Este ser esencial y máximamente Perfecto es Dios



todo lo que es perfecto lo es en cuanto tiene una plena correspondencia con un modo particular de ser. Así algo es perfectamente cuadrado en cuanto su forma se corresponde plenamente con la “cuadratura”. Por tanto, algo será esencial y máximamente Perfecto en cuanto tenga una correspondencia plena con el ser en general, sin ninguna limitación de grado o forma, ya que todas estas limitaciones tienen que ver con el ser en particular. Pero ello es justamente lo que corresponde exclusivamente y en grado sumo al Ser Subsistente, es decir, a Dios. Luego, el ser esencial y máximamente Perfecto es Dios. Premisa 5: “Luego, Dios existe”.

Partiendo de los grados de perfección de las cosas hemos demostrado la imposibilidad de que éstos puedan ser plenamente explicados por sí mismos tal como aparecen en los seres de nuestra experiencia, siendo necesario que postulemos la existencia efectiva de un Ser Perfectísimo. , Dado que en un razonamiento deductivo si las premisas son verdaderas ha de aceptarse necesariamente la conclusión so pena de irracionalidad, debemos aceptar que Dios existe. Luego, Dios existe

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Subiré entonces al monte más slto



Evangelio según san Mateo, 5: 1- 3 Y viendo Jesús a las turbas subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron sus discípulos. Y abriendo su boca, los enseñaba, diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos». (vv. 1- 3)

Subió, pues, a un monte, primeramente para cumplir la profecía de Isaías que dice: «Sube tú sobre un monte» ( Is 40,9 ); después para manifestar que el que enseña la Palabra de Dios, lo mismo que el que la oye, deben constituirse en cumbre de virtudes. Ninguno puede estar en el valle y hablar a la vez desde el monte. Si estás sobre la tierra hablas de las cosas terrenas, pero si estuvieras en el cielo hablarías de las cosas celestiales. O de otro modo, subió al monte para manifestar que todo el que quiera conocer los misterios de la verdad debe subir al monte de la Iglesia, de quien el profeta dice: «El monte del Señor es un monte rico» ( Sal 67,16 )

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 9

Oración

Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio

Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Unigénito;
todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO
Jn 5, 31-47.

Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

Palabra del Señor

Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA

Si no hay Dios, la sociedad es imposible.



Una sociedad no puede subsistir si no existen la autoridad que impone las leyes, la obediencia que las cumple, y las virtudes sociales. Ahora bien, faltando la creencia en Dios, los gobernantes de los pueblos no tienen espíritu de justicia, se convierten en tiranos, y en el poder no buscan más que el modo de satisfacer sus pasiones. Los súbditos pierden el respeto a la autoridad, el espíritu de sumisión a las leyes, y no tienen más aspiración que el placer, ni más freno que el temor, ni más regla de conducta que la utilidad o el capricho.

Una sociedad de ateos sería ingobernable. Si no admitimos a Dios, no se conciben, virtudes sociales, ni justicia, ni caridad, ni espíritu de sacrificio, ni patriotismo. Si la justicia no es impuesta por Dios, nadie la practicará.

– Dos comerciantes ajustan una cuenta:
– ¿Quiere usted un recibo?
– Entre gente honrada no es menester: Dios nos ve, y esto basta.
– ¿Usted cree en Dios?
– Yo sí, ¿y usted?
– Yo no.
– Entonces, deme usted pronto un recibo…

Para vivir en sociedad hay que consagrarse al bien general, a veces hasta el sacrificio de la propia vida.

Soldado oscuro, colocado como centinela en los puestos avanzados, y sorprendido por el enemigo, si doy la señal de alarma, caeré hecho pedazos; la conciencia me intima que dé la señal y muera. Si Dios ha de recompensar mi abnegación, yo acepto la muerte. Pero si Dios no existe, ¿puedo yo sacrificar mi vida, único bien que poseo, sin tener ninguna recompensa?… Hay que morir por la patria, se dice; pero, ¿qué me importa la patria, si Dios no existe?… Donde no existe la creencia en Dios, no solamente no hay virtudes sociales, sino que, por el contrario, se multiplican todos los crímenes, y los hombres no son más que animales salvajes que se devoran unos a otros. – Pero objetarás: ¿Y la cárcel, y la policía?… – No siempre todos los asesinatos son descubiertos, muchos crímenes quedan ocultos e impunes. Si no hay un Dios a quien rendir cuentas, basta evitar la policía, o comprarla. Tal sociedad sería bien pronto un matadero.

Todas las sociedades, desde el origen del mundo hasta ahora, han reposado sobre tres verdades fundamentales: la existencia de Dios, la del alma y la de la vida futura. Remueve estas tres bases morales, y arrojarás las sociedades al abismo de las revoluciones y las condenarás a muerte. Los horrores y las matanzas de la Revolución del 93 y de la Comuna de París en 1871, no eran más que el ateísmo puesto en práctica.

El socialismo, que quiere destruir la sociedad hasta en sus cimientos, es fruto natural del ateísmo: los mismos positivistas lo declaran en sus libros y revistas. Por consiguiente, se necesita para fundamento, y fundamento estable, de las sociedades humanas un Dios todopoderoso, bueno, justo, creador de todas las cosas y gobernador del mundo material por medio de leyes físicas, y de los hombres por medio de leyes morales. Todo descansa sobre esta base

R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA