Aleluya, aleluya, aleluya. Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mt 9, 32-38.
La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual». En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Evangelio según san Mateo, 5: 20- 22 «Porque os digo en verdad, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás: pues el que matare, reo será en el juicio. Mas yo os digo, que todo aquél que se enoja con su hermano, reo será en el juicio. Y quien dijere a su hermano raca, reo será en el concilio. Y quien dijere insensato, reo será en el infierno». (vv. 20- 22)
O como dice en otro lugar: «Si vuestra justicia no fuese mayor que la de los escribas y de los fariseos», esto es, de aquéllos que no practican lo que enseñan porque de ellos ya ha dicho San Mateo: «Dicen y no hacen» ( Mt 23,3 ).
Como si dijese: si no abundase vuestra justicia de modo que no quebrantéis, sino más bien hagáis lo que enseñáis, no entraréis en el Reino de los Cielos. Antes se entendía el Reino de los Cielos donde están ambos: el que no practica lo que enseña y el que lo practica, pero el primero se llama pequeño y el segundo grande, por lo que se entiende como Reino de los Cielos a la Iglesia presente. Aquí, se entiende el Reino de los Cielos donde entra aquel que cumpla la ley. Esta es la Iglesia tal y como será en la otra vida.
Según la ideología de género, las familias son un molesto factor perturbador que debe eliminarse.
Y ya se ha llegado muy lejos en esto en algunos países europeos. Para regocijo de la izquierda creyente en el Estado, muy poco queda de las antiguas estructuras familiares con padre y madre. Los niños europeos crecen en una sociedad mayoritariamente sin padre y sin hombres, de acuerdo con las ideas de los genderistas. El sistema educativo está completamente feminizado. Las posibilidades de que un niño conozca a un profesor o incluso a un educador de jardín de infancia antes de los diez años son extremadamente bajas.
En Alemania, 417 475 maestros de jardín de infancia estaban empleados en guarderías en 2018. El porcentaje de hombres en la profesión era del 5.2% en 2016. Debido a la escasa proporción de hombres en el ámbito de la educación preescolar, se utiliza con frecuencia exclusivamente la forma femenina de educadora. Los esfuerzos políticos para inspirar a más hombres a ejercer las profesiones pedagógicas son escasos. Especialmente en esta área tan sensible, que es tan importante para la aplicación y difusión de la ideología de género, los hombres no son útiles.
No en vano, la red alemana de hombres Manndat e.V. afirma: «Eso no es realmente deseable desde el punto de vista político». Muchos genderistas incluso consideran peligrosos a los profesores.
Por ejemplo, Hannelore Faulstich- Wieland, de la Universidad de Hamburgo, advierte públicamente que los profesores «programan a los chicos para un estereotipo de masculinidad».
Además, según Faulstich- Wieland, la petición de más profesores insinuaría que las profesoras no están haciendo un buen trabajo. Por lo tanto, nuestros hijos crecen en un entorno dominado y moldeado casi exclusivamente por las mujeres; los hombres apenas desempeñan ya un papel, a menudo solo como padres de fin de semana cada 14 días (como suele ser el caso después de un divorcio en Alemania)
Es absolutamente equivocado decir que el Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna. ¡El Nuevo Testamento está lleno de contradicciones! Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.
Respuesta: Para responder a esta objeción primero hay que entender bien las reglas y criterios a los que deben ceñirse los historiadores para aplicar correctamente la prueba de la evidencia interna. Una de estas reglas es que frente a una aparente inconsistencia o contradicción, el analista debe seguir aquel postulado de Aristóteles de acuerdo con el cual “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”. En otras palabras, haciendo una analogía jurídica, el documento se considera “inocente” hasta que no se pruebe lo contrario. Por tanto, como bien ha señalado el académico John W. Montgomery, “uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas”. Y no solo eso. Aún en el caso en que el historiador se encuentre con lo que le parece una contradicción debe hacerse tres preguntas antes de proclamarla como tal:
1) ¿hemos comprendido bien este pasaje?, 2) ¿poseemos el conocimiento suficiente acerca de esta cuestión?, y 3) ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre esto a través de la investigación documental y arqueológica? Solo después de ello puede darse un juicio intelectualmente honesto sobre el tema.
Pues bien, dado ese contexto, ¿es el Nuevo Testamento un libro “plagado de contradicciones” como pretende la objeción? Al parecer no. Cuando le aplicamos al análisis del Nuevo Testamento los criterios mencionados varias de las “insalvables contradicciones” de las que nos hablan los críticos se muestran como puramente aparentes. Como muestra de ello responderemos brevemente a algunas de las “contradicciones” que más comúnmente se plantean
¿Se rasgó el velo del Templo antes de que Jesús muriese? No (Mateo 27: 50- 51). Sí (Lucas 23: 44- 46)
En el pasaje referido Lucas narra un conjunto de eventos que sucedieron “hacia la hora nona” (3 de la tarde), no establece necesariamente el orden en que sucedieron, ese no es su objetivo. Más bien parece, por el contexto de lo dicho por Mateo, que cuando Jesús muere simultáneamente se rasga el velo del Templo. Lucas prefiere narrar eso en primer lugar para resaltar la muerte del Salvador.
