Crismon

El símbolo consta de dos letras grandes superpuestas, la “X” y la “P”. Corresponden, respectivamente, a la letra griega “χ” (“chi”, que se lee “kh”) y “ρ” (“rho”, que se lee “r”).

Estas dos letras son las iniciales de la palabra ‘Χριστός’ (Khristòs), que significa Jesús, que en griego significa “ungido” y se traduce “mesías” en hebreo.

En los lados de estas dos letras, a menudo se encuentran dos más: una ‘α’ y una ‘ω’, alfa y omega, primera y última letra del alfabeto griego, que se usa como símbolo del principio y el final.

La elección se remonta al Apocalipsis de Juan (21.6):

«¡Aquí están hechos!
Soy el alfa y la omega
el principio y el fin”.

La caridad

Si no tengo caridad —dice también el apóstol— “nada soy”. Y todo lo que es privilegio, servicio, virtud misma si no tengo caridad, “nada me aprovecha” (1 Co 13, 1-4). La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1 Co 13,13)

El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad. Esta es “el vínculo de la perfección” (Col 3, 14); es la forma de las virtudes; las articula y las ordena entre sí; es fuente y término de su práctica cristiana. La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino

Oración

Tengamos para con Dios un corazón íntegro y sincero, Hagamos su voluntad, guardemos sus mandamientos

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.

EVANGELIO
Lc 6, 6-11.

Estaban al acecho para ver si curaba en sábado.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: –Levántate y ponte ahí en medio. El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: –Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: –Extiende el brazo. El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor

La Iglesia es Apostólica

La sucesión apostólica ha permanecido sin solución de continuidad. En el año 190 DC San Ireneo escribe acerca de los primeros papas como si se tratara de una época muy primitiva, cuando él también pertenece a la primitiva cristiandad. Y al ofrecer la cadena de la sucesión apostólica, desde el inicio hasta sus días, se esmera en incluir todos y cada uno de los nombres de los papas.

Adversus Haereses 3.3.2

Los caridad

Fruto del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo: “Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn 15, 9-10; cf Mt 22, 40; Rm 13, 8-10)

Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía “enemigos” (Rm 5, 10). El Señor nos pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos (cf Mt 5, 44), que nos hagamos prójimos del más lejano (cf Lc 10, 27-37), que amemos a los niños (cf Mc 9, 37) y a los pobres como a Él mismo (cf Mt 25, 4045).

El apóstol san Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad: «La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta» (1 Co 13, 4-7)

Oración

Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre. Tú lo concedes a los que a ti se acogen

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus decretos.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Lc 14, 25-33.

El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

EN aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

Palabra del Señor

La iglesia es apostólica

Clemente Romano también explica por que sus predecesores hicieron esto. Nuestros apóstoles sabían, por nuestro Señor Jesucristo que habrían disensiones sobre el oficio de obispo. Por eso, habiendo recibido este preaviso, nombraron a esas personas y después procuraron una sucesión continuada, de manera que si los primeros desaparecían, otros hombres probados les sucedieran en el Ministerio

Carta a los Corintios 44 1-2

La caridad

La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios

Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (cf Jn 13, 34). Amando a los suyos “hasta el fin” (Jn 13, 1), manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos. Por eso Jesús dice: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). Y también: “Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15, 12)