Teología Histórica

Rechazo también la opinión de aquellos que sostienen que un profesor enseñando o escribiendo acerca de una materia histórico-teológica debiera primero poner a un costado cualquier opinión preconcebida acerca del origen sobrenatural de la tradición católica o acerca de la promesa divina de preservar por siempre toda la verdad revelada; y de que deberían interpretar los escritos de cada uno de los Padres solamente por medio de principios científicos, excluyendo toda autoridad sagrada, y con la misma libertad de juicio que es común en la investigación de todos los documentos históricos ordinarios

Emmanuel

Evangelio según san Mateo, 1: 22- 23 Mas todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló el Señor por el Profeta, que dice: He aquí la Virgen concebirá, y parirá hijo: y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir «con nosotros Dios». (v. 22- 23)

Fue costumbre del evangelista comprobar sus asertos con testimonios del Antiguo Testamento. Además para que los judíos que habían creído en Cristo reconociesen haberse cumplido las predicciones hechas en la antigua ley en la gracia del Evangelio añade: «Mas todo esto fue hecho». Se podría, no obstante, preguntar sobre este lugar, por qué dice «todo esto fue hecho», si antes no nos ha referido más que la concepción. Lo dice para enseñarnos que todo esto se verificó en la presencia de Dios antes que se realizase en el tiempo entre los hombres. O también, como narrador de cosas pasadas, nos dice que todo

Remigio

Reparto de las vestiduras



La historia viene en nuestro auxilio–una vez más– para corroborar el relato evangélico. Si bien es sólo San Juan quien nos habla de la túnica (los otros tres evangelistas las refieren implícitamente al decir que «echaron suertes» sobre las vestiduras), está demostrado históricamente que la ley romana concedía a los soldados ejecutores de la pena capital el derecho de apropiarse de las prendas del condenado. Nos referimos a la spolia o pannicularia, instituto que, avanzados los años, sería regulado de manera más casuística, atento a que los derechos de apropiación solían derivar en verdaderas riñas entre la soldadesca[ 87] (el emperador Adriano debió poner un límite atribuyendo al erario público los posibles objetos de valor del condenado o estableciendo que todo debía destinarse a un fondo común). El episodio de «jugarse» las vestiduras resulta también conforme a las costumbres romanas y a las actuales excavaciones arqueológicas de donde las guarniciones romanas existieron. En efecto, hoy en día puede verse todavía la existencia del «juego de las suertes» (también llamado «juego del rey») que era utilizado por los soldados romanos para matar el tiempo, jugado normalmente con dados de hueso, piedra o arcilla. Entre los descubrimientos de época reciente, uno de los más importantes al respecto es un grabado del lithóstrotos, patio donde Jesús fue condenado a muerte y en el que se encontraban también los soldados que le crucificaron. En cuanto a la prenda o túnica de Jesús, se trataba de una prenda interior, una especie de camisa que llegaba hasta por debajo de las rodillas; el resto de la vestimenta de Jesús sería un manto, un cinturón, unas sandalias y probablemente un paño frontal para sujetar la cabellera e impedir que el sudor recayera sobre los ojos. San Isidoro de Pelusio, ya hablaba en el siglo IV que las especialidades artesanales de la Galilea de entonces eran precisamente las túnicas «sin costura tejidas todas ellas de arriba abajo»[ 88]

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Oración

Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como creador y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya.




EVANGELIO
Jn 6, 24-35.

El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».
Le replicaron:
«Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Palabra del Señor.

causas que originan el carácter



El Nacimiento: Hay acuerdo general en que los factores de la herencia capital tienen importancia en la constitución del carácter. El niño que viene al mundo trae la «marca de fábrica» que le han impreso sus propios padres, y ese sello jamás se borrará del todo. De ahí la inmensa responsabilidad de los padres sobre el porvenir de sus hijos

La Cruz



En el sistema romano, el patíbulo de la cruz empleado tenía una forma «oficial» de crux immissa o capitata (de cuatro brazos) donde el soporte vertical cruzaba con otro (de allí el nombre de «cruz latina»). Sin embargo, existía también la crux commissa, con forma de «T», es decir, de simplemente tres brazos. Por último, estaba la crux decussata (en forma de «X», conocida hoy como la «cruz de San Andrés»), al parecer no utilizada por los romanos

Independientemente de la forma de la cruz (commissa o immissa), el brazo vertical siempre recibía el nombre de stipes o staticulum y por lo general estaba sólidamente asentado en tierra–al menos en las ciudades del Imperio donde había tribunales– en el lugar destinado a las ejecuciones. En Jerusalén el lugar destinado para las ejecuciones estaba sobreelevado con el fin de que, en la capital religiosa de esa conflictiva provincia romana, todos pudiesen persuadirse de lo que les esperaba a los rebeldes. Al brazo vertical se le unía el horizontal, conocido como patibulum, nombre derivado de la región de Lacio donde se utilizaba, para castigar a los esclavos, la barra de madera con la que se cerraba desde el interior la puerta de la casa (de allí que, quitada la barra, la puerta patebat, es decir, “se abría”).

Era el propio condenado el que debía llevar su patibulum hasta el lugar de la ejecución, exigiéndolo así el procedimiento legal romano (era sólo ante la imposibilidad física que se buscaba una ayuda como la de Simón de Cirene). Hay un indicio acerca de la manera de llevar la cruz que aparece en los Evangelios, luego de la Crucifixión; nos referimos a lo que Cristo le dice a San Pedro antes de Su Ascensión: «cuando hayas envejecido, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras» (Jn 21, 18). En efecto, el cruciarius (condenado a la cruz), al salir del tribunal o de la cárcel, tenía que extender sus brazos para que le fuera colocado el patibulum sobre sus hombros (en posición horizontal detrás de la nuca), quedando sus manos atadas al madero e impidiéndosele protección ante una caída al suelo

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Jesús

Evangelio según san Mateo, 1: 21- 21 «Y parirá un hijo: y llamarás su nombre Jesús: porque él salvará a su pueblo de los pecados de ellos». (v. 21)

Vengan ahora y oigan los que preguntan quién es el que María ha engendrado. «Porque El salvará a su pueblo de los pecados de ellos». No salvará al pueblo de otro: ¿y de qué los salvará? De los pecados de ellos. Si no crees a los cristianos que profesan que Dios perdona los pecados, cree a los infieles y judíos que dicen: «Nadie puede perdonar los pecados sino sólo Dios» ( Lc 5,1 )

Severiano

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Oración

El que toma la palabra que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.
Aleluya.

EVANGELIO
Mt 14, 1-12.

Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes:
–Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: –Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor.