Evangelio

No me complazco en la muerte del malvado —dice el Señor—,
sino en que se convierta y viva.

EVANGELIO
Lc 5, 27-32.

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor.

Humanum genus



La estructura de la Humanum genus puede ser distribuida en nueve puntos, los que a su vez ponen de manifiesto la sistematicidad de su contenido:

2) Las anteriores advertencias de los Pontífices han sido confirmadas por los hechos.

Masones apoyando el aborto

¿Podemos deducir la existencia de Dios por la contemplación de los seres vivientes?


Sí, La razón, la ciencia y la experiencia nos obligan a admitir un Creador de todos los seres vivientes diseminados sobre la Tierra. Y como ese Creador no puede ser sino Dios, se sigue que de la existencia de los seres vivientes, podemos concluir la existencia de Dios. Las ciencias físicas y naturales nos enseñan que en un tiempo no hubo ningún ser viviente sobre la tierra. ¿De dónde proviene, entonces, la vida que ahora existe en ella: la vida de las plantas, la de los animales y la del hombre?

La razón nos dicta que no ya la vida intelectiva del hombre, ni la vida sensitiva de los animales, pero ni siquiera la vida vegetativa de las plantas pudo haber brotado de la materia. ¿Razón? Porque nadie puede dar lo que no tiene; y como la materia carece de vida, tampoco pudo darla. Los ateos no saben qué responder a este dilema: o bien la vida ha nacido espontáneamente sobre la Tierra, fruto de la materia por generación espontánea; o bien
hay que admitir una causa distinta del mundo, que fecunda a la materia y hace germinar en ella la vida.

Ahora bien, después de los experimentos concluyentes de Pasteur, nadie se atreve a defender la hipótesis de la generación espontánea; la ciencia establece que nunca nace un ser viviente si no existe un germen vital, semilla, huevo o renuevo, proveniente de otro ser viviente de la misma especie. ¿Y cuál es el origen del primer viviente en cada una de las especies? Remontémonos cuanto queramos de generación en generación; siempre llegaremos a un primer creador de todos los seres vivientes, causa primera de todas las cosas, que es Dios. Es éste el argumento del huevo y la gallina; pero no por ser viejo, deja de preocupar seriamente a los ateos

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Pronóstico después de la operación



El Dr. McHugh presentó dos temas como objetivos de investigación.

Primero, quería probar si los hombres que se habían sometido a una cirugía de cambio de sėxô habían encontrado una solución para sus muchos problemas psicológicos.

segundo lugar, quería ver si aquellos varones con genitales ambiguos que habían sido transformados quirúrgicamente y eran criados como “mujeres” realmente aceptaban fácilmente la nueva IDēNTïDâD sexual.

Esto era algo clave para él, porque los resultados de la investigación mostrarían si es verdad realmente que el “sexo biológico” y el “génęro” son dos cosas distintas, es decir, el sexo como determinado genética y hormonalmente desde la concepción y el género como algo asignado culturalmente por las acciones de la familia y otros durante la infancia, como afirmaban Simºnê de Bėauvōir, el Dr. Money y otros en la misma clínica que él ahora dirigía.

Con respecto al primero objetivo, el Dr. McHugh le encargó al psiquiatra Dr. Jon Meyer que hiciera un seguimiento de todos aquellos que se habían operado en la clínica, para así poder determinar si la reasignación de sėxô realmente los había beneficiado. Como resultado, el Dr. Meyer descubrió que solo unos pocos lamentaban haberse hecho la operación, pero que, sin embargo, la condición psicológica no había cambiado mucho en todos los pacientes. Es decir, “tenían los mismos problemas con las relaciones, el trabajo y las emociones que antes. La esperanza de que salieran de sus problemas emocionales para florecer psicológicamente no se había cumplido”. Con esos datos en mano, el Dr. McHugh confirmó lo que por tanto tiempo pensaba: “llegué a la conclusión de que Hopkins estaba cooperando fundamentalmente con una enfermedad mental. Los psiquiatras, pensé, haríamos mejor en concentrarnos en tratar de arreglar sus mentes y no sus gênitāles”.

Paul McHugh. Sùrgicªl Sęx

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
3 vía, consideración

En este argumento se comete la típica falacia conocida como falacia del paralogismo de los metafísicos. En efecto: se comienza planteando un pseudo- problema absurdo y carente de sentido como el de la distinción entre el ser contingente y el ser subsistente, se nos muestra luego lo absurdo de la alternativa de que solo existan los seres contingentes y, finalmente, se nos dice que, por consiguiente, la otra alternativa es verdad, es decir, que existe un Ser Subsistente. Pero ello es inválido por cuanto la distinción del punto de partida es gratuita y absurda. Luego, no se prueba la conclusión de la tercera vía.

La afirmación de que la distinción entre el ser contingente y el ser subsistente es puramente absurda o arbitraria y que, por tanto, Santo Tomás de Aquino comete una falacia del paralogismo de los metafísicos se constituye como la principal crítica que hace la filosofía analítica a la tercera vía de Santo Tomás de Aquino. Ahí tenemos por ejemplo al filósofo Bertrand Russell quien nos dice: “la dificultad de este argumento está en que yo no admito la idea de un ser necesario, y no admito que haya ningún significado particular en llamar ‘contingentes’ a otros seres” (3). Pero a decir verdad esta idea viene desde Kant. En su Crítica a la razón pura, él nos dice: “Necesidad y contingencia no tienen que referirse ni afectar a las cosas mismas (…) ninguno de ambos principios es objetivo, sino que pueden ser acaso principios subjetivos de la razón” (4). Pero, ¿será verdad que la distinción entre el ser contingente y el ser subsistente es absolutamente arbitraria y carente de sentido como pretenden Russell y Kant, de tal modo que la tercera vía tomista caería en una falacia del paralogismo de los metafísicos? Definitivamente no. Y sostenemos esto por tres razones.

Primero, porque no da lugar a una tercera alternativa. En efecto: un ser existe por sí mismo (con lo cual sería subsistente) o en virtud de otro (con lo cual sería contingente). No hay término medio entre estas dos formas de existir.

Segundo, porque está muy bien sustentada por nuestra experiencia sensible del mundo y de las cosas. A cada momento nos encontramos con cosas que existen. Entonces podríamos sin problema preguntarnos “¿ Esto existe por sí mismo o depende de otro para existir?”, con lo cual encontraremos que los seres de nuestra experiencia son de por sí contingentes pues dependen de la existencia de otros para existir y, lo que es más, podrían no haber existido (evalúe el lector las cosas que tiene a su alrededor para comprobarlo).

Tercero, porque, como ya hemos explicado, está directamente relacionada con la pregunta más profunda y sublime de toda la filosofía: ¿Por qué hay algo en lugar de nada? Tan fundamental es esta pregunta que, como decía el filósofo argentino José Pablo Feinmann, “bien puede ser el disparador de la filosofía. O su origen” (5).

Por tanto, el negarse a plantear esta pregunta (incluso cuando fuere en nombre de la “muy respetable” filosofía analítica) es negarse a filosofar. Por tanto, la distinción conceptual entre el ser contingente y el ser subsistente no se trata de ninguna cuestión absurda como pretendía Russell. Cualquiera puede legítimamente planteársela. De ahí que Copleston le haya respondido: “Puede decir que no existe tal ser [el Ser Subsistente], pero le va a ser difícil convencerme de que no entiende los términos que uso [al distinguir al ser subsistente del ser contingente]” (6). O sea, independientemente de la respuesta, es perfectamente válido plantear la cuestión (con todo y sus términos). A su vez, la distinción entre contingente y subsistente no es meramente subjetivo como pretendía Kant. Ahí tenemos, por ejemplo, a la Ley de la entropía que, por el mismo hecho de tratarse de una ley física, se cumple objetivamente en los seres la realidad sensible.

Por consiguiente, aunque suene irónico, esta objeción de que el punto de partida de la tercera vía tomista carece de sentido, no tiene ningún sentido. Queda, pues, en pie la tercera vía.


¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Tentación



Evangelio según san Mateo, 4: 8- 11 Otra vez el demonio lo llevó a la cumbre de un monte elevado, y le manifestó todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: «Todas estas cosas te daré, si postrándote me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Retírate, Satanás, está escrito, pues, que adorarás al Señor tu Dios, y sólo a El servirás». Entonces lo dejó el diablo y los ángeles se aproximaron prestándole auxilios. (vv. 8- 11)

Ahora expliquemos brevemente qué significan las tentaciones de Cristo. El ayuno es la abstinencia de una cosa mala; el hambre es el deseo de la misma cosa mala; su uso es el pan. El que se habitúa con el pecado convierte la piedra en pan. Responda, pues, al demonio cuando lo tiente, diciendo: «Que no de sólo el uso de aquella cosa vive el hombre, sino de la observancia de los mandatos de Dios». Cuando alguno se engríe como si fuese santo, es como llevado al templo y cuando se crea que está en la cumbre de la santidad, entonces es cuando le coloca sobre el pináculo del templo y ésta es la tentación que sigue a la primera, porque la victoria de la tentación produce la vanagloria y es causa de jactancia. Pero advierte que Cristo ayunó voluntariamente. El diablo lo llevó al templo para que tú te consagres espontáneamente a la abstinencia, pero por ello no te creas que has llegado a la cumbre de la santidad. Huye del orgullo del corazón y no experimentarás tu ruina. La subida al monte es la marcha hacia las riquezas y la gloria de este mundo, como que desciende de la soberbia del corazón. Cuando quieras hacerte rico, lo cual equivale a subir al monte, empiezas a pensar en adquirir las riquezas y los honores y entonces el Príncipe de este mundo te manifiesta la gloria de su reino. En tercer lugar, te ofrece las causas para que, si las quieres seguir, le sirvas, menospreciando la justicia de Dios

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Oración

Confírmanos, Señor, en el espíritu de penitencia con que hemos empezado la Cuaresma, y que la austeridad exterior que practicamos vaya siempre acompañada por la sinceridad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Buscad el bien, no el mal, y viviréis;
y el Señor estará con vosotros.

EVANGELIO
Mt 9, 14-15.

Cuando les sea arrebatado el esposo, entonces ayunarán.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor

Diversos impulsos de la Naturaleza y de la Gracia

La Naturaleza no quiere mortificarse, ni reprimirse, ni vencerse, ni obedecer, ni someterse voluntariamente

A la naturaleza le gusta que la honren y reverencien; la gracia atribuye fielmente a Dios toda honra y toda gloria

#naturaleza #gracia

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#imitacióndecristo #tomasdekempis #1418

Masonería forestal (los Carbonari)

No son menos culpables los preceptos morales dados por la sociedad de los Carbonari, como lo prueban estos mismos documentos, aunque a gritos se jacta de exigir a sus seguidores que amen y practiquen la caridad y las demás virtudes, y se abstengan de todo vicio. Así favorece abiertamente el placer de los sentidos; así enseña que es permisible matar a aquellos que quisieran revelar el secreto del que hablamos arriba; y aunque Pedro, el príncipe de los apóstoles, recomienda a los cristianos «que se sometan por Dios a toda criatura humana que él ha puesto por encima de ellos, ya sea al rey, como siendo el primero en el Estado, o a los magistrados, como siendo los enviados del rey, etc.” (Ep. I. cap. II, vers. 13) y aunque el apóstol San Pablo manda que “todo hombre esté sujeto a los poderes superiores,” (Rom. cap. III, v .14) sin embargo esta sociedad enseña que es lícito suscitar revueltas para despojar de su poder a los reyes ya todos los que mandan, a quienes da el insultante nombre de tiranos.

Tales son los dogmas y preceptos de esta sociedad, así como tantos otros que se ajustan a ellos. De ahí los ataques cometidos recientemente en Italia por los Carbonari, ataques que tanto han angustiado a los hombres honestos y piadosos. Nosotros, pues, que hemos sido constituidos guardianes de la casa de Israel, que es la santa Iglesia; Nosotros que, por Nuestro cargo pastoral, debemos cuidar de que el rebaño del Señor, que nos ha sido divinamente encomendado, no sufra ningún daño, Pensamos que, en una causa tan grave, nos es imposible abstenernos de reprimir el sacrilegio. esfuerzos de esta sociedad. También nos llama la atención el ejemplo de Nuestros predecesores, de feliz memoria, Clemente XII y Benedicto XIV, uno de los cuales, por su constitución In eminenti del 28 de abril de 1738, y el otro, por su constitución Providas del 18 de mayo de 1751, condenó y prohibió la sociedad De’ Liberi Muratori o los Francmasones, o las sociedades designadas con otros nombres, según la diferencia de lenguas y países, sociedades que pueden haber sido el origen de la de los Carbonari o que ciertamente le sirvieron modelo; y aunque ya hemos prohibido expresamente esta sociedad por dos edictos emitidos por Nuestra Secretaría de Estado, pensamos, siguiendo el ejemplo de Nuestros predecesores, que se deben decretar solemnemente penas severas contra la sociedad, especialmente porque los Carbonari afirman que no pueden ser incluidos. en las dos constituciones de Clemente XII y Benedicto XIV, ni estar sujeto a las penas allí establecidas.

Ecclesiam a Jesu Christo was a Papal bull promulgated by Pius VII in 1821