El hombre que siguiendo el consejo de David, durante su vida ha ofrecido diariamente a Dios, junto con el sacerdote, el sacrificio de justicia, puede en consecuencia, esperar firmemente en la misericordia divina y decir con el Rey profeta: Dormiré en paz y descansaré en mi tumba hasta el día del juicio final, no temeré a la muerte eterna, porque Vos, Señor me habéis alentado grandemente en la esperanza. No; no puedo creer que me conderaré, puesto que con tanta frecuencia os he ofrecido el sacrificio de justicia, el más agradable de todos los holocaustos. Con él os he proporcionado una felicidad infinita, un honor inmenso, os he dado un culto digno de Vos, y he borrado enteramente la pena merecida por mis pecados. He aquí en lo que mi confianza está fundada. Ya con esto, dormiré tranquilo y no temeré ya comparecer ante vuestro tribunal inexorable.
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem) año 1630 – 1712
Cristo: Hijo, para ti es más útil y seguro ocultar y no andar haciendo conocer la devoción que sientes, ni hablar de ella, no ponderarla, ni estimarla como muy especial. Más bien debes considerar lo débil que eres y temer no ser fiel a este don que se te ha dado sin ser digno de recibirlo. Me gloriaré pero de mis debilidades, para que brille en mí la fuerza de Cristo (2 Corintios 12,9) No hay que confiarse mucho en los momentos de fervor y devoción, pues éstos se cambian pronto en lo contrario. Cuando tengas fervor, gracia y devoción, recuerda qué miserable y débil eres cuando estás privado de estos dones. El progreso en la vida espiritual no consiste en sentir fervor y devoción, sino en seguir orando con paciencia, humildad y resignación, aunque no se sienta fervor, y no dejar por ello ninguna de nuestras prácticas piadosas, haciendo en estos casos lo que se pueda, según las capacidades de cada cual, sin desanimarse por sentir aridez y desgana
1. La aspiración a la justicia y al reconocimiento efectivo de la dignidad de cada ser humano requiere, como toda aspiración profunda, ser iluminada y guiada. 2. En efecto, se debe ejercer el discernimiento de las expresiones, teóricas y prácticas, de esta aspiración. Pues son numerosos los movimientos políticos y sociales que se presentan como portavoces auténticos de la aspiración de los pobres, y como capacitados, también por el recurso a los medios violentos, a realizar los cambios radicales que pondrán fin a la opresión y a la miseria del pueblo. 3. De este modo con frecuencia la aspiración a la justicia se encuentra acaparada por ideologías que ocultan o pervierten el sentido de la misma, proponiendo a la lucha de los pueblos para su liberación fines opuestos a la verdadera finalidad de la vida humana, y predicando caminos de acción que implican el recurso sistemático a la violencia, contrarios a una ética respetuosa de las personas. 4. La interpretación de los signos de los tiempos a la luz del Evangelio exige, pues, que se descubra el sentido de la aspiración profunda de los pueblos a la justicia, pero igualmente que se examine, con un discernimiento crítico, las expresiones, teóricas y prácticas, que son datos de esta aspiración SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE INSTRUCCIÓN SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DE LA «TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN
Evangelio según san Mateo, 2: 10- 11 Y cuando vieron la estrella se regocijaron en gran manera. Y entrando en la casa hallaron al niño con María su Madre, y postrándose, le adoraron; y abiertos sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. (vv. 10- 11)
Después de habernos manifestado la sumisión de la estrella, el evangelista nos refiere el gozo de los magos: «Y cuando vieron la estrella, se regocijaron en gran manera». Remigio Conviene notar que el evangelista no se contenta con decir «se regocijaron», sino que añade «en gran manera»
¿Quiso Jesús fundar una Iglesia? En el siglo XIX algunos estudiosos empezaron a decir la Iglesia es invento de Pablo de Tarso, lo que supone una traición a la intención original de Jesús y crea meros instrumentos de poder y opresión. ¿Es esto verdad?
En el siglo XIX algunos estudiosos bíblicos empezaron a decir que Jesús no pretendía fundar una iglesia, que la iglesia la fundó Pablo de Tarso, el cual se inventó lo de que Jesús era Dios. Según ellos, esta doctrina retorcida extendida por la iglesia paulina es la que aparece en los evangelios, los cuales describen a un Jesús que en bien poco se parecería al Jesús histórico. Por tanto, la misma existencia de la Iglesia (o de las iglesias actuales en general) supone una traición a la intención original de Jesús y meros instrumentos de poder y opresión. Jesús sólo quería reformar el judaísmo rechazando las normas, los templos y las jerarquías, de manera que los fieles pudiesen adorar a Dios «en espíritu», sin más ayuda que la de su propio corazón. Todavía hoy hay gente que sigue defendiendo eso. Veamos si estas afirmaciones se sostienen.
JESÚS ERA UN SIMPLE FILÓSOFO PREDICADOR
La suposición de que Jesús no quiso fundar una Iglesia es defendida sobre todo por estudiosos pertenecientes al llamado revisionismo histórico modernista, movimiento que se extendió por el siglo XIX y también bien entrado en el siglo XX, aunque en buena parte fue luego perdiendo fuerza desplazado por unos estudios exegéticos más serios y menos fantasiosos. Esos estudiosos revisionistas, que defendían que el Jesús histórico tiene muy poco que ver con el Jesús de los cristianos, ignoran en gran medida los evangelios por considerarlos invenciones posteriores, salvo cuando encuentran un pasaje que creen que apoya sus ideas. Niegan cualquier elemento divino o sobrenatural en Jesús, y por tanto necesitan reinterpretar o sencillamente rechazar como mentiras mucho de lo que los cristianos consideramos verdad. Al final tratan la figura de Jesús como la de un simple artesano palestino del siglo I sin más pretensiones que predicar su visión del judaísmo como tantos otros predicadores del momento, empezando por Juan. Lo consideran igual que otros filósofos o grandes maestros como Buda o Confucio, gente buena que intenta explicar «su» verdad. No es extraño que piensen que todo lo que vino después fue algo que Jesús jamás pudo prever y ni siquiera desear.
Pero una primera crítica que se les puede hacer es ¿Cómo puede ser que veinte siglos después el modernista pueda entender mejor la tradición cristiana y las Escrituras que los que estuvieron dispuestos a morir por su causa en el primer siglo? No tiene mucho sentido que esa gente en pocos años se invente un montón de historias y luego se las crean hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por ellas. En esos primero años aún vivía mucha gente que había sido testigo de los acontecimientos, o hijos de los testigos. Ante unos evangelios inventados habrían levantado la voz. Parece más lógico pensar que esa misma Iglesia temprana que escribió los evangelios y que se refleja en ellos creía verdaderamente que todo lo que allí pone es la verdad. Una verdad tan grande y tan importante que incluso merece dar la vida por ella.
SAN PABLO FUE EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA
Dicen algunos que la Iglesia no la fundó Jesús, sino Pablo de Tarso. No se sabe bien en qué pruebas puedan basarse más allá de su propia imaginación. San Pablo dejó registrada la realidad de la fundación de la Iglesia en Cristo y su resurrección, si eso no fuera cierto, nos dice el mismo apóstol: «Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.» (1 Corintios 15:19-20) Es difícil aceptar que Pablo, un hombre ya maduro que tiene la vida hecha y disfruta de poder y prestigio en su sociedad, con un papel relevante en su comunidad judía, pueda abandonarlo todo, marcharse a recorrer el mundo como un pordiosero, viviendo de la caridad de los demás, sufriendo ataques, palizas y hasta la persecución de sus anteriores compañeros, y todo para terminar encarcelado y finalmente ejecutado en Roma por fundar un nuevo movimiento religioso que él mismo sabe que es falso.
Se necesita un convencimiento muy fuerte y una fe muy sólida en algo muy superior para ser capaz de dejarlo todo. Pablo, con su gran formación intelectual, aportó a la Iglesia mucho, formuló con claridad muchas ideas, pero no se inventó nada. También es cierto que su papel en la configuración de la Iglesia primitiva está muy magnificado porque el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde vemos cómo esa Iglesia se va extendiendo y desarrollando, está escrito por Lucas, el cual acompañó a Pablo, y por tanto sabemos mucho de la labor misionera de Pablo, algo de Pedro y muy poco o nada de lo que hicieron los demás apóstoles. Eso nos puede transmitir la falsa imagen de que casi toda la evangelización la hizo Pablo, pero no fue así.
Pero de todas formas, su enorme capacidad de sacrificio y su gran entusiasmo sólo se explican porque verdaderamente se encontró con el Jesús resucitado y creyó que él era el Señor. Pablo, como nosotros, creyó verdaderamente que Cristo es el Hijo de Dios y que éste envió a sus seguidores (y a él mismo) a la historia para cumplir una misión que amplía y completa la misión del judaísmo y que no se separa de éste por mera escisión.
Si Pablo estuviera predicando una fe distinta a la predicada por los apóstoles, ambas creencias habrían chocado y se habrían producido conflictos que sencillamente no hubo. Tampoco los apóstoles hubieran permitido que un recién llegado les convenciese de que el mensaje de Jesús en realidad era bien distinto de lo que ellos creían. La realidad nos muestra, tanto en la Biblia como en los escritos de la Iglesia primitiva, que Pedro y Pablo predicaban en armonía, y a finales del siglo I, el cristianismo de todas las naciones era idéntico (salvo por la irrupción de la herejía gnóstica llegada de Persia), no tenemos unas creencias procedentes de Pablo que finalmente se fuesen imponiendo a las creencias de otras naciones evangelizadas por otros apóstoles. La misma Roma, donde tanto Pedro como Pablo predicaron, mostraba una unidad doctrinal.
JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LOS TEMPLOS
Otra de las escenas que se utilizan a veces en contra de la intención de fundar una iglesia es la de la mujer samaritana:
La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.» (Juan 4:19-24)
Según los modernistas este pasaje significa que Jesús rechaza los templos y que a Dios se le adorará en el corazón de cada uno, sin templos de piedra ni organizaciones eclesiásticas que te digan qué creer o cómo creerlo. Pero en realidad sacar todas esas conclusiones de este texto puede ser cualquier cosa menos una labor seria de exégesis.
Para empezar, Jesús dice que pronto llegará el momento en que ni en Garizim ni en Jerusalén se adorará a Dios. Cierto, varias décadas después Jerusalén y el templo serán arrasados y todos los judíos deportados, se acabó el culto en ambos sitios. Dice también Jesús que los creyentes «adorarán al Padre en espíritu y en verdad». Cierto, eso hacemos todos los cristianos, independientemente de nuestra denominación. Los cristianos consideramos que con el sacrificio de Jesús en la cruz se puso fin a todos los sacrificios. A partir de ese momento ya no necesitamos un templo para adorar a Jesús, le adoramos «en espíritu y en verdad» en cualquier parte, en el campo, en nuestro dormitorio… ¡o dentro de una iglesia! acompañados de nuestra asamblea de creyentes. De hecho, una iglesia normalmente es un sitio especialmente acondicionado para entrar en oración. Se puede adorar a Dios y rezar en una discoteca, pero es evidente que resulta mucho más complicado.
Pero es más, no tiene sentido decir que Jesús estaba en contra de los templos, sino todo lo contrario. Jesús sintió el más profundo de los respetos hacia el Templo de Jerusalén. A los doce años decidió quedarse en el Templo en vez de irse con sus padres porque verdaderamente se sentía allí en casa de su Padre y sentía que ese era su lugar. Según nos cuenta Lucas 2:41, la familia de Jesús, como muchos otros, peregrinaba al Templo todos los años por Pascua. Durante sus años de magisterio peregrinó al Templo con motivo de las principales fiestas judías. Jesús oraba con su Padre en cualquier sitio, pero es evidente que consideraba el Templo como un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Para él el Templo era la casa de su Padre, una casa de oración, por eso se indigna tanto cuando ve el atrio exterior del Templo (el exterior, ni siquiera el Templo propiamente dicho) convertido en un mercado y es la única ocasión en la que vemos a Jesús fuera de sí. También el Templo fue uno de sus sitios preferidos para predicar cuando estaba en Jerusalén ¿De dónde sacan, pues, la idea de que a Jesús no le gustaban los templos? Los apóstoles iban al templo a orar (¡ya recibido el Espíritu en Pentecostés!), como consta en los Hechos ¿Será que se olvidaron de que Jesús no quería que fueran al templo? Si la revelación de Jesús es pura y exclusivamente personal. ¿Por qué pidió Jesús a los discípulos que permanecieran unidos y no se movieran de Jerusalén?
JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS NORMAS RELIGIOSAS
Otro argumento es que Jesús pretendía liberar a su pueblo del peso de la religión y todos sus preceptos, y por tanto nunca tuvo intención de sustituir un yugo por otro nuevo. Es cierto que Jesús estaba en contra de tantísimas reglas que los fariseos habían ido añadiendo a los preceptos de los judíos a mayores de la Ley, pero de ahí no se deduce que estuviese a favor de que no hubiese ninguna norma. De hecho Jesús critica a los dirigentes corruptos, no a los procedimientos e instituciones religiosas establecidas por Moisés y los Profetas hebreos. Al contrario, afirma y reaviva el espíritu de esa ley y lo que critica es la hipocresía del fundamentalismo judío que transforma la ley mosaica en un instrumento de opresión para la gente y que eventualmente aleja a la gente de Dios y del amor al prójimo. Cuando Jesús llamó hipócritas a los fariseos no dijo «no hagáis caso de lo que os dicen los fariseos» sino «haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen» (Mateo 21:3).
Jesús critica, por ejemplo, el corbán* (Marcos 7:11), no por ser malo, sino porque esa tradición frecuentemente era usada como manera de defraudar a los progenitores y por tanto iba en contra del 5º mandamiento; o una interpretación excesivamente restrictiva y radical de normas como la del descanso del sabath. Jesús asiste al Templo y a la sinagoga y cumple con sus obligaciones mosaicas. Aun en aquellas veces en que la interpretación de Jesús parece modificar la ley de Moisés, a veces endureciendo (caso del divorcio) a veces ablandando la interpretación de la ley (caso del descanso sabático o del apedreamiento de la adúltera), hay siempre una revelación de una nueva dimensión espiritual del mandamiento que se explica. [*Un hijo tenía la obligación de cuidar de sus padres ancianos y darles todo lo que necesitaban. El corbán era un juramento que se hacía de entregar a Dios como ofrenda algo tuyo, pero sin necesidad de fecha concreta. Muchos judíos declaraban corbán todos sus bienes, sin llegar nunca a ejecutarlo. Como lo ofrecido a Dios ya no podía ser entregado a otra persona, dejaban a sus padres sin amparo con la excusa de que todo lo que poseían en realidad era corbán y algún día tendrían que entregarlo. Aunque ese día nunca llegase] Jesús dijo que no había venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y a continuación añade: «Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos». No suena a alguien que esté en contra de las normas y preceptos, más bien parece alguien que está en contra de quienes abusan de ellos, en contra de quienes defienden la letra de la Ley por encima del espíritu de ella.
Otra cosa hubiera sido que Jesús dijera cosas como «¿Quiso Moisés fundar una religión?» o tal vez «La Ley de Moisés es una ley del corazón y no hace falta ir al Templo» o cualquier otra objeción a la autoridad de la ley o su integridad histórica con el objeto de minar su importancia o veracidad. Es a partir del momento de la muerte de Jesús y su resurrección cuando se establece la Nueva Alianza y por tanto la ley antigua queda superada. Ahora el pacto que establece Dios es con toda la humanidad y a medida que se vayan integrando cada vez más gentiles, los apóstoles se dan cuenta de que no tiene sentido exigirles también a ellos que cumplan las antiguas leyes judías. A medida en que la nueva Iglesia se encontraba con una situación totalmente diferente, fue estableciendo sus propias normas de funcionamiento y sus propios preceptos basados en las enseñanzas de Jesús.
JESÚS NO QUERÍA CREAR UNA NUEVA RELIGIÓN
También dicen que lo que Jesús pretendía no era crear una religión nueva, sino reformar el judaísmo. El problema de este argumento es que (sorpresa) también los cristianos creemos que Jesús no vino a crear una religión nueva, sino a reformar el judaísmo y darle perfección y cumplimiento. El mismo Jesús lo deja claro como el agua cuando dice en el Sermón de la Montaña, tal como hemos visto antes:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.» (Mateo 5:17)
Si Jesús hubiera pretendido romper con el judaísmo y crear una religión nueva, entonces los cristianos no usaríamos el Antiguo Testamento como libro sagrado y palabra de Dios. Nosotros consideramos que somos el mismo Pueblo de Dios que se inició con la alianza hecha a Abraham. Nuestra religión no comenzó con la predicación de Jesús, comenzó con Abraham, y allí empezó una larga historia de salvación que obró primero a través del pueblo de Israel, y que todas las promesas del Antiguo Testamento tomaron forma con la llegada de Jesús. Los judíos esperaban al Mesías, los profetas anunciaban la llegada de los tiempos en los que llegaría el Mesías, y entonces todas las naciones serían llamadas a él, y Dios sería llamado Señor por todas las razas. Ese día llegó. El Mesías llegó, y tal como anunciaron los profetas, nadie quedó excluido. Tanto judíos como gentiles fueron llamados a participar en el Reino que Jesús predicaba, y en la iglesia que él fundó había sitio por igual para unos y para otros.
Los judíos que no aceptaron que Jesús era el Mesías que estaban esperando, quedaron atrás, encerrados en sus antiguas promesas pero sin ser capaces de ver que se habían cumplido; los judíos que reconocieron a Jesús como el Mesías esperado, junto con los gentiles que luego se sumaron, continuaron avanzando en una nueva fase de su religión, la fase en la que las promesas de la Antigua Alianza recibían cumplimiento y se abría una nueva fase, con una Nueva Alianza en la que se hacían promesas nuevas.
Es varios años después de la muerte de Jesús cuando el sanedrín declara a los judíos seguidores de Jesús herejes, les impide entrar en el templo y en las sinagogas y comienza luego a perseguirlos. Entonces es cuando esos judíos seguidores de Jesús empiezan a verse a sí mismos como una comunidad diferente. Años después, a esos judíos seguidores de Jesús les comienzan a llamar «cristianos», primero como insulto, luego como apelativo aceptado también por ellos mismos.
Por tanto dejemos esto claro para los que piensan que los cristianos pensamos de otro modo: Jesús no vino a fundar una religión nueva, vino a dar cumplimiento al judaísmo. Aunque ahora nos llamemos «cristianos», en realidad nosotros somos los descendientes espirituales de los judíos que aceptaron la nueva alianza, los hijos del Israel bíblico, el mismo Pueblo de Dios.
SIGNIFICADO DE LA PALABRA EKKLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO
Que Jesús quisiera fundar una Iglesia no es sólo cosa que nos revele la tradición, es él mismo quien nos lo dice en los evangelios:
«Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia [ekklesia], y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.» (Mateo 16:18)
La palabra griega que pronunciamos como «ekklesia» significa en griego «asamblea». Los griegos paganos a menudo la usaban para referirse a una asamblea o reunión de ciudadanos reunidos por convocatoria pública para tratar algún asunto, a menudo político. En este sentido aparece a veces usada en el libro de Hechos: «Y otros gritaban otra cosa; porque la iglesia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.» (Hechos 19:32) Pero la versión en griego del Antiguo Testamento (la Septuaginta), que era la usada por los cristianos, utiliza el término «ekklesia» para traducir la palabra hebrea «qahal», que se refiere a la congregación de Israel, al Pueblo de Dios: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la qahal te alabaré.» (Salmos 22, 22) Cuando Jesús habla de «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi ekklesia» (Mateo 16:18) no tendría sentido interpretarlo como una reunión puntual para tratar un tema concreto. Jesús está dando instrucciones para la creación de una asamblea de creyentes que continuará su labor cuando él se marche, no está haciendo una convocatoria a una reunión. El término arameo/hebreo utilizado por Jesús, que el evangelista traduce en griego como «ekklesia» es, pues, «qahal», que es lo que usó Jesús. Por tanto Jesús está usando «qahal» para llamar a su iglesia del mismo modo que en el Antiguo Testamento se usaba «qahal» para referirse al Pueblo de Dios. La Iglesia que Jesús está fundando es, pues, el nuevo Pueblo de Dios, que ya no estará formada por los nacidos de mujer judía, sino por los bautizados que sigan a Jesús.
LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESPIRITUAL INVISIBLE
Tampoco podemos decir, como algunos, que Jesús no pretendía crear una organización, sino simplemente una comunidad de creyentes, una «ekklesia» en el sentido místico. La iglesia como simple comunidad de creyentes ya existía, todos los seguidores de Jesús formaban su iglesia, su comunidad, y ya en vida de Jesús se habían fundado pequeñas comunidades de seguidores por Judea, Galilea y Samaria. Lo que Jesús está fundando aquí es una cosa nueva (dice «edificaré», futuro) y esa cosa nueva es la organización en sí, la estructura, con Pedro a la cabeza.
Así pues, Jesús no sólo sabe que dejará tras de sí una asamblea de creyentes, sino que en este acto fundacional anuncia la creación de un organismo que sea capaz de estructurar, coordinar y dirigir toda la obra que debe realizar esa asamblea de seguidores que deja y los que vendrán. Es cierto que San Pablo también utiliza la palabra «ekklesia» en el sentido místico de la comunidad de todos los bautizados, «el cuerpo místico de Cristo», pero ese mismo San Pablo habla a la Iglesia de Cristo refiriéndose a una comunidad real, organizada y estructurada (o más bien, en pleno proceso de organización y estructuración). No es el cristianismo una religión donde se pueda ir de por libre, pues está basada en la noción de comunidad y hermanamiento. «Porque donde hay dos o tres [o 500] reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.» (Mateo 18:20)
JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS JERARQUÍAS RELIGIOSAS
Otro aspecto a favor de que Jesús pretendía crear una organización propia para propagar su mensaje es el hecho de que él mismo sentó las bases para esa organización antes de fundar la iglesia. Jesús no se limitó, como sí hizo Juan Bautista, a predicar a la gente su mensaje para que se marchase y cambiase de vida. Jesús no buscaba simplemente conversiones personales y dejar lo demás como estaba. Jesús quería crear un movimiento, y un movimiento organizado que fuera extendiendo su mensaje y lo mantuviese vivo, una organización que luchase por establecer el Reino «en la tierra como en el cielo» y para eso se necesita organización y coordinación. Y no fue una idea que fue evolucionando con el tiempo, fue un plan premeditado.
Lo primero que hizo Jesús cuando se planteó empezar a predicar fue elegir a doce discípulos. Esos serían sus principales ayudantes y depositarios de su doctrina. Su objetivo no era simplemente convertirles a ellos, sino prepararles a fondo para que le ayudasen a convertir a los demás, y también pensando en que ellos serían los pilares de su iglesia cuando él no estuviera. A continuación nombró a setenta discípulos como ayudantes y predicadores (segundo nivel de la jerarquía), y cuando su movimiento fue suficientemente grande nombró a un tercer nivel de quinientos predicadores y los mandó por todos los pueblos a difundir su mensaje. A eso se le llama organización.
Y en la cúspide estaba él. Por eso después de su muerte, antes de ascender a los cielos, necesita dejar en manos de los hombres lo que hasta entonces había estado en última instancia en sus manos: la dirección de esa organización. Le pasa el testigo a Pedro y sobre él funda su iglesia. Antes él mismo había organizado a sus seguidores, él mismo era la organización. Ahora que él se marchaba necesitaba fundar una organización y ponerla enteramente en manos humanas confiando en que su mensaje y aliento les ayudase a ir por buen camino, pero sabiendo perfectamente, como bien lo sabe Dios, que esa andadura estaría plagada de tropiezos, errores, abusos, peleas, etc. porque así funcionan siempre las organizaciones humanas, sobre todo si les das suficiente tiempo. Lo que sí prometió Jesús fue no dejar que su doctrina se corrompiese y enviar el Espíritu Santo para que les ayudara a comprender la verdad. En todo lo demás, bien sabía él que la iglesia que estaba fundando no se acercaría a la perfección que él deseaba, pero así es como tiene que aprender la humanidad, luchando contra sus propios errores y superándose. Ya llegaría el día en el que él mismo regresaría y por su propia mano establecería el Reino en su perfección.
Dios todopoderoso, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo
San Lucas 10:25-37 Se levantó un legista y dijo, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión. Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: `Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.’ ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»
Evangelio según san Mateo, 2: 9- 9 Y he aquí la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos hasta que, llegando, se paró donde estaba el niño. (v. 9)
Este pasaje indica claramente que la estrella, después de haber conducido a los magos a Jerusalén, se ocultó para obligarles a entrar en la ciudad y preguntar a sus moradores acerca de Cristo, y por consiguiente a divulgar el misterio de su nacimiento. Esto por dos razones. En primer lugar, para confundir a los judíos, porque siendo gentiles, solamente con la aparición de la estrella buscaban al Salvador atravesando provincias extranjeras, mientras que ellos, que leían todos los días las profecías sobre Cristo, no habían ido a buscarle habiendo nacido en su propio país. En segundo lugar, para que sirviera de confusión y oprobio a los sacerdotes que, preguntados por Herodes sobre dónde debía nacer Cristo, respondieron: «En Belén de Judá», los mismos que interrogando a Herodes acerca de Cristo no sabían nada de El. Por eso, después de esta pregunta y respuesta añade: «Y he aquí que la estrella que habéis visto en el Oriente iba delante de ellos», para que viendo la obediencia de esta estrella, pudiesen comprender la dignidad y grandeza del nuevo Rey.Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2 Este pasaje indica claramente que la estrella, después de haber conducido a los magos a Jerusalén, se ocultó para obligarles a entrar en la ciudad y preguntar a sus moradores acerca de Cristo, y por consiguiente a divulgar el misterio de su nacimiento. Esto por dos razones. En primer lugar, para confundir a los judíos, porque siendo gentiles, solamente con la aparición de la estrella buscaban al Salvador atravesando provincias extranjeras, mientras que ellos, que leían todos los días las profecías sobre Cristo, no habían ido a buscarle habiendo nacido en su propio país. En segundo lugar, paraque sirviera de confusión y oprobio a los sacerdotes que, preguntados por Herodes sobre dónde debía nacer Cristo, respondieron: «En Belén de Judá», los mismos que interrogando a Herodes acerca de Cristo no sabían nada de El. Por eso, después de esta pregunta y respuesta añade: «Y he aquí que la estrella que habéis visto en el Oriente iba delante de ellos», para que viendo la obediencia de esta estrella, pudiesen comprender la dignidad y grandeza del nuevo Rey
Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2
¿Qué significa, entonces, el primero de los cuales soy yo? Que soy el peor de todos. Así, pues, quiso que se entendiera el primero en el sentido del más malo. Lo mismo pasa en la construcción: ¿qué dice quienquiera que desee edificar? «¿Quién es aquí el primer arquitecto? ¿Quién es el primer obrero?». O si se trata de uno que quiere ser curado: «¿Quién es aquí el primer médico?» No pregunta por el orden refiriéndose a la edad o al tiempo que lleva en la profesión, sino a la forma de ejercer su oficio. Como aquellos son los primeros en su oficio, así este es el primero en maldad. ¿Por qué es Pablo el primero en maldad? Acordaos de Saulo y lo veréis. Os fijáis en Pablo olvidándoos de Saulo; os fijáis en el pastor y os olvidáis del lobo. ¿No es él acaso a quien no le bastaba una mano para apedrear a Esteban, y cuidaba de la ropa de los demás? ¿No es él, acaso, el que perseguía a la Iglesia por doquier? ¿No es él quien había recibido las cartas de los príncipes de los sacerdotes?. Era poco para él perseguir a los cristianos que se hallaban en Jerusalén; quería llegar a los otros lugares donde se encontraban para maniatarlos y conducirlos al castigo. ¿No fue en uno de estos viajes en que respiraba y anhelaba muertes cuando fue herido desde el cielo y escuchó la voz fulminante del Señor, que le condujo a la salvación? Mientras va de camino cae postrado en tierra; para que pueda ver, se le ciega. Por tanto, él es el que era el primer perseguidor, peor que el cual no hubo otro. 7,8Escuchad algo con que lo comprendáis mejor. El mismo Cristo Señor habló a Ananías después de que Pablo había sido derribado y levantado. Le decía: Vete a aquella aldea, donde encontrarás a Pablo de Tarso de Cilicia, y háblale, puesto que ha visto que un varón de nombre Ananías entra y le bautiza. Aquél oyó el nombre de Saulo, y aun estando en las manos del médico, se puso a temblar. Y lo que es más dulce, pienso que recordáis de dónde viene el nombre de Saulo; mas pensando en quienes no lo recuerdan lo diré. Saúl fue el perseguidor de David. En David estaba Cristo; en David estaba figurado Cristo, y en Saúl, Saulo. Es como si David dijera a Saúl desde el cielo: Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Ananías significa oveja; hablaba el pastor a la oveja y la oveja temía al lobo. Tanta celebridad se había ganado este lobo que la oveja no se consideraba segura ni aun en las manos del pastor. Y el Señor se dirige a él como a oveja que tiembla de espanto. Y después de haberle escuchado, le dice: «Señor, he oído cuantos males ha causado este hombre a tus santos en Jerusalén, y ahora se dice que ha recibido cartas de los príncipes de los sacerdotes para que lleve maniatados a cuantos consiga detener. ¿A dónde me envías? ¿Me envías como oveja al lobo?». Pero el Señor no atendió a esta excusa, pues ya había dicho a sus pocas ovejuelas: Ved que os envío como ovejas en medio de lobos. Si se han enviado ovejas en medio de lobos, ¿por qué tienes miedo, Ananías, de ir a quien ya no es lobo? Temías al lobo, pero el Señor tu Dios te responde: «Al lobo lo convertí en oveja y a la oveja la convierto en pastor». 8,9Por tanto, como el mismo Saulo, luego Pablo, se congratula de haber alcanzado la misericordia de Dios porque se encontró ser el primero, es decir, el que más sobresalía por sus pecados —Y, sin embargo, he conseguido misericordia, para que Cristo Jesús manifestase en mí toda su longanimidad, pensando en quienes han de creer en él para la vida eterna, para que todos se digan a sí mismos: «Si Pablo fue curado, ¿por qué voy a perder yo la esperanza? Si tan gran médico sanó a enfermo tan desahuciado, ¿por qué no aplicar aquellas manos a mis heridas? ¿No he de apresurarme a acudir a tales manos?». Para que los hombres dijeran esto, Saulo, de perseguidor, fue hecho apóstol. Porque adonde quiera que llegue un médico busca algún caso desesperado y lo sana; si encuentra a alguien, pobre en extremo y en estado desesperado, sin buscar recompensa alguna, promociona su oficio—. Acabaré con lo que había comenzado a decir. Por tanto, como Pablo se congratula porque siendo pecador fue escogido y sanado por Cristo, y no dijo: «Permaneceré en el pecado, puesto que Cristo vino por mí, no por los justos», así también tú, después de escuchar que Cristo vino por los pecadores, no te quedes dormido en el suave lecho; oye más bien lo que dice el mismo Pablo: Levántate, tú que duermes, y sal de entre los muertos y te iluminará Cristo. No ames el lecho del pecado. Con anterioridad se dijo: En su enfermedad transformaste todo su lecho. Levántate, sana, ama la salud, no pases de nuevo, por la soberbia, de la derecha a la izquierda, del valle al monte, de la humildad a la hinchazón. Cuando hayas recobrado la salud, es decir, cuando comiences a vivir santamente, atribúyelo a Dios, no a ti mismo. No recobraste la salud alabándote a ti, sino acusándote, pues si soberbiamente te alabas, enfermarás más gravemente. Pues todo el que se exalta será humillado, y todo el que se humilla será exaltado (cf. Lc 18, 14)
De los discursos de san Agustín, obispo 175, 6-8; NBA 3/2, 861-865
Oh Dios, que por medio de Cristo has enviado a tu siervo Ananías a Saulo de Tarso para que recuperase la vista, fuese lleno del Espíritu Santo y bautizado, haz que, por intercesión del santo mártir Ananías, todos los pueblos sean iluminados por la fe, bautizados para la remisión de sus pecados, y reciban el don del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo.