Categoría: Sacerdocio Real

Adán


Dios “coronó” a toda la humanidad en Adán y concedió “dominio” y “poder” a la primera pareja y a su prole. Los pueblos antiguos reconocieron en el relato del Génesis las costumbres comunes de los reyes, que reunían tierras para transmitirlas luego a sus hijos y herederos. Pero Adán era más que un simple rey. Era un rey sacerdotal. El Génesis relata que Dios le exigió unas obligaciones específicas, descritas por los verbos hebreos Abodah y Shamar (generalmente traducidos como “cultivar” y “guardar”)En otro lugar del Pentateuco, estos verbos aparecen juntos para referirse al servicio ritual de los sacerdotes y levitas en el santuario (Números 3, 7-8; 9,26; 18, 5-6). Al describir el servicio sacerdotal, deben traducirse por administrar y guardar. Los sacerdotes se ocupaban de ofrecer el servicio sacrificial a Dios y proteger el santuario de cualquier profanación. Estas claves escrituristicas sugieren la intención de los autores bíblicos de describir toda la creación como un templo real construido por un rey celestial. Se representa intencionadamente a Adán como primogénito real y sacerdote principal; en definitiva, como un sacerdote-rey establecido para gobernar, como vice-regente, sobre el templo-reino de la creación
Father Who Keeps His Promises: Gods Covenant Love in Scripture

El Sacerdocio real de los fieles

Pero, en la naturaleza del sacerdocio ministerial se manifiesta otra realidad de gran importancia, a saber, el sacerdocio real de los fieles, cuyo sacrificio espiritual es consumado por el ministerio del Obispo y de los presbíteros en unión con el sacrificio de Cristo, único Mediador.[9] En efecto, la celebración de la Eucaristía es acción de la Iglesia universal; y en ella cada uno hará todo y sólo lo que le pertenece conforme al grado que tiene en el pueblo de Dios. De aquí la necesidad de prestar particular atención a determinados aspectos de la celebración, a los cuales, algunas veces, en el decurso de los siglos se prestó menos cuidado. Porque este pueblo es el pueblo de Dios, adquirido por la Sangre de Cristo, congregado por el Señor, alimentado con su Palabra; pueblo llamado a elevar a Dios las peticiones de toda la familia humana; pueblo que, en Cristo, da gracias por el misterio de la salvación ofreciendo su sacrificio; pueblo, por último, que por la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo se consolida en la unidad. Este pueblo, aunque es santo por su origen, sin embargo, crece continuamente en santidad por su participación consciente, activa y fructuosa en el misterio eucarístico

INSTRUCCIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO