Pero la ciencia no parecía estar conforme y seguía buscando una explicación, fue así que, más de mil años después de Ptolomeo, Nicolás Copérnico, sacerdote y científico polaco (1473- 1543)fue requerido en 1514 por el concilio de Letrán para que aconsejara sobre la posibilidad de una reforma en el calendario. A raíz de sus investigaciones, el científico polaco declaró que la duración del año y los meses y el movimiento del sol y la luna, aun no eran suficientemente conocidos para intentar una reforma del estilo. El incidente, sin embargo, lo impulsó a hacer observaciones más exactas que, finalmente, sirvieron de base para completar el calendario gregoriano. El fruto de dichas investigaciones fue publicado bajo el título de «Sobre los Giros de los Cuerpos Celestes», testimonio de sus incansables observaciones de los astros, donde postulaba la hipótesis de que era el sol el que estaba quieto y de que todos los planetas, inclusive la tierra giraban
San Lucas 2:22-32 Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones*, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.»
Para hablar sobre el fin de los tiempos, tomamos aquí, un fragmento completo del teólogo Antonio Royo Marín
En la Sagrada Escritura se nos dice que nadie absolutamente sabe cuándo sobrevendrá el fin del mundo. Cristo resucitado advirtió a sus apóstoles que no les correspondía a ellos conocer los tiempos ni los momentos que el Padre ha fijado en virtud de su poder soberano (Hch 1,7). Y en el Evangelio les había ya dicho que de aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo ni el hijo, sino sólo el Padre (Mt 24,36). Ya se comprende que el hijo no lo sabía como formando parte de su mensaje mesiánico que había de comunicar a los hombres, aunque sí como verbo eterno de Dios. Sin embargo, la misma Sagrada Escritura nos proporciona ciertos signos o señales por donde puede conjeturarse de algún modo la mayor o menor proximidad del desenlace final. No se nos prohíbe examinar esas señales, pero es preciso tener en cuenta que son muy vagas e inconcretas y se prestan a grandes confusiones, sobre todo por el carácter evidentemente metafórico y ponderativo de muchas de ellas. Buena prueba de esto la ofrece el hecho de que la humanidad ha creído verlas ya en diferentes épocas de la historia que hacían presentir la proximidad de la catástrofe final.
Vamos, pues, con sobriedad y moderación a recoger esas señales, pero guardándonos mucho de llegar a conclusiones demasiado concretas y simplistas. Lo único cierto en esta materia tan difícil y oscura es que nadie absolutamente sabe nada: es un misterio de Dios. He aquí las principales señales de que nos habla la Sagrada Escritura:
La aparición de Elías y Henoc
Es otra señal misteriosa, que sólo de una manera muy confusa puede apoyarse en la Sagrada Escritura. El profeta Malaquías nos dice hablando de Elías: “Ved que yo mandaré a Elías, el profeta, antes que venga el día de Yahvé, grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres…” (Mal 4,5-6; cf. Mt 17,10-13). De Henoc nos dice la Sagrada Escritura que “por la fe fue trasladado sin pasar por la muerte, y no fue hallado, porque Dios le trasladó” (Heb 11,5).
Muchos Santos Padres- entre los que se cuentan San Agustín y San Jerónimo- interpretan de Elías y Henoc el misterioso episodio de los dos testigos que lucharán con el anticristo y serán muertos por él para resucitar después gloriosamente (Apo 11,3-13). Pero otros Padres y expositores sagrados dan otras interpretaciones muy diversas, por lo que es forzoso concluir que nada absolutamente se puede afirmar con certeza sobre este particular
Los Milagros históricos: Se dice que el Corán es milagroso porque contiene predicciones sobre el futuro que no podrían haber sido hechas por un mero hombre, sino que tienen que haber venido de Dios. Así, es el cumplimiento de estas profecías lo que demuestra que el Corán es efectivamente un libro sagrado.
El problema de este tipo de argumento es que, si se examina bien la cuestión, nos encontramos con que todas las «profecías» que se citan no son tales sino, simplemente pronósticos que no evidencian nada de milagroso o inspirado. Por ejemplo, la «profecía» de que Mahoma regresaría a la Meca (cfr. Sura 48: 27) simplemente se autocumple porque depende.. jdel mismo Mahoma! A su vez, la «profecía» de que determinados opositores del Islam morirían en la incredulidad (cfr. Sura 74: 26- 28 y Sura 111:1-3) simplemente es trivial y hasta tramposa porque el que un opositor no se convierta jes precisamente lo más probable! ( o acaso constituye una profecía el que acertemos cuando apostamos a «caballo ganador»?). Pero analicemos la «profecía» más citada por los apologistas musulmanes. Esta se encuentra en Sura 30: 2-4 donde se nos dice que los bizantinos vencerían a los persas dentro de «unos pocos años» después de haber sido vencidos por estos en el 614.
Se aduce que, pese a su improbabilidad, la «profecía» efectivamente se cumplió porque en el año 622 se inició la contraofensiva bizantina, obteniéndose finalmente la victoria sobre los persas. Sin embargo, hay que decir que, bien examinada, esta «profecía» no es para nada persuasiva En primer lugar, no es exacta.
En efecto, como explica el comentador Yusuf Ali, la frase árabe «unos pocos años» (bid ) se refiere a «un periodo de tres a nueve años. No obstante, la victoria de los bizantinos no se dio propiamente sino hasta el 627, es decir, como trece años después. Además, considerando que el mismo Mahoma era un genio militar, tenemos que «este pasaje no califica como una profecía desde que el tiempo entre la profecía y su cumplimiento fue demasiado corto v el evento era fácilmente predecible». Y no solo eso. Ni siquiera el pasaje es lo suficientemente claro.De hecho, como reporta Pfander, el comentarista islámico al- Baizawi «destruye toda la argumentación de los musulmanes al informarnos de ciertas lecturas variadas en estos versos» hallando que hay mucha incertidumbre acerca de la fecha en la que los versos fueron remitidos, su lectura correcta, y el significado, lo cual hace casi imposible demostrar que el pasaje contiene una profecía que se cumplió. Por lo tanto, no puede ser considerada como una prueba del oficio profético de Mahoma»
Caner Taslaman, The Quran: Unchallengeable Miracle, Ed. Citlembik, Istanbul 2006.
Yusuf Ali, The Meaning of the Holy Qur’ an, Ed. Amana, Beltsville, 2009, p. 1008, n. 3507
Cyril Mango, The Oxford History of Byzan- tium, Oxford University Press, Oxford, 2002, p. 308.
Gerhard Nehls, Christians Ask Muslims, Life Challenge, África, 1992, p.71.
Pfander, Mizan-ul-Haqq-Balance of Truth, The Light of Life, Vilach, 1986, pp. 279-280
Evangelio según san Mateo, 6: 1 6- 1 6 «Y cuando ayunéis, no os pongáis tristes como los hipócritas. Desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que recibieron su galardón». (v. 16)
Si el que ayuna aparece triste, es un hipócrita, pero ccuánto peor es el que no ayuna, pero que pinta en su rostro, por medio de invenciones de su imaginación, cierta palidez en señal de que ayuna?
Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 15
¿Entonces podemos encontrar fåcilmente la verdadera religión?
12:17 Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. Apocalipsis
– Debemos constatar con el Papa León XIII:
Reconocer cuál es la verdadera religión no es dificil a quien quiera juzgar con prudencia y sinceridad. En efecto, hay pruebas muy numerosas y brillantes, la verdad de las profecías, la multitud de los milagros, la prodigiosa necesidad de la propagación de la fe incluso entre sus enemigos y sorteando grandes obstáculos, el testimonio de los mártires y otros argumentos semejantes, prueban claramente que la única verdadera religión es la que el mismo » Jesucristo ha instituido, el cual da a su lglesia la misión de guardara y propagarla
Ella inaugura la posibilidad de apropiarse tecnológicamente de una realidad traspasada a la imagen, reproducible hasta el infinito desde que William Henry Fox Talbot inventó la técnica de los negativos. La fotografía, a diferencia de la pintura, reivindica fidelidad absoluta respecto de lo que muestra: una copia precisa virtualmente capaz de capturar lo que es tal cual es.
AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA
De suerte que si hay una cosa que sea el último término, no habrá producción infnita; si nada de esto se verifica, no hay causa final. Los que admiten la producción hasta el infinito, no ven que suprimen por este medio el bien. Porque hay nadie que quiera emprender nada, sin proponerse llegar a un término? . Esto sólo le ocurría a un insensato.
El hombre racional obra siempre en vista de alguna cosa, y esta mira es un fin, porque el objeto que se propone es un fin. Tampoco se puede indefinidamente referir una esencia a otra esencia. Es preciso pararse, La esencia que precede es siempre más esencia que la que sigue, pero si lo que precede no lo es, con más razón aún no lo es la que sigue.
Sobre la naturaleza del infinito: Aqui es importante entender que el infinito no es algo que podamos encontrar propiamente en la realidad sensible sino que más bien se trata de una noción abstracta del pensamiento. Esto es algo ampliamente reconocido por los matemáticos. AsÍ, por ejemplo, el prominente matemático alemán David Hilbert nos dice: «El infinito no puede encontrarse en la realidad. Tampoco existe en la naturaleza ni provee una base legítima para el pensamiento racional.
El papel que le queda al infinito (..) es solamente aquel de una idea».
Pero lo que estamos evaluando en el punto de partida del argumento cosmológico es la posibilidad o imposibilidad de la eternidad del universo real. Por tanto, no hay conmensurabilidad entre la objeción y el argumento.
reducción al absurdo, esta vez con el tiempo. Tomemos los planetas Venus y Neptuno. Supongamos ahora que por cada órbita que Neptuno completa alrededor del Sol, el planeta Venus realiza dos. Si Neptuno ha completado 10 órbitas, Venus ha completado 20. Si Neptuno ha completado 1 trillón, Venus ha completado 2 trillones. Mientras más tiempo orbiten, más atrás queda Neptuno, Si continúan orbitando para siempre, se aproximarán a un limite en el que Venus esté infinitamente lejos de Neptuno
Pero ahora, demos la vuelta a la historia. Supongamos que Venus y Neptuno han estado orbitando alrededor del Sol desde un tiempo infinito en el pasado. Ahora, cuál de los dos habrá.completado más órbitas? Bueno, la respuesta matemática correcta es que el número de órbitas es idéntico (infinito). Pero eso es absurdo, pues mientras más tiempo orbiten, más debería crecer la disparidad entre ellos.