Oración

Concédenos, Señor, perseverar en el fiel cumplimiento de tu voluntad, para que, en nuestros días, crezca en santidad y en número el pueblo dedicado a tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor

Evangelio

La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo;
todo el que lo encuentra vive para siempre.

EVANGELIO
Jn 8, 21-30.

Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy».

✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Falsificaciones de la obediencia



Sin llegar a los excesos de la franca y formal desobediencia, que es el pecado diametralmente opuesto a la obediencia, ¡cuántos modos y maneras ha de falsificar o deformar esta virtud, tan contraria al instinto de natural rebeldía propio del espíritu humano! He aquí algunas de sus principales manifestaciones:

Obediencia sabia: siempre con el Código Canónico o la regla en la mano para saber hasta dónde está obligado a obedecer o dónde empieza “a excederse” el superior. ¡Qué mezquindad!

ROYO, Antonio. Op. cit. Pp. 580-581

Hay mucho predicador y poco maestro



a un lado los discursos elaborados y floridos y hablad al pueblo lisa y llanamente sobre las eternas verdades de la fe y las enseñanzas del Evangelio. Pensad en el bien de las almas antes que en la impresión que os proponéis causarles. El pueblo ansía la verdad; dadle lo necesario para la salud de su alma, que éste es el deber principal de un sacerdote

San Pío X: El Papa Sarto, un papa santo. F.A. Forbes

La espiritualidad del hombre



Si la sola materialidad no nos puede dar justificación ontológica del libre albedrío y, sin embargo, este existe, es evidente que resulta necesario postular la existencia de un sustrato ontológico inmaterial o cualidad que dé razón suficiente de ello en el hombre.

Este sustrato ontológico inmaterial es el que todos conocemos con el nombre de espíritu: Esto resulta así desde que una de las potencias constitutivas que hemos definido para el espíritu es la de voluntad, de la cual se sigue de modo directa el libre albedrío. Luego, el espíritu existe: Bien establecidas las premisas, esa es la conclusión.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Humildad



Evangelio según san Mateo, 5: 1- 3 Y viendo Jesús a las turbas subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron sus discípulos. Y abriendo su boca, los enseñaba, diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos». (vv. 1- 3)

Por ello dice claramente: «Bienaventurados los pobres de espíritu» para manifestar así que son mendigos los que siempre escuchan a Dios. En el texto griego dice: Bienaventurados los mendigos y los pobres. Hay muchos que son humildes por naturaleza, no por la fe, porque no imploran la ayuda de Dios. Pero sólo son verdaderamente humildes los que lo son según la fe

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 9

Oración

Señor Dios nuestro, cuyo amor sin medida nos enriquece con toda bendición, haz que, abandonando la corrupción del hombre viejo, nos preparemos, como hombres nuevos, a tomar parte en la gloria de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio

No me complazco en la muerte del malvado —dice el Señor—,
sino en que se convierta y viva.

EVANGELIO
Jn 8, 1-11.

Yo soy la luz del mundo.

✠ Lectura del santo evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, Jesús habló a los fariseos, diciendo:
«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».
Le dijeron los fariseos:
«Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero».
Jesús les contestó:
«Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y e! que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me ha enviado, el Padre».
Ellos le preguntaban:
«Dónde está tu Padre?».
Jesús contestó:
«Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».
Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor

OBJECIONES DEL ATEÍSMO



Todos los argumentos que presentan los falsarios sabios para librarse de creer en Dios, y particularmente para no hacer lo que Él manda, se reducen a los dos siguientes:

1° A Dios no se le ve.
2° No se le comprende.

1° Yo no creo sino lo que veo. Pero a Dios yo no le he visto. Luego Dios no existe. Respuesta. – Se les podría preguntar: ¿Han visto ustedes el Asia, el África, la Oceanía? ¿Han visto ustedes a Napoleón o a Carlos V? – ¿Han visto al relojero que construyó el reloj que usan? – ¿Ven el aire que respiran y que los hace vivir? ¿El fluido eléctrico que pasa rápido como el relámpago por el hilo telegráfico para transmitir el pensamiento hasta los últimos rincones del mundo? ¿Ven la fuerza que en la pólvora o en la dinamita hace pedazos las rocas más grandes? ¡Cuántas cosas admiten ustedes sin verlas, solo porque ven sus efectos! Pues bien, nosotros, por nuestra parte, creemos en Dios porque vemos en el mundo los efectos de un poder y de una sabiduría infinitos. Es cierto que a Dios no se le puede ver con los ojos del cuerpo, porque es un puro espíritu que no se puede ver, ni tocar, ni percibir con los sentidos. Pero, ¿acaso no tiene el hombre diferentes medios para conocer lo que existe? ¿No existe la inteligencia, que ve la verdad con evidencia, sea que se manifieste al espíritu como la luz se manifiesta al ojo, sea que resulte de una demostración o raciocinio? Los que solo quieren creer lo que ven, rebajan la dignidad del hombre y se colocan en un plano inferior a los brutos. ¿Te atreverías a negar la luz porque no la puedes percibir mediante el oído? ¿Puede un ciego negar la existencia del sol porque no lo ve? Pues de la misma manera, si no se ve a Dios con los ojos del cuerpo, se le ve con la razón, se le conoce por sus obras.

Un misionero preguntaba a un árabe del desierto: – “¿Por qué creen en Dios? – Cuando yo percibo, respondió él, huellas de pasos en la arena, me digo: alguien ha pasado por aquí. De la misma manera, cuando veo las maravillas de la naturaleza, me digo: una gran inteligencia ha pasado por aquí, y esta inteligencia infinita es Dios”. Uno de los mas célebres naturalistas, Linneo, decía: “En medio de las maravillas del mundo he visto la sombra de un Dios eterno, inmenso, todopoderoso, soberanamente inteligente, y me he prosternado para adorarle”.

NARRACIÓN. – Poco tiempo hace que vivía un viejo que no tenía menos de cien años; y este anciano, que había estudiado durante toda su vida, era uno de los hombres más sabios de Francia y del mundo entero. Se llamaba Chevreul. Un día que había hecho oración en público, un joven atolondrado de veinte años le dijo: – “¿Usted, pues, cree en Dios?¿Le ha visto usted?– Claro que sí, joven, yo he visto a Dios, no en sí mismo, porque es un espíritu puro, pero sí en sus obras. ”Sí; yo he visto su omnipotencia en la magnitud de los astros y en su rápido movimiento”

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

La bondad de la naturaleza humana; el realismo.



Además, como la naturaleza humana quedó inficionada con la mancha del primer pecado, y, por lo tanto, más propensa al vicio que a la virtud, requiérese absolutamente, para obrar bien, sujetar los movimientos revueltos del alma y hacer que los apetitos obedezcan a la razón. Y para que en este combate conserve siempre su señorío la razón vencedora, se necesita muy a menudo despreciar todas las cosas humanas, y pasar grandísimas molestias y trabajos. Pero los naturalistas y masones, que ninguna fe dan a las verdades reveladas por Dios, niegan que pecara nuestro primer padre, y estiman por tanto al libre albedrío en nada amenguado en sus fuerzas ni inclinado al mal12. Antes por el contrario, exagerando las fuerzas y excelencia de la naturaleza, y poniendo en ella únicamente el principio y norma de la justicia, ni aun pensar pueden que para calmar sus ímpetus y regir sus apetitos se necesite de asidua lucha y constancia suma. De aquí vemos que se ofrecen públicamente tantos estímulos a los apetitos del hombre, periódicos y revistas sin moderación ni vergüenza alguna; obras dramáticas licenciosas en alto grado; argumentos artísticos sacados protervamente de los principios del que llaman verismo o realismo; inventos sutilmente excogitados para una vida cómoda y muelle; en suma, toda suerte de rebuscados halagos sensuales, los cuales se permite una virtud adormecida. En lo cual obran perversamente, pero son muy consecuentes consigo mismos, los que quitan toda esperanza de los bienes celestiales y ponen vilmente en cosas perecederas toda la felicidad, y casi se pierden en la tierra. Lo referido puede confirmar una cosa más extraña de decirse que de creerse. Porque dado que no hay tan rendidos servidores de esos hombres sagaces y astutos como los que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que había de procurarse con persuasión y maña que la multitud se saciara de la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad de que así la tendrán sujeta a su arbitrio para atreverse a todo

Concilio de Trento, ses. 6, De Iustific., cap. 1 (Mansi Coll. Conc. 33, col. 33-B). Denz-Umb. n. 793.

ALBERTO CATÜRÉLLÍ LA IGLESIA CATÓLICA Y LA MASONERÍA Doctrina y Documentos