¿Vejez vrs juventud?



Desde antaño, la juventud ha sido objeto del deseo y ha despertado la imaginación de diversas maneras. En el siglo VI, Isidoro de Sevilla creia que la fuente podía encontrarse en Oriente, un cantar de gesta del siglo XIII, Huon de Bordeaux, sostenía que el Nilo la proveía de sus aguas.

Este asunto incluso ha impulsado grandes empresas. Se ha dicho que Ponce de León buscaba la fuente de la juventud cuando descubrió Florida, En nuestro mundo desencantado, en el que la técnica reemplaza a la magia, los nuestros buscan la eterna juventud no en aguas mágicas, sino con arreglo a cirugías, cremas, prótesis, medicina regenerativa, ácido hialurónico, masajes reafrmantes y tonificantes, radiofrecuencias nanofraccionadas, ultrasonidos, láser y Photoshop, pero se mantiene el objeto del deseo.

Más aún: en un mundo desencantado, el deseo de la juventud eterna se agudiza. En él,la vejez ya no tiene nada que hacer ni que decir, va empujando al sujeto fuera del mundo-va anticipando su salida final- y, por tanto, acaba con su subjetividad antes de tiempo.

El viejo ya no es subjectum, ya no está <puesto debajo>, ya no es fundamento de nada. Cuando la muerte no significa más que el final, y el desencantamiento del mundo ha llegado al grado de romper cualquier significación fuerte y compartida de la vida, la presencia del viejo recuerda la finitud de nuestra naturaleza, la fatalidad de la vida, y por eso hay que esconderlo o maquillarlo

Max Weber, Economia y sociedad (Ciudad de México, FCE: 2014), pp. 438-439.

Dardo Scavino, Las fuentes de la juventud. Genealogia de una devoción moderna (Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2015), p. 12.

¿Pantallas o libros?



Marco Ennemoser y Wolfgang Schneider, de la Universidad de Würzburg, encontraron que a mayor exposición de televisión en niños, menor desarrollo del vocabulario; al revés, a mayor lectura, un vocabulario más rico y variado.

Por su parte, el Laboratorio de Cognición Dinámica de la Universidad de Washington, usando escáneres cerebrales, destacó cómo se estimula el cerebro con la lectura: <los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración>. En los años setenta y sobre todo en los ochenta frente al boom televisivo, surgieron muchos experimentos que pusieron de manifiesto en qué medida la elaboración cognitiva de la televisión resultaba bastante pobre: Jacoby et al, por ejemplo, hallaron que solo un 3,5% de una muestra de espectadores podía responder correctamente a un cuestionario del tipo <verdadero o falso> sobre comerciales televisados de treinta segundos;, Stauffer et al. encontraron que las personas de su muestra respondían con más precisión a noticias que se les presentaban escritas que a noticias televisadas;, Stern, a su vez, dio con que el 51% de su muestra de espectadores no podía recordar ninguna noticia vista en pantalla después de algunos minutos

Marco Ennemoser, Wolfgang Schneider, (2007). <Relations of Television Viewing and Reading: Findings from a4-Year Longitudinal Study>. En Journal of Educational Psychology. 99. 349-368. 10.1037/0022-0663.99.2.349.

Speer, N. K., Reynolds, J. R, Swallow, K. M., & Zacks, J. M. (2009). <Reading Stories Activates Neural Representations of Visual and Motor Experiences>. Psychological Science, 20(8),
989-999, https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1111/j.1467-9280.2009.02397.x

J. Jacoby, W. D. Hoyer y D.A. Sheluga, Miscomprehension of Televised Communications (Nueva York, The Educational Foundation of the American Association of Advertising Agencies, 1980). J. Stauffer, R. Frost y W. Rybolt, <Recall and Learning from Broadcast News: Is Prini Better?», Journal of Broadcasting (verano, 1981), pp. 253-262.

