Relativismo Masónico anticatólico



A la luz de esta doctrina esotérica pero suficiente, se congrega esta sociedad que progresivamente se encamina hacia «la religión sobre la cual todos los hombres están de acuerdo» (James Anderson); el primitivo texto de Anderson es más claro aún: «that religión in which all men agree, leaving their particular opinión to themselves» (aquella religión en la cual todos los hombres están de acuerdo, dejando sus particulares opiniones para sí mismos)

No hay por tanto lugar para aquella Religión que ha recibido el mandato de su Fundador de «enseñar a todas las gentes» para que su Reino llegue a ellas y un Reino que no es de este mundo.

Nada ha existido más incompatible con el Catolicismo que esta doctrina.

Una sociedad así concebida ha de ser, aquí y ahora, una sociedad secreta, iniciática; requiere, pues, una iniciación progresiva o, si se quiere, unas sucesivas iniciaciones que explican la existencia de grados en los cuales el miembro de un grado inferior no tiene por qué conocer la secreta doctrina del grado superior. Inmediatamente se comprende (sobre todo si se tiene noticia de la organización de sociedades iniciáticas de la antigüedad), que el secreto es esencial a este tipo de sociedades y que semejante secreto nada tiene que ver con la reserva o el sigilo del sacerdote católico.

Mientras el sigilo sacramental o la simple reserva no sacramental en el sacerdote católico o en el laico católico es resultado de la caridad y se practica en virtud de un bien mayor, el secreto masónico es exactamente lo contradictorio; por un lado, oculta a los demás lo que aún no es conveniente saber (típico de las sociedades secretas iniciáticas) y, por otro, cubre con el velo del misterio una jerarquía que realmente existe. En el Catolicismo, por el contrario, nada hay ni puede haber oculto y sería contradictorio con él algún tipo de «iniciación» (la catequesis es para todos y cualquier masón puede ir a comprar un Catecismo, lo que le haría mucho bien); la Jerarquía es por todos conocida, pero todos asienten libremente, en cuanto han recibido la gracia de la fe, a los misterios sobrenaturales; inalcanzables por la sola razón, no son contrarios a la razón y son para todos los hombres de buena volutad. Misterios, sí, pero proclamados a todos los hombres: desde el misterio de los misterios, el de la Santísima Trinidad, hasta el de la Eucaristía que la Iglesia, un día del año, saca a las calles de los pueblos católicos para que sea adorado por todos.

De ahí que sea una astuta picardía equiparar el secreto de las deliberaciones masónicas a la reserva de las deliberaciones de la Conferencia Episcopal como hace el señor Wilson en el reportaje ya citado anteriormente. Al final de dicho artículo, en pocas palabras, en verdad se dice todo:

«A la masonería se ingresa de una sola manera, mediante la iniciación. Ella imprime un sello de especial acatamiento a nuestros principios y doctrina humanista. Otorga a cada iniciado el vínculo de la fraternidad activa de la hermandad. Quien llegue a la masonería no lo hace en función únicamente de sus ideas políticas sino con el afán de perfeccionarse…»10. En el texto (cuyos subrayados me pertenecen) se ponen de relieve la iniciación, la obediencia, el vínculo especial creado entre los hermanos y el sentido de progresión perfectiva.


ALBERTO CATÜRÉLLÍ LA IGLESIA CATÓLICA Y LA MASONERÍA Doctrina y Documentos

Cuando el hombre obedece, Dios gobierna.



—Cuando se sabe ya que Dios nos habla, con un pleno y perfecto convencimiento; que nos habla por medio de criaturas o que nos habla por sí directamente; cuando se sabe en forma vital que Dios es infinitamente sabio, infinitamente bueno, infinitamente amoroso, que infinitamente mejor que nosotros sabe el camino que tenemos que seguir para nuestro bien, entonces ¡qué fácil y qué grato es obedecer! Obedecerle a El cuando nos habla por las Sagradas Escrituras; obedecerle a El cuando nos manda por medio de sus representantes en la tierra; obedecerle a El cuando nos habla por medio de un buen libro, de un buen consejero, o aun cuando nos habla sin palabras desde lo más íntimo de nuestro ser. Y así, cuando el hombre obedece, Dios gobierna. Dios entonces nos gobierna por fuera y por dentro. Y el hombre es un fiel servidor que ejecuta en todo y con la mayor perfección posible sus sagradas órdenes. Cuando el hombre obedece, Dios gobierna

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

Ser contingente

(perspectiva existencial)

Un ser contingente es un ser que tiene la posibilidad de no- ser. En particular ésta es la definición que maneja Santo Tomás de Aquino en su formulación de la tercera vía y también la que utiliza el filósofo alemán Gottfried Leibnitz en su famosa prueba a contingencia mundi de la existencia de Dios. Incluso más, es la definición que se deriva directamente del primer gran problema filosófico que obsesionó a los filósofos griegos, a saber: el trascendental problema de la existencia del ser. ¿Por qué hay algo en lugar de nada?: he ahí una de las preguntas más profundas y sublimes de toda la filosofía. Primero se hace desde el asombro, luego desde la angustia… y luego siguen varios estados de ánimo. Pero no podemos eludirla. Tal vez en algún momento la dejemos de lado. Pero, no lo dudemos, volverá. Tal vez la forma más directa (y problemática) de formularnos esta cuestión es aplicándola a nosotros mismos: “Existo, bien. Pero podría no haber existido. Mis padres pudieron no haberse conocido. O pude no haber nacido. O podría existir otro en lugar mío. ¿Por qué existo, entonces?”. Nos damos cuenta, pues, de que, aunque existimos realmente, no existimos necesariamente. No tenemos en nosotros mismos la razón suficiente de nuestro ser. Por tanto, requerimos de otro para existir. En otras palabras, somos contingentes.

Y lo mismo puede aplicarse para el universo: “Existe, de acuerdo. Pero podría no haber existido. Podría no haberse dado el Big Bang, con lo cual no hubiera nacido. O podría haber llegado ya a su equilibrio termodinámico con lo cual, aunque hubiera nacido, ya estaría muerto. O podría existir otro universo en lugar de él. ¿Por qué existe entonces?”. Es claro, pues, que incluso el universo en su conjunto existiendo tiene la posibilidad de no- existir, es decir, es contingente.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Ofensas a Dios



Evangelio según san Mateo, 4: 8- 11 Otra vez el demonio lo llevó a la cumbre de un monte elevado, y le manifestó todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: «Todas estas cosas te daré, si postrándote me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Retírate, Satanás, está escrito, pues, que adorarás al Señor tu Dios, y sólo a El servirás». Entonces lo dejó el diablo y los ángeles se aproximaron prestándole auxilios. (vv. 8- 11)

Debe observarse que se cometió una grave injuria a Jesucristo cuando fue tentado por el demonio y éste le dijo: «Si eres Hijo de Dios arrójate al abismo». Pero no se turbó ni increpó a su enemigo, mas cuando el demonio le quiso usurpar el honor de ser Dios, indignado lo rechazó diciéndole: «Retírate, Satanás», para que nosotros aprendamos en El a sufrir las injurias de una manera digna, pero que no consintamos que lleguen ni aun al oído las injurias contra Dios. Porque es muy laudable que cada uno sufra con resignación las propias injurias, pero tolerar las injurias del Señor es hasta impío

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Brilláis como lumbreras del mundo,
manteniendo firme la palabra de la vida.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Lc 6, 39-45.

De lo que rebosa el corazón habla la boca.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.


EN aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca».

Palabra del Señor

El laicismo como actitud radical



Es, pues, perfectamente lógico que una visión del mundo que supone la plena autosuficiencia del hombre sea el basamento de un laicismo radical. La sociedad no es concebida como un corpus orgánico sino como el resultado de un acto volitivo (pacto); de ahí que se afirme como un postulado, casi como un primer principio, la libertad absoluta del individuo, el «libre pensamiento» y la «moral independiente», desligados de todo absoluto personal.

Este es el primer paso del laicismo que conduce, por un lado, al teísmo y, por otro, a una Religión de la Irreligión que el P. Emonet llama «el laicismo obligatorio»

Este laicismo radical que supone la plena autosuficiencia del hambre, en el orden político social postula, un Estado (allende las formas políticas que pudiere adoptar) por completo secularista; pone en el pueblo el origen del poder, postula el divorcio vincular, la disolución de la familia y el aniquilamiento de la autoridad del padre de familia

Como lo ha puesto de manifiesto el ya citado Emonet, el Estado sin Dios (aunque los individuos sigan creyendo en El) equivale a una sociedad que, como tal, rechaza a Dios y, poco a poco, conduce al ateísmo personal; todo lo cual deriva a la educación que ha de ser «gratuita», «laica» y «obligatoria» como postula la ley 1420, de evidente inspiración masónica. De ahí que la «tolerancia» y la equidistancia de aquellos «principios humanistas» que sostiene la masonería no sean ni tan tolerantes ni tan equidistantes y, en el fondo, enmascaran una hipocresía táctica

Cf. Dolhagaray, B., ‘Francmaconnerie»; Dict. de Tel. Cath., vol. VI, col. 722-31.

Cuando el hombre escucha, Dios habla



—Difícil es al hombre escuchar a un semejante suyo. Lo más difícil de la conversación es precisamente saber escuchar. Pero escuchar a Dios es mucho más difícil todavía. Vivimos entre una serie de ruidos infinitos; ruidos, digámoslo así, por fuera y por dentro. Por fuera, las ininterrumpidas impresiones de las criaturas a través de nuestros sentidos externos. Por dentro, los ruidos almacenados en nuestros sentidos internos, que aprovechan cualquier momento de silencio y calma exterior para ensordecernos y aturdimos.

Y así no se puede oír la voz de Dios. Porque la voz de Dios es dulce y suave. Dios «no clama ni deja oír su voz por defuera, ni se puede percibir esa voz en las plazas públicas ni entre el ruido del mundo» (Mt. 12,19). Por eso, cuando quiere Dios hablar a un alma, «la lleva a la soledad y le habla al corazón» (Os. 2,14).

Y cuando de esa manera habla a un alma, como el esposo a la esposa, nadie más percibe lo que dice; y sólo al alma que por esposa se le da comienza a hablarle de ese modo. Pero el alma que ha llegado a oír le respuesta (el llamamiento de Dios), le busca en la soledad y quiere seguirle oyendo, y escucha; y pone en este escuchar suplicante todos sus sentidos. Es decir: el alma ora. Y si supo aprovecharse de todo lo que Dios le dijo por mensajeros, a los que nos hemos referido antes («multifariam multisque modis olim Deus loquens patribus…»), ahora, cuando ya los mensajeros (criaturas) no le saben decir más, ahora es cuando muy en el fondo de sí misma siente a Dios, que le dice: «Aquí estoy». Y Dios comienza a hablarle. Y, al comenzar este diálogo, todavía el alma tiene cosas que preguntar; pero poco a poco las preguntas van cesando, porque ya no le queda al alma nada que decir. Y el alma se hace toda oídos. Y escucha, escucha. Y Dios habla; sólo Dios habla. El proceso de la oración es así. Al principio parece que sólo habla el alma, porque ésta no entiende bien el lenguaje de los libros, etcétera, por los cuales le habla Dios. Y ni apenas se da cuenta de que es El… Después se entabla el diálogo (vía iluminativa…). Hasta que al fin cesa de hablar el alma, para escuchar tan sólo…, para que hable sólo Dios…

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

Osadía



Evangelio según san Mateo, 4: 8- 11 Otra vez el demonio lo llevó a la cumbre de un monte elevado, y le manifestó todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: «Todas estas cosas te daré, si postrándote me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Retírate, Satanás, está escrito, pues, que adorarás al Señor tu Dios, y sólo a El servirás». Entonces lo dejó el diablo y los ángeles se aproximaron prestándole auxilios. (vv. 8- 11)

Debe admirarse también la locura del demonio. Le prometía dar los reinos de la tierra a quien da a sus fieles los reinos del cielo y la gloria mundana a quien es Señor de la gloria celestial

Remigio

“El que se humilla será ensalzado”



Un día, el abad Macario volvía del campo a su celda llevando unas hojas de palmera. En el camino, el diablo le abordó con una hoz queriéndole herir, pero no lo logró. El diablo le dijo entonces: “Macario, padezco muchos tormentos por tu causa, porque no te he podido vencer. Sin embargo, hago todo lo que tú haces: tú ayunas, y yo no como nunca; tú vigilas, y yo no duermo jamás. Hay una sola cosa en la que me puedes.” – ¿Cuál? preguntó Macario. – “Es tu humildad la que me impide vencerte.”

Oración

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume; No se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad