Evangelio

San Mateo 13:47-53
«También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.» Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí

Palabra del Señor

Virtudes y vicios



Lo contrario a la virtud es el vicio, que es también un hábito adquirido por la repetición de actos contrarios al bien. Así, la lujuria, la soberbia, la avaricia, etc. son vicios de los que hay que huir como de la lepra.

Para tener un adecuado conocimiento propio es necesario reconocer en nosotros las virtudes y los vicios que tenemos, las primeras para cultivarlas aún más y los segundos para eliminarlos definitivamente de nuestra vida

José

Evangelio según san Mateo, 1: 21- 21 «Y parirá un hijo: y llamarás su nombre Jesús: porque él salvará a su pueblo de los pecados de ellos». (v. 21)

Le explica luego lo admirable de este nacimiento, porque Dios es quien envía desde el cielo, por ministerio de un ángel, el nombre que había de ponerse al niño. Y éste no es un nombre cualquiera, sino un nombre tesoro de bienes infinitos. Y así lo interpreta el ángel y funda en él las mejores esperanzas, induciéndole con esto a la fe de lo que le decía, pues para creer otras cosas solemos ser más dóciles

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 4

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino

Cargar la cruz

Cargar la cruz

«Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón a quien le obligaron a llevar la cruz» (Mt 27, 32). Cirene fue una ciudad de Libia que desde el siglo IV antes de Cristo, era sede de una de las más importantes comunidades judías del Norte de África. Los Hechos de los Apóstoles nos informan que los de Cirene tenían una sinagoga en Jerusalén (Hch. 6, 9); más adelante nos narran la conversión de los cireneos al cristianismo siendo pioneros en la predicación del Evangelio a los no judíos (Hch. 11, 20). Probablemente Simón fuese una persona de rango, un propietario de tierras puesto que según Marcos y Lucas volvía de su granja cuando fue interceptado. Estos propietarios de tierras aparecen de forma destacada en la comunidad cristiana de Jerusalén: «Cuantos poseían campos o casas las vendían, traían el producto de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles» (Hch. 4, 34- 35). El encuentro con el Cireneo debió tener lugar al mediodía, en pleno mes de abril, cuando el ardor del sol todavía no resultaba insoportable y todos debían emprender el regreso a sus casas por ser ese viernes muy solemne, en vísperas de la Pascua (los rabinos aconsejaban finalizar los trabajos justamente a mediodía, unas horas antes del inicio del descanso sabático, para ocuparse en familia de los complejos preparativos de las ceremonias pascuales). Detrás del condenado, como era habitual, se formaba un cortejo compuesto por un piquete de soldados que desfilaban por la ciudad delante de los curiosos, cumpliéndose así lo que decía Quintiliano[ 81]: Se infligía esta pena (la crucifixión), «más que para castigo del reo, para ejemplo y escarmiento de todos»[ 82]

Ahora bien, la intervención de Simón fue parte del procedimiento judicial romano. Los exactores morties (soldados encargados de ejecutar la sentencia) tenían la facultad de obligar, en caso de necesidad, a quien ellos quisieran para secundarles en su tarea respecto de semejante trabajo forzoso[ 83]. Resulta, por tanto, adecuada la expresión técnica, o el término jurídico concreto empleado por Marcos angareuousin (Mc 15,21), que refiere a una requisa legal romana. El investigador israelí, Salomón Sofrai, dice que «entre las prácticas más difundidas por las fuerzas de ocupación romana estaba la de exigir de los viandantes servicios humillantes en los días de las grandes fiestas judías». Flusser añade además que «para que esta humillación fuese todavía más sangrante, esos servicios se imponían, cuando era posible, a las personas de rango en Israel más que a los judíos corrientes»[ 84]. Por tanto, nada debería extrañar la figura de Simón de Cirene cargando la cruz a la par de Cristo

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Oración

Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas

Evangelio

Aleluya, aleluya.
A vosotros os he llamado amigos, dice el Señor, porque os he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
Aleluya

EVANGELIO
Mt 13, 44-46.

Vende todo lo que tiene y compra el campo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra».

Palabra del Señor.

Virtudes y vicios



existen particularidades sumamente necesarias para llegar a la santidad. Sabiendo que nuestra meta es la santidad, debemos conocer en nosotros qué nos ayuda para llegar a ella (virtudes), qué se constituye en un obstáculo para alcanzarla (vicios y defectos), y de qué manera podemos potenciar nuestro temperamento para llegar al Cielo.

La virtud es una disposición habitual del hombre, adquirida por el ejercicio repetido de actuar consciente y libremente en orden a la perfección o al bien. La virtud para que sea virtud tiene que ser habitual, y no un acto esporádico, aislado. Es como una segunda naturaleza a la hora de actuar, pensar, reaccionar, sentir, pues cuando se adquiere hace más fácil hacer el bien. La humildad, la pureza, la generosidad, la obediencia, la mortificación, etc. son virtudes que se deben cultivar frecuentemente. Sin embargo, hay unas virtudes que son del todo especiales pues tienen que ver directamente con nuestra relación con Dios; son llamadas virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. También existen unas virtudes llamadas cardinales que nos ayudan en nuestra relación con nuestro prójimo: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza

Pena de muerte

Su mención del buen ladrón me recuerda a una objeción común. La gente afirma que es cruel matar a un prisionero y más misericordioso dejarle vivir. ¿Cree usted que esto es verdad? ¿Se convertirían más criminales si vivieran más? Tenemos el ejemplo del buen ladrón en el caso del siglo XX de Claude Newman, un asesino, que en el año 1943 estaba en el corredor de la muerte en Vicksburg, Mississippi. Al principio no creía y era no católico, pero experimentó la conversión a la fe católica a través de la Medalla Milagrosa. Tuvo una muerte santa como un católico devoto. Dio testimonio de la legitimidad y del valor expiatorio de la pena de muerte15. Se puede citar el caso del siervo de Dios Jacques Fesch (1930- 1957), un asesino que pasó más de tres años en una celda de castigo. Experimentó una profunda conversión antes de su ejecución, guillotinado en París. Dejó cartas y notas espirituales muy edificantes. Dos meses antes de su ejecución escribió: «aquí es donde la Cruz y el misterio del sufrimiento aparecen. Toda la vida tiene en esta pieza de madera su centro… ¿no crees que cualquier cosa que haces en el pequeño tiempo que se te ha dado de vida en la tierra, cualquier cosa que merece la pena está marcada con el sello del sufrimiento? No hay más ilusiones, sabes con certeza que todo lo que tiene este mundo para ofrecerte es falso y engañoso y como los sueños más fantásticos de una niña de seis años. Después la desesperación te invade y tú intentas evitar el sufrimiento que se te pega a los talones y que te abrasa, pero cualquier forma en que lo hagas es un rechazo de la Cruz. ¡No existe ninguna esperanza genuina de paz y salvación fuera de Jesucristo crucificado! Feliz el hombre que entienda esto». El 1 de octubre de 1957 a las 5: 30 subió al cadalso. «Que cada gota de la sangre que voy a verter sea aceptada por Dios como sacrificio—escribió— que sirva para borrar los pecados mortales». En su última anotación en el diario escribió: «en cinco horas veré a Jesús» 16. También sabemos por la vida de Santa Teresita del Niño Jesús que ella adoptó a su primer pecador, el asesino Pranzini quién en 1887 fue sentenciado a muerte. Escribe en su autobiografía La Historia de un alma, «Al día siguiente de su ejecución, cayó en mis manos el periódico La Croix. Lo abrí apresuradamente, ¿y qué fue lo que vi…? ¡Las lágrimas traicionaron mi emoción y tuve que esconderme… Pranzini no se había confesado, había subido al cadalso, cuando de repente, se volvió, cogió el crucifijo que le presentaba el sacerdote y besó por tres veces sus llagas sagradas…! … Había obtenido “la señal” pedida. ¿No se había despertado en mi corazón la sed de almas precisamente ante las llagas de Jesús, al ver gotear su sangre divina?» 17.

Athanasius Schneider. Christus vincit!

La ejecución y los soldados romanos



Los soldados «romanos» con que contaba Pilato en Judea, no eran del todo romanos: mientras los oficiales provenían, sí, de Italia, la gran parte de la tropa estaba compuesta por soldados auxiliares, reclutados de entre los sirios y samaritanos, pueblos hostiles a los judíos.

Hay especialmente dos episodios en que los soldados de Pilato aparecen nombrados expresamente: uno es en la flagelación y vejaciones de Jesús y otro en los preparativos para la crucifixión. Y esto por una razón sencilla y es que en las provincias sometidas al Imperio, eran ellos los que tenían a cargo la ejecución de las sentencias. Así fue con la crucifixión: a falta de legiones, la tropa auxiliar de Judea estaba compuesta por cuatro soldados y un centurión (quaternio militum, cuarteto de soldados) reclutada de provincias romanas no judías. Por su inmediatez y practicidad, el Derecho Romano, no contemplaba ninguna fase intermedia ante el terrible in crucem ibis pronunciado por el juez y la entrega a la flagelación menor previa (que tenía por fin agravar los padecimientos del reo, ocasionándole hemorragias y debilitamiento, como se hace con un toro antes de la corrida). Este sello de la flagelación servía para abreviar la agonía en la cruz que–según testimonios– podía prolongarse hasta tres días. Pero esta reducción de la agonía no se hacía por compasión hacia el condenado sino por la necesidad de no apartar por demasiado tiempo del servicio al piquete de soldados encargado de asegurar la permanente vigilancia del patíbulo. Como en el caso de Jesús, por intereses «políticos», ya se había efectuado una furibunda flagelación, se le derivó enseguida al lugar de la ejecución (recordemos que los romanos y los antiguos en general no conocían las penas privativas de libertad salvo como preludio de otra mayor)

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Jesús es Dios

Evangelio según san Mateo, 1: 21- 21 «Y parirá un hijo: y llamarás su nombre Jesús: porque él salvará a su pueblo de los pecados de ellos». (v. 21)

Dice: «Llamarás su nombre», y no «pondrás», porque el nombre estaba ya puesto desde la eternidad

Rábano

Catena Aurea. Santo Tomás de Aquino