A Stern, <A Study of the National Association for Broadcasting, en M. Barret (ed.), The Politics of Broadcasting (Nueva York, Thomas Y Crowell 1 973) Estudios citados en Postman

El argumento de la contingencia



1.Es evidente, y nos consta por nuestra experiencia directa del mundo, que existen seres contingentes, es decir, seres que dependen de otros para existir.

2. Ahora bien, un ser contingente depende de otro para existir. Entonces, si hallamos que existe un ser contingente es necesario inferir que existe otro ser del cual depende éste.

3. Pero si asumimos que todos los seres son contingentes tendremos que este primero dependerá de un segundo, que será contingente de modo que dependerá de un tercero, también contingente, y el, Mas no se puede este tercero de un cuarto y así sucesivamente. Mas no se seguir así indefinidamente, porque de ser ese el caso no podría existir ningún ser, ya que tendría que pasar un proceso infinito de dependencia ontológica para que recién pueda existir, lo
cual es evidentemente absurdo. Por consiguiente, es necesario postular la existencia de un Ser Subsistente, es decir, un ser que no dependa de ningún otro para existir sino que contenga
plenamente en sí mismo todo el fundamento del ser.

4.Este Ser Subsistente que no depende de ningún otro para existir y que se constituye como el fundamento de la existencia de todos los demás seres es el que todos conocemos con el nombre de Dios.

5. Luego, Dios existe

Hermosa es una conciencia pura



Evangelio según san Mateo, 6: 17- 18 «Más Tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu cara para no parecer a los hombres que ayunas, sino solamente a tu Padre, que está en lo escondido: y tu Padre, que ve en lo escondido, te galardonará» (vv, 17-18)

Espiritualmente se entiende la conciencia por cara del alma. Así como en presencia de los hombres es agradable una cara limpia, así ante los ojos de Dios es hermosa una conciencia pura.

Los hipócritas que ayunan para agradar a los hombres destruyen estas dos caras, queriendo engañar a la vez a Dios y a los hombres, Todo pecado lacera la conciencia, Si habéis limpiado vuestra alma de pecado y habéis lavado vuestra conciencia, ayunáis como debéis hacerlo

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 15

La excomunion protestante de Juan Kepler



Casi a la muerte de Copérnico y como tomando su antorcha, nacía por aquella época otro gran
astrónomo: el danés Tycho Brahe (1546) quien tiene el honor en el ámbito de la astronomía de ser el último científico que observó las estrellas sin la ayuda de aparatos ópticos. La vida de Brahe parece ser apasionante digna de novelarse: en agosto de 1563, cuando tenía apenas dieciséis años llegó a ser testigo de una conjunción entre Saturno y Júpiter que lo marcaría para siempre.

El fenómeno no habría tenido mayor trascendencia si no fuera porque se dio cuenta de que las tablas alfonsinas-las vigentes por entonces- predecían el acontecimiento con un mes de retraso, lo que lo llevó a pensar que el progreso en astronomía no podía conseguirse por la observación ocasional e investigaciones puntuales sino que se necesitaban medidas sistemáticas. Para ello, diseñó aparatos (no ópticos) que le permitieron medir las posiciones de los astros y planetas con una precisión muy superior a la época. Así, observó el cielo por más de… j22 años ininterrumpidos!

Con el tiempo (en 1600), durante una estancia en Praga, conoció al brillante matemático Juan Kepler quien pasó a trabajar con él y a quien antes de morir en 1601 entregó las anotaciones que tan sistemáticamente había registrado. Todo un tesoro. Kepler, nacido pocos años antes en Alemania (1571) y en el seno de una familia protestante, era un hombre profundamente religioso; sin embargo, sus estudios sobre la ciencia lo llevaron a la corta edad de treinta años a ser considerado como hereje por sostener las ideas de Copérnico y expulsado del conocido colegio teológico protestante de Tubinga. Debido a la persecución hubo de abandonar sus estudios y refugiarse en Praga, donde la universidad (universidad católica, recalquemos) lo recibió con honores; es allí donde conocería a Tycho Brahe. Alli,la unión de los estudios sistemáticos del primero y la agudeza intelectual del segundo, hicieron de la postura de Copérnico algo más que una hipótesis: se intentaba demostrar la circularidad de las órbitas planetarias a partir no solo de la observación empírica, sino también del concepto aristotélico y pitagórico que postulaba la
perfección de la forma circular,; de este modo los planetas debían moverse circularmente alrededor del sol, siguiendo sus órbitas circulares.

A pesar de la seriedad de Kepler sus investigaciones convincentes y grandiosas no fueron terminantes, aunque sí muy fructíferas, lo que culminaron en la publicación de las Tres leyes del Movimiento Planetario (o de Kepler), texto que revolucionó el conocimiento científico y permitió predecir con asombrosa precisión el movimiento de los astros. Fue a partir de esta investigación que el astrónomo alemán, mientras La Iglesia Católica fomentaba sus estudios, recibió la excomunión formal de la Iglesia Protestante en 1612. Solo para los curiosos, digamos por último que las investigaciones keplerianas serían completadas algunos años después por Isaac Newton con su «Ley de la Gravitación Universal», y recién a finales del siglo XVIII quedaría comprobada la rotación de la Tierra, que pudo «verse» con el péndulo de Foucault, en 1851.

Pero volvamos después de esta breve introducción al problema geocéntrico- heliocéntrico: la tierra giraba alrededor del sol o el sol alrededor de la tierra? La Iglesia, como vemos nunca se había opuesto al sistema copernicano como nunca se había opuesto a las hipótesis científicas y como manda la prudencia, simplemente pedía que cada hipótesis fuese planteada como tal hasta llegar a ser una tesis comprobable.

Leyes de Kepler

1) Los planetas se mueven de manera elíptica alrededor del Sol, el cual se sitúa en uno de los focos de la elipse.

2) El radio vector que une a un planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales

3) El cuadrado del período orbital de cualquier planeta es proporcional al cubo del radio de la órbita.

Oración

Hubo un hombre enviado de Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyesen: No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de aquel que era la luz

Evangelio

San Mateo 20:1-16
«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: `Id también vosotros a la viña.’ Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

Palabra del Señor

Signos precursores del fin del mundo



Para hablar sobre el fin de los tiempos, tomamos aquí, un fragmento completo del teólogo Antonio Royo Marín

En la Sagrada Escritura se nos dice que nadie absolutamente sabe cuándo sobrevendrá el fin del mundo. Cristo resucitado advirtió a sus apóstoles que no les correspondía a ellos conocer los tiempos ni los momentos que el Padre ha fijado en virtud de su poder soberano (Hch 1,7). Y en el Evangelio les había ya dicho que de aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo ni el hijo, sino sólo el Padre (Mt 24,36). Ya se comprende que el hijo no lo sabía como formando parte de su mensaje mesiánico que había de comunicar a los hombres, aunque sí como verbo eterno de Dios. Sin embargo, la misma Sagrada Escritura nos proporciona ciertos signos o señales por donde puede conjeturarse de algún modo la mayor o menor proximidad del desenlace final. No se nos prohíbe examinar esas señales, pero es preciso tener en cuenta que son muy vagas e inconcretas y se prestan a grandes confusiones, sobre todo por el carácter evidentemente metafórico y ponderativo de muchas de ellas. Buena prueba de esto la ofrece el hecho de que la humanidad ha creído verlas ya en diferentes épocas de la historia que hacían presentir la proximidad de la catástrofe final.

Vamos, pues, con sobriedad y moderación a recoger esas señales, pero guardándonos mucho de llegar a conclusiones demasiado concretas y simplistas. Lo único cierto en esta materia tan difícil y oscura es que nadie absolutamente sabe nada: es un misterio de Dios. He aquí las principales señales de que nos habla la Sagrada Escritura:

Grandes calamidades públicas

Jesucristo anunció en el Evangelio varias de estas calamidades: “Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerras; pero no os turbéis, porque es preciso que esto suceda, mas no es aún el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares; pero todo esto es el comienzo de los dolores” (Mt. 24,6-8).

Sabido es, sin embargo, que el discurso escatológico de nuestro Señor- del que están tomadas esas palabras- está lleno de dificultades y misterios. En él se habla unas veces de la ruina de Jerusalén; otras, del fin del mundo, y otras, de ambas cosas a la vez. Es muy difícil señalar exactamente qué es lo que corresponde a cada uno de esos acontecimientos. Ni los Santos Padres ni los modernos exégetas han podido precisarlo con exactitud. Nos parecen, por lo mismo, muy sensatas y acertadas las siguientes palabras de un notable expositor sagrado: “Cristo habla a los suyos como si tuvieran que presenciar aquellos signos de su nueva venida, a pesar de que sabía muy bien que ese nuevo advenimiento estaba muy lejos todavía. ¿Por qué habla así? Pues porque quería que los suyos estuvieran siempre prevenidos por su venida, cuyo tiempo preciso quiso que permaneciera oculto, aunque en algún sentido muy real y verdadero de la muerte de cada uno ocurre el advenimiento de Cristo juez; y por eso se explica que los mismo apóstoles exhorten a los fieles a permanecer siempre preparados para el día del juicio.

Lo cierto es que muchos de estos signos parecen manifestarse en nuestra sociedad; ya el Evangelio ha sido predicado a gran parte de la humanidad, la apostasía es cada vez mayor, cada vez más los hombres, incluso los que se llaman cristianos, viven como paganos, y qué decir de las guerras y grandes calamidades como terremotos y fenómenos naturales que hemos presenciado. Además, otro gran signo de estos tiempos, han sido las continuas apariciones de nuestra Santísima Madre, que ha venido a advertir a sus hijos que el fin se acerca y que debemos estar preparados

La ciencia frente al protestantismo Sobre el heliocentrismo



Pero eran tiempos difíciles para Europa y Copérnico, a pesar de haber trabajado en ello durante décadas, no se animaba a publicar el reciente descubrimiento por temor a ser ridiculizado y perseguido por los protestantes, quienes tomaban dichas posturas como contrarias a la Biblia. Por qué contra la Biblia? Sucede que un pasaje del Antiguo Testamento parecía ir en contra de dicha hipótesis. Se trata del libro de Josué donde se lee que «el sol se detuvo» para poder dar la victoria al pueblo escogido; este es el pasaje:
«Entonces habló Josué al Señor, el día que el Señor entregó al amorreo en manos de los israelitas, a los ojos de Israel y dijo: Deténte, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayyalón’. Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. No está esto escrito en el libro del Justo? El sol se paró en medio del cielo y no tuvo prisa en ponerse como un día entero».

Como decíamos, eran épocas difíciles para contradecir a la Biblia, especialmente en un ambiente protestante. Los protestantes, con su «sola Scriptura» (única fuente de la revelación para los protestantes) y habiendo eliminado la Tradición de la Iglesia, decían que no podía «razonarse» sobre el tema (la «prostituta» llamaba Lutero a la inteligencia humana)

Es decir, de la famosa «libre interpretación» solo quedaban las palabras. Copérnico era cientfico pero no era idiota y temía a la inquisición protestante que ya varios se había llevado por «contradecir» el pensamiento único de los «reformados». Además, ya habían llovido condenas sobre sus trabajos; en un texto luterano de la época se lee: «la gente le presta oídos a un astrónomo improvisado que trata de demostrar de cualquier modo que no gira el cielo sino la Tierra. Para ostentar inteligencia, basta con inventar algo y darlo por cierto.

Este Copérnico en su locura, quiere desmontar principios nuevos y antiguos de la astronomía». Y el mismo Lutero decía que «se colocaría fuera del cristianismo quien afirmara que la tierra tiene
más de seis mil años», Mélaton, su seguidor en la «nueva iglesia» agregaba: «no toleraremos semejante fantasía». Tenía razón Copérnico para callar… sin embargo, como la verdad es amarga
y hay que echarla de la boca, en vez de entregarla a la imprenta comenzó a transmitirla humildemente de boca en boca entre sus alumnos más cercanos, entre ellos, Alberto Widmanstadt, la usaría frente al Papa Clemente VII para explicar la nueva hipótesis; al oir el
Papa el planteo Copérnico, recompensó a su portavoz con un códice griego que se encuentra en la biblioteca estatal de Münich, Alemania. Finalmente las ideas de Copérnico verían totalmente
la luz y a expensas de la Iglesia, luego de su muerte, antes por supuesto paso por Index librorum prohibitorum

Astrónomo Copérnico, de Jan Matejko (1873)
Copernico hablando con Dios

Y qué hay sobre los «milagros» del Corán?



los apologistas musulmanes insisten en que el Corán es fuente confiable porque es milagroso.

Básicamente postulan la existencia de cuatro tipos de milagros en el texto: lingüísticos,
numéricos, históricos y científicos. Examinemos cada uno de estos «milagros» para ver si estos salvan al Corán como fuente veraz y confiable»

«Milagros» científicos: Se dice que el Corán es un milagro porque contiene información exacta sobre diversas cuestiones en correspondencia con lo que ha descubierto la ciencia actual.

Ahora, para dilucidar esto, es necesario recordar que la gran mayoría de musulmanes son literalistas.De este modo, dado que asumen que el Corán es el reflejo directo del «discurso eterno de Alá», un 99% de exactitud científica no es suficiente. Se necesita de un 100%. Es el Corán 100% exacto a nivel cientifico? No. A decir verdad, contiene muchos errores científicos. Por
ejemplo, en Sura 71: 19 leemos: «Alá ha puesto la tierra como alfombra», De este modo, el Corán está implicando jque la tierra es plana! Asimismo, el Corán conceptúa a las montañas como
«estabilizadores de la tierra». Por ejemplo, en Sura 21: 31 leemos: «Hemos colocado en la tierra montañas firmes para que ella y sus habitantes no vacilen». Pero esta afirmación es simplemente
falsa ya que, como ha demostrado la ciencia moderna, los terremotos están siempre asociados con el proceso de formación de las montañas.

Por otra parte, nos encontramos con que la embriología postulada en el Corán es sumamente defectuosa a nivel científico. En efecto, menciona etapas simplemente inexistentes como la de «coágulos de sangre» y confunde fases postulando, por ejemplo, que primero surgen los huesos ya formados y recién después aparecen los músculos sobre ellos cuando en realidad los músculos están allí desde varias semanas antes de los huesos.

¿No se cree que el Corán cae en esos errores? Pues basta citar Sura 23: 13- 14 en que, respecto de la creación del hombre, se dice: «Le colocamos como gota en un receptáculo firme. Formamos
de la gota un coágulo de sangre, del coágulo un embrión y del embrión huesos, que revestimos de carne» Por tanto, resulta obvio que el Corán no es ningún milagro. Y aquí es necesario precisar algo importante: propiamente hablando, un milagro no es cualquier cosa «maravillosa» o «extraordinaria» sino que tiene una defnición bien específica cual es el ser la ruptura de las leyes
de la naturaleza por Dios para un propósito específico.

De este modo, incluso si todas las características «maravillosas» que los apologistas musulmanes reclaman para el Corán fuesen ciertas (lo cual, como hemos demostrado, no es el caso), no por ello
constituiría milagro. Que haya belleza lingüística, coincidencias numéricas, pronósticos interesantes o aciertos sobre cuestiones cientficas alo más resulta «llamativo», pero no constituye propiamente milagro porque no se ve que rompa con las leyes naturales

Dante A. Urbina
¿CUÁL ES LA RELIGIÓN VERDADERA?: Demostración racional de en cuál Dios se ha revelado