Una de las lecturas favoritas del propio Goethe, en efecto, era el periódico parisino sansimoniano Le Globe, en el que precisamente fue acu- ñada la palabra «socialismo». Fausto fue, en algún sentido, el primer héroe socialista: la desmesurada confianza en la razón humana como elemento suficiente (e incluso omnipotente) para crear un nuevo mundo, destruyendo todo lo anterior, está en la base no solo de la modernidad, sino también de esa ideología moderna llamada socialismo. Pero la pretensión de modernizar el espacio con la que Fausto se encandila vuelve a presentarse como tragedia en la figura de dos ancianos, Filemón y Baucis, que manifiestan su intención de continuar viviendo como siempre. Ellos viven en la costa, y la transformación de Fausto todavía no logró llegar allí.
Rápidamente los ancianos se convierten en un estorbo para Fausto, y este ordena a sus subordinados que los retiren por la fuerza. Los encargados de cumplimentar la orden terminan incendiando la casa y asesinando a Filemón y Baucis. Fausto se entristece, pero por otra parte sabe bien que ese es el precio de ver su proyecto finalmente concretado. La economía de guerra de Lenin o los desplazamientos y la industrialización forzada de Stalin fueron medidas que podrían bien recordarnos estos pasajes de Goethe: es el precio de edificar «un nuevo mundo» que se ajuste a las ideas de los hacedores de mundos ideales
AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA
El Proslogion (en latín, Proslogio) es una obra del filósofo medieval Anselmo de Canterbury redactada entre 1077 y 1078 a manera de una meditación u oración dirigida a Dios. Su importancia radica en que en ella se expone el llamado argumento ontológico sobre la existencia de Dios.
Evangelio según san Mateo, 5: 20- 22 «Porque os digo en verdad, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás: pues el que matare, reo será en el juicio. Mas yo os digo, que todo aquél que se enoja con su hermano, reo será en el juicio. Y quien dijere a su hermano raca, reo será en el concilio. Y quien dijere insensato, reo será en el infierno». (vv. 20- 22)
Llama justicia aquí a la virtud universal. Entiéndase en esto el aumento de la gracia. A sus discípulos los consideraba todavía como ignorantes, pero quiere que sean mejores que los maestros en el Antiguo Testamento. No llamó inicuos a los escribas y a los fariseos porque no negó que tenían justicia.
Considera también que con estas cosas confirma el Antiguo Testamento delante de sus Apóstoles, comparándolo con el Nuevo, resultando el más y el menos dentro del mismo género. La justicia de los escribas y los fariseos son los mandamientos de Moisés. Los cumplimientos de aquellos mandatos son los preceptos de Jesucristo. Esto es, pues, lo que dice: Si alguno, además de los preceptos de la ley, no cumple estos preceptos míos, que ellos consideraban como pequeños, no entrará en el Reino de los Cielos; puesto que aquellos preceptos libran de la pena (debida a los transgresores de la ley), mas no llevan al Reino de los Cielos, pero éstos libran de la pena y llevan al cielo. Siendo una misma cosa quebrantar los preceptos pequeños y no cumplirlos, ¿por qué dice arriba, del que los quebranta, que se llamará pequeño en el reino de Dios, y ahora dice del que no los cumple, que no entrará en el Reino de los Cielos? Pero entiende que ser pequeño en el Reino, es lo mismo que no entrar en él y que estar en el Reino no es reinar con Cristo, sino vivir en el pueblo de Cristo.
Como si dijese del que no cumple que estará entre los cristianos, pero que será un cristiano pequeño, y que el que entra en el Reino, participa del Reino con Jesucristo. Por lo tanto, éste que no entra en el Reino de los Cielos, no tendrá gloria con Jesucristo. Sin embargo, estará en el Reino de los Cielos, esto es, en el número de aquéllos sobre quienes reina Jesucristo, que es el rey de los cielos
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 16,4
En el camino de convertirse en un ciudadano sin vínculos La colectivización de la educación infantil es una importante aspiración e instrumento de todos los enemigos de la libertad. Con supuestos argumentos como el éxito en el aprendizaje, la competencia social, etc., los políticos llevan muchos años exigiendo con vehemencia una educación infantil obligatoria cada vez más larga. Los pequeños deben ser apartados cuanto antes de la influencia nociva, por ser incontrolable, de la familia y entregados al cuidado del Estado. Cuanto antes, mejor. Por eso también hay que reintegrar a la mamá en el proceso de trabajo lo antes posible. Lo quiera o no. Se trata de un monopolio estatal de la educación y de la completa incapacitación de los padres. La educación debe dejar de ser un asunto privado.
El Estado niñera socialista se encarga de todo, incluso de la educación, es decir, del adoctrinamiento, para que el ciudadano desarraigado y sin vínculos parentales y familiares más estrechos se vuelva lo más dependiente posible del Estado y sus servicios. Si bien el Estado, sus órganos y los ideólogos de izquierda no tardan en alcanzar los límites de su poder en el caso de los clanes familiares de la región árabe, con sus fuertes estructuras, su firme sistema de valores y su cohesión, el ciudadano europeo autóctono, desprovisto de vínculos, tradición, orientación y cada vez más también de GęNēRº e identidad, es muy fácil de dirigir y manipular.
Desde hace años, la clásica familia nuclear padre- madre- hijo ha sido retratada por los neosocialistas de la política, los medios de comunicación, la cultura y el mundo académico como un lugar de violencia, abuso sēxû@l, burguesismo y otros horrores. ¿Cuándo fue la última vez que vio una familia feliz e intacta en la televisión, en una película o en el escenario? Las llamadas familias de retazo y arco iris se presentan como formas de convivencia modernas y especialmente deseables. La televisión estatal al servicio del Estado. Esto tampoco es nada nuevo. La cineasta de izquierdas Ruth Beckermann lo dijo abiertamente en un programa del Club 2 en ORF (radio pública de Austria), sin los habituales tapujos y pretextos. En la ronda de discusión afirmó que los niños deberían ser acogidos por las instituciones educativas estatales lo antes posible, porque de todos modos solo se contaminarían con ideas derechistas y nacionalistas por los progenitores alcohólicos. Ya no son el padre y la madre, o el padre1 y el padre2, como suelen decir los genderistas particularmente progresistas, los que deberían poder determinar qué valores y actitudes se enseñan a sus hijos, sino el Estado neosocialista. Todo esto se hace apetecible para las madres con argumentos y palabras de moda como «autorrealización», «oportunidades de carrera profesional», «independencia», etc. El hecho de que, a pesar de esta propaganda constante, la mayoría de las madres preferirían cuidar a sus hijos durante más tiempo si pudieran permitírselo económicamente, es ignorado gustosamente por los representantes del pueblo. Cualquiera que quiera cuidar de sus hijos más tiempo del que el Estado y los socialistas quisieran es difamada como «modelo que ha pasado de moda para siempre» o como una «tontita». La mujer moderna, en cambio, se orienta por los planes de vida de «Sēx0 en Nueva York», etc. Según esto, los que no nadan por ese cauce están influenciados por el espíritu reaccionario de sus padres.
Cuando un cantante extremadamente popular, como Andreas Gabalier, se atreve a decir en una entrevista que «es bueno para los niños que su madre se quede más tiempo en casa y los cuide», entonces se desata una enorme tormenta de crítica política y mediática contra él, y en las redes sociales los bien entrenados, políticamente correctos de a pie echan espumarajos. Sus colegas músicos, predominantemente de izquierdas, se distancian indignada, asqueada y públicamente del reaccionario roquero folk, e incluso lo consideran un acto de coraje y valentía. A nadie se le permite cuestionar impunemente los dogmas y los objetivos de los genderistas. La intolerancia y el odio de los «tolerantes» hacia otras opiniones y estilos de vida sorprende una y otra vez en su virulencia y vehemencia. Paso a paso, estos fanáticos ideológicos consiguen restringir los logros democráticos, como la libertad de opinión y la libertad de prensa, de facto y, cada vez más, también de iure.
El empeño de los políticos de izquierda, los académicos y los medios de comunicación en la escolarización de jornada completa también tiene una motivación puramente ideológica; el objetivo es mantener a los niños alejados de sus padres el mayor tiempo posible. La familia, la vida privada, la libertad, la independencia de pensamiento y de acción, todo esto debe combatirse en el camino hacia una sociedad «más justa». El Estado neosocialista quiere extender su poder a todos los ámbitos de la sociedad.
spiegel.de, Staat kuscht vor kriminellenclans, 26/10/2010 oe24.at, «Club2» als politischer Aufreger, 05/02/2009
Es absolutamente equivocado decir que el Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna. ¡El Nuevo Testamento está lleno de contradicciones! Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.
Respuesta: Para responder a esta objeción primero hay que entender bien las reglas y criterios a los que deben ceñirse los historiadores para aplicar correctamente la prueba de la evidencia interna. Una de estas reglas es que frente a una aparente inconsistencia o contradicción, el analista debe seguir aquel postulado de Aristóteles de acuerdo con el cual “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”. En otras palabras, haciendo una analogía jurídica, el documento se considera “inocente” hasta que no se pruebe lo contrario. Por tanto, como bien ha señalado el académico John W. Montgomery, “uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas”. Y no solo eso. Aún en el caso en que el historiador se encuentre con lo que le parece una contradicción debe hacerse tres preguntas antes de proclamarla como tal:
1) ¿hemos comprendido bien este pasaje?, 2) ¿poseemos el conocimiento suficiente acerca de esta cuestión?, y 3) ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre esto a través de la investigación documental y arqueológica? Solo después de ello puede darse un juicio intelectualmente honesto sobre el tema.
Pues bien, dado ese contexto, ¿es el Nuevo Testamento un libro “plagado de contradicciones” como pretende la objeción? Al parecer no. Cuando le aplicamos al análisis del Nuevo Testamento los criterios mencionados varias de las “insalvables contradicciones” de las que nos hablan los críticos se muestran como puramente aparentes. Como muestra de ello responderemos brevemente a algunas de las “contradicciones” que más comúnmente se plantean
Dos ladrones fueron crucificados junto con Jesús, ¿se burlaron ambos de él?
Sí (Marcos 15: 32). No, uno se burló y el otro lo defendió (Lucas 23: 39- 41)
Lucas describe las injurias a Jesús y además ofrece un acercamiento más detallado sobre la conversación de Jesús con los dos bandidos. Marcos generaliza la escena bastante rápido en unos cuantos versos. Por tanto, no hay contradicción.
Aleluya, aleluya, aleluya. La paz de Cristo reine en vuestro corazón; la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Lc 10, 1-12. 17-20.
Descansará sobre ellos vuestra paz.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
EN aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad». Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
Es absolutamente equivocado decir que el Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna. ¡El Nuevo Testamento está lleno de contradicciones! Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.
Respuesta: Para responder a esta objeción primero hay que entender bien las reglas y criterios a los que deben ceñirse los historiadores para aplicar correctamente la prueba de la evidencia interna. Una de estas reglas es que frente a una aparente inconsistencia o contradicción, el analista debe seguir aquel postulado de Aristóteles de acuerdo con el cual “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”. En otras palabras, haciendo una analogía jurídica, el documento se considera “inocente” hasta que no se pruebe lo contrario. Por tanto, como bien ha señalado el académico John W. Montgomery, “uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas”. Y no solo eso. Aún en el caso en que el historiador se encuentre con lo que le parece una contradicción debe hacerse tres preguntas antes de proclamarla como tal:
1) ¿hemos comprendido bien este pasaje?, 2) ¿poseemos el conocimiento suficiente acerca de esta cuestión?, y 3) ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre esto a través de la investigación documental y arqueológica? Solo después de ello puede darse un juicio intelectualmente honesto sobre el tema.
Pues bien, dado ese contexto, ¿es el Nuevo Testamento un libro “plagado de contradicciones” como pretende la objeción? Al parecer no. Cuando le aplicamos al análisis del Nuevo Testamento los criterios mencionados varias de las “insalvables contradicciones” de las que nos hablan los críticos se muestran como puramente aparentes. Como muestra de ello responderemos brevemente a algunas de las “contradicciones” que más comúnmente se plantean
¿Dónde se encontraba Jesús a la sexta hora el día de la crucifixión?
En la Cruz (Marcos 15: 25,33). En el tribunal de Pilato (Juan 19: 14)
Se trata de cómputos diferentes. Marcos está utilizando el cómputo judío, de acuerdo con el cual el día empieza con la salida del sol (aproximadamente a las 6 am) y la hora sexta representa al mediodía.
En cambio, Juan se está basando en el cómputo romano para hablar de la hora del juicio, donde la hora sexta se corresponde con las primeras horas de la mañana al salir el sol. Teniendo en cuenta esto se pueden conciliar los relatos diciendo que Jesús fue juzgado en las primeras horas de la mañana, que su proceso de crucifixión fue entre las 9 y 12 horas (téngase en cuenta que los azotes y el cargar la Cruz se incluye en el castigo), que agonizó durante tres horas y que murió a las 3 de la tarde (la “hora nona”) aproximadamente.
En todo caso, cualquier discrepancia puede ser salvada teniendo en cuenta que en esa época no existían sistemas de medición horaria tan detallados como los nuestros y más que nada se hacían estimaciones. Por tanto, no hay contradicción
*Esta no es una mera hipótesis ad hoc in- justificada. Juan fue el último en escribir su Evangelio y lo hizo en un contexto en que Jerusalén y sus alrededores ya habían sido destruidos por los romanos, razón por la cual los cristianos vivían en las colonias griegas que se regían por el horario romano. Por tanto, aun cuando fuere judío, era mejor que aplique este cómputo por fines didácticos y expositivos. (Y eso por no mencionar que Juan ya conocia el Evangelio de Marcos, con lo cual sería demasiado ingenuo pensar que dejaría por escrito una contradicción tan manifiesta)
el indiscutido héroe de la modernidad, escrito aproximadamente entre 1770 y 1831, es decir, en pleno auge modernizador. El trabajo de Goethe se inicia en un contexto de condiciones espirituales ya modernas, y concluye , nada menos que en tiempos de la Revolución Industrial, es decir, bajo la emergencia de condiciones materiales decisivamente modernas. Marshall Berman ha analizado la modernidad, entre otras cosas, a través del Fausto, de una forma que resulta interesante recuperar.
Fausto es un intelectual desligado, producto de las condiciones que, a partir del Renacimiento y la Reforma, generaron un grupo social más o menos independiente cuyo lugar en el sistema productivo se daba bajo el dominio de lo intangible: producción de ideas y producción de cultura se volvieron, en suma, formas (laicas) de producción. En otras palabras, Fausto es un producto de la creciente división social del trabajo —corazón de la modernidad— que logra separar con claridad el trabajo sobre la materia del trabajo sobre la cultura.
Así pues, dispuesto a liberar gigantescas energías humanas que, no obstante, producirán al mismo tiempo grandes costes para los hombres mismos, se desarrolla esta historia que configura la tragedia arquetípica del desarrollo moderno: la creación destructiva schumpeteriana.
La paradoja a la que se enfrenta Fausto, presentada por Mefisto, a quien aquel le ha ofrecido su alma a cambio de juventud, amor y conocimiento, es resumida por Berman de la siguiente forma: No podrá crear nada a menos que esté dispuesto a permitirlo todo, a aceptar el hecho de que todo lo que ha creado hasta ahora —y desde luego todo lo que él podría crear en el futuro— debe ser destruido para empedrar el camino de otras creaciones. Esta es la dialéctica que el hombre moderno debe asumir para avanzar y vivir; y es la dialéctica que pronto envolverá y moverá a la economía, el Estado y la sociedad modernos como un todo
Opinions littéraires, philosophiques et industrielles (París: Galérie de Bossange Pére
Berman, Todo lo sólido se disuelve en el aire, p. 40.
Pedro el Labrador o Pedro el Labriego (en inglés, Piers Plowman; en latín, Visio Willelmi de Petro Ploughman, 1360–1399) es un poema alegórico medieval inglés escrito por William Langland en versos aliterativos sin rima