Los ángeles están presenten en Misa

No solamente el sacerdote ora por vosotros, también los ángeles oran con él. Indudablemente que los ángeles están presentes en la Misa. Así lo afirma la Iglesia y el Salmista: Manda a sus ángeles te guarden en todos tus caminos (salmo 137,2). En todas partes nos acompañan estos espíritus celestiales, nos cubren con su protección y nos colman de favores; pero cuando nos dirigimos hacia el altar del Señor, con qué gozo, con qué satisfacción desempeñan su misión ahuyentando a los espíritus malignos que tratan de turbar nuestra devoción y preservándonos de las sugestiones del demonio que se esfuerza en distraernos.

#ángeles #misa #sacerdote #obispo #ordensacerdotal #ángeldelaguardia #caminos #todostuscaminos #salmos #altardelseñor #devoción #demonio #distracción
#explicacióndelasantamisa #padremartindecochem

De la alteza de la libertad del alma, la cual se obtiene con la humilde oración, mejor que con la lectura

Oh Dios mió! Oh dulzura inefable! Amárgame todo consuelo carnal que del amor de lo eterno me aparte, y que culpablemente me atraiga mostrándome algún objeto de fugaz deleite

Dios mío, que la carne y la sangre no me venzan y subyuguen; que el mundo con su efímera gloria no me engañe, que el diablo con su astucia no me derribe y pisotee.

Dame fuerza para resistir, paciencia para sufrir, constancia para perseverar.

En lugar de todos los placeres del mundo, dame la unción suavisima de tu Espíritu, y en vez del amor carnal infunde el amor de tu nombre en mi corazón

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis) 1418

#libertaddelalma #humilde #oración #amárgame #amor #eterno #
#imitacióndecristo #tomásdekempis #amorfugaz #carneysangre #efímeragloria #diablo #astucia #fuerza #paciencia #constancia #placeres #placer #unción #espíritusanto #amorcarnal #amoratunombre
#imitacióndecristo #tomasdekempis #1418

Oración

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Alza fuerte la voz, heraldo;
mirad, el Señor Dios llega con poder.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 7, 19-23.

Anunciad a Juan lo que habéis visto y oído.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

EN aquel tiempo, Juan, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo:
«¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».
Los hombres se presentaron ante él y le dijeron:
«Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».
En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.
Y respondiendo, les dijo:
«Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Palabra del Señor.

Los pecados y errores cometidos

:
de los pecados hay que pedir perdón a Dios y olvidarlos. Cuando el Señor perdona, los borra, los quita, los elimina, ya no existen más que en el recuerdo de quien quiere seguirlos recordando. La contrición de corazón no tiene como intención llenarnos de rabia contra nosotros, sino de amor hacia Dios que nos sigue perdonando, aunque seamos débiles. Del pasado oscuro hay que aprender para no repetirlo, para ser más humildes, para confiar más en la misericordia de Dios y para ser misericordiosos… pero nunca para odiarnos por eso

Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat!



San Alejandro de Alejandría, predecesor inmediato de san Atanasio, nos dejó la siguiente preciada declaración sobre la singularidad de la Iglesia: «La única Iglesia, católica y apostólica, permanecerá siempre indestructible, incluso cuando el mundo entero le pague con la guerra en su contra. Porque su Señor la fortaleció diciendo: «¡ Ánimo!: Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33) 10. En el obelisco de la plaza de San Pedro están inscritas las palabras Christus vincit, y la punta del obelisco contiene una reliquia de la verdadera Cruz. La iglesia romana, la sede apostólica de san Pedro, es coronada, por así decirlo, con estas luminosas palabras Christus vincit y con el poder de la santa Cruz de Cristo. Incluso si durante la presente crisis y espiritual ofuscación uno pueda tener la impresión de que los enemigos de Cristo y de Su Cruz hayan ocupado hasta cierta extensión la Santa Sede, Cristo los derrotará. ¡Christus vincit!

Athanasius Schneider. Christus vincit!

Bautismo de agua y fuego

Evangelio según san Mateo, 3: 11- 12 «Yo en verdad os bautizo aquí en agua para que hagáis penitencia, pero El que ha de venir después de mí, es más fuerte que yo: cuyo calzado yo no soy digno de desatar. El os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Ya tiene el bieldo (aventador) en su mano, y limpiará muy bien su era, y reunirá el trigo en su granero; pero quemará las pajas en el fuego inextinguible». (vv. 11- 12)

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 3 Porque ninguno puede dar un beneficio más digno que lo que él mismo es, ni hacer una cosa que no sea él mismo, añade con mucha oportunidad: «El os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego». San Juan, siendo corpóreo, no podía dar un bautismo espiritual y por ello bautiza en agua que es materia. Cristo es espíritu porque es Dios. El Espíritu Santo también es espíritu, el alma también es espíritu y por eso el Espíritu bautiza con Espíritu. El bautismo espiritual aprovecha, porque entrando el espíritu abraza el alma y la rodea como de un muro inexpugnable y no permite que las concupiscencias de la carne puedan vencerla. Sin duda, no hace que la carne no se levante contra el espíritu, pero retiene al espíritu para que no consienta en la tentación. Por lo mismo que Jesucristo es juez bautiza en fuego, esto es, en las tentaciones. En cambio un simple hombre no puede bautizar en fuego, pues tiene potestad para tentar aquel que puede remunerar. Este bautismo de la tribulación (esto es, del fuego), quema la carne para que no engendre las concupiscencias, pues la carne no teme las penas espirituales, sino las carnales. Por ello, el Señor manda sobre sus hijos tribulaciones carnales, para que temiendo sus propias angustias la carne no se complazca en hacer lo malo.

Ya vemos que el espíritu rechaza las concupiscencias y no permite que prevalezcan. Por ello el fuego quema hasta sus raíces

Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 3

Oración

Dios, Padre nuestro, que hiciste a tu presbítero san Juan de la Cruz modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz, ayúdanos a imitar su vida en la tierra para llegar a gozar de tu gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

San Mateo 21:28-32

«Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: `Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.’ Y él respondió: `No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: `Voy, Señor’, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» -«El primero»- le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.

Palabra del Señor

Non sum dignus



Evangelio según san Mateo, 3: 11- 12 «Yo en verdad os bautizo aquí en agua para que hagáis penitencia, pero El que ha de venir después de mí, es más fuerte que yo: cuyo calzado yo no soy digno de desatar. El os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Ya tiene el bieldo (aventador) en su mano, y limpiará muy bien su era, y reunirá el trigo en su granero; pero quemará las pajas en el fuego inextinguible». (vv. 11- 12)

Cuando oigas que es más fuerte que yo, no juzgues que digo esto por comparación, porque no soy digno ni siquiera de contarme entre sus servidores para tomar la menor parte, aunque fuese la más vil de su ministerio. Por ello añade: «Cuyo calzado yo no soy digno de llevar»

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 11,4