Argumento: Dios, si existe, ha de ser Omnipotente, es decir, ha de poder hacer cualquier cosa. Pero ello es imposible porque implicaría que Dios debería poder, en virtud de su Omnipotencia misma, no ser Omnipotente, lo cual obviamente es absurdo y contradictorio. Por tanto, no puede ser Omnipotente. Luego, Dios no existe.
Refutación: He aquí la famosa paradoja de la Omnipotencia. La forma más conocida de ilustrarla es por medio del también famoso ejemplo de la piedra: “¿ Podría Dios crear una piedra tan grande que ni Él mismo pudiera levantarla? Si puede hacerlo, entonces la roca inamovible limitaría los poderes de Dios. Pero si no puede, entonces ya no sería omnipotente”. Sea cual fuere la opción que se elija siempre quedará en jaque la Omnipotencia divina y, junto con ella, la existencia misma de Dios. ¿Cómo responder a este argumento? Simple: definiendo correctamente el concepto de Omnipotencia. Omnipotencia, en la correcta definición teísta, no significa “poder hacer cualquier cosa” sino más bien, como habíamos dicho en otra parte, “posesión plena y total del poder”.
Pero, ¿cuál es la diferencia entre estas definiciones? Que la Omnipotencia entendida como “la capacidad para hacer cualquier cosa” implicaría que Dios podría realizar acciones contrarias al verdadero poder y, por tanto, a la Omnipotencia misma (como, por ejemplo, crear una roca que ni Él mismo pueda levantar); mientras que la Omnipotencia correctamente entendida como “la posesión plena y total del poder” implicaría que Dios, justamente en virtud de su Omnipotencia, solo podría realizar acciones coherentes con el verdadero poder. De ahí que no pueda pecar, ni cansarse, ni enfermarse, ni mentir, pues todo ello, en lugar de ser una manifestación del verdadero poder, es en realidad una negación de él. San Agustín había expresado muy claramente lo precedente cuando escribía que: “Dios no puede morir o equivocarse. Cierto que no lo puede, pero si lo pudiera su poder sería, naturalmente, más reducido. Así que muy bien está que llamemos Omnipotente a quien no puede morir ni equivocarse. La omnipotencia se muestra en hacer lo que se quiere, no en sufrir lo que no se quiere. Si esto tuviera lugar, jamás sería Omnipotente. De ahí que algunas cosas no le son posibles, precisamente por ser Omnipotente”.
En este sentido hay también que señalar que “no es propio de la omnipotencia divina hacer lo que es contradictorio” ya que, como decía el famoso apologista cristiano C. S. Lewis, “Omnipotencia significa poder para hacer todo lo que es intrínsecamente posible, no lo que es intrínsecamente imposible. A Dios se le pueden atribuir milagros, pero no absurdos; esto no limita su poder. Si usted elige decir ‘Dios puede dar libre albedrío a una criatura y negárselo a la vez’, ha logrado decir nada acerca de Dios. Las combinaciones de palabras sin sentido, no adquieren súbitamente sentido al anteponerles las palabras ‘Dios puede’. Que con Dios todo es posible continúa siendo verdadero; las imposibilidades intrínsecas no son otra cosa que inexistencias.
No es más posible para Dios, que para la más débil de sus criaturas, el llevar a efecto dos alternativas que se excluyen mutuamente; no porque su poder encuentre obstáculos, sino porque el disparate sigue siendo disparate aun cuando nos refiramos a Dios”.
Por tanto, hay que decir que todo el “argumento” de la Omnipotencia se constituye como una falacia de blanco móvil ya que parte de un concepto de Omnipotencia que no es el teísta. En consecuencia, la pretendida paradoja de la Omnipotencia (con todo y el ejemplo de la roca) no es más que una falacia de falso dilema originada por el error anterior. Y es que, como ya es costumbre con los intentos ateos por refutar la existencia de Dios, una falacia lleva a la otra y se hunden cada vez más en una espiral de falacias… Queda, pues, refutado el “argumento”.
San Agustín, La Ciudad de Dios, Lib. V, cap X
Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I,Q: 25, art. rpta.
C. S. Lewis, El Problema del Dolor Magdalen College, Oxford, 1940, pp. 9-10
Aleluya, aleluya, aleluya. Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mt 9, 18-26.
Mi hija acaba de morir, pero ven tú y vivirá.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús Llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.