Biscochos en el cielo



Era jueves santo. Todas las tiendas estaban cerradas. En casa, la nevera tiritando. Ni una mísera magdalena que llevarte a la boca. No sé qué había ocurrido, pero lo cierto es que quizás por no prever lo suficiente, quizás también porque estábamos casi a fin de mes, me encontré en la hora de la merienda con seis niños y nada, nada, que darles. Por un momento me angustié. ¿Y ahora qué hago? Mientras me debatía en estas consideraciones yo seguía trabajando, recogiendo juguetes, arreglando ropa… de repente, llamaron a la puerta. Abrí. Era un vecino con una bolsa grande en la mano.
-Hola, mire, soy el vecino del segundo. Les he hecho un bizcocho a los niños, para que merienden…dijo mientras me lo entregaba. Era un señor bajito, canoso, delgado, con gafas, con un brillo de niño travieso en los ojos; ya entrado en años.
Yo le di las gracias, varias veces. Me invadió una alegría enorme. No solo porque el problema se había solucionado de una forma inverosímil, sino porque en esta situación había visto la providencia de Dios. Mi vecino, -después supe que se llamaba Juan- había sido un intermediario eficaz en esa ocasión. Me acordé de las palabras de Chesterton, cuando decía que muchas veces llamamos casualidad, a lo que es un milagro. Para mí, aquello fue un milagro.
Desde entonces, muchas veces me lo encontraba en el portal de casa, y me decía: “Voy a ayudar a mi hija, que vive aquí cerca, y después voy a llevarle unas flores a mi mujer, al cementerio”.
Y murió mi vecino Juan. Fueron cinco años de bizcochos y cordialidad. Los niños le querían mucho. El día de Reyes, subían a su casa a darle el regalo que Sus Majestades de Oriente le habían dejado en nuestra chimenea. Todos quisieron ir a su funeral. Rezaron por él, cada uno a su manera.
Me imagino su encuentro con Dios Padre:
-Juan, ¿has amado bien?
-Señor, solo he hecho bizcochos.
-Juan, pero cuánto amor has puesto en ellos… Entra, pues, en el reino preparado para ti, desde la eternidad. Y mira, allí está tu mujer, en aquel prado de flores…

Oración

Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.

Evangelio

San Mateo 11:25-30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

Cuál es la primera verdad, que ningún hombre debe ignorar?



La primera verdad que ningún hombre debe ignorar es la existencia de Dios, es decir, de un Ser eterno, necesario e infinitamente perfecto, Creador del universo espiritual y material, absoluto Señor de todas las cosas, a las que Él gobierna con su Providencia.

Esta es la verdad fundamental sobre la que descansa el edificio augusto de la religión, de la moral, de la familia y todo el orden social. Si no hay Dios, la religión es completamente inútil. La moral carece de base, si Dios, en virtud de su santidad, no establece una diferencia entre el bien y el mal; si con su autoridad suprema, no hace obligatorias las normas de esa moral, y si con su perfecta justicia no premia el bien y castiga el mal. Es imposible concebir la familia y la sociedad, sin leyes, sin deberes, sin las virtudes de la caridad, etc., y todas estas virtudes, si Dios no existiera, serían puras quimeras

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Cuando el hombre busca, Dios se acerca.



—Cuando el hombre busca, ¿qué? Pues, naturalmente, cuando el hombre busca a Dios. Pero no siempre en forma concreta y definida. A veces se busca a Dios sin saberlo, sin nombrarlo ni pensarlo. Se busca la Verdad; se busca el Bien; se busca, en fin, la Belleza infinita… Pero, como todo eso tan sólo en Dios verdaderamente se encuentra…, se busca a Dios. Pero hay que buscarlo con sinceridad, cueste lo que cueste; es decir, con sacrificio. Con una especie de comienzo a salir de si, a romper la concha esclavizadora del egoísmo. Decía Newmann que para juzgar a un alma no importa tanto ver la distancia a que se encuentra de Dios como ver la dirección que lleva. ¿Va hacia El o se aleja?… Pues si va hacia El, si le busca con sinceridad, es que Dios comienza a atraerle; es que Dios se le acerca. No otra cosa quiere decir aquella sed de que el mismo Cristo nos habla (lo. 7,37): «El que tenga sed—de cosas grandes y nobles, de Verdad, de Belleza, de Amor…—venga a mí y beba». Y bebiendo —conociéndole—creerá en mí. Y «el que cree en mí, ríos de agua viva correrán de su seno». Y esto decía, añade el evangelista, «refiriéndose al Espíritu que habrían de recibir los que creyeren en El»

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

Complicidad de la FDA



La hormona empleada es el análogo sintético GnRH, creado por el endocrinólogo Andrew Schally en 1971

Ya que se bloquean las hormonas naturales que produce el cuerpo, es necesario reemplazarlas con hormonas sintéticas (en este caso, hormonas que imitan el desarrollo del sexo opuesto). Estas hormonas sintéticas aumentan el riesgo de problemas cardíacos y la
esterilidad.

Además, el estrógeno oral, el cual se administra a varones, causa trombosis, enfermedades cardiovasculares, aumento de peso, presión alta, intolerancia a la glucosa, enfermedades de la vesícula, prolactinomas (tumores en el pecho) y cáncer de mama.

Cuando a una mujer se le administra hormonas masculinas tales como la testosterona, se afecta el colesterol, aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas, causa la intoxicación hepática y el exceso de glóbulos rojos, causa apnea del sueño (se interrumpe la respiración mientras se duerme, lo que lleva a la sofocación), causa la resistencia a la insulina y afecta el tejido ovárico, mamario y endometrio.

Aquí también es importante notar que los bloqueadores hormonales no están aprobados por la FDA (organismo que regula los medicamentos en los Estados Unidos) para este tipo de “tratamiento”. ¿Cómo se saltea el problema? Las compañías farmacéuticas simplemente evitan decir que están diseñadas para ese propósito, ya que no se ha demostrado que sean eficientes y seguras para su administración en seres humanos y la FDA no hace nada al respecto. ¿Complicidad? Ciertamente. Además, este es un gran negocio para las compañías farmacéuticas, los endocrinólogos envueltos y los médicos cirujanos que realizan las intervenciones quirúrgicas, especialmente cuando es el Estado quien paga estos tratamientos.

Cf. Hruz, Mayer, y McHugh. «Problems with Puberty Suppression», p. 17

Pablo Muñoz Iturrieta Atrapado en el cuerpo equivocado La idęolögīa de gėnērø frente a la ciencia y la filosofía

Comprende satanás, El es Dios



Evangelio según san Mateo, 4: 8- 11 Otra vez el demonio lo llevó a la cumbre de un monte elevado, y le manifestó todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: «Todas estas cosas te daré, si postrándote me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Retírate, Satanás, está escrito, pues, que adorarás al Señor tu Dios, y sólo a El servirás». Entonces lo dejó el diablo y los ángeles se aproximaron prestándole auxilios. (vv. 8- 11)

El diablo manifestó estas cosas al Señor, no porque él pudiese dilatar el espacio de su vista o enseñarle algo nuevo, sino porque quería hacer caer al Señor en el deseo de las vanidades de la pompa mundana (que él tanto amaba) sugiriéndole con palabras y mostrándoselas como algo de buena apariencia y apetecibl

Rábano

Evangelio

San Mateo 5:13-19
«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor

MASONERÍA



La consecuencia de la libertad como plena autosuficiencia y de la igualación inmanentista conduce a la proclamación de una abstracta «fraternidad» inasible, suprema expresión de los «principios humanistas» y negación de la más radical de la fraternidad cristiana fundada en la misma Encarnación de Cristo.

De ahí que el lema de la masonería deba ser dicho en el orden en el cual ha sido siempre dicho: libertad desligada primero, que conduce a la igualación (o «libertad») después y de las cuales se sigue la cosmopolita y abstracta «fraternidad». Aunque se hayan conservado los términos, nada más opuesto a la libertad cristiana, a la igualdad cristiana y a la fraternidad cristiana

ALBERTO CATÜRÉLLÍ LA IGLESIA CATÓLICA Y LA MASONERÍA Doctrina y Documentos

Nos estamos derrumbando



El derecho y la moral, después de haber echado a Dios de su campo, buscan afanosos un clavo ardiendo a que agarrarse, algo que les pueda servir de cimiento, por deleznable que sea, para substituir «al que puesto está, que es Cristo Jesús». De este modo, ¿qué tiene de extraño que nada se tenga en pie, que todo se tambalee, que todo esté en crisis en los tiempos que corremos… ? ¿No lo había anunciado ya, con mirada profética y lógica irrefragable, nuestro Donoso Cortés y el alemán Spengler, por no citar sino el primero y el último de la serie…?

Faltó la teología, faltó la fe, y faltó, consiguientemente, como el alma de la humanidad. La razón autónoma no pudo sostenerse. Se perdió el sentido de la vida y, naturalmente, el de la muerte. Y, al querer suprimir misterios, todo se convirtió en misterio; y el hombre no encuentra por todas partes, ni fuera ni dentro de sí, sino insolubles problemas. Y esa nuestra voluntad con ansias infinitas, ¿adonde se encaminará?… ¿Cerrar los ojos? ¿Dejar que la bestia impere…? Pero hay algo vivo siempre a nuestro interior que no se sacia, que no se puede saciar con lo que se sacian las bestias. «Hicístenos, Señor, para ti, decía San Agustín, y nuestro corazón no descansa mientras no descanse en ti».

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P