Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino,
y curaba toda dolencia en el pueblo.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 1, 40-45.

La lepra se le quitó, y quedó limpio.

✠ Lectura del santo evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

De suyo la creatura no tiene nada bueno, y por consiguiente, no puede enorgullecerse de nada

La verdadera gloria y santa alegría están en gloriarse en ti, no en sí; en alegrarse de tu infinito poder, no de la propia virtud; en no complacerse en criatura alguna sino por ti.

Que sea glorificado tu nombre, no el mío; que sean exaltadas tus obras, no las mías; que sea bendito tu nombre, y a mí no me den los mundanos ninguna alabanza

Tu eres mi gloria y la alegría de mi corazón, Siempre me gloriaré y alegraré en ti. En mí no, «a no ser en mis debilidades»

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Condiciones para una buena oración



Humilde:

Sabiendo quien es Dios y quienes somos nosotros, sabiendo que nosotros somos quienes necesitamos de Él. Como en la parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18, 9-14), que se refiere a la humildad del corazón que ora. “Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador”. La humildad también somete nuestra oración a la Voluntad de Dios “no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22,42).

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
1 vía, consideración

“Este Primer motor es Dios”. Esta premisa consta de dos términos: “Primer motor” y “Dios”. Expliquemos, pues, qué queremos decir con el primero y cómo es que a partir de él deducimos el segundo. Por Primer motor entenderemos propiamente al “Primer motor inmóvil”, es decir, a aquel que no es movido por ningún otro pero que se constituye como la causa y principio del movimiento de todos los demás seres. Este Primer motor inmóvil ha de ser, entonces, “acto puro” sin mezcla alguna de potencialidad, siendo por ello que no precisa de nada anterior a sí mismo que actualice sus potencias (de las que carece). Ha de ser origen sin origen, causa incausada, “primero”, pero no meramente como parte de una serie numerable cuantitativamente, sino primero cualitativamente, es decir, como fuente ontológica primaria del movimiento y nunca como un mero cauce de este. Y es que solo este Ser, al ser “acto puro”, puede actualizar la totalidad de las potencialidades de todos los demás seres. Retomando el ejemplo del tren podríamos decir que es la locomotora que, sin necesitar ser jalada, tiene la suficiente fuerza para jalar todo el tren, constituyéndose como el principio de movimiento de todos los demás vagones. Y ahora la pregunta del millón: ¿cómo sabemos que el Primer motor inmóvil es Dios? Fácil: deconstruyendo metafísicamente el concepto de Primer motor inmóvil (4). Como acabábamos de decir el Primer motor inmóvil es el que en última instancia da su movimiento a todos los demás seres actualizando sus potencias. Sin embargo, como eso requiere estar en acto, tendremos que dicho ser requerirá estarlo no en cualquier modo, sino en el más pleno de los sentidos; es decir, deberá estar en “acto puro” (cualquier potencialidad que tenga en Sí mismo haría que tenga que remitirse a otro, lo cual sería contradictorio con la idea de “Primer motor”). Pero dado que el acto es, por definición, “efectivamente ser”, este Ser, al constituirse como “acto puro”, deberá tener en sí toda la plenitud del ser. En otras palabras, deberá ser el Ser Subsistente. Pero esa es justamente la definición que habíamos dado de Dios. Luego, el Primer motor inmóvil es Dios. Conclusión: “Dios existe”. Partiendo del movimiento hemos demostrado la imposibilidad de que este pueda ser plenamente explicado por los solos seres móviles, contingentes y cambiantes, siendo necesario que postulemos la existencia efectiva de un Primer motor inmóvil para poder explicarlo. A continuación hemos demostrado que este Primer motor inmóvil se identifica con Dios. Por tanto, dado que en un razonamiento deductivo si las premisas son verdaderas ha de aceptarse necesariamente la conclusión so pena de irracionalidad, debemos aceptar que Dios existe. Luego, Dios existe

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Oración

Nadie ha visto jamás a Dios; El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios;
convertíos y creed en el Evangelio.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 1, 29-39.

Curó a muchos enfermos de diversos males.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía era muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor.

Santo Sacrificio de la Misa

es indispensable ofrecerla a Dios, uniendo la intención a la del sacerdote. Esta necesidad dimana de la naturaleza misma de la Misa, puesto que es un sacrificio. En consecuencia, los fieles que se conforman con orar durante su celebración, aunque cumplen con el precepto de la iglesia, no participan de las gracias propias de la oblación

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De suyo la creatura no tiene nada bueno, y por consiguiente, no puede enorgullecerse de nada

Señor: ¿quién es el hombre para que de él te acuerdes? ¿Quién es el hijo del hombre para que le visites? (Salmo 8,5) ¿Qué ha hecho el hombre para que le des tu gracia?

¿De qué podré quejarme, Señor si me abandonas? ¿Con qué derecho podré reclamar, si no hicieres lo que te pida?

Lo que yo puedo pensar y decir con toda verdad es esto: «Señor, nada soy y nada puedo; de mí no tengo nada bueno; estoy todo lleno de defectos y tiendo siempre a la nada»

Y si tú no me ayudas y das fuerzas a mi alma, todo me entibio y enervo

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La oración contemplativa



La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio.

La contemplación busca al “amado de mi alma” (Ct 1, 7; cf. Ct 3, 1-4). Esto es, a Jesús y en Él, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de Él y vivir en Él.

La contemplación es la entrega humilde y pobre a la voluntad amorosa del Padre, en unión cada vez más profunda con su Hijo amado.

Así, la oración contemplativa es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia; no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La oración contemplativa es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser (cf. Jr 31, 33). Es comunión: en ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, “a su semejanza”.

La oración contemplativa es mirada de fe, fijada en Jesús. “Yo le miro y él me mira”, decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario[8]. Esta atención a Él es renuncia a “mí”. Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres

Cf. F. Trochu, Le Curé d’Ars Saint Jean-Marie Vianney

Espíritu Santo



Evangelio según san Mateo, 3: 16- 16 Habiendo sido bautizado Jesús, en seguida salió del agua. Y los cielos se le abrieron, y vio que el Espíritu Santo descendía en forma de paloma y se posaba sobre El. (v. 16)

Extraña comprender por qué se diga que el Espíritu Santo haya sido enviado, cuando desciende sobre el mismo Dios de una manera visible en forma de paloma. Se formó en el principio una especie de creatura, en la que se representasen las propiedades del Espíritu Santo. Esta operación, manifestada en el exterior y ofrecida a la vista de los mortales, se llama misión del Espíritu Santo, no porque apareciese su esencia invisible, sino para que el corazón humano, estimulado por las cosas visibles, se mueva al deseo de la oculta eternidad. Pero el Espíritu Santo no tomó esta creatura en quien apareció, en unión de la persona, como el Hijo tomó la forma humana en el seno de una Virgen; ni el Espíritu Santo ha santificado la paloma, ni la ha unido a su persona para siempre. Por lo tanto, aunque aquella paloma se llama Espíritu, para que se manifieste por la paloma el Espíritu patentizado, no podemos llamar al Espíritu Santo, Dios y paloma, como decimos Hijo, Dios y Hombre; ni como decimos al Hijo, Cordero de Dios. No sólo por lo que nos dice San Juan Bautista predicando, sino también San Juan evangelista viendo en su Apocalipsis el Cordero santificado. Aquella visión profética no se patentiza a los ojos de la carne por medio de formas corpóreas, sino en espíritu, por medio de imágenes espirituales de los cuerpos. De aquella paloma, en cambio, nadie ha dudado jamás que haya sido vista con los ojos. Ni como llamamos al Hijo piedra (porque está escrito: Cristo era piedra), podemos llamar paloma al Espíritu Santo; porque la piedra ya existía y metafóricamente se le designa con el nombre de Cristo a quien significaba. No sucede lo mismo con la paloma, que para significar estas cosas existió momentáneamente. Esto se asemeja, a mi modo de entender, a aquella llama que apareció a Moisés a quien el pueblo seguía por el camino del desierto y a los truenos y rayos que se percibieron en el monte mientras se daba la Ley. Estas formas corpóreas sólo existieron para explicar algunas cosas que tenían su significado, pero desaparecieron en seguida. Por medio de estas formas corporales se dice que fue enviado el Espíritu Santo, por ello estas formas aparecieron en un momento y desaparecieron después

San Agustín, de Trinitate, 2,5