Don de la Gracia



«La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él nos enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios. El “combate espiritual” de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la oración.» (Catecismo 2725).

Tentación



Evangelio según san Mateo, 4: 1- 2 Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo, y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. (vv. 1- 2)

Cualquiera que seas, por grandes que sean las tentaciones que sufras después del bautismo, no te turbes por ello, más bien permanece firme. Pues has recibido las armas para combatir, no para estar ocioso. Y esa es la razón por la que Dios no te exceptúa de las tentaciones. Primero, para que te des cuenta que ahora eres mucho más fuerte. Segundo, para que te mantengas en moderación y humildad y no te engrías por la grandeza de los dones recibidos. Tercero, para que el demonio que acaso duda si realmente lo has abandonado, por la prueba de las tentaciones, puede tener seguridad de que te has apartado de él. Cuarto, la resistencia te hace más fuerte que el hierro mejor templado. Quinto, las tentaciones te dan la mejor prueba de los preciosos tesoros que se te han confiado. Pues, si no hubiera visto el diablo que estás ahora constituido en más alto honor y altura, no te tentaría

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
2 vía, consideración

“Nada puede ser causa de sí mismo”. La veracidad de esta premisa puede derivarse directamente de las dos definiciones generales que hemos dado del principio de causalidad y también de la formulación específica que hemos dado de la causalidad eficiente. Veamos cómo. Primera formulación general del principio de causalidad: “todo ente contingente tiene causa”. Un ente contingente, por definición, es un ser que depende de otro para existir. Pero dado que para causar (operacionalmente) debería primero existir, es evidente que no puede ser causa de sí mismo. Luego, debe haber sido causado por otro. Segunda formulación general del principio de causalidad: “todo lo que comienza a existir tiene causa”. Si algo comienza a existir hubo necesariamente un momento en el que no fue. Pero dado que “de la nada, nada sale” se sigue que en ese estado no podría de ningún modo ser causa de sí mismo simple y llanamente ¡porque todavía no existía! Luego, debe haber sido causado por otro. Formulación específica de la causalidad eficiente: “todo lo que podría ser de varios modos y es de un determinado modo, ha de tener una causa para ser del modo que es”. Si algo fuera causa del modo en que es primero tendría que existir. Pero al tratarse de un ser determinado, existiendo tendría desde ya que ser del modo en que es. Pero entonces ya no podría ser causa de su modo de ser. Luego, su modo de ser debe haber sido causado por otro. En resumen, ningún ser contingente puede ser su propia causa porque para ello necesitaría ser anterior a sí mismo, lo cual es evidentemente imposible.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Oración

Celebremos la festividad de santa Inés, recordemos su glorioso martirio: En su juventud afrontó la muerte y encontró la vida. Pues amó únicamente al Autor de la vida

Evangelio

San Marcos 3:13-19
Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron junto a él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

Palabra del Señor

Consejos para realizar una oración de intimidad


Es muy útil, al momento de tener una “oración de intimidad con el Señor” valerse de un método que facilite el desarrollo de la misma. Sin embargo, es importante entender que el método está al servicio de la oración y no la oración al servicio del método. Así pues, si en algún punto de la oración se experimenta una moción que lleve al alma a quedarse allí más tiempo, o quedarse allí definitivamente se debe acoger la moción.

Hay un método que es extremadamente sencillo y sirve tanto para los que están iniciando en su vida de oración como para aquellos que llevan tiempo caminando. Consiste en dedicar cinco minutos de diálogo espontáneo a diferentes tipos de oración, de la siguiente manera:

Después de haberse puesto en clima de oración, se invoca al Espíritu Santo para que nos llene con su presencia; luego se empieza de la siguiente manera:

Acción de gracias: se contempla atentamente todas las bendiciones espirituales y materiales que hemos recibido de Dios y se da gracias por ellas.

Petición de perdón y reparación: se le suplica al Señor que nos perdone por los pecados de acción u omisión que hemos cometido. Además se hacen actos de amor y reparación por ellos.

Alabanza y adoración: se eleva el espíritu a la alabanza y adoración del Señor con salmos, palabras espontáneas, cánticos, etc.

Petición por los demás: Muchas personas nos piden oración. Este es el momento para orar por ellas, ojalá con nombre propio.

Petición por las propias necesidades (espirituales y materiales): En primer lugar se piden con fe las gracias espirituales que más necesitamos para ser santos, pues esto es lo que más nos conviene para nuestra alma. Después se pide por nuestras necesidades materiales sometiéndonos amorosamente a la Voluntad de Dios y sabiendo que sólo se nos concederán si nos convienen para la Salvación Eterna.

Escucha de la Voz de Dios y propósitos: La oración no es un monólogo donde yo hablo y Dios escucha; no, la oración es un diálogo donde ambos hablamos y escuchamos. Por esto, al final de nuestra oración debemos escuchar en silencio la voz de Dios, dejar que esas mociones hablen a nuestra alma, leer en los acontecimientos que hemos vivido recientemente qué nos quiere decir el Señor, pero sobre todo, qué nos quiere decir el Señor con la Palabra de Dios proclamada ese día en la Eucaristía.

Se termina con una oración de Consagración a la Santísima Virgen para que sea Ella la que custodie los frutos espirituales de esta oración de intimidad.

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
2 vía, consideración

“Existe un orden de causas eficientes”. Nuestra primera premisa es el famoso principio de causalidad. Consideramos que este principio es evidente de por sí (aunque, como veremos más adelante, también es susceptible de demostración) por el mismo hecho de que su comprensión inmediata es una intuición intelectual tan firme y segura que se constituye como el principio fundamental de todo conocimiento, sea empírico, científico o filosófico. De este modo, el filósofo Heinrich Beck indica que la verdad del principio de causalidad “no la hemos conocido por generalización inductiva de la experiencia, sino por una comprensión inmediata de la naturaleza del ser originándose al comprender que el ser como tal no puede proceder del no ser, no puede estar fundamentado en la nada” (1). Y a su vez el gran matemático Henri Poncairé nos dice que “sin este postulado la ciencia no existiría” (2).

En este punto desde ya es importante hacer una precisión. El principio de causalidad no dice propiamente que “todo tiene causa” sino más bien, desde una formulación más precisa y profunda, que “todo ente contingente tiene causa” o, si se quiere, que “todo lo que comienza a existir tiene causa”. Otra precisión más. En esta vía Santo Tomás de Aquino no está tomando simple y llanamente a la causalidad en general sino más bien en la forma específica de causalidad eficiente que, conforme a la terminología aristotélica, es aquella en razón de la cual las cosas contingentes (que podrían ser de varias formas) llegan a ser de la forma determinada en la que son. Pero, ¿por qué toma el aquinate esta faceta de la causalidad como base para su segunda demostración de la existencia de Dios? Simple, porque se corresponde con la segunda forma del ser en acto que distingue, es decir, la de la “operación”, siendo ésta la más cognoscible para nosotros después de la del “acto imperfecto” o movimiento (que fue la que tratamos en la primera vía)

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Tentación



Evangelio según san Mateo, 4: 1- 2 Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo, y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. (vv. 1- 2)

Después que Jesús fue bautizado por San Juan en agua, fue llevado por el Espíritu al desierto, para que allí fuese bautizado con el fuego de la tentación. De donde se dice que entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu. Fue entonces cuando el Padre clamó desde el cielo: Este es mi hijo muy amado

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Oración

Humildemente te pedimos, a ti, Señor, que eres la luz verdadera y la fuente misma de toda luz, que, meditando fielmente tu ley, vivamos siempre en tu claridad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte,
e hizo brillar la vida por medio del Evangelio.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 3, 7-12.

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Palabra del Señor.