Oración

Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios;
convertíos y creed en el Evangelio.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 2, 13-17.

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

✠ Lectura del santo evangelio según San Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:
«Sígueme».
Se levantó y lo siguió.
Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

Condiciones para una buena oración



Confiada:

“Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido” (Mc 11,24). Tal es la fuerza de la oración, “todo es posible para quien cree” (Mc 9, 23), con una fe “que no duda” (Mt 21, 22). La oración de fe no consiste solamente en decir “Señor, Señor”, sino en disponer el corazón para hacer la voluntad del Padre (Mt 7, 21). Jesús así se admira ante la “gran fe” del centurión romano (cf. Mt 8,10) y de la cananea (cf. Mt 15, 28).

Oración

Oh Dios, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tu Palabra: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado; que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 2, 1-12.

El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

CUANDO a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.
Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:
«Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios?».
Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -dice al paralítico-:
“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto una cosa igual».

Palabra del Señor

Santo Sacrificio eucarístico

7:21 «No todo el que me diga: `Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos.Evangelio de Mateo
22:19 Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»Evangelio de Lucas

Condiciones para una buena oración



Perseverante:

Con constancia, sin desfallecer, asiduamente. Como el amigo inoportuno (Lc 11,5-13) que invita a una oración insistente: “Llamad y se os abrirá”. Al que ora así, el Padre del cielo “le dará todo lo que necesite”, y sobre todo el Espíritu Santo que contiene todos los dones; y la viuda inoportuna (Lc 18,1-8) que está centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe.

Hijos de Dios



Evangelio según san Mateo, 3: 17- 17 Y he aquí la voz del cielo que dice: «Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». (v. 17)

Para que en estas cosas que se verificaban en Cristo, especialmente después del bautismo, conociésemos que no vivía en figuras, bajó el Espíritu Santo al abrirse las puertas del cielo y descendió sobre nosotros para que en ello viésemos que se nos abrían las puertas del cielo y se nos inundaba de gloria, haciéndonos hijos de Dios, adoptados por la voz del Padre

San Hilario, in Matthaeum, 2

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
1 vía, consideración

Objeciones y respuestas

La primera vía de Santo Tomás de Aquino cae en una grosera petición de principio pues niega la posibilidad de una cadena infinita de movimiento aduciendo que de ser así “no habría Primer motor”. ¡Pero eso es justamente lo que se debe probar! Además, no se ha demostrado que solo tenga que haber un único Primer motor cuando bien podría haber varios. Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía. Respuesta: Esta objeción de que Santo Tomás de Aquino comete una falacia de petición de principio en la primera vía es, lamentablemente, muy común entre las críticas que se le hacen. Y decimos lamentablemente porque solo se basa en una lectura tendenciosa y malintencionada del argumento tomista.

En efecto, cualquiera (que no tenga un prejuicio a priori contra el teísmo, claro está) que lea bien la enunciación que de esta vía hace el mismo aquinate se percatará de que no comete ninguna falacia de petición de principio, pues cuando dice que la cadena de movimiento “no puede seguir indefinidamente, porque no se llegaría al primer motor que mueve” inmediatamente a continuación aclara que ello ha de ser así porque si no hubiera un primer motor, “no habría motor (ni movimiento) alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor” (5) como es que puede derivarse de la explicación de la premisa 2 (en la cual no se está presuponiendo para nada la existencia de un Primer motor). Luego, tenemos la alegación de que no habría por qué aceptar que hay un único Primer motor cuando bien podrían ser varios. Por ejemplo, el filósofo Graham Oppy escribe: “El argumento parece ser claramente inválido: lo máximo que se sigue de las premisas es que hay causas primeras del cambio que no están en sí mismas en proceso de cambio. No hay nada en las premisas de este argumento que justifique que hay una única causa primera del cambio que no está ella misma en proceso de cambio” (6). En primera instancia, puede responderse a esto aplicando el principio de navaja de Ockham de acuerdo con el cual no se deben multiplicar innecesariamente los entes para dar una explicación. Si basta apelar a un Primer motor para dar la fundamentación última suficiente del movimiento de los seres, especular con más “primeros motores” resulta superfluo.

Pero ni siquiera necesitamos apelar a ese principio pragmático. Y es que, tomada en todo su contexto, nuestra formulación de la primera vía no se ve afectada por aquello que dice Oppy de que “no hay nada en las premisas de este argumento que justifique que hay una única causa primera del cambio que no está ella misma en proceso de cambio”. ¿Por qué? Porque si bien no hay ninguna demostración explícita de que solo debe haber un único Primer motor en la explicación que hemos dado de las premisas, sí hay una demostración implícita pero clara de ello en nuestra explicación de la cuarta premisa. Allí establecimos que el Primer motor es el Ser Subsistente. En consecuencia, por necesidad lógica, han de aplicarse al Primer motor todas las características y/ o atributos que hayan sido demostrados para el Ser Subsistente. Pero una de los atributos que demostramos para el Ser Subsistente es la “unicidad” (ver Parte I, capítulo II). Por tanto, el Primer motor, al ser también el Ser Subsistente, debe ser único. Queda, pues, en pie la primera vía.

cómo es que se da–físicamente- el movimiento en los seres, no nos explica cómo es que se inicia -metafísicamente- el movimiento o, lo que es más, los seres que se mueven. Y no solo eso. Aun si dejamos de lado todo el análisis metafísico y nos centramos únicamente en el físico, no se hace forzoso suponer que el “principio de inercia” invalida el postulado tomista de que “todo lo que se mueve es movido por otro” porque bien puede suponerse lo contrario en base a este mismo principio como es que hace el apologista A. Hillaire cuando en su ya citada obra La Religión Demostrada nos dice: “Sostiene la Mecánica, que es una parte de la Física, que la materia no puede moverse por sí sola. Una estatua no puede abandonar su pedestal; una máquina no puede moverse sin una fuerza motriz; un cuerpo en reposo no puede por sí mismo ponerse en movimiento. Tal es el llamado principio de inercia. Luego, para producir un movimiento es necesario un motor” (8). En otras palabras, lo que se mueve ha de ser movido por otro. Queda, pues, en pie la primera vía.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Oración

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Él, que vive y reina contigo.