¡Este es el día que ha hecho el Señor, exultemos y gocémonos en él! (Sal 118, 24). El día de la Resurrección: la nueva creación
Jesús resucitó de entre los muertos “el primer día de la semana” (Mt 28, 1; Mc 16, 2; Lc 24, 1; Jn 20, 1). En cuanto es el “primer día”, el día de la Resurrección de Cristo recuerda la primera creación. En cuanto es el “octavo día”, que sigue al sábado (cf Mc 16, 1; Mt 28, 1), significa la nueva creación inaugurada con la resurrección de Cristo.
Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas, el día del Señor (Hè kyriakè hèmera, dies dominica), el “domingo”:
«Nos reunimos todos el día del sol porque es el primer día [después del sábado judío, pero también el primer día], en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó al mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos» (San Justino, Apologia, 1,67).
Aleluya, aleluya, aleluya. Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Jn 15, 18-21.
No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».
Señor, Dios nuestro, que en la humildad y sencillez de san Isidro labrador nos dejaste un ejemplo de vida escondida en ti, con Cristo; concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea al mismo tiempo plegaria de alabanza a tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor
Aleluya, aleluya, aleluya. A vosotros os llamo amigos –dice el Señor–, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Jn 15, 12-17.
Esto os mando: que os améis unos a otros.
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».
La acción de Dios es el modelo de la acción humana. Si Dios “tomó respiro” el día séptimo (Ex 31, 17), también el hombre debe “descansar” y hacer que los demás, sobre todo los pobres, “recobren aliento” (Ex 23, 12). El sábado interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro. Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero (cf Ne 13, 15-22; 2Cro 36, 21)
El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día (cf Mc 1, 21; Jn 9, 16), sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27). Con compasión, Cristo proclama que “es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla” (Mc 3, 4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios (cf Mt 12, 5; Jn 7, 23) “El Hijo del hombre es Señor del sábado” (Mc 2, 28).
Oh Dios, que quisiste agregar a san Matías al colegio de los apóstoles; concédenos, por sus ruegos, que podamos alegrarnos de tu predilección y ser contados entre tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Yo os he elegido del mundo —dice el Señor—, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO Jn 15,9-17.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido.
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».
Era, entre los antiguos romanos, un pañuelo destinado a secar el sudor y se llevaba en el brazo izquierdo. El manípulo es el ornamento en forma de pañuelo o estola pequeña, que los clérigos pueden usar sujeto al antebrazo izquierdo sobre la manga del alba. Parece que su origen está en la antigua Roma, donde los altos cargos del Estado llevaban un pañuelo como objeto de etiqueta en ciertos vestidos de gala, y lo sostenían en la mano o lo ataban al vestido. También usaban ese pañuelo al presidir los juegos públicos para lanzarlo como señal de su comienzo. El papa Silvestre concedió su uso a los diáconos romanos para el servicio litúrgico, para portarlo en la mano derecha. Con éste, los ministros se limpiaban el sudor y enjugaban sus lágrimas durante la Misa. Con la expansión del rito de la Diócesis de Roma a otros lugares, se extendió su uso, a la par de que poco a poco, doblado sobre sí mismo, fue adquiriendo la forma de banda larga y estrecha, adornado con flecos en los dos extremos, enriquecido con hilos y bordados de oro, hasta que hacia finales del siglo XIV, ya había adquirido la forma definitiva: un estrecha banda de tela de la misma hechura que la estola y la casulla. Al no haber referencia de él en la Instrucción General del Misal Romano expedido en 1969, cayó en desuso, aunque jamás ha sido expresamente prohibido. Por eso hay quien lo usa en la forma ordinaria. El manípulo debe ser del color litúrgico del día, y tener en su centro una cruz, que ha de besar el que lo lleva, tanto antes de ponérselo como al momento de quitárselo. Ordinariamente también suele colocarse una cruz a cada extremo, aunque no está propiamente mandado. El manípulo puede ser usado por el subdiácono, el diácono, el presbítero y el obispo. Si un clérigo de alguna orden menor hace de subdiácono, éste no lo utiliza. Únicamente debe de ser usado durante la Misa y, enel caso del sacerdote, solo cuando viste la casulla. De esta forma, mientras lleva la capa pluvial en el rito de aspersión, no usa el manipulo. Asimismo, cuando hay otra celebración antes de la Misa, no se pone hasta que aquella empieza, y si una celebración sigue inmediatamente a la Misa, hay que quitárselo previamente. En el caso del obispo, se lo pone hasta después del Confiteor que, conforme al antiguo uso, era cuando se levantaba la casulla sobre los brazos. No obstante lo anterior, también se usa el manípulo en la epístola y el Evangelio de la bendición de Ramos, en el Exultet de la Vigilia Pascual, y en la Celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo, aunque debe de retirarse para la adoración de la cruz del viernes santo Al revestirse el manípulo, el clérigo dice la siguiente oración: ““Merear, Domine, portare manipulum fletus et doloris; ut cum exsultatione recipiam mercedem laboris. Amen.”, que puede traducirse como “Merezca Señor, llevar el manipulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegria el premio de mis trabajos. Amen.” Con esa oración, el manípulo nos recuerda las buenas obras y que los trabajos y el dolor ofrecidos a Dios serán espléndidamente recompensados con haces de frutos y ricos dones, en recuerdo de la Pasión, el manípulo representa las ataduras con que fueron ceñidas las manos de Nuestro Señor al ser azotado Significa la soga con que fue atado Jesús a la columna; la compunción del corazón y la paciencia en los trabajos de la vida presente, con la esperanza de la futura gloria. Es signo del servicio sacerdotal. Espiritualmente nos recuerda las buenas obras y que los trabajos y el dolor ofrecidos a Dios serán espléndidamente recompensados. La oración que el sacerdote pronuncia al ponérselo es: Merezca, Señor, llevar el manípulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos. El manípulo significa las ataduras de las manos al ser azotado Nuestro Señor.