Aleluya, aleluya, aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Mc 2, 23-28.
El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.
✠ Lectura del santo Evangelio según San Marcos.
SUCEDIÓ que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». Él les responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a los que estaban con él?». Y les decía: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».
Te doy mi cuerpo divino y mi pasión amarga, para que a tu vez, me los ofrezcas como tu bien, Hazme estos dones; yo te los devolveré después; ofrécemelos otra vez y a cada ocasión tu mérito se multiplicará; por que lo que el hombre hace en la tierra, le será centuplicado en la eternidad
Santa Matilde (al encontrarse en misa, tiene esta revelación de nuestro Señor Jesucristo Libro I c XIV)
Hijo, no te fascinen los elegantes y bellos discursos de los hombres, «porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud (1 Corintios 4, 20)
Escucha mis palabras que alumbran la inteligencia y abrazan el corazón, mueven a arrepentirse y de varios modos consuelan
Dedícate a la mortificación de las pasiones. eso te servirá más que saber la solución de muchas y difíciles cuestiones.
Si alguno fija la consideración en la acerbidad de nuestros tiempos, y abraza con el pensamiento la condición de las cosas que pública y privadamente se ejecutan, descubrirá sin duda la causa fecunda de los males, tanto de aquellos que hoy nos oprimen, como de los que tememos, consiste en que los perversos principios sobre las cosas divinas y humanas, emanados hace tiempo de las escuelas de los filósofos, se han introducido en todos los órdenes de la sociedad recibidos por el común sufragio de muchos. Pues siendo natural al hombre que en el obrar tenga a la razón por guía, si en algo falta la inteligencia, fácilmente cae también en lo mismo la voluntad; y así acontece que la perversidad de las opiniones, cuyo asiento está en la inteligencia, influye en las acciones humanas y las pervierte. Por el contrario, si está sano el entendimiento del hombre y se apoya firmemente en sólidos y verdaderos principios, producirá muchos beneficios de pública y privada utilidad. Ciertamente no atribuimos tal fuerza y autoridad a la filosofía humana, que la creamos suficiente para rechazar y arrancar todos los errores; pues así como cuando al principio fue instituida la religión cristiana, el mundo tuvo la dicha de ser restituido a su dignidad primitiva, mediante la luz admirable de la fe, «no con las persuasivas palabras de la humana sabiduría, sino en la manifestación del espíritu y de la virtud» (1Cor 2,4) así también al presente debe esperarse principalísimamente del omnipotente poder de Dios y de su auxilio, que las inteligencias de los hombres, disipadas las tinieblas del error, vuelvan a la verdad. Pero no se han de despreciar ni posponer los auxilios naturales, que por beneficio de la divina sabiduría, que dispone fuerte y suavemente todas las cosas, están a disposición del género humano, entre cuyos auxilios consta ser el principal el recto uso de la filosofía. No en vano imprimió Dios en la mente humana la luz de la razón, y dista tanto de apagar o disminuir la añadida luz de la fe la virtud de la inteligencia, que antes bien la perfecciona, y aumentadas sus fuerzas, la hace hábil para mayores empresas. Pide, pues, el orden de la misma Providencia, que se pida apoyo aun a la ciencia humana, al llamar a los pueblos a la fe y a la salud: industria plausible y sabia que los monumentos de la antigüedad atestiguan haber sido practicada por los preclarísimos Padres de la Iglesia. Estos acostumbraron a ocupar la razón en muchos e importantes oficios, todos los que compendió brevísimamente el grande Agustín,«atribuyendo a esta ciencia… aquello con que la fe salubérrima… se engendra, se nutre, se defiende, se consolida»[1]
EPÍSTOLA ENCÍCLICA AETERNI PATRIS DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII SOBRE LA RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA CONFORME A LA DOCTRINA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
Para algunos -religiosos, seminaristas, etcétera- está determinado expresamente por la costumbre de la comunidad cuando la oración se hace en común. Suele ser la capilla o el coro. Y aun en privado conviene hacerla allí por la santidad y recogimiento del lugar y la presencia augusta de Jesús sacramentado. Pero en absoluto se puede hacer en cualquier lugar[11] que invite al recogimiento y concentración del espíritu. La soledad suele ser la mejor compañera de la oración bien hecha. Jesucristo la aconseja expresamente en el Evangelio; y es útil no sólo para evitar la vanidad (Mt 6,6), sino también para asegurar su intensidad y eficacia. En ella es donde Dios suele hablar al corazón (Os 2,14).
“¿Sería bueno hacer la oración ante los espectáculos de la naturaleza: sobre las montañas, a la orilla del mar, en la soledad de los campos? Hay que responder que lo que para unos es conveniente, representa para otros un obstáculo. Las disposiciones particulares y la experiencia deben señalar aquí la regla de conducta”. (Ribet).
Evangelio según san Mateo, 3: 17- 17 Y he aquí la voz del cielo que dice: «Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». (v. 17)
Esta obra es la de toda la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, existen en una misma esencia, sin diferencias de tiempo ni de lugares. En estas palabras se distinguen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y no puede decirse que se presenten en una misma esencia. En cuanto a lo que se dice visiblemente en las sagradas letras, aparecieron separadamente en cuanto a los espacios que cada persona ocupaba. Desde luego se sabe que la Santísima Trinidad se conoce en sí misma inseparable, pero se puede mostrar separadamente por medio de aspectos materiales. Que sea sólo la voz propia del Padre, se demuestra por las palabras que dijo: Este es mi Hijo
La primera vía de Santo Tomás de Aquino cae en una grosera petición de principio pues niega la posibilidad de una cadena infinita de movimiento aduciendo que de ser así “no habría Primer motor”. ¡Pero eso es justamente lo que se debe probar! Además, no se ha demostrado que solo tenga que haber un único Primer motor cuando bien podría haber varios. Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía. Respuesta: Esta objeción de que Santo Tomás de Aquino comete una falacia de petición de principio en la primera vía es, lamentablemente, muy común entre las críticas que se le hacen. Y decimos lamentablemente porque solo se basa en una lectura tendenciosa y malintencionada del argumento tomista. En efecto, cualquiera (que no tenga un prejuicio a priori contra el teísmo, claro está) que lea bien la enunciación que de esta vía hace el mismo aquinate se percatará de que no comete ninguna falacia de petición de principio, pues cuando dice que la cadena de movimiento “no puede seguir indefinidamente, porque no se llegaría al primer motor que mueve” inmediatamente a continuación aclara que ello ha de ser así porque si no hubiera un primer motor, “no habría motor (ni movimiento) alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor” (5) como es que puede derivarse de la explicación de la premisa 2 (en la cual no se está presuponiendo para nada la existencia de un Primer motor). Luego, tenemos la alegación de que no habría por qué aceptar que hay un único Primer motor cuando bien podrían ser varios. Por ejemplo, el filósofo Graham Oppy escribe: “El argumento parece ser claramente inválido: lo máximo que se sigue de las premisas es que hay causas primeras del cambio que no están en sí mismas en proceso de cambio. No hay nada en las premisas de este argumento que justifique que hay una única causa primera del cambio que no está ella misma en proceso de cambio” (6). En primera instancia, puede responderse a esto aplicando el principio de navaja de Ockham de acuerdo con el cual no se deben multiplicar innecesariamente los entes para dar una explicación. Si basta apelar a un Primer motor para dar la fundamentación última suficiente del movimiento de los seres, especular con más “primeros motores” resulta superfluo.
cómo es que se da–físicamente- el movimiento en los seres, no nos explica cómo es que se inicia -metafísicamente- el movimiento o, lo que es más, los seres que se mueven. Y no solo eso. Aun si dejamos de lado todo el análisis metafísico y nos centramos únicamente en el físico, no se hace forzoso suponer que el “principio de inercia” invalida el postulado tomista de que “todo lo que se mueve es movido por otro” porque bien puede suponerse lo contrario en base a este mismo principio como es que hace el apologista A. Hillaire cuando en su ya citada obra La Religión Demostrada nos dice: “Sostiene la Mecánica, que es una parte de la Física, que la materia no puede moverse por sí sola. Una estatua no puede abandonar su pedestal; una máquina no puede moverse sin una fuerza motriz; un cuerpo en reposo no puede por sí mismo ponerse en movimiento. Tal es el llamado principio de inercia. Luego, para producir un movimiento es necesario un motor” (8). En otras palabras, lo que se mueve ha de ser movido por otro. Queda, pues, en pie la primera vía. Pero ni siquiera necesitamos apelar a ese principio pragmático. Y es que, tomada en todo su contexto, nuestra formulación de la primera vía no se ve afectada por aquello que dice Oppy de que “no hay nada en las premisas de este argumento que justifique que hay una única causa primera del cambio que no está ella misma en proceso de cambio”. ¿Por qué? Porque si bien no hay ninguna demostración explícita de que solo debe haber un único Primer motor en la explicación que hemos dado de las premisas, sí hay una demostración implícita pero clara de ello en nuestra explicación de la cuarta premisa. Allí establecimos que el Primer motor es el Ser Subsistente. En consecuencia, por necesidad lógica, han de aplicarse al Primer motor todas las características y/ o atributos que hayan sido demostrados para el Ser Subsistente. Pero una de los atributos que demostramos para el Ser Subsistente es la “unicidad” (ver Parte I, capítulo II). Por tanto, el Primer motor, al ser también el Ser Subsistente, debe ser único. Queda, pues, en pie la primera vía
¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina
Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por Jesucristo nuestro Señor.
San Marcos 2:18-22 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echarían a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.»
San Marcos 2:18-22 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echarían a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.»