nos reconcilia con Dios Padre, es inmolada todos los días por el sacerdote en el Altar
Sesión XXII Concilio de Trento. En decreto de lo que se ha de observar y evitar en la celebración de la Misa
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712
pues como bueno y leal servidor de Cristo a llevar animoso la cruz de tus sufrimientos, como la llevó el Señor, quien por tu amor fue clavado en la cruz Prepárate a sufrir muchas contrariedades y diversas molestias en esta vida miserable, porque así será dondequiera que estuvieres, y así te parecerá en cualquier sitio donde te escondieres. Así será, y no hay más remedio para la tribulación y el sufrimiento que tener paciencia y soportar con valentía y esperanza, por amor a Dios Bebe con alegría el cáliz de amargura que el Señor te ofrece si quieres tener parte con Él en la gloria que nunca se termina Acepta que Dios te envíe consuelos y alegrías cuando a Él le parezca mejor, tú prepárate a sufrir con valentía y paciencia la cruz de tus padecimientos, porque «las penas de esta vida no son comparables con la gloria inmensa que nos espera en el futuro» (Romanos 7,18)
Evangelio según san Mateo, 2: 1- 2 Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: «¿ Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle». (vv. 1- 2) Aunque el Señor no había nacido allí, porque aunque supieron la época del nacimiento, no conocían el lugar donde había de nacer. Pero siendo Jerusalén la ciudad real, creyeron ellos que un niño de tal condición no debía nacer sino en una ciudad de reyes. O vinieron a Jerusalén para que se cumpliese lo que estaba escrito: «De Sión saldrá la Ley, y la palabra del Señor de Jerusalén» ( Is 2,3 ). O tal vez para que la diligencia de los magos sirviese de condenación a la indiferencia de los judíos. «Vinieron, pues, a Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido Rey de los judíos?»