Jesucristo, causa meritoria de la gracia



—El mérito de Cristo con relación a nosotros está íntimamente ligado con su sacrificio redentor. Recordemos, siquiera sea brevísimamente, los hitos fundamentales de su satisfacción infinita, que nos mereció y restituyó la vida sobrenatural perdida por el pecado de Adán

Cristo merece no solamente para sí, sino para nosotros, con riguroso mérito de justicia: de condigno ex toto rigore iustitiae, dicen los teólogos. Ese mérito tiene su fundamento en la gracia capital de Cristo, en virtud de la cual ha sido constituido Cabeza de todo el género humano; en la libertad soberana de sus acciones todas y en el amor inefable con que aceptó su pasión para salvarnos a nosotros

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

casta et meretrix




San Ambrosio de Milán quien acuña la expresión, refiriéndose a Rahab, la ramera de Jericó que salvó de la muerte a los dos espías de Israel que Josué había mandado a la ciudad para evaluar sus defensas. Rahab los escondió en sus aposentos y, como señal de gratitud, ella y su familia salvaron la vida cuando los israelitas tomaron Jericó (Josué 2,1-21; 6,17.22-25).

Pero San Mateo, al establecer la genealogía humana de Jesús, no tiene reparo en mostrar que el Mesías, el Hijo de Dios, desciende según la carne de una cadena humana cuyos eslabones no son siempre puros y santos. Y entre estos eslabones pecadores está Rahab (Mateo 1,5-6). También el autor de la Carta a los Hebreos menciona a Rahab, de quien se alaba su fe (Hebreos 11,31) y el apóstol Santiago la menciona recordando sus obras (Santiago 2,25). Algunos autores han dudado de que se trate de la misma persona, pero ciertamente el obispo Ambrosio sí lo creía, junto con una amplia tradición

cardenal teólogo Giacomo Biffi 1996

¿Qué razones aducen los positivistas para negar la espiritualidad del alma?



Dicen ellos:

1° El alma no se ve.
2° No se comprende lo que sea una substancia espiritual.
3° El alma sufre las vicisitudes del cuerpo, envejece con él. Cuando el cerebro está enfermo, no se piensa, o se piensa mal; luego es el cerebro el que piensa.

1° El alma no se ve, porque es un espíritu, pero se le conoce por sus actos. Ella manifiesta su existencia mediante efectos sensibles, y estos efectos son tales, que exigen una causa espiritual. Los actos de la inteligencia y de la voluntad, ¿no son efectos espirituales y, por consiguiente, no reclaman una causa de la misma naturaleza? Esto es evidente.
2° No se comprende lo que sea un espíritu. Pero entonces hay que negar también la existencia de la materia, porque tampoco se la comprende.
3° El alma sufre las vicisitudes del cuerpo… Indudablemente, hay relación entre el cuerpo y el alma, y especialmente entre el cerebro y el ejercicio de la inteligencia. ¿Qué prueba esta relación? Prueba que el alma se vale del cuerpo como de un instrumento, frecuentemente necesario en la vida presente, para ejercer sus funciones; pero esto no prueba que el alma no sea distinta del cuerpo. Cuando el alma es mal servida por órganos enfermos o gastados, ¿cómo puede ejercitar toda su actividad y su energía?

Si la cuerda de un instrumento está rota o destemplada, el músico no saca de ella más que sonidos débiles o desacordes; pero esto no disminuye en nada la habilidad del artista. Muchas veces en un cuerpo débil y enfermizo se encierra un alma grande; como también muchas veces un alma mezquina anima un cuerpo robusto. Pascal emite sus pensamientos más sublimes en el momento de su muerte: y, ¿cuántos hombres debilitados por la edad, no han mostrado que un alma viril era la reina del cuerpo que animaba?

Los positivistas agregan: Cuando el cerebro está enfermo, el hombre no piensa; luego es el cerebro el que piensa. Esta es una objeción muy vieja y que ha sido refutada hace siglos. Es como si se dijera: cuando una pluma está rota, el escolar no puede escribir más; luego es la pluma la que compone los ejercicios escolares. La lengua habla; luego es ella la que hace la palabra. Los animales que tienen una lengua como nosotros, ¿hablan por ventura? Es necesario el aire para vivir, ¿luego el aire es la vida? El reloj indica la hora, ¿luego, él hace el tiempo? No hay duda de que, en la vida presente, las operaciones del cerebro son una condición para el ejercicio de la memoria y de la inteligencia, pero no es su causa.

Se necesita un cerebro para pensar, como una pluma para escribir: mas el cerebro no piensa, no es más que un instrumento de la inteligencia. El cerebro es material, y el pensamiento es espiritual; luego el cerebro no puede producir el pensamiento; de lo contrario, el efecto sería superior a la causa.

Un positivista se esforzaba en probar que el alma era materia como el cuerpo. Un sabio le contestó:“ ¡Cuánto ingenio habéis gastado, señor, para probar que sois una bestia!… Como se trata de un hecho personal os creemos bajo vuestra palabra…”

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Profecía sobre el libro El Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María



Claramente preveo que saldrán fieras espantosas que, enfurecidas, intentarán destrozar con sus diabólicos dientes este humilde escrito y a aquel de quien el Espiritu Santo se ha servido para escribirle o, que, cuando menos pretenderán encerrarle en las tinieblas y en el
silencio de un cofre, a fin de que jamás aparezca.

S. Luis M. G. de Montfort

Ahhh, pero no es un problema de gęnėrø


Como muchas prácticas culturales, las circuncisiones masculina y femenina han sido ejercidas por numerosos motivos y continuadas por la tradición, incluso cuando las razones originales habían quedado atrás. Uno de los motivos menos conocidos en el caso de la primera es el control de la sexualidad masculina. Desde la Antigüedad hasta nuestros días se ha aprobado este procedimiento para reducir el deseo sexual y canalizar las energías del varón al servicio del grupo o comunidad.

Antes de que nadie descarrile el tema con la ablación, recuerden que esta última es ilegal. La circuncisión masculina no. Lo importante aquí es que todas las personas deberían tener derecho a su integridad genital y poder decidir cuando sean adultos.

Ibn-al-Assal, teólogo copto/cristiano (1205-1265 d.C.) escribió:

Algunos médicos y distinguidos filósofos afirman que la circuncisión debilita la herramienta del placer, y que esto es unánimemente deseable [Ibn-al-Assal, vol. II, p.418-421]

¿Permanecerás callado Señor?



Acuérdate, Señor, de esta comunidad en los efectos de tu justicia: “Señor ya es hora de que actúes, porque han violado tu Ley”11. Es tiempo de hacer lo que has prometido. ¡Tu divina Ley es quebrantada! ¡Tu Evangelio ha sido abandonado! Torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a tus mismos servidores. La tierra entera está desolada12. La impiedad está sobre el trono. Tu santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo13.

¿Lo dejarás todo abandonado, Señor de la justicia, Dios de las venganzas? ¿Vendrá a ser todo, al fin, como Sodoma y Gomorra? ¿Permanecerás callado? ¿Seguirás soportándolo todo? ¿No es acaso necesario que se haga tu voluntad en la tierra como en el Cielo, y que venga tu reino? ¿No has mostrado de antemano a algunos de tus amigos una renovación futura de tu Iglesia?

¿No han de convertirse los judíos a la verdad? ¿No es esto lo que espera la Iglesia? ¡No te piden a gritos todos los santos el Cielo? ¡Justicia! “¡Venganza!”?14 ¡No te dicen todos los justos de la tierra: “Sí, ven, Señor”?15 Las creaturas todas, aún las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden tu venida para restaurar todas las cosas: “La creación entera gime”16

(11) Sal 118,126. (12) Jer 12,11. (13) Dan 9,27; Mt 24,15; Mc 13,14.(14) Ap 6,10. Sodoma, Gomorra y Babilonia (Gén 13,13; Ap 17,5; Is 13,19; Gén 18,26; 19,24) son el símbolo de la corrupción, porque en ellas había mucho vicio. Sodoma y Gomorra se encontraban al sur del Mar Muerto, y Babilonia era la capital de Mesopotamia. (15) Ap 22,20. (16) Rom 8,22.

