Oración

Yo, cuando sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí

Evangelio

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO
Jn 7, 1-2.10. 25-30.

Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor

¿Hay realmente ateos?



Se dicen ateos aquellos que niegan la existencia de Dios. Se clasifican en tres categorías. Los ateos prácticos, que se portan como si Dios no existiera. Los ateos de corazón, que querrían que Dios no existiera, a fin de poder entregarse libremente a sus pasiones. Los ateos de espíritu, aquellos que, engañados por sofismas, creen que no hay Dios.

Hay por desgracia, un número demasiado crecido de ateos prácticos que viven sin Dios, y no le rinden homenaje alguno.

Hay también, para vergüenza del género humano, ateos de corazón, que desean que no haya Dios, que así se atreven a decirlo y a escribirlo en sus libros y en los periódicos, porque temen a un Dios que castiga el mal.

Pero no existen verdaderos ateos que nieguen a sangre fría y con convicción la existencia de Dios.

Solamente el corazón del insensato es el que desea que Dios no exista: Dijo el necio en su corazón, no en su inteligencia: ¡Dios no existe!

Las principales causas productoras del ateísmo son:

1°, el orgullo, que obscurece la razón;
2°, la corrupción del corazón, al que molesta y espanta la existencia de Dios. Un día le dijeron a un hombre de ingenio: – ¿Cuál es la causa de que haya ateos? – La cosa en muy fácil de explicar, contestó; para hacer un civet 1 , toma una liebre, dice la cocinera perfecta; para hacer un individuo que niegue la existencia de Dios, toma una conciencia y mánchala con tantos crímenes que no pueda ya con templarse a sí misma sin exclamar: “¡Ay de mi, si Dios existe!” Ahí tienes el secreto del ateísmo.

Los que creen o aparentan no creer en Dios son, por regla general pobres ignorantes que no han estudiado nunca la religión; o gente malvada, orgullosos, ladrones, libertinos, interesados en que Dios no exista para que no los castigue según lo merecen. Dios es una pesadilla de los malhechores, mucho más odiosa que la policía, y su existencia se niega para andar con mayor libertad… “Yo quisiera ver, dice La Bruyere, a un hombre sobrio, moderado, casto y justo, negando la existencia de Dios; ese hombre, por lo menos hablaría sin interés; pero un individuo así no se encuentra”. – Tened a vuestras almas en estado de desear que Dios exista, y no dudaréis nunca de Él. – J. J. ROUSSEAU.

1 Salsa hecha con carne de liebre.

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

La corrupción de las costumbres privadas y públicas



Destruidos estos principios, que son como la base del orden natural, importantísimos para la con ducta racional y práctica de la vida, fácilmente apa recen cuáles han de ser las costumbres públicas y privadas. Nada decimos de las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial gracia y don de Dios, de las cuales por fuerza no ha de quedar vestigio en los que desprecian por des conocidas la redención del género humano, la gracia divina, los Sacramentos, la felicidad que se ha de alcanzar en el cielo. Hablamos de las obligaciones que se deducen de la probidad natural.

Un Dios creador del mundo y su próvido gobernador; una ley eterna que manda conservar el orden natural y veda el perturbarlo, un fin último del hombre y mucho más excelso que todas las cosas humanas y más allá de esta mansión terrestre: éstos son los principios y fuentes de toda honestidad y justicia, y suprimidos éstos, como suelen hacerlo naturalistas y masones, falta inmediatamente todo fundamento y la defensa a la ciencia de lo justo y de lo injusto. Y en efecto, la única, educación que a los masones agrada, con que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llaman laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa.

Pero cuan escasa sea ésta, cuan falta, de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos fru tos que ya se ven en parte; como que en donde quie ra que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, suplantando a la, educación cristiana, pron tamente se han visto desaparecer la honradez y la integridad, tomar cuerpo las opiniones más monstruo sas y subir a alto nivel la audacia, en los crímenes. Públicamente se lamenta y deplora todo esto, y esto se atestigua por no pocos de los que, aunque no quieran hacerlo de modo alguno, no es raro que se vean forzados a ello por la evidencia de la verdad.

ALBERTO CATÜRÉLLÍ LA IGLESIA CATÓLICA Y LA MASONERÍA Doctrina y Documentos

Jesucristo, causa meritoria de la gracia



—El mérito de Cristo con relación a nosotros está íntimamente ligado con su sacrificio redentor. Recordemos, siquiera sea brevísimamente, los hitos fundamentales de su satisfacción infinita, que nos mereció y restituyó la vida sobrenatural perdida por el pecado de Adán

1) Imposibilidad para el linaje humano de satisfacer condignamente el pecado de Adán. Dios podía, si así lo hubiera querido, condonar graciosamente la deuda. Pero si exigía una satisfacción rigurosa, ad aequalitatem, la impotencia de todo el género humano era total y absoluta, habida cuenta de la distancia infinita que separa al hombre de Dios. Sólo un Dios hecho hombre podría salvar ese abismo infinito y ofrecer a la justicia divina una satisfacción plena y exhaustiva. En este supuesto, la encarnación del Verbo era absolutamente necesaria para la redención del género humano 14.

2) «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (lo. 1,14). Y al juntarse en Cristo las dos naturalezas, divina y humana, bajo una sola personalidad divina—la del Verbo—, todas sus acciones tenían un valor absolutamente infinito. Con la más ligera sonrisa de sus labios, con una simple aspiración brotada de su Corazón divino, hubiera podido Jesús redimir millones de mundos. Sin embargo, de hecho, la redención no se obró sino por el sacrificio de la cruz. Plugo así al Eterno Padre por designio inescrutable de su divina Providencia. Los teólogos se esforzarán en señalar sus conveniencias, pero su fondo último permanece absolutamente misterioso y oculto a nuestras miradas.

3) Cristo merece no solamente para sí, sino para nosotros, con riguroso mérito de justicia: de condigno ex toto rigore iustitiae, dicen los teólogos. Ese mérito tiene su fundamento en la gracia capital de Cristo, en virtud de la cual ha sido constituido Cabeza de todo el género humano; en la libertad soberana de sus acciones todas y en el amor inefable con que aceptó su pasión para salvarnos a nosotros.

4) La eficacia de sus satisfacciones y méritos es rigurosamente infinita y, por consiguiente, inagotable. Ello ha de producirnos una confianza ilimitada en su amor y misericordia. A pesar de nuestras flaquezas y miserias, los méritos de Cristo tienen eficacia sobreabundante para llevarnos a la cumbre de la perfección. Sus méritos son nuestros: están a nuestra disposición. El continúa en el cielo intercediendo sin cesar por nosotros: «semper vivens ad interpellandum pro nobis» (Hebr. 7,25). Nuestra debilidad y pobreza constituyen un título a las misericordias divinas. Haciendo valer nuestros derechos a los méritos satisfactorios de su Hijo, glorificamos inmensamente al Padre y le llenamos de alegría, porque con eso proclamamos que Jesús es el único mediador que a El le plugo poner en la tierra.

5) A nadie, pues, le es lícito el desaliento ante la consideración de sus miserias e indigencias. Las inagotables riquezas de Cristo están a nuestra disposición (Eph. 3,8). «No te llames pobre teniéndome a mí», dijo el mismo Jesús a un alma que se quejaba de su pobreza

TEOLOGÍA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA POR EL RVDO. P. FR. ANTONIO ROYO MARÍN, O. P

Cristo crucificado. MURILLO, BARTOLOMÉ ESTEBAN

Cualidades de la obediencia



En todo tiempo y en todo lugar:

En cuanto que debemos obedecer todas las órdenes de nuestro superior legítimo, siempre que mande legítimamente. De esta manera, como dice San Francisco de sales, la obediencia “se somete amorosamente a todo lo que se le mande con entera sencillez sin mirar jamás si lo que se le manda está bien o mal mandado, con tal que quien la manda tenga potestad de mandar, y sirva lo mandado para unirnos con Dios”

TANQUEREY, Op. cit. P. 683

Giuseppe Melchiorre Sarto




Seguramente habréis creído encontrar en mí un hombre de profundos conocimientos y larga experiencia en materias espirituales; un maestro en doctrina y ascetismo. Os habéis equivocado: no soy más que un pobre cura de aldea, pero la voluntad de Dios me ha traído aquí y debéis resignaros a sufrirme…

San Pío X: El Papa Sarto, un papa santo. F.A. Forbes

El mar


es en la literatura oriental, un elemento asociado con el caos, con el abismo, con la rebelión. La descripción de la bestia es similar a la visión de las cuatro bestias de Daniel 7,3- 8. Al ubicar el texto en su contexto histórico, lo más coherente es relacionar esta bestia que surge del mar con el Imperio romano, de gran poderío y avasalladora extensión, y prototipo de todos los poderes que se levantarán contra la Iglesia a través de los siglos

666 El Criptograma Apocalíptico. Mauricio I. Pérez

¿Qué es lo que hace fundamentalmente que alguien sea hombre o mujer?


No son sus cromosomas, ni los roles que cumplan en la sociedad, sino la función reproductiva. Es decir, si esa determinada persona, con todas las condiciones dadas, fuese a concebir una nueva vida, ¿qué función cumpliría? ¿La de ovular o la de inseminar el óvulo? La respuesta es lo que determina si alguien es hombre o mujer.

Pablo Muñoz Iturrieta Atrapado en el cuerpo equivocado La idęolögīa de gėnērø frente a la ciencia y la filosofía

La espiritualidad del hombre



En todo caso los animales pueden, en algunas ocasiones, establecer ciertas formas precarias y puramente asociativas de “lenguaje” en el plano sensible; pero no pueden de ningún modo constituir formas sistémicas y articuladas. Su naturaleza no se los permite, pues no puede elevarse hacia el pensamiento abstracto. Por tanto, el animal jamás podrá comprender de por sí “ni la escritura, ni el cálculo, ni la historia, ni la geografía, ni las ciencias, ni las artes” (3). Pero con el hombre no pasa lo mismo. Él sí puede pensar a nivel abstracto y, en consecuencia, establecer proyectos razonados. De allí que, por la inteligencia de su naturaleza, hasta el hombre más estúpido pueda dirigir al más diestro de los animales.

En consecuencia, debe haber en él un sustrato ontológico inmaterial que le permita realizar ello: Si el hombre evidencia la capacidad de pensamiento abstracto y la pura materialidad no puede explicarla es obvio que resulta necesario postular la existencia de un sustrato ontológico o cualidad que lo faculte para dicha operación.

Este sustrato ontológico inmaterial es el que todos conocemos con el nombre de espíritu: Ello resulta así desde que una de las potencias constitutivas que hemos definido para el espíritu es la de intelecto, de la cual se sigue de modo unívoco la capacidad de pensamiento abstracto.

Luego, el espíritu existe: Bien establecidas las premisas, esa es la conclusión.

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado