«designa también lo que hay de más íntimo en el hombre (cf. Mt 26,38; Jn 12,27) y de más valor en él (cf. Mt 10,28), aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: “alma” significa el principio espiritual en el hombre.» (Catecismo, 363). «La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no es “producida” por los padres-, y que es inmortal: no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final» (Catecismo, 366). Posee dos facultades que llaman superiores: Entendimiento y Voluntad. El entendimiento iluminado por la fe y la voluntad ayudada de la gracia disponen al hombre para cumplir la Voluntad de Dios.
ROYO, Antonio. Teología de la Perfección Cristiana. 9na ed. Madrid: La Editorial Católica (BAC), 2001. Pp. 373-389.
José
Evangelio según san Mateo, 1: 20- 20 Y estando él pensando en esto, he aquí que el Angel del Señor le apareció en sueños, diciendo: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer: porque lo que en ella ha nacido, de Espíritu Santo es». (v. 20)
Se le advierte al esposo que no tema, porque el alma piadosa, cuanto más padece con otra, más teme. Como si dijera: esto no es motivo de muerte, sino de vida, porque la que está encinta para darnos la vida no merece la muerte
Severiano
Flagelación, escarnio y presentación al pueblo
«Y Pilato tomó a Jesús y mandó azotarle», dice escuetamente San Juan (Jn 19,1). El último de los evangelistas utiliza el verbo griego mastigóo; San Mateo y San Marcos, por su parte, emplean el verbo flagheóo. Ambos son sinónimos y tienen el significado de flagelar. Se trataba de una pena aplicada en las provincias sólo a los no romanos (si se hubiese tratado de un ciudadano romano le hubiese cabido el azote con varas flexibles y, en caso de haber sido militar, con un bastón rígido). Tratándose de Cristo cupo el flagellum. Ricciotti define este instrumento de castigo como «un látigo recio con abundantes colas de cuero, de la que colgaban bolas metálicas o puntas afiladas (escorpiones)»[ 71] y era ejecutado por los soldados con diversos fines: – como instrumento inquisitivo (ej.: arrancar una confesión), – como pena de muerte (pena especialmente militar), – como un castigo independiente, – o como preludio de la ejecución.
Dada la actitud de Pilato, es altamente probable que, haya querido usar dicha medida para salvar a Jesús de la muerte, utilizándola como pena independiente. El fundamento de lo dicho es claro: la pena que recibida por Cristo será severísima sin que ella llegase a la muerte. Ningún delito justificaron los azotes, pero Pilato quería aplicárselos para suavizar los gritos de las turbas. Es el propio San Lucas quien da en la clave: «Le corregiré y le soltaré», nos dice (Lc 23, 16), mostrando cómo entendía la pena infligida. También en San Marcos la orden de la flagelación resulta un castigo distinto de la crucifixión que, además, lo precede. San Juan dice simplemente: «lo tomó y mandó azotarle», siendo claro que se trataba de una pena independiente, marcando incluso la separación real y temporal al decir con el adverbio temporal: «Entonces… se lo entregó para que lo crucificasen…» (Mt 27, 26). Conforme al derecho romano, quien era entregado a los soldados para un castigo semejante, quedaba enteramente a merced de sus verdugos perdiendo no sólo el status de ciudadano romano–en el caso de que lo fuese– sino hasta la misma categoría de persona humana. Dice Ricciotti: «El que iba a ser flagelado era considerado como un hombre que había perdido su condición humana, una caricatura vacía de contenido y no protegida por la ley, un cuerpo sobre el que se podía herir a discreción»[ 72], lo que significaba que el castigo no estuviese limitado a un número determinado de golpes, a diferencia del judío que era bien preciso: treinta y nueve azotes, como recuerda San Pablo, «cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno…»
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
Columna de la flagelación
Y Líbranos del mal
La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno” (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el “nosotros”, en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la Economía de la salvación.
Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en “comunión con los santos” (cf RP 16)
En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” (diá-bolos) es aquél que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo
Oración
Señor, ábreme los labios. Y mi boca proclamará tu alabanza
Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—;
y yo las conozco, y ellas me siguen.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 6, 30-34.
Andaban como ovejas sin pastor.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Palabra del Señor.
Barrabás
No fue Jesús de Nazaret el único detenido la víspera de aquella Pascua; había uno más muy conocido por todos al punto tal que San Juan nos dice que «Barrabás era un bandido» (Jn 18, 40), en griego la palabra utilizada era lestés, modelo para designar en Judea a los zelotes, «guerrilleros» o «terroristas» que luchaban contra la ocupación romana por la liberación política de Israel.
Blinzler da el matiz preciso y propone traducirlo por agitador e incluso combatiente por la resistencia, lo que implica claramente que era un preso político. Era alguien que había matado; no se trataba de un vulgar asesino, sino de un miembro de la resistencia que había ocasionado una muerte durante una insurrección: «Se hallaba en prisión uno llamado Barrabás, con otros sediciosos que en un motín habían cometido un homicidio» (Mc 15,7). San Mateo, por su parte, dice que Barrabás era un «preso famoso» (Mt 27,16), alguien de quien los destinatarios de su texto habrían oído hablar (Mateo escribe para los judíos); en cambio, Marcos, que escribe para los cristianos que están en Roma y que poco y nada conocían del personaje, dice simplemente en griego que había un tal «legómenos Barabbás» (“ uno llamado Barrabás”); nada más.
Todo hace pensar que los dos ladrones crucificados junto a Jesús, debían formar parte del comando guerrillero de Barrabás, aunque esto no es seguro. En aquel grupo de destinados a la muerte–no había otra pena posible para los delitos que se les imputaba– Jesús había tomado de forma inesperada el lugar de su jefe, Barrabás.
El carácter político de Barrabás queda también confirmado por su nombre: Bar Abbas significa en arameo, Hijo del Padre. Se trata de un apelativo mesiánico, de una especie de nombre de guerra, muy similar a los atribuidos a los jefes de las rebeliones contra los romanos, a la vez políticas y religiosas. También hay indicios históricos que avalan la tesis de que, el supuesto bandido–coincidentemente– se habría llamado Jesús, como lo señala el mismo Orígenes a partir de varios manuscritos del Evangelio donde se contenía el nombre completo: Jesús Barrabás. Más tarde se habría procedido a una eliminación del nombre «Jesús», como admite el propio Orígenes; pero todavía existen manuscritos fidedignos que así lo contienen[ 69]. Con el tiempo desaparecerá el primer nombre en las versiones neotestamentarias, posiblemente a raíz de que los primeros cristianos, no veían conveniente que un bandido llevara el nombre de Jesús.
Barrabás, por su parte, tenía el apoyo del Sanedrín, compuesto mayoritariamente por saduceos, colaboracionistas de los romanos y detestados por muchos, de allí que, al momento de tener que elegir entre la vida de Jesús o la suya, hasta los mismos saduceos lo apoyasen para ganarse el aplauso del pueblo, como señala Flusser: «el único medio de evitar una revuelta era salvar al menos la vida de Barrabás, que, como luchador por la independencia, debía ser alguien muy querido por la multitud»
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
José
Evangelio según san Mateo, 1: 20- 20 Y estando él pensando en esto, he aquí que el Angel del Señor le apareció en sueños, diciendo: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer: porque lo que en ella ha nacido, de Espíritu Santo es». (v. 20)
Al llamarlo hijo de David, quiso traer a su memoria la promesa de Dios a David: «Que Cristo nacería de su linaje»
Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 1
No nos dejes caer en tentación
este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio (cf Mt 4, 11) y en el último combate de su agonía (cf Mt 26, 36-44). En esta petición a nuestro Padre, Cristo nos une a su combate y a su agonía. La vigilancia del corazón es recordada con insistencia en comunión con la suya (cf Mc 13, 9 23 33-37; 14, 38; Lc 12, 35-40). La vigilancia es “guarda del corazón”, y Jesús pide al Padre que “nos guarde en su Nombre” (Jn 17, 11). El Espíritu Santo trata de despertarnos continuamente a esta vigilancia (cf 1 Co 16, 13; Col 4, 2; 1 Ts 5, 6; 1 P 5, 8). Esta petición adquiere todo su sentido dramático referida a la tentación final de nuestro combate en la tierra; pide la perseverancia final “Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela” (Ap 16, 15).
Oración
Dios todopoderoso, concede a cuantos hoy celebramos la fiesta de tu obispo san Buenaventura la gracia de aprovechar su admirable doctrina e imitar los ejemplos de su ardiente caridad. Por Jesucristo nuestro Señor







