La policía en tiempos de Cristo



guardia policial judía se dividía en dos cuerpos que tenían por finalidad la tranquilidad y seguridad estatal y el cuidado de los particulares, organizados del siguiente modo: Por un lado existían los soldados romanos o la «policía extrajera»; es Flavio Josefo quien comenta que, desde la sumisión de Judea al Imperio Romano, los dominadores mantenían una legión de su ejército en Jerusalén, asentada en la ciudadela Antonia, pequeña villa situada en el ángulo noroeste de la explanada del Templo y comunicada por medio de los pórticos. Dicha legión estaba encargada de velar por la seguridad de la ciudad impidiendo que, en las grandes solemnidades religiosas (donde la masa llegaba a ser gigantesca), se levantara algún tumulto o desorden. Con este fin, una cohorte de la legión romana (alrededor de seiscientos o setecientos soldados), tomaba posición delante del pórtico del Templo, con la consiga de mantener la tranquilidad pública en manos del superior de la policía judía denominado «Capitán» o «Magistrado» del Templo (Hch. 4, 1; 5, 24).

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Javier Olivera Ravasi

Risa

Isaac se traduce risa, pero la risa de los santos no es una necia carcajada, sino un gozo racional del corazón, y aquí está el misterio de Cristo; pues así como aquél fue concedido para alegría de sus padres en la ancianidad, conociéndose que no era hijo de la naturaleza, sino de la gracia, así también Cristo fue en la plenitud de los tiempos dado a luz por una madre judía para gozo universal, éste de una Virgen y aquél de una anciana, ambas interrumpiendo las leyes de la naturaleza.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 1

Que estás en el cielo



El símbolo del cielo nos remite al misterio de la Alianza que vivimos cuando oramos al Padre. Él está en el cielo, es su morada, la Casa del Padre es, por tanto, nuestra “patria”. De la patria de la Alianza el pecado nos ha desterrado (cf Gn 3) y hacia el Padre, hacia el cielo, la conversión del corazón nos hace volver (cf Jr 3, 19-4, 1a; Lc 15, 18 21).

En Cristo se han reconciliado el cielo y la tierra (cf Is 45, 8; Sal 85, 12), porque el Hijo “ha bajado del cielo”, solo, y nos hace subir allí con Él, por medio de su Cruz, su Resurrección y su Ascensión (cf Jn 12, 32; 14, 2-3; 16, 28; 20, 17; Ef 4, 9-10; Hb 1, 3; 2, 13)

Cuando la Iglesia ora diciendo “Padre nuestro que estás en el cielo”, profesa que somos el Pueblo de Dios “sentado en el cielo, en Cristo Jesús” (Ef 2, 6), “ocultos con Cristo en Dios” (Col 3, 3), y, al mismo tiempo, “gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celestial” (2 Co 5, 2; cf Flp 3, 20; Hb 13, 14): «Los cristianos están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo» (Epistula ad Diognetum, 5, 8-9).

Oración

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas

Evangelio

San Juan 6:51-58
Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor

Abraham y Jesucristo

En cada uno de los ascendientes de Cristo no sólo debemos tener en cuenta el sentido histórico, sino el alegórico y el moral. La alegoría en lo que cada padre representa a Jesucristo, y la moralidad porque de cada uno de ellos se forma en nosotros la virtud por la significación del nombre o por el ejemplo. Así Abraham prefigura a Cristo en muchos lugares, sobre todo en el nombre, porque Abraham significa «padre de muchas gentes», y Cristo es padre de muchos fieles. Abraham, además, salió de su familia para ir a vivir en tierra extraña, y Cristo, abandonado el pueblo judío, salió a las naciones gentiles por medio de sus apóstoles

San Anselmo

El precio de un esclavo



El prendimiento de Jesús Todo estaba previsto para detener a Cristo, pero un acontecimiento inesperado cambiaría los planes: «Judas, llamado el Iscariote, uno de los doce, vino a los príncipes de los sacerdotes, para entregarles a Jesús. Y planeó con los príncipes de los sacerdotes y los magistrados cómo le entregaría. Estos al verle, se alegraron mucho y prometieron darle dinero» (Lc 22, 3-5; Mc 14, 10-11). Entonces el tiempo del prendimiento varió: y, en vez de hacerlo luego de la Pascua, pensaron que la oportunidad estaba pronta: «Ellos prometieron a Judas 30 monedas de plata, y éste se comprometió por su parte a aprovechar la primera ocasión favorable para entregar a Jesús en sus manos sin conmoción del pueblo» (cfr. Lc 22, 5-6; Mt 26, 14-16). Ahora bien, es necesario recalcar, sin temor a ser reiterativos, que desde el punto de vista jurídico, Jesucristo nunca había sido citado por el Tribunal, ni interrogado, ni oído siquiera… No había, por consiguiente, una causa stricto sensu. Es decir hasta el momento ningún acusador se había presentado y ningún testigo había declarado…

Cuanto a la noche del Jueves, sólo sus amigos sabían que Cristo pasaría la noche en el huerto, de allí que Judas abandonase rápidamente la sala del Cenáculo para concretar la entrega por treinta monedas de plata (equivalente al precio de la compra de un esclavo). Su traición consistió en dar a conocer a los judíos el lugar donde podía ser apresado sin llamar la atención, cosa que sorprendió a los sanedritas por ser amigo de Jesús y único apóstol no galileo (pues era natural de Judea)

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Javier Olivera Ravasi

Que estás en el cielo



Esta expresión bíblica no significa un lugar [“el espacio”] sino una manera de ser; no el alejamiento de Dios sino su majestad. Dios Padre no está “en esta o aquella parte”, sino “por encima de todo” lo que, acerca de la santidad divina, puede el hombre concebir. Como es tres veces Santo, está totalmente cerca del corazón humilde y contrito: «Con razón, estas palabras “Padre nuestro que estás en el Cielo” hay que entenderlas en relación al corazón de los justos en el que Dios habita como en su templo. Por eso también el que ora desea ver que reside en él Aquel a quien invoca» (San Agustín, De sermone Dominici in monte, 2, 5, 18) «El “cielo” bien podía ser también aquéllos que llevan la imagen del mundo celestial, y en los que Dios habita y se pasea» (San Cirilo de Jerusalén, Catecheses mystagogicae, 5, 11).

Oración

Sea, Señor, el mártir san Bonifacio nuestro intercesor, para que mantengamos con firmeza y profesemos con valentía, en las obras, la fe que enseñó de palabra y rubricó con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

San Marcos 12:38-44
Decía también en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Ésos tendrán una sentencia más rigurosa.» Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir

Palabra de Dios