Debemos aventajar al fariseo



Evangelio según san Mateo, 5: 20- 22 «Porque os digo en verdad, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás: pues el que matare, reo será en el juicio. Mas yo os digo, que todo aquél que se enoja con su hermano, reo será en el juicio. Y quien dijere a su hermano raca, reo será en el concilio. Y quien dijere insensato, reo será en el infierno». (vv. 20- 22)

Con tan magnífico exordio empezó a plenificar la obra de la ley antigua y a anunciar a sus Apóstoles que no les será posible la entrada en el Reino de los Cielos si no aventajan a los fariseos en justicia. Esto es lo que manifiesta cuando dice: «Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor», etc

San Hilario, in Matthaeum, 4

Jesucristo

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Oración

Al que oculta sus crímenes no le irá bien en sus cosas; El que los confiesa y se enmienda obtendrá misericordia

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—,
y yo las conozco, y ellas me siguen.
Aleluya, aleluya, aleluya.



EVANGELIO
Mt 9, 14-17.

¿Es que pueden guardar luto mientras el esposo está con ellos?.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».

Palabra del Señor

El argumento de la fiabilidad histórica del Nuevo Testamento


Es absolutamente equivocado decir que el Nuevo Testamento pasa la prueba de la evidencia interna. ¡El Nuevo Testamento está lleno de contradicciones! Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.

Respuesta: Para responder a esta objeción primero hay que entender bien las reglas y criterios a los que deben ceñirse los historiadores para aplicar correctamente la prueba de la evidencia interna. Una de estas reglas es que frente a una aparente inconsistencia o contradicción, el analista debe seguir aquel postulado de Aristóteles de acuerdo con el cual “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”. En otras palabras, haciendo una analogía jurídica, el documento se considera “inocente” hasta que no se pruebe lo contrario. Por tanto, como bien ha señalado el académico John W. Montgomery, “uno debe dar atención a las afirmaciones del documento bajo análisis, y no suponer fraude o error excepto si el autor se descalifica por contradicciones o por inexactitudes factuales conocidas”. Y no solo eso. Aún en el caso en que el historiador se encuentre con lo que le parece una contradicción debe hacerse tres preguntas antes de proclamarla como tal:

1) ¿hemos comprendido bien este pasaje?,
2) ¿poseemos el conocimiento suficiente acerca de esta cuestión?, y
3) ¿podemos arrojar alguna luz adicional sobre esto a través de la investigación documental y arqueológica? Solo después de ello puede darse un juicio intelectualmente honesto sobre el tema.

Pues bien, dado ese contexto, ¿es el Nuevo Testamento un libro “plagado de contradicciones” como pretende la objeción? Al parecer no. Cuando le aplicamos al análisis del Nuevo Testamento los criterios mencionados varias de las “insalvables contradicciones” de las que nos hablan los críticos se muestran como puramente aparentes. Como muestra de ello responderemos brevemente a algunas de las “contradicciones” que más comúnmente se plantean

¿De qué color era el manto con que vistieron a Jesús el día de la crucifixión?

Escarlata (Mateo 27: 28).
Púrpura (Juan 19: 2)

Ambas descripciones son correctas. El púrpura es un rojo intenso que tiende al violeta, así que, dependiendo del ángulo de visión del observador, el reflejo de la luz y el fondo podrían haber atenuado la intensidad y haberle dado diferentes tonalidades al manto. Por tanto, no hay contradicción.

No puede haber un Creador anterior al tiempo


No puede haber un Creador anterior al tiempo Argumento: Si Dios existe, ha existido incluso desde antes que el universo exista. Pero, como ha demostrado la física actual, con el inicio del universo también se inicia el tiempo. Por tanto, decir que Dios existe desde antes del universo implica también postular que existe desde antes del tiempo, lo cual es evidentemente absurdo pues no puede haber un tiempo antes del tiempo. En consecuencia, no puede haber un Creador anterior al tiempo. Luego, Dios no existe.

Refutación: Este tipo de “argumento”, insinuado por Stephen Hawking, se ha popularizado en varios foros ateos. Pues bien, pese a su aparente consistencia, podemos descartarlo sin más como falaz por la simple y llana razón de que se sostiene en su totalidad sobre una falacia de blanco móvil pues el teísmo en ningún momento postula que Dios existe en el tiempo sino más bien que existe en la eternidad. Así, por ejemplo, San Agustín nos dice que, en lugar de ser parte del tiempo, Dios es el “eterno creador de todos los tiempos” al cual “ningún tiempo le puede ser coeterno” porque Él es permanente y el tiempo, en cambio, “si permaneciese, no sería tiempo”. Pero ¿no es acaso lo mismo la eternidad que un tiempo indefinido? No, porque -como decía Santo Tomás de Aquino- “la eternidad existe simultáneamente, y, en cambio, en el tiempo hay un antes y un después” de modo que “aun en la hipótesis de que el tiempo no haya tenido principio ni vaya a tener fin (…) todavía quedaría en pie la diferencia entre tiempo y eternidad (…) ya que la eternidad es la medida del ser permanente, y el tiempo lo es del movimiento”.

Luego, al ser Dios el Primer motor inmóvil que sostiene el conjunto del movimiento tendremos que su eternidad precederá al tiempo. De seguro en este punto el ateo objetará que la afirmación anterior es absurda porque el hablar de una eternidad anterior al tiempo implica necesariamente una distinción temporal. Sin embargo, no lo implica necesariamente. ¿Por qué? Porque cuando el teísta dice que Dios es anterior al universo y, por ende, al tiempo, no lo está diciendo en el sentido de anterioridad temporal (lo cual lo llevaría al absurdo de postular un tiempo antes del tiempo) sino más bien en el sentido de anterioridad ontológica, siendo que en este sentido sí es posible hablar de un “antes” del universo pues muy bien puede suceder que un ser atemporal (Dios) sea la causa del conjunto de seres temporales (el universo). Es más: es absolutamente necesario hablar de un “antes” del universo en sentido ontológico porque el aceptar por un lado que el universo ha tenido un principio y rechazar por el otro la existencia de cualquier ser ontológicamente anterior a él implicaría decir ¡que surgió de la nada y por nada!, lo cual es evidentemente absurdo ya que “de la nada, nada sale”. Adicionalmente, es importante anotar que cuando la física actual demuestra que “con el inicio del universo se da también el inicio del tiempo”, lo hace en el marco de referencia de lo físico. Así, lo que se está demostrando es que la totalidad de la realidad física tiene una cota temporal precisamente porque ¡el tiempo es una dimensión física! No tiene sentido, por tanto, aplicar sin más la noción de tiempo a un ser metafísico (Dios), como es que hace la objeción.

Queda, pues, refutado el “argumento”

Stephen Hawking, Curiosity (serie de televisión), Temp. 1, cap. 1, Discovery Channel, 7 de agosto del 2011

San Agustín, Confesiones, Lib. xI, cap. 30.

Leonard Peikoff, «La Filosofía del Objetivismo», conferencia n 2, 1976

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, Ia, a. 7, art. 1, sol. 3

El arte y Joseph Goebbels



«Poder», «armas», «victoria», «éxito», «acción», «marcha». La cultura se pinta como un escenario de batallas, y los artistas son concebidos como los protagonistas que despiertan después de un largo sueño para incorporarse decisivamente al combate. Ese despertar, que los vuelve «vanguardia», es el despertar de la autoconciencia de los artistas: de la consciencia de sí mismos como poseedores de un «papel» decisivo para la «victoria», concebida como destrucción de lo anterior y construcción de lo nuevo.

El tono es casi amenazante; casi como si se dijera «cuidado, ahora sabemos que podemos hacer todo esto». En efecto: la cultura se reconoce como poder, y el arte como poderoso. Así pues, el arte no es mera «contemplación», sino, sobre todo, «acción»: es acción concebida como batalla cultural, donde se destruye y se crea.

Una curiosidad: un siglo más tarde, no solo el socialismo, sino también el nacionalsocialismo, concebirían al artista de una manera muy similar en el sentido apuntado. Es el caso del propio Goebbels. Otro lugar donde es posible caras de la modernidad, Puede leerse en una novela de Joseph Goebbels de 1929, titulada Michael: Un destino alemán en hojas de diario, cosas como la que sigue:

«El arte es la expresión del sentimiento. El artista se distingue del no artista por el hecho de que puede también expresar lo que siente. Puede hacerlo de varias formas. Algunos a través de imágenes, otros de sonido; otros a través del mármol —o también a través de formas históricas. El hombre-estado es también un artista. La gente es para él lo que la piedra es al escultor»

Jiménez, Crítica del mundo imagen, p. 72)

En el obscuro medievo



Parzival es un poema épico medieval germano, obra de Wolfram von Eschenbach. Data del siglo XIII y su argumento es la vida de sir Perceval, caballero de la Mesa Redonda y de la corte del rey Arturo, y su búsqueda del Santo Grial

Wolfram, Parzival 1,1ss (prólogo). Primera línea: Ist zwiffel hertzen noch gebur… (Biblioteca universitaria de Heidelberg, Codex Palatinus Germanicus, 339, fol. 6r).

Oración

Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados —dice el Señor—,
y yo os aliviaré.
Aleluya, aleluya, aleluya.



EVANGELIO
Mt 9, 9-13.

No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificio.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

Palabra del Señor.