Categoría: Salvador

Sobre el Santo Sacrificio


La Misa, es una embajada cotidiana enviada a la Santísima Trinidad, para poner a sus pies un obsequio de inestimable valor, por el cual reconocemos su soberanía y manifestamos nuestra sumisión. La vida y la muerte del Salvador le son ofrecidas cada día. Es el tributo diario que le paga la Iglesia militante, con la cooperación de la Iglesia triunfante; es el homenaje por el cual son honrados por toda criatura su soberano poder, su sabiduría y su bondad
Marchant, Candel Myst T. IV, lect 19
Seminario Nuestra Señora de Guadalupe

Santo Sacrificio de la Misa


La Sangre que salió del costado del Salvador, está en el cáliz; y está en él para ser ofrecida una vez más por la remisión de los pecados, como lo indican las palabras de la Consagración
ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR MUCHOS OTROS, PARA LA REMISIÓN DE LOS PECADOS
El Sacerdote las repite por orden del mismo Salvador, no como si quisiese relatar lo que Jesús dijo sobre el cáliz, sino para realizar y afirmar el hecho, de que el vino se convierte verdaderamente en la Preciosa Sangre derramada por la redención de los hombres

Símbolos cristianos

El ancla es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el puerto de la eternidad

La oración a Jesús



Pero el Nombre que todo lo contiene es aquel que el Hijo de Dios recibe en su encarnación: JESÚS. El nombre divino es inefable para los labios humanos (cf Ex 3, 14; 33, 19-23), pero el Verbo de Dios, al asumir nuestra humanidad, nos lo entrega y nosotros podemos invocarlo: “Jesús”, “YHVH salva” (cf Mt 1, 21). El Nombre de Jesús contiene todo: Dios y el hombre y toda la Economía de la creación y de la salvación. Decir “Jesús” es invocarlo desde nuestro propio corazón. Su Nombre es el único que contiene la presencia que significa. Jesús es el resucitado, y cualquiera que invoque su Nombre acoge al Hijo de Dios que le amó y se entregó por él (cf Rm 10, 13; Hch 2, 21; 3, 15-16; Ga 2, 20).

La oración a Jesús



La oración de la Iglesia, alimentada por la palabra de Dios y por la celebración de la liturgia, nos enseña a orar al Señor Jesús. Aunque esté dirigida sobre todo al Padre, en todas las tradiciones litúrgicas incluye formas de oración dirigidas a Cristo. Algunos salmos, según su actualización en la Oración de la Iglesia, y el Nuevo Testamento ponen en nuestros labios y graban en nuestros corazones las invocaciones de esta oración a Cristo: Hijo de Dios, Verbo de Dios, Señor, Salvador, Cordero de Dios, Rey, Hijo amado, Hijo de la Virgen, Buen Pastor, Vida nuestra, nuestra Luz, nuestra Esperanza, Resurrección nuestra, Amigo de los hombres