El pasado «no puede ser infinito»



porque estamos en el presente ergo, el pasado ha tenido un fin y lo infinito no puede terminar

Pero no puedo evitar pensar en una recta numérica al ver este planteamiento. Me explico: Cuando se afirma que el tiempo (y el espacio) son infinitos, nada te impide dividirlo en dos partes (recordemos que infinito + infinito = infnito) y lo que estamos viviendo, el «presente», es simplemente un punto dentro de la recta. Qué pasaría si algo tiene inicio, pero no tiene final? No se le llamaría al tiempo que existe infinito»? Yo me planteaba el tiempo como dos rayos con un mismo origen (pasado-presente -futuro) de tal modo que si entras en una sección del tiempo infinito podrías ver como si no lo fuera, pero acaso el pasado y el futuro juntos no podrían formar una recta «infinita»?

«cuando se afirma que el tiempo y el espacio son infinitos, nada te impide dividirlo en dos partes» debes considerar que realmente eso no es ast. Sialgo es supuestamente infinito no se puede dar estos tipos de particiones en la realidad. Pones un ejemplo: «recordemos infnito + infinito = infinito». Ok, pero entonces a qué equivale «infnito- infinito»? Matemáticamente esto te daría respuestas contradictorias! Por tanto, hay buenas razones para creer que lo infinito es solo una idea y ino puede existir en la realidad!

iDIOS SÍ EXISTE!: Cómo defender racionalmente esta verdad ante ateos, agnósticos e incluso creyentes. Dante A. Urbina

«He rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca, y cuando te conviertas, confirma en ella a tus hermanos» (Lc 22, 32)



– Quién nos puede decir con autoridad lo que pertenece a la Revelación?
Solamente el Magisterio de la lglesia, que reside principalmente en el papa, puede decirnos con certeza en las cuestiones disputadas, qué es lo que se debe creer y qué es erróneo. Es a Pedro, en efecto, y en él a sus sucesores, que Cristo dijo: «Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). Le ha dado a Pedro igualmente la misión de confirmar a sus hermanos en la fe: «He rogado por ti a fin de que tu fe no desfallezca, y cuando te conviertas, confirma en ella a tus hermanos» (LC 22, 32)

Una doctrina sobre la que la lglesia ha definido que pertenece infaliblemente a la Revelación divina, se llama dogma.

-Qué nos dice la Sagrada Escritura sobre la manera en que ella misma debe ser interpretada?- San Pedro nos dice en su segunda epistola: Antes de todo, sépanlo: ninguna profecía de la Escritura es objeto de interpretación personal. Porque nunca de la voluntad humana ha salido ninguna profecía, sino que es porel Espíritu Santo que los hombres han hablado de parte de Dios. (2 P 1, 20-21)

Este pasaje ilustra al mismo tiempo la inspiración de la Sagrada Escritura por el Espfritu Santo y el hecho que no se debe interpretar como nos plazca. Esto es exactamente lo que hacen los protestantes: cada quien interpreta la Biblia; y naturalmente, cada quien la comprende de manera diferente

CATECISMO CATOLICO DE LA CRISIS EN LA IGLESIA
Por el Padre Matthias Gaudron

Los procedimientos de la inquisición




El modo de proceder irá sufriendo modificaciones con el tiempo y las circunstancias. Sin embargo, en lo que se ponía muchísimo empeño era en la figura del Inquisidor; es que para serlo debían reunirse varios condiciones, dada la exigencia del insalubre empleo.

Inquisidor se busca: el curriculum de un inquisidor Un texto nos indica que debía ser «no menor de 40 años, honesto en su conducta, de extremada prudencia, perseverante firmeza,
erudición católica perfecta y lleno de virtud». Como no era un trabajo sencillo y ante las amenazas de los herejes, se les concedía una guardia armada para su defensa (algunos de ellos fueron asesinados y martirizados, como san Pedro de Verona, según hemos dicho). Era tan dura la misión que los papas les otorgaron indulgencia plenaria de por vida in articulo mortis equiparándolos en este privilegio, a los cruzados28. El sínodo de
Narbona, por ejemplo, así pretendía que fuesen los inquisidores: «esforzaosven convertir a los herejes, mostraos mansos y humildes frente a los que han dado pruebas de buenas intenciones: vuestra misión recibirá una magnífica consagración. A aquellos que
rehúsen convertirse, no os apresuréis a condenarlos, insistid frecuentemente, personalmente o por medio de otros, para moverlos a la conversión. No los libréis al poder secular sin haber agotado todos vuestros recursos y hacedlo con gran pesar». De Cauzons dice: «Los casos de corrupción de miembros de la Inauisición aue nosotros conocemos son rarísimos: tododa a pensar en una honestidad general unida a una rigurosa disciplina».