Súplica ardiente para pedir misioneros (S. Luis M. G. de Montfort)

Todo para Dios



Evangelio según san Mateo, 6: 1- 1 «Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos de ellos. De otra manera no tendréis galardón de vuestro Padre, que está en los cielos». (v. 1)

Por estas palabras: «Para que seáis vistos por ellos», no añadiendo nada, se evidencia que en esto prohibió que pongamos en ello el fin de nuestro propósito, porque el Apóstol dice a los fieles de Galacia: «Si yo me dedicase a agradar a los hombres, no podría ser siervo de Dios» ( Gál 1,10 ). En otro lugar dice a los fieles de Corinto: «Yo agrado a todos en todas las cosas» ( 1Cor 10,33 ); lo cual no hace por agradar a los hombres sino por agradar a Dios, a cuyo amor quería convertir los corazones de los hombres, que es lo que buscaba, agradándoles así, como significaría decir: «En los trabajos con que busco la nave, no es la nave lo que busco, sino la patria»

San Agustín, de sermone Domini, 2, 1

Eran simples alucinaciones



No hubo tal cosa como una resurrección real sino que los discípulos, por causa del estado psicológico en que se encontraban luego de la muerte de su maestro, alucinaron que este había resucitado y por ello empezaron su predicación

Respuesta: Esta es la llamada teoría de la alucinación cuyo principal defensor en la actualidad es el crítico alemán del Nuevo Testamento Gerd Lüdemann. De acuerdo con esta teoría Jesús no resucitó realmente de entre los muertos sino que los discípulos alucinaron ello. De este modo, tomaron como real algo que solo era ficticio e iniciaron el movimiento cristiano en base a dicha alucinación. Aparentemente esta teoría es bastante consistente. Sin embargo, luego de un análisis más detallado, uno puede darse fácilmente cuenta de que ese no es el caso por las siguientes razones: Primero, porque esta teoría no explica el hecho de la tumba vacía. Una alucinación puede hacer que un discípulo se mueva por algún tiempo predicando a Jesucristo resucitado (aunque dudosamente lo lograría por 30 años, que es más o menos el tiempo que el apóstol Pablo estuvo predicando) pero no puede hacer nada para mover el cuerpo fuera de la tumba.

Entonces, dado que la teoría de la alucinación no puede explicar este hecho, tendríamos que postular que los apóstoles predicaban incansablemente y la gente se creía en ello masivamente ¡en un contexto en el que las autoridades judías y romanas podían fácilmente mostrar los huesos de Jesús en el sepulcro! Altamente implausible, a decir verdad. Segundo, porque no se dan en los discípulos originales las condiciones internas de la alucinación. Para que se dé una alucinación debe haber una disposición clara. Sin embargo, cuando analizamos los relatos de la resurrección nos encontramos con que faltan estos factores: las mujeres que encontraron la tumba vacía estaban inicialmente “asustadas” (cfr. Lucas 24: 4); los apóstoles consideran el testimonio de las mujeres “una locura” (Lucas 24: 11); María Magdalena cree incluso en una segunda instancia que el cuerpo de Jesús había sido robado (cfr. Juan 20: 13- 15); al ver luego a Jesús los apóstoles “se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu” (Lucas 24: 37), siendo que éste tuvo que reprenderlos “por su falta de fe y terquedad” (Marcos 16: 14); Tomás se mostró prácticamente inflexible en su incredulidad (cfr. Juan 20: 24- 25); e incluso varios días después “algunos dudaban” (Mateo 28: 17). ¿Es acaso esta la disposición de ánimo de gente que va a tener o está teniendo alucinaciones? Tercero, porque las alucinaciones solo se dan con base en lo que uno tiene en la mente y los primeros discípulos no podían creer de buenas a primeras en una resurrección como la de Jesús (es decir, una individual, gloriosa y antes del fin de los tiempos).

Y es que si bien es cierto que si escudriñamos a fondo las Escrituras judías podemos encontrar elementos que apuntan hacia la resurrección del Mesías, no hay nada suficientemente directo y explícito en ese sentido como para que asumamos tal expectativa como algo común entre los judíos “de a pie” del siglo I, y aquí debemos recordar que los apóstoles no eran rabinos expertos en las Escrituras sino hombres muy simples. De hecho, tan disonante era para ellos todo esto que aun cuando Jesús les había explicado lo concerniente a su muerte y resurrección por tercera vez “ellos no entendieron nada, ni sabían de qué les hablaba, pues eran cosas que no podían comprender” (Lucas 18: 34)

Cuarto, porque la teoría de la alucinación no se constituye como una buena explicación de otro hecho establecido como es la conversión de San Pablo. En efecto, está históricamente documentado que Pablo, como Saulo de Tarso, era un judío fanático que “perseguía a la iglesia, y entraba de casa en casa para sacar a rastras a hombres y mujeres y mandarlos a la cárcel” (Hechos 8: 3) al punto que “no dejaba de amenazar de muerte a los creyentes” y hasta “le pidió al Sumo Sacerdote cartas de autorización para ir a las sinagogas de Damasco, a buscar y llevar presos a los que seguían el Nuevo Camino” (Hechos 8: 1,2). ¿“ Nuevo Camino”? ¡¿ esa no sería una terrible herejía para Pablo, el más ortodoxo de los ortodoxos?! Es claro, pues, que él no tenía ninguna predisposición a creer en la resurrección de Cristo. Pero terminó creyendo en ella. ¿Cuál es la mejor explicación entonces? La que él mismo dio: que efectivamente se le había aparecido Jesucristo resucitado. No obstante, Gerd Lüdemann, el defensor actual de la teoría de la alucinación, argumenta que todo esto fue solo producto de la mente de Pablo por causa
de que ya se venía sintiendo insatisfecho con la ley judía y tenía una atracción secreta por el Cristianismo. Sin embargo, esta afirmación no se sostiene. En primer lugar, porque contradice el testimonio del mismo Pablo quien decía ser “irreprochable” en el cumplimiento de la ley, a la cual tenía “en mucho valor” (cfr. Filipenses 3: 6- 7).

Decimos esto porque, como se recordará, una de las reglas para el análisis de textos era que “el beneficio de la duda ha de ser dado al documento, y no debe arrogárselo el crítico para sí mismo”, siendo esto último lo que hace Lüdemann. Más aún: se evidencia claramente que su teoría sobre los sentimientos internos de Pablo no es más que una hipótesis ad hoc en tanto que, para sostenerla, se ve obligado a interpretar el pasaje de Romanos 7 como parte de la experiencia pre- cristiana de Pablo lo cual es absolutamente implausible (basta leer la carta) y, de hecho, ha sido rechazado por “prácticamente todos los académicos” desde finales de 1920.

Finalmente, quinto, porque no da razón suficiente da la diversidad de las apariciones. Dice el apologista cristiano William Lane Craig: “¿ Podría esta hipótesis ser suficiente para explicar las apariciones de la resurrección? No realmente, por la diversidad de apariciones que rebasan los límites de cualquier cosa que pueda encontrarse en los libros de casos psicológicos. Jesús se aparece no solo una vez, sino muchas veces; no en un solo lugar y circunstancias sino en una variedad de lugares y circunstancias; no solo a un individuo, sino a diferentes personas; no solo a individuos, sino a varios grupos; no solo a creyentes sino a no creyentes e incluso enemigos. Postular una reacción en cadena entre los discípulos no resuelve el problema porque gente como Santiago o Pablo no estaban en la cadena”. Por tanto, la mejor explicación sigue siendo que Jesucristo en verdad resucitó de entre los muertos.

Gerd Lüdemann, What Really Happened to Jesus?, Westminster John Knox Press, Ken-
tucky, 1995.

Hans Kessler, Sucht den Lebenden nicht beiden Toten, Ed. Echter, Würzburg, 1995, p. 423.

William Lane Craig, Reasonable Faith: Christian Truth and Apologetics, Ed. Crossway Books, Wheaton, 2008, p. 385.

Manipulación de los medios de comunicación



La Primera Guerra Mundial, como ya se ha dicho, hizo ver al mundo la importancia y la magnitud de los nuevos medios de comunicación. Esa cosa también novedosa llamada «propaganda» se transmitía por doquier a través de tales medios. Tan impresionados estaban los científicos sociales con lo que advertían que las primeras teorizaciones sobre los medios masivos concedían a estos un poder decididamente aplastante. Como Pavlov, que a través de ciertos estímulos de campana lograba que los perros sometidos a sus experimentaciones respondieran con salivación, los medios lograban también en el ser humano respuestas bien concretas a partir de una serie de estímulos cuidadosamente diseñados, entendiendo en este caso por «respuestas» no salivación, sino el cambio de valores, ideas, sentimientos, conductas, y por «estímulo» no el sonido de un campanazo, sino el mensaje enviado por el medio masivo. El 30 de octubre de 1938 tuvo lugar en Estados Unidos un episodio radiofónico que pasó a la historia, y que bien podría ser considerado con arreglo a este modelo «estímulo-respuesta» simple que, retrospectivamente, fue denominado teoría de la «bala mágica» o «aguja hipodérmica».

En efecto, aquel día el locutor Orson Welles, desde la Columbia Broadcasting System en Nueva York, interpretó junto a otros la novela británica La guerra de los mundos, informando a la población que extraterrestres provenientes de Marte habían invadido New Jersey. Unos doce millones de personas escucharon la transmisión a través de la CBS y estaciones asociadas. Muchos entraron en pánico, y las carreteras se colapsaron a causa de aquellos que buscaban huir de los marcianos.353 No obstante, no todas las personas se echaron a escapar de la supuesta invasión ovni. Este tipo de constataciones permitió, paradójicamente, mesurar un poco la noción que se tenía sobre el poder de los medios en las personas. Si había determinadas personas en las que el estímulo no generaba necesariamente la respuesta esperada, entonces debía de haber algo más entre el estímulo y la respuesta de lo cual los teóricos necesitaban dar cuenta. Por eso la teoría de la «bala mágica» o «aguja hipodérmica» se fue descartando en favor de consideraciones más complejas. El hecho es que había algo importante entre el individuo al que impacta como estímulo un mensaje y su correspondiente respuesta. Ese «algo» pronto fue divisado: para la psicología, se trataba de elementos como la personalidad, las percepciones y las actitudes, que hacían que no todos los individuos recibieran de forma idéntica un mensaje, y que ni siquiera le prestaran la misma atención o lo recordaran de la misma manera.354 Para la sociología, ese «algo» estaba compuesto por elementos como las estructuras y categorías de diferenciación social (clase, edad, religión, nación, localidad, etnia, sexo, etc.), y relaciones sociales involucradas (familiares, de amistad, laborales, etc.), responsables de formar realidades concretas que no podían dejar de considerarse a la hora de evaluar el impacto de un mensaje de un medio masivo y la respuesta suscitada en cada caso.

La idea de que no todos los individuos son iguales, sea por su estructura psicológica, sea por su adscripción a grupos sociales y relaciones específicos, interponía entre el estímulo y la respuesta una serie de factores que debían ser considerados a la hora de explicar, pero
también de promover, el poder de los medios sobre las personas. Por ello mismo en este contexto aparecen, por ejemplo, las segmentaciones de mercado y la publicidad hecha a medida tras complejos estudios de audiencia. Si los individuos no eran todos iguales, había que elaborar mensajes ad hoc para aumentar la probabilidad de que el estímulo genere la respuesta esperada. «Teorías de la influencia selectiva» fue el nombre que recibieron estas formas de concebir el poder de los medios.


«El día que Orson Welles sembró pánico con “La guerra de los mundos”». En diario ABC, España, 30 octubre 2013. Consultado en https://www.abc.es/cultura /20131030/abci-aniversario-orson-welles-guerra-201310300614.html.

*Por ejemplo, la «teoría de la inoculación» subrayó el hecho de que los individuos más educados presentaban mayor resistencia a la propaganda.

Se encontró, por ejemplo, que muchas personas no se veían directamente influidas por los medios masivos, sino por sus otros significativos que, influidos sí ellos por los medios, influían a quienes no lo estaban.

Paul Lazarsfeld, Bernard Berelson, Hazle Gaudet, El pueblo elige. Estudio del proceso de formación del voto durante una campaña presidencial (Buenos Aires: Ediciones 3, 1962).


Fotografía de un ensayo de The Mercury Theatre on the Air de CBS Radio, impresa en muchos periódicos estadounidenses después de la transmisión de «La guerra de los mundos»
Los sujetos incluyen a Orson Welles, con los brazos en alto; Bernard Herrmann, dirigiendo la orquesta de CBS Radio; el actor Ray Collins en el micrófono de CBS; Richard Wilson (camisa blanca) a su lado; William Alland a la izquierda de Wilson; y Arturo Anderson.

El epígrafe dice así:
Productor Welles—En acción
Mientras ensayaba el elenco del Mercury Theatre of the Air en la historia de H. G. Wells «War of the Worlds», el productor Orson Welles no pensó que su habilidad actoral haría que la nación entrara en pánico. Se muestra a Welles, con las manos en alto, dirigiendo a los actores que están reunidos, guiones en mano, alrededor del micrófono en primer plano. Tan realista fue la producción de Welles de la historia absolutamente imaginativa del descenso a la tierra de personas monstruosas de Marte, que los oyentes de radio desde Nueva York hasta San Francisco y desde Canadá hasta el Golfo de México creyeron que la catástrofe realmente estaba sucediendo. Muchos resultaron heridos en el pánico generalizado que siguió

Sin pecado concebida


El fundamento bíblico de este dogma de fe: la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo

La Inmaculada Concepción es un término usado para referirse al nacimiento de María exenta del pecado original. Este término no se encuentra en la Biblia, así como el término «Trinidad» no se halla en las Escrituras. Los fundamentos de esta enseñanza, sin embargo, son totalmente bíblicos.

