Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
Aleluya
EVANGELIO
Mt 9, 18-26.
Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, y vivirá.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo:
–Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.
Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: –¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
–¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
Palabra del Señor
MARIA ES UN MISTERIO
por su grandeza excepcional
María es la excelente obra maestra del Altísimo, quien se ha reservado para sí el conocimiento y posesión de Ella. María es la Madre admirable del Hijo, quien tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer (ver Jn 2,4; 19,26) 4, como si se tratara de una extraña, aunque en su corazón la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles y hombres. María es la fuente sellada, en la que sólo puede entrar el Espíritu Santo, cuya Esposa fiel es Ella. María es el santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo, sin exceptuar los querubines y serafines; a ninguna criatura, por pura que sea, se le permite entrar allí sin privilegio especial
Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María. Grignion de Montfort, San Luis María
Obstáculos para alcanzar el autoconocimiento
La Indiferencia: Por parecerles algo de poca importancia, algunos no se aplican en el propio conocimiento y se hacen ilusión de estar avanzando en la vida espiritual cuando sólo están dando vueltas en un mismo punto.
Poncio Pilato y un nuevo proceso
Como ya hemos visto al principio, el Sanedrín de Jerusalén podía proceder contra los peregrinos que se hubiesen hecho culpables de un delito religioso castigado con la pena de muerte según la ley judía; pero era el procurador quien tenía el imperium para ejecutarla o desecharla según un nuevo proceso.
Ahora bien, a esta altura de los acontecimientos se impone una pregunta: ¿por qué no fueron los magistrados, desde un inicio, con la acusación de blasfemia ante Pilato? La respuesta es sencilla: porque aunque no podían, querían aplicar su propia ley en todos los casos que fuese posible. La primera sentencia de muerte del tribunal judío ejercería una presión moral sobre el juez romano: «nosotros tenemos una ley, y, según esa ley debe morir» (Jn 19, 7). Sin embargo, dado el poco sustento que la acusación de blasfemia poseía para la ley romana, disfrazaron un delito religioso–la blasfemia– con un delito político -la sedición. Es por ello que la decisión de Pilato no será una simple confirmación administrativa de la sentencia de muerte judía, sino un nuevo un proceso que poseía, por su causa, una sentencia inmediata para los extranjeros donde inmediatamente el procurador, en la lengua utilizada para las provincias orientales (el griego koiné) actuaba como único juez aplicando la sentencia inmediata
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
Virgen
No te turben ni ofendan tus oídos las palabras concepción, parto, porque la virginidad es la prenda más segura del pudor. ¿En qué puede herir la delicadeza la unión de la divinidad con la pureza, su siempre querida amiga, unión en que el intérprete es un ángel, la fe es la madrina, el desposorio es la castidad, el dote la virtud, la conciencia el juez, el móvil Dios, el acto de concebir pureza, el parto virginal, y la Madre una Virgen?
San Pedro Crisólogo, sermones, 148
DE LA SALUDABLE DOCTRINA DE LA RELIGIÓN CRISTIANA
Quéjanse, pues, y murmuran los hombres perversos e ingratos y los que están más profunda y estrechamente oprimidos del maligno espíritu de que los sacan mediante el nombre de Jesucristo del infernal yugo y penosa compañía de estas impuras potestades, y de que los transfieren de la tenebrosa noche de la abominable impiedad a la luz de la saludable piedad y religión; danse por sentidos de que el pueblo acuda a las iglesias con una modesta concurrencia y con una distinción honesta de hombres y mujeres, adonde se les enseña cuánta razón es que vivan bien en la vida presente, para que después de ella merezcan vivir eternamente en la bienaventuranza; donde oyendo predicar y explicar desde la cátedra del Espíritu Santo
en presencia de todos la Sagrada Escritura y la doctrina evangélica, a fin de que los que obran con rectitud la oigan para obtener el eterno premio, y los que así no lo hacen, lo oigan para su juicio y eterna condenación; y donde cuando acuden algunos que se burlan de esta santa doctrina, toda su insolencia e inmodestia, o la dejan con una repentina mudanza o se ataja y refrena en parte con el temor o el pudor; porque allí no se les propone cosa torpe o mal hecha para verla o imitarla, ya que, o se les enseñan los preceptos y mandamientos del verdadero Dios, o se refieren sus maravillas y estupendos milagros, o se alaban y engrandecen sus dones y misericordias, o se piden sus beneficios y, mercedes
De civitate Dei. Agustín de Hipona 412- 426 DC
Danos hoy nuestro pan de cada día
Esta petición y la responsabilidad que implica sirven además para otra clase de hambre de la que desfallecen los hombres: “No sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4, cf Dt 8, 3), es decir, de su Palabra y de su Espíritu. Los cristianos deben movilizar todos sus esfuerzos para “anunciar el Evangelio a los pobres”. Hay hambre sobre la tierra, “mas no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios” (Am 8, 11). Por eso, el sentido específicamente cristiano de esta cuarta petición se refiere al Pan de Vida: la Palabra de Dios que se tiene que acoger en la fe, el Cuerpo de Cristo recibido en la Eucaristía (cf Jn 6, 26-58)
“Hoy” es también una expresión de confianza. El Señor nos lo enseña (cf Mt 6, 34; Ex 16, 19); no hubiéramos podido inventarlo. Como se trata sobre todo de su Palabra y del Cuerpo de su Hijo, este “hoy” no es solamente el de nuestro tiempo mortal: es el Hoy de Dios
Oración
Mis pecados, Señor, se han clavado en mí como saetas; pero antes de que en mí produzcan llagas. Sáname, Señor, con el remedio de la penitencia
Evangelio
Aleluya, aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado a evangelizar a los pobres.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mc 6, 1-6.
No desprecian a un profeta más que en su tierra.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
EN aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Palabra del Señor.
¿Qué se puede ver en la Santa Virgen por encima de las demás mujeres?
Si María no es Madre de Dios, sino sólo de Cristo, como dice Nestorio, ningún absurdo habría en que se permita llamar Madre de Cristo a la madre de cualquier ungido. Pero sólo la Santa Virgen, sobre las otras mujeres, es conocida y llamada con el nombre de «Madre de Cristo», pues engendró no a un simple hombre como nosotros, sino más bien al Verbo de Dios Padre, encarnado y hecho hombre por nosotros. Mas tal vez reponga Nestorio: ¿Pensarás acaso que la Virgen se ha hecho la Madre de la divinidad? A esto decimos que el Verbo de Dios, nacido de la misma sustancia de Dios y existiendo siempre y sin principio de tiempo igual al Padre, en la plenitud de los tiempos se hizo carne, es decir, se unió a un cuerpo animado por un alma racional. Por esto decimos que nació de una mujer según la carne. Este misterio se asemeja en cierto modo a nuestro nacimiento: la madre suministra a la naturaleza una materia cuajada que poco a poco se va formando hasta resultar un cuerpo perfecto en su especie, la humana. Pero Dios infunde en ese cuerpo un espíritu, y aunque la madre sólo lo sea del cuerpo terrenal, ella es considerada y se llama madre de todo el hombre. Una cosa semejante observamos en el nacimiento del Emmanuel, «Dios con nosotros». El Verbo de Dios nace en la eternidad de la sustancia del Padre; mas, porque tomó carne y la hizo propia, es preciso confesar que nació de una mujer según la carne. Y como a la vez es verdadero Dios, ¿quién tendrá reparo en llamar a la Santa Virgen «Madre de Dios»?
San Cirilo de Alejandría, ad Ioannem Antiochenum








