¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
2 vía, consideración

De acuerdo con la segunda formulación del principio de causalidad, “todo lo que comienza a existir debe tener una causa”. Pero el universo no ha comenzado a existir pues es eterno: siempre ha existido y siempre existirá. En consecuencia, no requiere de una causa. Luego, no se prueba la conclusión de la segunda vía. Respuesta: La idea de eternidad del Universo es y ha sido muy famosa entre los pensadores ateos. Por ejemplo, el filósofo materialista Friedrich Engels en su Dialéctica de la naturaleza sostenía que: “Nada es eterno, salvo la materia en eterno movimiento, en eterno cambio, y las leyes según las cuales se mueve y cambia” (18). A su vez, más cercano a nuestro tiempo, el astrofísico estadounidense Carl Sagan escribía que: “El Cosmos es todo lo que es, fue o será jamás” (19). Ahora bien: ¿será verdad que la pretendida “eternidad” del universo hace innecesario que este tenga una causa? No, de ningún modo. Y es que incluso si aceptásemos que el universo siempre ha existido es necesario que le postulemos una causa porque es esencialmente contingente y, como habíamos dicho en la primera formulación del principio de causalidad, todo lo contingente debe tener una causa. Esto lo había entendido muy bien Santo Tomás de Aquino cuando en su opúsculo Sobre la Eternidad del Mundo, Contra los Murmurantes sostuvo que el problema de la creación (causación) del universo no se identifica necesariamente con el de su origen temporal ya que, incluso si ha existido siempre, por causa de su contingencia era necesario que sea ontológicamente causado y sostenido por el Ser Subsistente, es decir, Dios. Así, “si se entendiese que al margen de Dios el mundo podría haber existido siempre, como siendo algo eterno aparte de Él, no hecho por Él, se trataría de un error abominable, no sólo en la fe, sino también para los filósofos, los cuales afirman y prueban que todo lo que es, de cualquier modo que sea, no hubiese podido existir, sino causado por Aquél que en grado absoluto y verdadero tiene el ser”

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Oración

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por Jesucristo nuestro Señor

Evangelio

San Marcos 5:1-20
Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con fuerte voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.» Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.» Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.» Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan junto a Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.» Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

Palabra del Señor

Santo Sacrificio de la Misa


La Santa Misa es superior a todas las demás devociones. El que la abandona, pronto seca en sí las fuentes de la piedad. Así como el sol vivifica todas las plantas, así también la Misa da mayor mérito a todas las obras. El sol de por sí es más luminoso y más útil a la tierra que los demás planetas juntos: así mismo, la Misa es más agradable a Dios, más provechosa para vosotros, más saludable para el mundo y más benéfica para las almas del Purgatorio, que todos los demás méritos de vuestro día. En el Santo Sacrificio en efecto, rendís a Dios un homenaje digno de Él y le procuráis un gozo incomparable
Eligio Libro XXXIV c XXII
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El deseo de la vida eterna, y los grandes bienes prometidos a los que luchan por ganarla

Otros serán grandes en recibir alabanzas humanas; de tí no se dirá nada

A otros les darán varios cargos, a ti no te creerán bueno para nada. La naturaleza se contristará algunas veces por eso, y ya será mucho si en el silencio lo puedes sufrir

Esas pruebas y otras parecidas suele sufrir el siervo de Dios, a fin de que se vea cuánta abnegación tiene, y si en todo acepta la voluntad de Dios

Apenas si hay cosa para la que necesites mortificarte tanto como para ver y sufrir lo que tu voluntad contraríe; sobre todo cuando te manden hacer cosas molestas y que te parecen de poca utilidad.

Como no te atreves a resistir al superior, pues bajo su mando vives, duro te parece mover al arbitro de la voluntad ajena y renunciar en todo al propio parecer

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Providas Romanorum


Sin embargo, para que no se pudiera decir que imprudentemente habíamos omitido algo, para eliminar fácilmente los pretextos de calumnias mentirosas y callarles la boca; Habiendo escuchado primero el consejo de algunos de nuestros Venerables Hermanos Cardenales de la Santa Iglesia Romana, hemos decretado confirmar la misma Constitución de Nuestro Predecesor, palabra por palabra, como se informó anteriormente en una forma específica, que se considera la más amplia y la más eficaz de todas: Confirmamos, validamos, renovamos y queremos y decretamos que tenga perpetua fuerza y ​​eficacia para Nuestra ciencia segura, en la plenitud de Nuestra autoridad apostólica, según el tenor de la misma Constitución, en todo respecto, como si hubiera sido promulgada con Nuestro motu proprio .y con Nuestra autoridad, y había sido publicado por primera vez por Nosotros.
7. En verdad, entre las gravísimas razones de las referidas prohibiciones y condenas expresadas en la citada Constitución, hay una, en virtud de la cual los hombres de cualquier religión y secta pueden unirse mutuamente en tales Sociedades y Conventos; está claro qué daño se puede hacer a la pureza de la religión católica. La segunda razón es la estricta e impenetrable promesa de secreto, en virtud de la cual se oculta lo que se hace en estas reuniones, a lo que se puede aplicar la frase que Cecilio Natale, en Minucio Felice, adujo en una causa muy diferente: » El honesto las cosas siempre aman la luz pública; la maldad es secreta ” .La tercera razón es el juramento con que se comprometen a observar inviolablemente este secreto, como si fuera lícito a alguien, cuestionado por poder legítimo, con la excusa de alguna promesa o juramento sustraerse a la obligación de confesar todo lo que se pretende. saber si en tales Conventos se hace algo contrario a la estabilidad ya las leyes de la Religión y de la República. La cuarta razón es que estas Sociedades se oponen a las Sanciones Civiles no menos que a los Cánones, teniendo en cuenta, en efecto, que en el Derecho Civil están prohibidos todos los Colegios y reuniones constituidos sin autoridad pública, tal como se establece en las Pandectas (libro 47, título 22, De collegiis et corporibus ilictiis), y en la célebre carta (n. 97 del libro 10) de C. Plinio Cecilio, quien informa que estaba prohibido por su Edicto, según mandato del Emperador, que se celebraran los Aetheries, es decir, que podían existir y reunirse Sociedades y reuniones sin la autorización del Príncipe. La quinta razón es que en muchos países las mencionadas Sociedades y Agregaciones ya han sido proscritas y proscritas por leyes de Principio Laico. Finalmente, la última razón es que los hombres prudentes y honestos culpaban a las referidas Sociedades y Agregaciones: a su juicio, cualquiera que se uniera a ellas incurría en la acusación de depravación y perversión.
8. Por último, el mismo Predecesor en la citada Constitución exhorta a los Obispos, a los Superiores Prelados ya los demás Ordinarios de los lugares a no dejar de invocar el auxilio del brazo secular si fuere necesario para la ejecución de esta disposición.
9. Todas estas cosas, aun individualmente, no sólo son aprobadas y confirmadas por Nosotros, sino también recomendadas y ordenadas a los Superiores Eclesiásticos; pero Nosotros mismos, en deuda de la solicitud apostólica, con este presente invocamos Nuestra Carta y con profundo afecto buscamos el auxilio y auxilio de los Príncipes Católicos y de las Potestades seculares – siendo los Príncipes Supremos y Podestà mismos elegidos por Dios como defensores de la fe y protectores de la Iglesia-, por lo que les corresponde esforzarse al máximo para que las Constituciones Apostólicas tengan el debido respeto y absoluta obediencia. Esto lo trajeron a su memoria los Padres del Concilio de Trento (ses. 25, cap. 20), y mucho antes el emperador Carlomagno lo había declarado admirablemente en sus Especificaciones (tit. I, cap. 2), en las que,De ninguna manera podemos saber cómo pueden sernos fieles aquellos que se muestran infieles a Dios y desobedientes a sus sacerdotes ”. En consecuencia impuso a todos los Presidentes y Ministros de sus provincias que obligaran a todos ya los particulares a dar la debida obediencia a las leyes de la Iglesia. También impuso gravísimas penas a los que se negaban a hacer esto, añadiendo entre otras cosas: » Los que en estas cosas (lo que no sucede) fueren hallados negligentes y transgresores, sepan que no guardarán los honores en nuestro Imperio, aunque sean nuestros hijos; no tendrán cabida en Palacio, ni con nosotros ni con nuestros fieles tendrán sociedad ni comunidad, sino que pagarán la pena en la angustia y la miseria ”.
10. Queremos también que a los ejemplares de esta carta, aunque impresos, firmados por algún notario público y con el sello de una persona constituida en dignidad eclesiástica, se les dé la misma fe que se daría a la Carta si fueron exhibidos o mostrados en el original.
11. Por lo tanto, absolutamente nadie puede violar o con osadía temeraria contradecir esta página de Nuestra confirmación, innovación, aprobación, mandamiento, invocación, solicitud, decreto y voluntad. Si alguno se atrevió a tanto, sabed que incurrirá en la indignación de Dios Todopoderoso y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Dado en Roma, en Santa María la Mayor, el 18 de marzo del año de la Encarnación del Señor de 1751, año undécimo de Nuestro Pontificado
Pope Benedict XIV – Providas Romanorum, an Apostolic constitution in 1751

Zaqueo



Acercábase Jesús a Jericó, rodeado por la turba inmensa que a todas partes le seguía. Y había en esta ciudad un hombre llamado Zaqueo, que deseaba ver a Jesús; pero no alcanzaba a verle por la turba, que le envolvía, siendo como él era pequeño de estatura. Subióse entonces a un árbol que había en el camino por donde Jesús había de pasar. Zaqueo se contentaba con verle, aunque fuera un poco de lejos

Zaqueo era rico y vivía tranquilo disfrutando de sus riquezas. Era el tipo de hombre satisfecho. Y acaso su curiosidad por ver a Jesús era un poco frenada por un instintivo temor de que aquel taumaturgo, que tanto recomendaba la limonsa y el desprecio a la riqueza, condenando la injusticia de los ricos fariseos, pudiese dirigirle a él alguna palabra perturbadora de la tranquilidad de su dormida conciencia. Por eso, lo mejor era verle desde un árbol, un poco de lejos. Mas Jesús al verle, envolviéndole en una mirada de infinito amor, le dijo: «Baja del árbol, Zaqueo, que hoy quiero hospedarme en tu casa». Y bajó Zaqueo corriendo. Y, acercándose a Jesús y sintiéndose por dentro transformado y lleno de gozo, exclamó: «La mitad de mis bienes, Señor, estoy dispuesto a dar a los pobres; y si a alguno he podido defraudar, le devolveré el cuadruplo». Con sólo ponerse en la presencia del Señor y oír sus palabras, se sintió Zaqueo inundado por un torrente de luz y estremecido en oleadas de esa inefable felicidad que sólo trae consigo el verdadero amor. Y cambió súbitamente la escala de valores que en su alma tenía establecida y que informaba toda su conducta. Y comenzó a amar lo que no amaba—a Jesús y a cuanto Jesús representa…—y a despreciar lo que amaba—las riquezas, a las que dedicaba todos sus cuidados. Zaqueo es sencillamente uno más de los que el Evangelio nos presenta que al conocer a Jesús y al contacto de Jesús se transforman… para su bien, para su felicidad, para su gloria. Y para bien y felicidad y gloria de la humanidad entera. Y el Evangelio es eterno. Lo que importa hoy como ayer es que los hombres conozcan a Jesús, que se pongan en relación con El, que es Fuente de salvación y de vida

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

Enriquecimiento de la filosofía



Arnobio, en los libros publicados contra los herejes, y Lactancio, especialmente en sus instituciones divinas, se esfuerzan valerosamente por persuadir a los hombres con igual elocuencia y gallardía de la verdad de los preceptos de la sabiduría cristiana, no destruyendo la filosofía, como acostumbran los académicos[21], sino convenciendo a aquellos, en parte con sus propias armas, y en parte con las tomadas de la lucha de los filósofos entre sí[22].

Las cosas que del alma humana, de los divinos atributos y otras cuestiones de suma importancia dejaron escritas el gran Atanasio y Crisóstomo el Príncipe de los oradores, de tal manera, a juicio de todos, sobresalen, que parece no poderse añadir casi nada a su ingeniosidad y riqueza. Y para no ser pesados en enumerar cada uno de los apologistas, añadimos el catálogo de los excelsos varones de que se ha hecho mención, a Basilio el Grande y a los dos Gregorios, quienes habiendo salido de Atenas, emporio de las humanas letras, equipados abundantemente con todo el armamento de la filosofía, convirtieron aquellas mismas ciencias, que con ardoroso estudio habían adquirido, en refutar a los herejes e instruir a los cristianos. Pero a todos arrebató la gloria Agustín, quien de ingenio poderoso, e imbuido perfectamente en las ciencias sagradas y profanas, lucho acérrimamente contra todos los errores de sus tiempos con fe suma y no menor doctrina. ¿Qué punto de la filosofía no trató y, aun más, cuál no investigó diligentísimamente, ora cuando proponía a los fieles los altísimos misterios de la fe y los efendía contra los furiosos ímpetus de los adversarios, ora cuando, reducidas a la nada las fábulas de los maniqueos o académicos, colocaba sobre tierra firme los fundamentos de la humana ciencia y su estabilidad, o indagaba la razón del origen, y las causas de los males que oprimen al género humano? ¿Cuánto no discutió sutilísimamente acerca de los ángeles, del alma, de la mente humana, de la voluntad y del libre albedrío, de la religión y de la vida bienaventurada, y aun de la misma naturaleza de los cuerpos mudables? Después de este tiempo en el Oriente Juan Damasceno, siguiendo las huellas de Basilio y Gregorio de Nacianzo, y en Occidente Boecio y Anselmo, profesando las doctrinas de Agustín, enriquecieron muchísimo el patrimonio de la filosofía.

EPÍSTOLA ENCÍCLICA AETERNI PATRIS DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII SOBRE LA RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA CRISTIANA CONFORME A LA DOCTRINA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

¿Dios existe?



5 vias Santo Tomás de Aquino
2 vía, consideración

Este argumento comete una falacia de la composición, porque supone que dado que las cosas tiene causas, luego la serie de estas también la tiene, cuando un conjunto o todo no tiene por qué tener las mismas propiedades que las partes–pueden surgir en él, por ejemplo, propiedades emergentes que no tienen las partes. Luego, no se prueba la conclusión de la segunda vía. Respuesta: La idea de que la segunda vía comete una falacia de la composición porque supone que la serie de cosas tiene causa porque cada cosa tiene causa fue ya planteada por el filósofo analítico Bertrand Russell en su ya citado debate contra Federick Copleston. Dado que este último le respondió de modo muy consistentemente allí, para resolver esta objeción nos limitaremos a citar sus respuestas haciendo nuestras aclaraciones, comentarios u observaciones entre corchetes: “RUSSEL: Puedo ilustrar lo que a mi parecer es una falacia suya. Todo hombre existente tiene una madre y me parece que su argumento es que, por lo tanto, la raza humana tiene una madre, pero evidentemente la raza humana no tiene una madre: esa es una esfera lógica diferente. COPLESTON: Bien, realmente no veo ninguna paridad [con ello quiere dar a entender que el ejemplo dado por Russell no se corresponde con su enunciación del argumento tomista y que, por tanto, no comete ninguna falacia]. Si dijera ‘Todo objeto tiene una causa fenoménica; por lo tanto, toda la serie tiene una causa fenoménica’, habría una paridad [aquí con ‘causa fenoménica’ se refiere a una causa que es contingente y cae en el ámbito de la experiencia sensible]; pero no digo eso; digo: Todo objeto tiene una causa fenoménica (…) pero la serie de causas fenomenales es una explicación insuficiente de la serie [correcto: cada componente de la cadena de causalidad puede relativamente sustentar al siguiente, pero ni siquiera todos juntos pueden sustentar la totalidad de la cadena]. Por lo tanto, la serie tiene, no una causa fenoménica, sino una causa trascendente [como de todas maneras la cadena existe, dado el principio de razón suficiente, es necesario que sea explicada; pero causa de la contingencia de sus componentes, no puede ser explicada desde sí misma, es forzoso que sea explicada desde fuera, es decir, por una causa trascendente]. RUSSELL: Eso es presuponiendo siempre que no solo cada cosa particular del mundo sino el mundo en total tiene que tener una causa. No veo la razón para esa suposición. Si usted me la da, le escucharé. [Aquí Russell, dejando de lado la distinción de Copleston entre causas fenoménicas y causas trascendentes, insiste en que cae en una falacia de la composición. Sin embargo, está dispuesto a escuchar una explicación. Y Copleston se la dará]. COPLESTON: Bien, la serie de acontecimientos está causada o no está causada. [Este es un muy buen modo de plantear la cuestión. Dado el principio de tercero excluido no hay otra posibilidad: o es lo uno o es lo otro. Por otra parte, no es para nada una cuestión absurda como pretenden Russell y los filósofos analíticos ya que si lo fuera no tendría sentido que Russell haya solicitado de modo explícito una explicación al respecto a Copleston]. Si lo está, tiene que haber, evidentemente, una causa fuera de la serie [correcto: la causa de la serie no podría estar dentro de la serie porque mientras esta serie no es causada simplemente no existe]. Si no tiene causa, entonces es suficiente por sí misma, y si lo es, es lo que yo llamo necesaria. Pero no puede ser necesaria ya que cada miembro es contingente, y hemos convenido en que el total no tiene realidad aparte de sus miembros [esto es un principio ontológico fundamental e incontrovertible; y es que aquí estamos hablando del ser mismo de las cosas -que nunca puede surgir de un ‘todo’ independientemente de sus partes- y no de tal o cual propiedad física o química emergente], y por lo tanto no puede ser necesario [exacto, la suma de lo contingente jamás puede dar lo subsistente así como la suma de chocolates jamás puede darnos una oveja: no se trata de un problema de grado sino de cualidad]. Por lo tanto, no puede carecer de causa [dado que es contingente] y tiene que tener una causa [que, como hemos probado, es Dios]” (17). Queda, pues, en pie la segunda vía.

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Ayuno



Evangelio según san Mateo, 4: 1- 2 Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo, y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. (vv. 1- 2)

Y ayunó cuarenta días y cuarenta noches, para expresar la medida de nuestros ayunos. De donde se sigue que, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5