En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Melchior Broederlam fue un pintor flamenco perteneciente al estilo gótico internacional

Retablo para Felipe el Atrevido, Duque de Borgoña, Huida a Egipto (detalle), 1398, témpera sobre madera, Museo de Bellas Artes, Dijon

La resistencia se está agitando en toda Europa.



El comediante noruego Harald Eia hizo la comprobación de la realidad de la trānsversªlización de génęro en 7 programas de televisión llamados «Lavado de cerebro». Ante las cámaras, los teóricos del génęro tuvieron que admitir que sus teorías no tenían ninguna base científica.

Esto desencadenó un cambio radical de humor entre la población noruega. La consecuencia: El Consejo de Ministros de los países escandinavos decidió cerrar el «Instituto Nórdico de génęro» en Oslo. Se canceló la financiación de alrededor de 7.6 millones de euros

La burbuja de la ideología de génęro puede estallar así de fácilmente. Cuando la población se dé cuenta de lo que se financia con el dinero de sus impuestos, la tan cacareada «tolerancia» podría acabar pronto

Cord Riechelmann, Und sie existiert doch! FAS 43/14

Personas de fe



Evangelio según san Mateo, 5: 33- 32 «Además oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo, que de ningún modo juréis: ni por el cielo, porque es el trono de Dios: ni por la tierra, porque es la peana de sus pies: ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey: ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. Mas vuestro hablar sea, sí, sí, no, no. Porque lo que excede de esto, de mal procede». (vv. 33- 37)

O de otro modo: no es necesario jurar a los que viven en la sencillez de la fe, porque para ellos lo que es verdad lo es, y lo que no es verdad no lo es, y por esto las palabras y las obras de ellos siempre son verdaderas

San Hilario in Matthaeum, 4

¿Loco, mentiroso o Dios?Jesús no era un loco

¿Loco, mentiroso o Dios?
Jesús no era un loco

Analicemos la primera posibilidad: que Jesús fuera un loco. Como hemos dicho, de ser ese el caso, Jesús no sería cualquier loco sino más loco aún que los que se creen Napoleón Bonaparte o Isabel I. ¡Creerse Dios!: ese sí es el extremo de la locura.

Pero antes de poner a Jesús entre la fila de los orates debemos examinar cuestión: ¿es razonable pensar que Jesús estaba loco? Pareciera que no. Primero, por el carácter mismo de Jesús. Es en verdad impresionante ver cómo mantiene siempre el equilibrio emocional, incluso en las situaciones más adversas. No importa cuántos o cuán grandes sean los problemas y persecuciones, Jesús siempre se mantiene como el sol por encima de las nubes. Pese a la constante oposición del poder político y religioso de su época, y hasta de su propio pueblo, Jesús siempre se muestra seguro y magnánimo. Así, por ejemplo, en el momento más crucial, poco antes de la crucifixión, cuando el guardián del templo le tira una bofetada, Jesús sin inmutarse le responde: “Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?” (Juan 18: 23).

No se muestra aquí Jesús como un disociado sino como un hombre sereno, que es consciente de la situación, pero que la maneja. Pero no solo está el tema de su equilibrio emocional sino también el de su agudeza mental. Es cierto que varios locos pueden exhibir una gran inteligencia en determinados aspectos, pero lo hacen de modo disonante al contexto. Jesucristo, en cambio, siempre da las respuestas más inteligentes y certeras con atención al contexto, dejando en jaque a sus opositores e impresionados a los espectadores. Para probar lo anterior basta con citar un ejemplo, un ejemplo relativo a la cuestión de los impuestos. Dice el Evangelio de Lucas: “Mandaron a unos espías que, aparentando ser hombres honrados, hicieran decir a Jesús algo que les diera pretexto para entregarlo al gobernador. Estos les preguntaron: ‘Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no te basas en las apariencias. Tú enseñas a vivir de veras como Dios exige. ¿Está bien que le paguemos impuestos a César, o no?’” (Lucas 20: 20-22). Aquí ponen a Jesús en un muy grave dilema. Si dice que sí es lícito pagar impuestos al César la gente lo repudiará porque lo verá como alguien que está de acuerdo la opresión que padecían los judíos a manos del Imperio Romano (en aquella época el pueblo hebreo había sido conquistado por Roma). Pero si dice que no, inmediatamente lo arrestarían por oponerse a la ley del Imperio. ¿Qué hizo Jesús entonces? “Jesús, dándose cuenta de la mala intención que tenían, les dijo: ‘Muéstrenme una moneda. ¿De quién es la cara y el nombre que aquí está escrito?’ Le contestaron: ‘Del César’. Jesús les dijo: ‘Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios’” (Lucas 20:23-25). ¿Es acaso esta la respuesta de un orate? ¿No es acaso una muestra de absoluta inteligencia y cordura? No es raro, pues, que, admirados de sus respuestas, sus opositores no hayan podido responderle (cfr. Lucas 20:26).

Finalmente, la hipótesis de que Jesús era un loco resulta altamente implausible dado el hecho de la credibilidad de su ministerio. Los manicomios están llenos de gente que se cree Julio César, Galileo, Einstein, Napoleón, el Primer Ministro o incluso Jesucristo. Pero nadie les cree. No engañan a nadie más que a ellos mismos y uno que otro compañero de sala de la misma condición. Pero ¿por qué no convencen a nadie? Porque no parecen para nada lo que dicen ser. Sin embargo, ese no fue el caso de Jesús.

Él hizo afirmaciones extraordinarias, pero su carácter, palabras y acciones también fueron extraordinarios. No parecía un desequilibrado ni un advenedizo. De hecho, O. Quintín Hyder, psiquiatra de Nueva York, analizó los registros del comportamiento, personalidad y relaciones interpersonales de Jesús para detectar síntomas de desórdenes psiquiátricos y concluyó su estudio señalando que la evidencia no apoya la opinión de que Jesús estaba loco. Por el contrario, Él parecía tener cualidades de excelente salud mental. Por consiguiente, no parece en absoluto razonable pensar que Jesús estaba loco

Jon A. Buell and O. Quintín Hyder, Jesus: God, Ghost or Guru?, Ed. Zondervan, Grand Ra-
pids, 1978, p.102

Jesús entre los doctores, fresco de Giotto (1306). Capilla Scrovegni, Padua.

EL CUERPO DE CRISTO SE CONSTRUYE EN LA UNIDAD



Hermanos: Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo. Por eso dice: «Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres.» ¿Qué quiere decir «subió» sino que antes bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.
Él mismo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren y actuando a la medida de cada parte, se procura su propio crecimiento para construcción de sí mismo en el amor.

De la carta a los Efesios 4, 1-16

Oración

Nuestro auxilio es el Nombre del Señor. Quien hizo el cielo y la tierra

Evangelio

San Juan 19:25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Palabra del Señor

Ahhh, pero no es un problema de gęnėrø



Fuente: Edad de jubilación por países

Los 6 países que faltan pueden encontrarse en el artículo «Pensiones y mujeres» del diario El Tiempo.

Sobre la esperanza de vida, pueden consultar esta página de la OMS

Los «intelectuales»



La figura y la función del intelectual

La modernidad es también el tiempo del intelectual. En efecto, la palabra «intelectual» es fundamentalmente moderna. Ella empezará a emplearse de modo masivo a partir de 1898, en el marco del «caso Dreyfus», un acalorado debate que a la sazón tuvo lugar en Francia. Este episodio provocó revueltas políticas y sociales de gran magnitud en suelo francés y adquirió también resonancia internacional. Resultó que el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío, había sido arrestado en 1894 bajo la acusación de haber entregado documentos secretos a los alemanes.

Pronto fue condenado a cadena perpetua, pero la familia de Dreyfus, con ayuda de parte del periodismo, presentó pruebas que mostrarían como verdadero responsable al comandante Walsin Esterhazy. El Estado Mayor protegió a este último, pero el mundo de la ciencia y la literatura francesa ingresaron de lleno en el debate, fijando posición y buscando influir con la pluma.

Fue entonces, en 1898, cuando el diario L’Aurore publicó un petitorio bajo el título «Una protesta», firmado por decenas de nombres reconocidos que respaldaban a Dreyfus en detrimento de Esterhazy. Pocos días más tarde, el 23 de enero, el mismo diario sacará una nota de Georges Clemenceau que, en referencia al petitorio y sus firmantes, dirá: «esos intelectuales que se agrupan en torno de una idea y se mantienen inquebrantables». Una semana después, Maurice Barrès contraatacaba en Le Journal: «Estos supuestos intelectuales son un desecho inevitable del esfuerzo que lleva a cabo la sociedad para crear una élite». Se estaba asistiendo en estos términos al bautismo del intelectual.

Carlos Altamirano, Intelectuales. Notas de investigación sobre una tribu inquieta (Buenos Aires: Siglo XXI, 2013), pp. 19.


Alfred Dreyfus (1859-1935)

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Dirk Bouts, también escrito Dieric, Dierick y Dirck, (Haarlem, c. 1410/1420 – Lovaina, 6 de mayo de 1475) fue un pintor neerlandés de estilo primitivo flamenco, activo en Lovaina.

La última cena, dirk bouts