Sobre la importancia de la FILOSOFÍA



En primer lugar, la filosofía, si se emplea debidamente por los sabios, puede de cierto allanar y facilitar de algún modo el camino a la verdadera fe y preparar convenientemente los ánimos de sus alumnos a recibir la revelación; por lo cual, no sin injusticia, fue llamada por los antiguos, «ora previa institución a la fe cristiana»[2], «ora preludio y auxilio del cristianismo»[3], «ora pedagogo del Evangelio»[4].

Y en verdad, nuestro benignísimo Dios, en lo que toca a las cosas divinas no nos manifestó solamente aquellas verdades para cuyo conocimiento es insuficiente la humana inteligencia, sino que manifestó también algunas, no del todo inaccesibles a la razón, para que sobreviniendo la autoridad de Dios al punto y sin ninguna mezcla de error, se hiciesen a todos manifiestas. De aquí que los mismos sabios, iluminados tan solo por la razón natural hayan conocido, demostrado y defendido con argumentos convenientes algunas verdades que, o se proponen como objeto de fe divina, o están unidas por ciertos estrechísimos lazos con la doctrina de la fe. «Porque las cosas de él invisibles se ven después de la creación del mundo, consideradas por las obras criadas aun su sempiterna virtud y divinidad» (Rom 1, 20), y «las gentes que no tienen la ley… sin embargo, muestran la obra de la ley escrita en sus corazones» (Rom 11. 14, 15). Es, pues, sumamente oportuno que estas verdades, aun reconocidas por los mismos sabios paganos, se conviertan en provecho y utilidad de la doctrina revelada, para que, en efecto, se manifieste que también la humana sabiduría y el mismo testimonio de los adversarios favorecen a la fe cristiana; cuyo modelo de obrar consta que no ha sido recientemente introducido, sino que es antiguo, y fue usado muchas veces por los Santos Padres de la Iglesia. Aun más: estos venerables testigos y custodios de las tradiciones religiosas reconocen cierta norma de esto, y casi una figura en el hecho de los hebreos que, al tiempo de salir de Egipto, recibieron el mandato de llevar consigo los vasos de oro y plata de los egipcios, para que, cambiado repentinamente su uso, sirviese a la religión del Dios verdadero aquella vajilla, que antes había servido para ritos ignominiosos y para la superstición. Gregorio Neocesarense[5] alaba a Orígenes, porque convirtió con admirable destreza muchos conocimientos tomados ingeniosamente de las máximas de los infieles, como dardos casi arrebatados a los enemigos, en defensa de la filosofía cristiana y en perjuicio de la superstición. Y el mismo modo de disputar alaban y aprueban en Basilio el Grande, ya Gregorio Nacianceno[6], ya Gregorio Niseno[7], y Jerónimo le recomienda grandemente en Cuadrato, discípulo de los Apóstoles, en Arístides, en Justino, en Ireneo y otros muchos[8]. Y Agustín dice: «¿No vemos con cuánto oro y plata, y con qué vestidos salió cargado de Egipto Cipriano, doctor suavísimo y mártir beatísimo? ¿Con cuánto Lactancio? ¿Con cuánto Victorino, Optato, Hilario? Y para no hablar de los vivos, ¿con cuánto innumerables griegos?»[9]. Verdaderamente, si la razón natural dio tan ópima semilla de doctrina antes de ser fecundada con la virtud de Cristo, mucho más abundante la producirá ciertamente después que la gracia del Salvador restauró y enriqueció las fuerzas naturales de la humana mente. ¿Y quién no ve que con este modo de filosofar se abre un camino llano y practicable a la fe?

EPÍSTOLA ENCÍCLICA AETERNI PATRIS DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII SOBRE LA RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA CONFORME A LA DOCTRINA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Disposiciones para la oración de intimidad



Duración

La duración de la oración mental no puede ser la misma para todas las almas y géneros de vida. El principio general es que debe estar en proporción con las fuerzas, el atractivo y las ocupaciones de cada uno.

Se comprende que, si el tiempo es demasiado corto, apenas se hará otra cosa que despejar la imaginación y preparar el corazón; y cuando se está ya preparado y debiera empezar el ejercicio, se deja. Por esto con razón se aconseja que se tome, para hacer oración, el más largo tiempo posible; y mejor fuera darle una sola vez largo tiempo, que en dos veces poco tiempo cada una.

Sin embargo, los antiguos monjes solían hacer breves pero frecuentes e intensas oraciones, que encajaban muy bien con el habitual recogimiento de la vida monástica.

El Doctor Angélico enseña […] que la oración debe durar todo el tiempo que el alma mantenga el fervor y devoción, debiendo cesar cuando no pueda continuarse sin tedio y continuas distracciones. Pero téngase cuidado con no dar oídos a la tibieza y negligencia, que encontrarían fácil pretexto en esta norma para sacudir el penoso esfuerzo que requiere casi siempre la oración. Es importante, finalmente, advertir que la oración, cualquiera que sea su duración, no puede considerarse como un ejercicio aislado y desconectado del resto de la vida. Su influencia ha de dejarse sentir a todo lo largo del día embalsamando todas las horas y ocupaciones, que han de quedar impregnadas del espíritu de oración. En este sentido -advierte el Angélico en el mismo lugar-, la oración ha de ser continua e ininterrumpida. Mucho ayudará a conseguir esto la práctica asidua y ferviente de las oraciones jaculatorias, que mantendrán a lo largo del día el fuego del corazón. Pero, sea como fuere, hay que conseguirlo a todo trance si queremos llevar una vida de oración que nos conduzca gradualmente hasta la cumbre de la perfección cristiana. Sin vida de oración sería escasísimo el fruto que reportaríamos, de media hora diaria de meditación aislada.

Redención



Evangelio según san Mateo, 3: 17- 17 Y he aquí la voz del cielo que dice: «Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». (v. 17)

Se refería a la humanidad de Cristo. Si se lee: en quien me he complacido, el sentido es éste: En quien me complazco, porque sólo a El he encontrado justo y sin pecado. Si se leyese: en quien me he complacido, se entendería: establecer en El mi designio de hacer por medio de El lo que ha de hacerse, esto es, la redención del género humano

Remigio

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
Segunda vía

el argumento de la causalidad

Enunciación La segunda vía para demostrar la existencia de Dios se funda en la causalidad eficiente y se estructura como sigue: 1. Hallamos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes que se encuentran subordinadas entre sí. 2. Pero no se da ni puede darse que una cosa sea su propia causa porque en tal caso debería ser anterior a sí misma, lo cual es imposible. 3. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de causas eficientes porque siempre hay causas subordinadas que dependen del influjo de todas las que la preceden y, puesto que, suprimida una causa, se suprime el efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última, ni efecto alguno, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una Primera causa que no sea a su vez causada. Esta Primera causa que no es causada por ninguna otra y a la que están subordinadas todas las demás causas es Dios. 5. Luego, Dios existe.

Oración

Mi alma espera en el Señor. Espera en su palabra

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino,
y curaba toda dolencia del pueblo.
Aleluya, aleluya, aleluya.



EVANGELIO
Mc 3, 1-6.

¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

✠ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

Palabra del Señor.

Disposiciones para la oración de intimidad



Postura

La postura del cuerpo tiene una gran importancia en la oración. Sin duda es el alma quien ora, no el cuerpo; pero, dadas sus íntimas relaciones, la actitud corporal repercute en el alma y establece una especie de armonía y sincronización entre las dos.

En general, conviene una postura humilde y respetuosa. Lo ideal es hacerla de rodillas, pero esta regla no debe llevarse hasta la rigidez o exageración. En la Sagrada Escritura hay ejemplos de oración en todas las posturas imaginables; de pie (Jdt 13,6; Lc 18,13): sentado (1 Rey 7,18); de rodillas (Lc 22,41; Hch 7,60); postrado en tierra (1 Rey 18,42; Jdt 9,1; Mc 14,35), y hasta en el lecho (Sal 6,7).

