San Juan 15:12-17 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros. Los discípulos y el mundo.
Algunos sugieren que Jesús emplea pan y vino como metáfora para explicar su inminente sacrificio. Pero, si fuera así, el pan y el vino no servirían. Estos elementos no resultan como metáfora, !porque sería el pan y el vino, y no la muerte de Cristo, la que requeriría explicación!. Las palabras de Jesús no son tanto una explicación o una enseñanza, cuando una acción, una declaración que origina lo que expresa; al igual que el «hágase la luz» o alguna de las promesas de la alianza. El discurso de Jesús no se produce después del acontecimiento, sino que origina el acontecimiento.Lo que está implícito en la Última Cena se torna explícito en el relato de Emaús , donde la presencia visible del Señor se diluye con la distribución de los trozos de pan (24, 31) ¿porqué ocurrió esto? Porque, a la luz de Lucas 22, 19, la presencia de Jesús se identificó entonces con el pan. De manera que el rey mesiánico se «dió a conocer», a los discípulos «en la fracción del pan» (24, 35). Más tarde, Lucas conecta su propia experiencia litúrgica con la Última Cena de Jesús, al incluirse Él mismo entre aquellos que se reunieron el primer día de la semana para «partir el pan» (Hechos 20, 7)De la Última Cena y de la escena de Emaús, los cristianos -a lo largo de la historia- han aprendido que el Cristo resucitado está realmente presente en el pan eucarístico que compartimos juntos.Dónde está la Eucaristía, allí está el rey. Y dónde está el Rey allí está el Reino La fe es razonable (Scott Hahn)
1 Corintios 10:12 Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.10:13 No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas.Antes bien, con la tentación, os dará modo de poderla resistir con éxito
Escribió el Evangelio para los judíos, para quienes hubiera estado de más exponer la naturaleza de la divinidad que ya conocían, pero les era necesario que se les manifestase el misterio de la encarnación. Juan escribió el Evangelio para los gentiles que no sabían si Dios tenía un Hijo y fue por ello preciso primero enseñarles que hay un Hijo de Dios, que es Dios, y luego que este Hijo de Dios tomó carne
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 1
Cuando ha llegado su hora, Jesús ora al Padre (cf Jn 17). Su oración, la más larga transmitida por el Evangelio, abarca toda la Economía de la creación y de la salvación, así como su Muerte y su Resurrección. Al igual que la Pascua de Jesús, sucedida “una vez por todas”, permanece siempre actual, de la misma manera la oración de la Hora de Jesús sigue presente en la Liturgia de la Iglesia
Aleluya, aleluya, aleluya. Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Jn 15, 9-11.
Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud.
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».
Si la promesa de Jesús es el marco del relato, el punto focal es el así llamado «relato de la institución». Las palabras de la institución son ciertamente extrañas, aunque los cristianos nos hemos acostumbrado a ellas a lo largo de estos dos milenios, Jesús, el rey y el ungido, se identifica a sí mismo con el pan partido y con el vino: «Esto es mi cuerpo… este cáliz es la nueva alianza en mi sangre» (Lucas 22, 19-20). Luego, en el relato de Lucas y Pablo, se recoge el mandato de Jesús de reiterar esta comida «en conmemoración» suya. Este mandato hace del pasaje el relato de la última comida de Jesús antes de su muerte. Pero Jesús manda a los apóstoles que repitan la cena cuando Él ya no esté visiblemente presente. Y así, la narración de la Última Cena se convierte en el relato fundacional para la actuación de la Iglesia, como vemos en los Hechos de los Apóstoles (2, 42, 46; 20, 7, 11;27, 35)
3:57 Todas las obras del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:58 Ángeles del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:59 Cielos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:60 Todas las aguas celestes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:61 Todas los ejércitos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:62 Sol y luna, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:63 Estrellas celestes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:64 Lluvia y rocío, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:65 Todos los vientos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:66 Fuego y calor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:67 Frío y borchorno, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:68 Rocíos y nevadas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:69 Hielo y frío, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:70 Escarchas y nieves, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:71 Noches y días, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:72 Luz y oscuridad, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:73 Relámpagos y nubes, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:74 Bendiga la tierra al Señor, que lo alabe y lo ensalce por los siglos.3:75 Montes y colinas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:76 Plantas de la tierra, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:77 Manantiales, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:78 Mares y ríos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:79 Cetáceos y seres acuáticos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:80 Todas las aves del cielo, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:81 Todas las bestias y ganados, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:82 Seres humanos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:83 Israelitas, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:84 Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:85 Siervos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:86 Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:87 Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos.3:88 Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo por los siglos. Porque él nos ha rescatado del abismo, nos ha salvado del poder de la muerte, nos ha sacado del horno de llama ardiente, nos ha sacado de en medio del fuego.3:89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque su misericordia perdura por los siglos.3:90 Todos los que adoráis al Señor, bendecid al Dios de los dioses, alabadlo y dadle gracias, porque su misericordia perdura por los siglos.»
8:18 Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros.8:19 Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios.8:20 La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza 8:21 de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios