Oración: Dejándonos iluminar por la luz de Dios. Los Santos se conocían porque siempre estaban cerca de Dios. Y cuanto más santos, más desconfiaban de sí mismos y más confiaban en Dios.
Reflexión: Interiorizando, meditando. Haciendo, además, de manera regular el examen de conciencia.
Dirección Espiritual: buscando personas santas y sabias que nos ayuden en este camino a la santidad.
Lectura Espiritual: leyendo los clásicos de la vida espiritual, como la Imitación de Cristo, el Combate espiritual, la Historia de un Alma, la Introducción a la Vida Devota, el Tratado del Amor de Dios, etc. Estos colosales libros traen consigo gracias especiales para el conocimiento propio.
Vida de Santos: conociendo y procurando imitar al santo con el que más nos identifiquemos o el que más impresión cause a nuestra alma, para caminar, junto con él en el conocimiento propio
La generación de Jesucristo fue de esta manera.
Y la generación de Jesucristo fue de esta manera. Que siendo María su Madre desposada con José, antes que viviesen juntos, se halló haber concebido en el vientre de Espíritu Santo. (v. 18)
Como el evangelista había dicho antes: «Y Jacob engendró a José», con quien desposada María engendró a Jesús, para que ninguno pudiera pensar que el nacimiento de Cristo había sido como el de sus progenitores, cortando el orden de la narración dice: «Y la generación de Jesucristo fue de esta manera», como si dijera: la generación de sus ascendientes fue como la he referido, pero la generación de Cristo no fue así, sino de esta forma: «Que siendo su Madre desposada»
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 1
Reo de muerte
Los dos escribas no recogieron los votos Ni los jueces votaron uno a uno (Mishná, Cap. IV, nº 3: «a cada uno de los extremos del Sanedrín se coloca un secretario, encargado de recoger los votos. Uno recoge los votos absolutorios y el otro los condenatorios». En ese momento ninguno de los presentes dijo nada (el Evangelio dice todos, omnes, exclamaron: es reo de muerte). En esta sesión nocturna, los dos únicos miembros del Sanedrín (Nicodemo y José de Arimatea) que ciertamente habrían tomado la palabra en defensa del acusado, no estaban presentes. Esto agrava la irregularidad de la sesión, pues era la noche de la Pascua y no se podían juntar
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
Al que posee a Dios, nada le falta
“Nuestro pan”. El Padre que nos da la vida no puede dejar de darnos el alimento necesario para ella, todos los bienes convenientes, materiales y espirituales. En el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en esta confianza filial que coopera con la Providencia de nuestro Padre (cf Mt 6, 25-34). No nos impone ninguna pasividad (cf 2 Ts 3, 6-13) sino que quiere librarnos de toda inquietud agobiante y de toda preocupación. Así es el abandono filial de los hijos de Dios:
«A los que buscan el Reino y la justicia de Dios, Él les promete darles todo por añadidura. Todo en efecto pertenece a Dios: al que posee a Dios, nada le falta, si él mismo no falta a Dios» (San Cipriano de Cartago, De dominica Oratione, 21)
Oración
Oh Dios, que en la sangre preciosa de tu Hijo has redimido todos los hombres, protege en nosotros la obra de tu misericordia, para que celebrando estos santos misterios obtengamos siempre los frutos de nuestra redención. Por nuestro Señor Jesucristo
Evangelio
San Mateo 9:1-8
Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: `Tus pecados te son perdonados’, o decir: `Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: `Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
Palabra del Señor
Humillación
Cuando el humilde sufre una humillación, no se inquieta ni entristece, porque su interés no es obtener la alabanza y ayuda de los humanos sino de Dios
Efesios 6:6 no por ser vistos, como quien busca agradar a los hombres, sino como esclavos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios
Imitación de Cristo (Tomás de Kempis) 1418
Manuscrito de la Imitación de Cristo custodiado en la Koninklijke Bibliotheek, Bruselas

Condena a muerte
El momento en que se dicta sentencia La sentencia fue dada el día mismo en que comenzó el proceso, violando así la ley que decía: «todo juicio criminal puede terminarse el día mismo en que ha comenzado, si el resultado de los debates es la absolución del acusado, pero si debe pronunciar una pena capital, deberá concluir al día siguiente» (Mishná, Cap. IV, nº 1), cosa que no ocurrió en nuestro proceso, donde Cristo fue sentenciado inmediatamente. Los sanedritas, además, estaban obligados a poner una noche de intervalo entre la clausura de los debates y el pronunciamiento de la sentencia: «si se debe pronunciar pena de muerte el proceso acabará al día siguiente» (Mishná, Cap. V, nº 5). Regularmente sucedía que, cuando un proceso se daba, durante la noche intermedia, los jueces, de vuelta a sus casas y reunidos en ella de dos en dos, debían recomenzar en particular el examen del crimen, pensando en conciencia las pruebas presentadas contra el acusado y las razones alegadas. A fin de deliberar sanamente, los magistrados estaban obligados a abstenerse durante esa noche de comer con abundancia, de tomar vino y licores, y de todo lo que pudiera hacer que sus ánimos estuvieran menos expeditos para la reflexión. Ya de vuelta al día siguiente en la sala de justicia, se emitía, por turnos, la opinión de cada uno
No hubo deliberación Los jueces por la sola aserción de Caifás dieron precipitadamente una sentencia de muerte (Mishná, Cap. V: «habiendo diferido el juicio, se reúnen los jueces y vuelven a hacer entre ellos el examen de la causa»)
¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi
Francken II, Frans, La Sentencia de Jesús, 1623
De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, catorce generaciones: y desde David hasta la transmigración de Babilonia, catorce generaciones: y desde la transmigración de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. (v. 17)
Enumeradas las generaciones desde Abraham hasta Cristo, el evangelista las divide en tres series de catorce generaciones cada una, porque al terminar cada serie se cambió el estado político de los judíos. Desde Abraham hasta David fueron gobernados por jueces, desde David hasta el destierro de Babilonia por reyes, y desde el destierro de Babilonia hasta Cristo por los pontífices. Quiere darnos a entender con esto que así como después de cada serie se cambió el estado de los judíos, concluidas las catorce generaciones desde el destierro hasta Cristo, es necesario que por Cristo sea cambiado el estado de los hombres, como así sucedió. Después de Cristo las naciones han sido gobernadas por Cristo solo, que es Juez, Rey y Pontífice. Así como los antiguos jueces, reyes y pontífices no eran sino una figura de la dignidad de Cristo, cada una de esas dignidades empezó siempre por un personaje, figura también de Cristo. El primero de los jueces, Josué, hijo de Nave; el primero de los reyes, David; y el primer pontífice, Josué, hijo de Josedec; en los que nadie duda está prefigurado Cristo
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 1
Danos hoy nuestro pan de cada día
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“Danos”: es hermosa la confianza de los hijos que esperan todo de su Padre “Hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45) y da a todos los vivientes “a su tiempo su alimento” (Sal 104, 27). Jesús nos enseña esta petición; con ella se glorifica, en efecto, a nuestro Padre reconociendo hasta qué punto es Bueno más allá de toda bondad
Además, “danos” es la expresión de la Alianza: nosotros somos de Él y Él de nosotros, para nosotros. Pero este “nosotros” lo reconoce también como Padre de todos los hombres, y nosotros le pedimos por todos ellos, en solidaridad con sus necesidades y sus sufrimientos