Evítense, cualquiera que sea la postura adoptada, dos inconvenientes contrarios: la excesiva comodidad y la mortificación excesiva. La primera, porque, como dice Santa Teresa, «regalo y oración no se compadecen” (Camino 4,2); y la segunda, porque una postura excesivamente penosa e incómoda podría ser motivo de distracción y aflojamiento en el fervor, que es lo principal de la oración.

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
1 vía, consideración

Incluso si aceptásemos esta primera vía habría que decir que a lo más prueba el deísmo pero de ningún modo el teísmo. No hay razón para presuponer que este “Primer motor inmóvil” es necesariamente un Dios personal, ¿por qué no podría ser una mera energía impersonal, el “Uno” de Parménides o el Demiurgo platónico? Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía.
Es absolutamente erróneo decir que la primera (o cualquier otra) de las vías de Santo Tomás de Aquino prueba el deísmo pero no el teísmo. Como bien explica el filósofo norteamericano William Lane Craig este tipo de objeción se basa simplemente en “un uso equivocado de los términos (…). El deísmo es un tipo de teísmo. El teísmo es la amplia visión de que Dios existe, y el deísmo es un tipo específico de teísmo que dice que Dios no se revela a sí mismo directamente en el mundo” (13). Entonces, el deísmo no es probado de ningún modo por la primera vía. Esta en ningún momento prueba que Dios no intervenga en el mundo, simplemente se limita a probar la existencia de un “Primer motor inmóvil” que se corresponde con la definición teísta de Dios independientemente de si este Dios interviene en el mundo o no. Además, hay que atender al hecho de que este es solo el primer paso del caso acumulativo que está presentando Santo Tomás de Aquino a favor del teísmo y que en lo que sigue de la Suma Teológica sí aborda de modo explícito y detallado la cuestión de la intervención de Dios en el mundo. No obstante, aun cuando en esta vía no se aborda de modo directo la cuestión de si el Primer motor es un ser personal (ello se aborda más específicamente en la quinta vía), puede llegarse de modo indirecto a dicha conclusión conforme al siguiente razonamiento: 1. El Primer motor inmóvil es el Ser Subsistente. (Ver explicación de la premisa 4). 2. El Ser Subsistente es un ser personal. (Ver deducción del penúltimo atributo divino (14)). 3. Luego, el Primer motor es un ser personal. De hecho, esa es la opción comparativamente más plausible. En efecto: sería irrazonable pensar que el Primer motor pueda ser una especie de “energía impersonal” ya que la energía no sólo no es principio primario de movimiento sino que también está ella misma siempre en movimiento. Tampoco podría ser el “Uno” de Parménides pues el Primer motor se constituye como la explicación primera del movimiento que observamos en las cosas mientras que el “Uno” de Parménides es el Todo que abarca todas las cosas en la inmovilidad del Ser (aquí el error de Parménides fue hacer una distinción tan radical entre el Ser y el no- ser que no pensó en la posibilidad de que existan seres mudables y contingentes, es decir, seres que son pero no siempre son del mismo modo e incluso podrían no ser). De otro lado, en lo que se refiere al Demiurgo platónico, este no es más que un ser intermedio a través del cual la “Idea de Bien” (que sería, por así decirlo, el “dios” de Platón) crea y controla el mundo material. Por tanto, al menos desde el punto de vista ontológico, forma parte de los “motores intermedios” y, en consecuencia, no podría ser el Primer motor.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Natividad



Evangelio según san Mateo, 3: 17- 17 Y he aquí la voz del cielo que dice: «Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». (v. 17)

No sólo ha demostrado que es su Hijo con el nombre, sino con la propiedad. Muchos somos hijos de Dios, pero el Hijo de quien hablamos no es de esta clase. Este es su Hijo propio y verdadero, por origen, no por adopción; en verdad, no en apariencia; por natividad, no por creación

San Hilario, de Trinitate, 3,11

Oración

Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.