Un caso paradigmático ha sido el de fray Bernardo Guidonis, O.P. (1261- 1329); hombre de gran cultura, teólogo e historiador, llegó a ser Maestro General de los Dominicos en 1311; siendo inquisidor en Toulouse (otro centro de la herejía cátara) debió juzgar 930 casos de los que 143 fueron sentenciados a levar cruces en público y 9 a peregrinar, 307
fueron encarcelados y 42 entregados al brazo secular para ser castigados con la pena máxima. Su espíritu quedó estampado en las instrucciones que, en adelante, se
daría a todo inquisidor: «Debe ser diligente y fervoroso en su celo por las verdades de la Religión y la salvación de las almas (..). Que no esté influido por la indignación, la furia o el odio (..) ni dejarse ganar por la apatía, pereza o negligencia. Debe ser constante y resuelto, mantenerse firme en los peligros y adversidades, incluso ante la muerte (…). Los casos han de ser discutidos y examinados con todo esmero, buscando la verdad
(…). El inquisidor, como juez justo, debe encauzar de tal modo la intención de la justicia al dictar su sentencia, que no decaiga el espíritu de compasión (..) para que no pueda ser reprochado de indignación y de ira, señales evidentes de crueldad. Asimismo al
imponer multas pecuniarias ha de seguir la justicia (.) para que el juicio no se desfigure a causa de ningún elemento de ambición y crueldad». Los Inquisidores debian hacerse presentes en los lugares donde se sospechaba de herejía y presentar sus credenciales a las autoridades civiles y eclesiásticas para que colaborasen con ellos.Se presentaban en
persona y convocaban al pueblo y al clero a una Misa solemne donde se predicaba el «sermo generalis» (sermón general), invitando por un tiempo determinado (15 a 30 días), a que los herejes hicieran una confesión. Era, para los culpables, el llamado «tempus gratiae sive indulgentiae» (tiempo de gracia o indulgencia), durante el cual las penas quedaban suspendidas o, si se daban, eran secretas y muy leves. A esto se agregaba el «edictus fidei» en que se ordenaba, bajo pena de excomunión para todos, denunciar a los herejes. El proceso podía comenzar, como en el derecho civil y eclesiástico, de tres maneras: «Per
accusationem», «per denuntiationem» y «per inquisitionem». Per accusationem: se trataba de una acusación formal delante del inquisidor; alli, alguien acusaba a otro de herejía y manifestaba su voluntad de probarla declarando conformarse a la ley del talión, es decir, si se probaba la falsedad de la acusación con culpa del acusante, éste recibiría la misma pena que hubiere debido recibir el acusado;, con esto se intentaba evitar las
denuncias falsas. Per denuntiationem: era el más habitual y se inspiraba en el Evangelio (Mt 18,15) cuando se ordena la corrección fraterna: en privado, con testigos y finalmente la
‘denuncia» a la Iglesia. «En la denuncia se atiende a la enmienda del hermano’, dirá santo Tomás3 1. Por ello, se dirigia al superior como padre y no como juez. Debía hacerse con todas las precauciones: ante el inquisidor, notario y dos testigos idóneos (religiosos o laicos honorables). Per inquisitionem: es cuando se procedía «ex officio» basándose en la difamación o la declaración de algún testigo. Entonces el inquisidor instrua una investigación secreta (inquisitio) para alcanzar la verdad. Durante el proceso, el Inquisidor era acusador, padre y juez. Mucho se le ha recriminado a la Iglesia esta práctica,
pero es necesario aclarar dos puntos: primero que la práctica secreta era algo propio de la época y efectivamente se optó por ella; en segundo lugar, para que un proceso fuese justo
no necesariamente debía ser público, sino que dependía de la fidelidad y prudencia del magistrado. Si ante las acusaciones evidentes y probadas el reo se negaba a aceptarlas, se usaban diversos medios para moverlo.Se le mostraba confianza familiaridad, deseo de su bien, de los beneficios de su confesión pronta y sincera, y hasta se invitaba a una persona cercana para que lo indujese a confesar la verdad, Si habiendo indicios se mantenía terco o con evasivas, se usaban medios más duros como la prisión oscura, estrecha y húmeda, el ayuno a pan y agua, cadenas, cepo, privación del reposo y el sueño, etc. «Vexatio dat intellectum» (el castigo da inteligencia), decían los antiguos.

Cuando todos los medios para mover al acusado, gravemente sospechoso, no eran eficaces, estaba el último recurso en orden a la veracidad de la propia confesión: el tormento. Este oficio correspondía propiamente al orden secular y no eclesiástico

NICOLAU EYMERICH, Manuale dell’inquisitore, Piemme, ltalia 2009, 235.

JEAN-BAPTISTE GUIRAUD, op. cit., 113

THOMAS WALSH, op. cit., 109-110.

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica. ll-llae, q. 68, a.1.

*Hasta el siglo XII los tribunales seguían un solo tipo de procedimientos: el acusatorio. El redescubrimiento del derecho romano y el de Justiniano sugirió a los juristas otro tipo de procedimiento que consentía al Estado indagar y perseguir el delito aunque no hubiera acusador. Es el procedimiento por «inquisición»

Crítica al dios del Islam



El amor de Alá, lejos de ser absoluto, es parcial y condicional. Alá solo ama a los que lo
aman y da su favor a quienes se lo han ganado previamente. Los impios que no aman a Alá simplemente no son amados por él.

Hay varios pasajes del Corán que confirman este juicio. Citemos solo algunos: «A quienes creen y hacen los que es correcto, Dios les dará amor» (Sura 19: 96), «Dios abogará a favor de los que han creído. Dios no ama a nadie que sea traidor contumaz, desagradecido» (Sura 22: 38), Retribuirá con su gracia a los que hayan creído y obrado bien, Él no ama a los infieles» (Sura 30: 45).

El Cristianismo, en cambio, nos.revela a un Dios cuyo amor es universal e incondicional. Él ama incluso a los que no lo aman y da su gracia incluso a aquellos que no la merecen. Citemos algunos pasajes que confirman este juicio: «Él hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos» (Mateo 5: 45), «Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos puso en paz consigo mismo mediante la muerte de su Hijo» (Romanos 5: 10), «Dios es tan misericordioso y nos amó tanto que nos dio vida con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestro pecado» (Efesios 2: 4- 5).

De hecho, el «loco’ amor de Dios por los pecadores es precisamente la buena noticia» que constituye el Evangelio, como puede evidenciarse revisando parábolas tan hermosas como la del hijo pródigo (cfr. Lucas 15: 11-32) o la de la oveja perdida (cfr. Mateo 1 8: 10- 14) que resultarían inconcebibles en el Islam

Una guerra declarada



Evangelio según san Mateo, 6: 13- 13 «Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. Amén». (V. 13)

Aquí se llama mal al demonio por su excesiva malicia, que no proviene de su naturaleza sino de su elección y por la guerra implacable que nos tiene declarada. Por esto se dice: «Líbranos de mal»

San Juan Crisóstomo, homiliae in Mattheum, hom. 19,6

Oración

Cantad con júbilo a Dios, tierras todas; servid al Señor con alegría; venid delante de Él con cánticos de alegría. Sabe que el Señor es Dios

Evangelio

San Lucas 2:42-52
Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres. Creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero, al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Palabra del Señor

Signos precursores del fin del mundo



Para hablar sobre el fin de los tiempos, tomamos aquí, un fragmento completo del teólogo Antonio Royo Marín

En la Sagrada Escritura se nos dice que nadie absolutamente sabe cuándo sobrevendrá el fin del mundo. Cristo resucitado advirtió a sus apóstoles que no les correspondía a ellos conocer los tiempos ni los momentos que el Padre ha fijado en virtud de su poder soberano (Hch 1,7). Y en el Evangelio les había ya dicho que de aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo ni el hijo, sino sólo el Padre (Mt 24,36). Ya se comprende que el hijo no lo sabía como formando parte de su mensaje mesiánico que había de comunicar a los hombres, aunque sí como verbo eterno de Dios. Sin embargo, la misma Sagrada Escritura nos proporciona ciertos signos o señales por donde puede conjeturarse de algún modo la mayor o menor proximidad del desenlace final. No se nos prohíbe examinar esas señales, pero es preciso tener en cuenta que son muy vagas e inconcretas y se prestan a grandes confusiones, sobre todo por el carácter evidentemente metafórico y ponderativo de muchas de ellas. Buena prueba de esto la ofrece el hecho de que la humanidad ha creído verlas ya en diferentes épocas de la historia que hacían presentir la proximidad de la catástrofe final.

Vamos, pues, con sobriedad y moderación a recoger esas señales, pero guardándonos mucho de llegar a conclusiones demasiado concretas y simplistas. Lo único cierto en esta materia tan difícil y oscura es que nadie absolutamente sabe nada: es un misterio de Dios. He aquí las principales señales de que nos habla la Sagrada Escritura:


La conversión de los judíos

En contraste con esta apostasía casi general, habrá de verificarse la conversión de Israel, anunciada por el apóstol San Pablo (Rom 11,25-26). Dios permitió la apostasía de su pueblo predilecto para llevar la salud a los gentiles (Rom 11,11). Pero se arrepentirán en su día y volverán a ser injertados como ramas naturales en su propio tronco (Rom 11,24), ya que las promesas y dones de Dios son irrevocables (Rom 11,29). En definitiva, compasión y misericordia de todo el género humano (Rom 11,32). Cuándo habrá de realizarse esta vuelta de Israel a la verdadera fe, en qué medida y proporción, con qué manifestaciones externas; he ahí otros tantos misterios que nadie absolutamente podría aclarar.

Ahhh, pero no es un problema de gęnėrø



Cuando digo «como esclavos» no hablo de forma figurativa sino literal.

Fuente: «Esclavos del siglo XXI» (El Mundo)

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Los pescadores esclavos del sudeste asiático

Líbranos del mal



Evangelio según san Mateo, 6: 1 3- 1 3 «Y no nos dejes caer en la tentación. Mas lbranos de mal. Amén». (v. 13)

Aquí se llama mal al demonio por su excesiva malicia, que no proviene de su naturaleza sino de su elección y por la guerra implacable que nos tiene declarada. Por esto se dice: «Líbranos de mal»

San Juan Crisóstomo, homiliae in Mattheum, hom. 19,6