Oración

Glorifiquen al Señor por su misericordia y por sus maravillas a favor de los hijos de los hombres

Evangelio

San Mateo 25:1-13
«Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: `¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’ Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: `Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ Pero las prudentes replicaron: `No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’ Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: `¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él respondió: `En verdad os digo que no os conozco.’ Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.


Palabra del Señor

Sentimientos de culpa



Al cabo de tres días de fatigoso viaje en común, Léo Moulin, de ochenta y un años, aparece fresco, elegante, atento y tan cordial como siempre. Moulin, profesor de Historia y Sociología en la Universidad de Bruselas durante medio siglo, autor de decenas de libros rigurosos y fascinantes, es uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa. Es quizás quien mejor conoce las órdenes religiosas medievales, y pocos sienten tanta admiración por la sabiduría de aquellos monjes como él.

A pesar de haberse distanciado de las logias masónicas en las que militó («A menudo —me dice— afiliarse a ellas es condición indispensable para hacer carrera en universidades, periódicos o editoriales: la ayuda mutua entre los «hermanos masones» no es un mito, es una realidad aún vigente»), sigue siendo un laico, un racionalista cuyo agnosticismo bordea el ateísmo. Moulin me encomienda que repita a los creyentes uno de sus principios, madurado a lo largo de una vida de estudio y experiencia: «Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo.

Os han paralizado en la autocrítica masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar.» Fëminīztas, homøsęxūąlês, tercermundialistas y tercermundistas, pacifistas, representantes de todas las minorías, contestatarios y descontentos de cualquier ralea, científicos, humanistas, filósofos, ecologistas, defensores de los animales, moralistas laicos: «Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos.

En cambio, yo (agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo no es cierto. Pero si en algún caso lo es, también es cierto que, tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas. Luego, ¿por qué no pedís cuentas a quienes os las piden a vosotros? ¿Acaso han sido mejores los resultados de lo que ha venido después? ¿Desde qué púlpitos escucháis, contritos, ciertos sermones?» Me habla de aquella Edad Media que ha estudiado desde siempre: «¡Aquella vergonzosa mentira de los «siglos oscuros», por estar inspirados en la fe del Evangelio! ¿Por qué, entonces, todo lo que nos queda de aquellos tiempos es de una belleza y sabiduría tan fascinantes? También en la historia sirve la ley de causa y efecto…»

Léo Moulin

San Elías

Acuérdate, Dios de bondad, de tus antiguas misericordias y por estas mismas misericordias, acuérdate de esta Congregación.

Acuérdate de las plegarias que tus siervos y siervas te han hecho sobre el particular desde hace tantos siglos: que sus votos, sus gemidos, sus lágrimas, la sangre por ellos derramada, lleguen a tu presencia para implorar poderosamente tu misericordia.

Acuérdate, sobre todo, de tu querido Hijo: “Contempla la cara de tu Ungido”. Su agonía, su confusión y su llanto amoroso en el Huerto de los Olivos, cuando dice: “¿Qué ganas con mi muerte?” Su muerte cruel y su sangre derramada te imploran a gritos misericordia, a fin de que, por medio de esta Congregación, se establezca su imperio sobre las ruinas del de sus enemigos

Sal 83,10
Sal 29,10

Súplica ardiente para pedir misioneros (S. Luis M. G. de Montfort)

Orden de San Elías

En el obscuro Medievo



En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval

Hans Memling (Seligenstadt (Alemania), hacia 1423/1443 – Brujas, 1494) fue un pintor alemán perteneciente a la escuela pictórica flamenca.

Christ Giving His Blessing, 1478, Norton Simon Museum

A Dios sea la gloria



Evangelio según san Mateo, 6:1-1 «Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos de ellos. De otra manera no tendréis galardón de vuestro Padre, que está en los cielos». (v. 1)

Si, pues, buscamos la gloria del Dador Supremo, para su sola mirada es el espectáculo de las buenas obras aun hechas en público; pero si buscamos nuestra alabanza por medio de ellas, ya pueden considerarse también como publicadas fuera de su mirada, aun cuando sean ignoradas por muchos. Es propio de personas perfectas que, cuando una obra se hace en público, se busque la gloria de su autor, no alegrándose de la gloria individual que de ahí resulte. Mas como los débiles no saben sobreponerse despreciándola, es necesario que oculten el bien que hacen

San Gregorio Magno, Moralia, 8, 3

Todo se trató de una conspiración


Los discípulos robaron el cuerpo del sepulcro mientras los guardias se quedaron dormidos y mintieron a la gente sobre las apariciones, diciendo que Jesús había resucitado. Esto es lo que explica los tres hechos, no la resurrección

Respuesta: Esta es la llamada teoría de la conspiración cuyo principal defensor académico fue el racionalista alemán Hermann Samuel Reimarus. Sin embargo, la teoría viene desde antes. De acuerdo con el evangelista Mateo era la explicación que hicieron circular los líderes judíos luego del suceso (cfr. Mateo 28: 13- 15). Más aún: temían que los discípulos

En primer lugar, tenemos que es sumamente improbable que todos los guardias romanos se hayan quedado dormidos. Justino, en su Resumen 49,16 enumera 18 faltas por las cuales un pelotón de guardia podría ser condenado a muerte. Entre estas se incluye el quedarse dormido o dejar sin guardia la posición que se le asignó. Más aún: había pena de muerte, muriendo crucificado boca abajo, si alguien rompía el sello del gobernador. Pues bien, los soldados custodios habían sido enviados por el propio gobernador y se había puesto su sello, ¿podría pensarse, entonces, que serían poco diligentes en cumplir su labor? ¡Sus vidas dependían de ello! Pero supongamos, por consideración al crítico, que los guardias se quedaron efectivamente dormidos. Aun así, la teoría conspirativa sigue siendo altamente implausible. El procedimiento romano requería que cada guardia fuera capacitado para defender 6 pies de terreno. Entonces, tomando en cuenta el tamaño promedio de las tumbas judías, tendríamos que habrían alrededor de 16 guardias destinados a cuidar la tumba de Jesús. El protocolo estipulado para ese caso era el siguiente: 4 guardias se quedaban despiertos custodiando de pie la entrada de la tumba mientras los otros 12 dormían sentados justo en frente, como formando un paréntesis, y los puestos rotaban cada hora. Ahora bien, imaginemos, pese a que este procedimiento estaba explícitamente diseñado para evitar eso, que todos los guardias efectivamente se durmieron. ¿Se hace creíble entonces la teoría de la conspiración? Ni siquiera así porque en ese caso tendríamos que suponer que los discípulos pasaron delante de los guardias, movieron una piedra enorme y se llevaron el cuerpo en absoluto silencio sin despertar a ninguno de ellos. ¡Esa posibilidad es casi para reírse! Pero no nos riamos y concedamos, nuevamente por un acto extremo de caridad cristiana, que eso hubiera sido posible, que los discípulos robaron el cuerpo mientras los guardias romanos estaban dormidos. ¿Convierte eso a la teoría de la conspiración en una buena explicación de los tres hechos mencionados? De ningún modo. Solo nos da una justificación perversa de la tumba vacía y deviene en inconsistente para con los otros dos hechos: el testimonio de las apariciones y la creencia de los discípulos originales. Si los discípulos hubieran robado el cuerpo no hubieran podido creer en la resurrección del modo en que lo hicieron. Ellos parecían sinceros. Pudieron haber sido engañados pero de ningún modo pudieron haber sido engañadores: “Los hipócritas y los mártires no están hechos del mismo material”, sentencia John Stott

Más aún: ellos estaban dispuestos a morir por predicar lo que creían. El registro histórico es claro en este punto: 1) Pedro murió crucificado; 2) Andrés, crucificado; 3) Santiago, hijo de Zebedeo, a filo de espada; 4) Juan, de muerte natural (aunque no sin sufrir persecución, encarcelamiento y azotes); 5) Felipe, crucificado; 6) Bartolomé, crucificado; 7) Tomás, con una lanza; 8) Mateo, apuñalado; 9) Santiago, hijo de Alfeo, crucificado; 10) Judas Tadeo, atravesado por flechas; 11) Simón el zelote, crucificado; 12) Matías, apóstol escogido para reemplazar a Judas Iscariote, quemado.

Ahora bien, si los apóstoles robaron el cuerpo tendríamos que sostener que ellos murieron por algo que sabían que era una mentira. ¡Pero eso extremadamente implausible! ¿O acaso usted estaría dispuesto a ser perseguido, azotado, apedreado, encarcelado y finalmente asesinado por sostener algo que sabe muy bien que es una mentira? Pues bien, ese fue más o menos el itinerario de cada uno de los apóstoles, incluyendo a San Pablo, quien murió decapitado en Roma. Entonces la mejor explicación es que no mentían, que en realidad Jesucristo sí había resucitado de entre los muertos


Hermann Samuel Reimarus, Fragments, Ed. SCM, Londres, 197129.

*Recuérdese que el Evangelio de Mateo se escribió en el siglo I, de modo que, si hubiera
mentido en esto, fácilmente hubieran podido salir los líderes judíos a desmentirlo:
NO, nosotros no hemos dicho eso sino esto otro. Entonces el hecho de que aun así lo haya registrado es un importante punto a favor de la fiabilidad histórica del relato

M. P. Speidel, Guards of the Roman Armies, Ed. Habelt, Bonn, 1978

John Stott, Cristianismo Básico: En Quién y Por Por Qué Creemos?, Ed. Certeza, Barcelona,
1997, D. 54.

Josh McDowell, Más que un Carpintero Ed. Unilit, Miami, 1997, p. 57

Gerd Lüdemann, What Really Happened to Jesus?, Westminster John Knox Press, Kentucky

Los #siete #hábitos #diarios que propongo consisten en



El #ofrecimiento de la #mañana, la #lectura #espiritual (#Nuevo #Testamento y un #libro #espiritual #sugerido por tu #director #espiritual),el #Santo #Rosario, la Santa #Misa y #Comunión, al menos #quince #minutos de oración mental, la recitación del #Ángelus al mediodía y un breve #examen de #conciencia por la #noche

Oración

Oh Dios, que nos ves desfallecer por causa de nuestra flaqueza, afiánzanos misericordiosamente en tu amor mediante los ejemplos de tus santos

Evangelio

San Mateo 16:13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Palabra del Señor