Exodo 25, 8-16 – Con todo esto me harán un Santuario y yo habitaré en medio de ellos. En la construcción de la morada y de todo su mobiliario te ajustarás exactamente a los modelos que yo te mostraré. Tú harás un arca de madera de acacia, que deberá tener ciento veinticinco centímetros de largo por setenta y cinco de ancho y setenta y cinco de alto. La recubrirás de oro puro por dentro y por fuera y pondrás alrededor de ella, en la parte de arriba, una moldura de oro. También le harás cuatro argollas de oro fundido y se las colocarás en los cuatro extremos inferiores, dos de un lado y dos del otro. Asimismo, harás unas andas de madera de acacia, las revestirás de oro y las harás pasar por las argollas que están a los costados del arca, para poder transportarla. Las andas estarán fijas en las argollas y no serán quitadas. En el arca pondrás las tablas del testimonio que yo te daré.
La antigua Arca de la Alianza fue preparada con gran esmero y cuidado, usando materiales vírgenes siguiendo las expresas instrucciones de Dios. Como hemos visto en los capítulos anteriores, el Arca de la Alianza es una prefiguración de María. Dios no tiene ningún motivo para crear a María con menos cuidado que a aquella, su representación profética de la antigüedad. Por eso tenemos la seguridad que la gracia de Dios se manifiesta en su plenitud en María, con la perfección que el Arca antigua prefigura.
Génesis 1, 27 – Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.
Eva, la primera mujer, el arquetipo femenino del Antiguo Testamento, fue creada sin pecado original. Así también fue creada María, quien es el cumplimiento completo de ese modelo en el Nuevo Testamento como la nueva Eva. María tiene una importancia mucho mayor que Eva en la historia de la salvación y por eso Dios no le dio una forma inferior a aquella primera mujer. No es posible que el cumplimiento sea de menor calidad que su prefiguración. Tampoco se puede pensar que la «nueva arca» que daría vida humana al profetizado Emanuel estuviera manchada por el pecado original, siendo que su modelo, el Arca del Pacto, fue construída con materiales preciosos e intachables.
Lucas 1, 26-28 – Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
El ángel Gabriel alaba a María con su saludo. La palabra griega original (kejaritomene) que se traduce al castellano como «llena de gracia» y al latín como «gratia plena», significa literalmente «la que desde siempre ha estado llena de gracia, la que hoy está llena de gracia y la que por siempre estará llena de gracia», es decir describe a la mujer que ha sido perfeccionada en la gracia. Este saludo angelical no tiene precedente en las Escrituras. Nunca un ángel había honrado a alguien de esa manera. San Gabriel no hubiera usado esas palabras si María hubiese estado en un estado pecaminoso.
Lucas 1, 45-49 – ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me bendecirán, porque ha hecho en mi favor maravillas el Todopoderoso, Santo es su nombre».
María describe las bendiciones que Dios le ha dado en forma especial y personal. No habla en nombre de toda la humanidad o en nombre de los pecadores. María reconoce que Dios ha hecho con ella algo singular, único.
Apocalipsis 21, 27 Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
Esta referencia de San Juan a la santidad de la Jerusalén celestial es útil para entender que la vida humana de Jesús no puede haber sido formada dentro de una persona tocada por el pecado original. Dios simplemente no puede estar en comunión con el pecado. Esa es justamente la razón por la cual los pecadores no pueden entrar en el cielo.
Romanos 3, 10-18 – Pues ya demostramos que tanto judíos como griegos están bajo el pecado, como dice la Escritura: «No hay quien sea justo, ni siquiera uno solo. No hay un sensato, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se corrompieron; no hay quien obre el bien, no hay siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta, con su lengua urden engaños. Veneno de áspides bajo sus labios; maldición y amargura rebosa su boca. Ligeros sus pies para derramar sangre; ruina y miseria son sus caminos. El camino de la paz no lo conocieron, no hay temor de Dios ante sus ojos.»
Algunos utilizan una parte de este pasaje bíblico para intentar probar que todos los seres humanos han pecado, incluyendo a María. Pero basta una lectura detenida del contexto para darnos cuenta de que esto no puede ser interpretado universalmente. Primeramente, si esta escritura es interpretada literalmente, debemos concluir que Jesús también fue un pecador y eso sería contradictorio con el resto de las Escrituras. Lo que sí sabemos es que San Pablo está refiriéndose a los Salmos 14 y 53. En el Salmo 14 encontramos una reflexión sobre la insensatez de ignorar a Dios:
El necio se dice a sí mismo: «No hay Dios. Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien. El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios. Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo. ¿Nunca aprenderán los malvados, los que devoran a mi pueblo como si fuera pan y no invocan al Señor? Mirad cómo tiemblan de espanto, porque Dios está a favor de los justos. Vosotros os burláis de las aspiraciones del pobre, pero el Señor es su refugio. ¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo, se alegrará Jacob, se regocijará Israel.»
Es obvio que el apóstol no tiene en mente enseñar que todo ser humano creado desde los tiempos de Adán y Eva ha sido enteramente depravado, tal como enseñaron algunos seguidores de la Reforma. El salmista y el apóstol están hablando de «necios» y «malvados» que acechan al pueblo de Dios. Es claro que estos pasajes condenan a ciertos malhechores en forma específica por ser perseguidores de los justos que sirven a Dios. Es absurdo imaginar que San Pablo citó este texto con la intención de cambiar su significado, distorsionando así el sentido original de la Escritura