Evangelio

San Marcos 2:18-22
Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echarían a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.»

Palabra del Señor

Libre albedrío y Dios



un ser humano, por más poderoso que se crea, no podrá por sí mismo volar si es que se tira de un edificio. Él no es la causa primaria de su ser y movimiento. Sus capacidades y limitaciones fueron configuradas por otro y le están ya dadas. Y ello justamente nos lleva al último punto de la objeción, según el cual no se prueba la conclusión de la primera vía porque no es necesario atribuirle a un agente sobrenatural aquello que hacemos (los seres humanos) por libre albedrío. Si ello se dice únicamente en sentido operacional, es decir, solo en referencia a cómo realizamos nuestros actos libres, concedido. Pero si se dice en sentido metafísico, es decir, en referencia al fundamento primero de nuestros actos libres, negado. ¿Por qué? Porque nuestro libre albedrío no se fundamenta ontológicamente a sí mismo. Clara evidencia de ello es el hecho, bastante irónico por cierto, de que si tenemos libre albedrío es simplemente porque “está allí” ¡sin que hayamos elegido tenerlo! Nuestro libre albedrío es una capacidad de libre autodeterminación, correcto. Pero es una capacidad que ha sido configurada por otro. En ese sentido Santo Tomás de Aquino, ya anticipándose a tal tipo de objeción, escribía que “lo que se hace deliberadamente, es preciso reducirlo a una causa superior al entendimiento y voluntad humanos, porque éstos son mudables y contingentes, y lo mudable y contingente tiene su razón de ser en lo que es de suyo inmóvil y necesario, según hemos dicho” (11). Es cierto que operamos distintas cosas con nuestro libre albedrío pero no nos lo hemos dado a nosotros mismos. En otras palabras: no hemos elegido tener la potencia o capacidad de elegir, sino que nos ha sido dada por otro. Luego, hasta el propio libre albedrío requiere un fundamento ontológico antecedente. Por tanto, críticas como la del filósofo australiano Graham Oppy, quien dice que la aceptación de este argumento “implica rechazar las defensas del libre albedrío” (12), quedan fuera de lugar. Este argumento no requiere que rechacemos el libre albedrío, simplemente que seamos conscientes del hecho de que, dado que no nos dimos nuestro propio libre albedrío, la existencia de este como potencia espiritual en nuestro ser requiere de la acción de algún ente anterior

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Trinidad



Evangelio según san Mateo, 3: 17- 17 Y he aquí la voz del cielo que dice: «Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». (v. 17)

Aunque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean una misma naturaleza, cree firmemente que subsiste en tres personas: El Padre, quien dijo, éste es mi Hijo muy amado; el Hijo, sobre quien se oye la voz del Padre; y el Espíritu Santo, quien aparece en forma de paloma sobre el Hijo bautizado

Fulgencio de Ruspe, de fide ad Petrum, 9
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Oración

Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios nos llamó por medio del Evangelio,
para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 2, 1-11.

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

Nuestra Paz no debe depender de la amistad de los demás

Hijo, si pones la paz de tu corazón en alguna persona, es decir, en vivir con ella en armonía de sentimientos, no será durable esa paz, ni libre tu corazón.

Pero si te apoyas en la verdad inmortal y eterna, no te entristecerá la separación, ni aun la muerte de tus amigos

Yo debo ser el fundamento de la amistad, y por mí has de amar a los que juzgues dignos de estimación y de mucho amor en este mundo

Tan muerto debes estar al cariño de esas personas que, en cuanto de ti dependa, aceptes carecer de ciertas compañías. Tanto se acerca el creyente a Dios cuanto más se independiza de todo consuelo de la tierra.

Y por tanto más hacia Dios asciende cuanto a sus propios ojos más desciende y más vil se considera

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Santo Tomás de Aquino



Venerables Hermanos:
Salud y bendición apostólica.

El Hijo Unigénito del Eterno Padre, que apareció sobre la tierra para traer al humano linaje la salvación y la luz de la divina sabiduría hizo ciertamente un grande y admirable beneficio al mundo cuando, habiendo de subir nuevamente a los cielos, mandó a los apóstoles que «fuesen a enseñar a todas las gentes» (Mt 28,19), y dejó a la Iglesia por él fundada por común y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quien la verdad había libertado debían ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas, por los que adquirió el hombre la salud, si Cristo Nuestro Señor no hubiese constituido un magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe. Pero la Iglesia, ora animada con las promesas de su divino autor, ora imitando su caridad, de tal suerte cumplió sus preceptos, que tuvo siempre por mira y fue su principal deseo enseñar la religión y luchar perpetuamente con los errores. A esto tienden los diligentes trabajos de cada uno de los Obispos, a esto las leyes y decretos promulgados de los Concilios y en especial la cotidiana solicitud de los Romanos Pontífices, a quienes como a sucesores en el primado del bienaventurado Pedro, Príncipe de los Apóstoles, pertenecen el derecho y la obligación de enseñar y confirmar a sus hermanos en la fe. Pero como, según el aviso del Apóstol, «por la filosofía y la vana falacia» (Col 2,18)suelen ser engañadas las mentes de los fieles cristianos y es corrompida la sinceridad de la fe en los hombres, los supremos pastores de la Iglesia siempre juzgaron ser también propio de su misión promover con todas sus fuerzas las ciencias que merecen tal nombre, y a la vez proveer con singular vigilancia para que las ciencias humanas se enseñasen en todas partes según la regla de la fe católica, y en especial la filosofía, de la cual sin duda depende en gran parte la recta enseñanza de las demás ciencias. Ya Nos, venerables hermanos, os advertimos brevemente, entre otras cosas, esto mismo, cuando por primera vez nos hemos dirigido a vosotros por cartas Encíclicas; pero ahora, por la gravedad del asunto y la condición de los tiempos, nos vemos compelidos por segunda vez a tratar con vosotros de establecer para los estudios filosóficos un método que no solo corresponda perfectamente al bien de la fe, sino que esté conforme con la misma dignidad de las ciencias humanas

EPÍSTOLA ENCÍCLICA AETERNI PATRIS DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII SOBRE LA RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA CONFORME A LA DOCTRINA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Disposiciones para la oración de intimidad



Tiempo

Dos cosas hay que tener muy en cuenta: la necesidad de señalar un tiempo determinado del día y la elección del momento más oportuno.

En cuanto a lo primero, es evidente la conveniencia de señalar un tiempo determinado para dedicar a la oración. Si se altera el horario o se va dejando para más tarde, se corre el peligro de omitirla totalmente al menor pretexto. La eficacia santificadora de la oración depende en gran escala de la constancia y regularidad en su ejercicio.
“Pero no todos los tiempos son igualmente favorables para el ejercicio de que hablamos. Los que siguen a la comida, al recreo o al tumulto de las ocupaciones no son aptos para la concentración de espíritu; el recogimiento y la libertad de espíritu son necesarios para la ascensión del alma hacia Dios. Según los maestros de la vida espiritual, los momentos más propios son: por la mañana temprano, por la tarde antes de la cena y a medianoche.

Si no se puede dedicar a la oración más que una sola vez al día, es preferible la mañana. El espíritu, refrescado por el reposo de la noche, posee toda su vivacidad[10]; las distracciones no le han asaltado todavía, y este primer movimiento hacia Dios imprime al alma la dirección que ha de seguir durante el día.” (Ribet).

Los sagrados libros señalan también la mañana y el silencio de la noche como las horas más propias para la oración: “Ya de mañana, Señor, te hago oír mi voz; temprano me pongo ante ti, esperándote” (Sal 5,4); “… y mis plegarias van a ti desde la mañana” (Sal 87,14); “Me levanto a medianoche para darte gracias por tus justos juicios” (Sal 118,62); “… y pasó la noche orando a Dios” (Lc 6,12).

Santísima Trinidad



Evangelio según san Mateo, 3: 17- 17 Y he aquí la voz del cielo que dice: «Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». (v. 17)

No debe admirar que se patentice el misterio de la Santísima Trinidad en el bautismo de Nuestro Señor, puesto que nuestro bautismo no es otra cosa que la representación de tan augusto misterio. Quiso Dios que primero se verificase en El lo que después había de mandar a todo el género humano

San Agustín, in sermonibus de Epiphania

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
1 vía, consideración sobre el movimiento espontáneo

Hoy en día la ciencia acepta la posibilidad del movimiento espontáneo. Así, al constituirse este como un fenómeno natural, se hace absolutamente innecesario el atribuírselo a algún agente sobrenatural, como es también innecesario atribuirle lo que nosotros mismos hacemos por libre albedrío. Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía. Respuesta: Ante todo hay que decir que Santo Tomás de Aquino, por el mismo hecho de haber nacido en el siglo XIII, no tuvo la oportunidad de conocer los grandes avances de la física y la biología modernas. Sin embargo, gozaba de una extraordinaria capacidad de observación de modo que, junto al principio por él esgrimido en esta primera vía, no deja de comprobar igualmente que “si algo se mueve a sí mismo, es necesario que posea en sí mismo el principio de su movimiento” (9). En particular, definía a los seres “vivientes” como aquellos que gozan de movimiento espontáneo. Por lo tanto, la premisa “todo lo que se mueve es movido por otro” no ha de ser entendida en el sentido de que siempre ha de intervenir un ser distinto para explicar todo cambio. ¿Invalida esta admisión del movimiento espontáneo la conclusión de la primera vía? No, porque si analizamos bien este tipo de movimiento nos daremos claramente cuenta de que no solo no puede llevarnos a la fundamentación última del movimiento que observamos en el universo ya que los seres vivos surgen luego como consecuencia de todo este movimiento; sino que ni siquiera puede explicarnos del todo el movimiento de estos seres. ¿Pero acaso los seres vivos no constituyen en sí la explicación plena de su movimiento (paso de la potencia al acto)? No, porque de todas maneras se trata de seres compuestos que no son “acto puro” sino que tienen algunas de sus partes “en acto” y otras “en potencia”, siendo que son las primeras las que actualizan los aspectos potenciales de las segundas pero siempre de modo cambiante y contingente, como es que sucede cuando la actividad de las células nerviosas pone en movimiento a los músculos con el fin de realizar determinadas operaciones. Por consiguiente, en cuanto “motores actualizantes compuestos” los seres vivientes solo son un fundamento relativo de su movimiento y nunca un fundamento absoluto. Esto último ya lo había notado muy claramente el mismo Santo Tomás de Aquino y por ello decía que “el moverse de lo divisible (como son los seres compuestos de potencia y acto), al igual que su propio ser, depende de sus partes; y por esto no puede moverse primordialmente y por sí mismo” (10). En otras palabras, lo que nos está queriendo decir el aquino es que estos seres están ontológicamente condicionados por las capacidades de su naturaleza, siendo que no pudieron darse a sí mismos su “amalgama” de potencia y acto sino que para ello fueron metafísicamente “movidos por otro”.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina