El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior (cf Lc 8, 13-15; Hch 14, 22; 2 Tm 3, 12) en orden a una “virtud probada” (Rm 5, 3-5), y la tentación que conduce al pecado y a la muerte (cf St 1, 14-15). También debemos distinguir entreSigue leyendo «No nos dejes caer en la tentación»
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De cada día
La palabra griega, epiousion, no tiene otro sentido en el Nuevo Testamento. Tomada en un sentido temporal, es una repetición pedagógica de “hoy” (cf Ex 16, 19-21) para confirmarnos en una confianza “sin reserva”. Tomada en un sentido cualitativo, significa lo necesario a la vida, y más ampliamente cualquier bien suficiente para la subsistencia (cfSigue leyendo «De cada día»
Danos hoy nuestro pan de cada día
Esta petición y la responsabilidad que implica sirven además para otra clase de hambre de la que desfallecen los hombres: “No sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4, cf Dt 8, 3), es decir, de su Palabra ySigue leyendo «Danos hoy nuestro pan de cada día»
Caifás y Jesús
Según se lee en San Mateo (Mt 26, 62), el mismo Caifás tomó el toro por las astas, agregando una nueva nulidad a la causa (¿ y ya van…?), pues el mismo juez devino en juez y parte al mismo tiempo, como se dice en los tribunales. Toda legislación y especialmente la hebrea prohibía queSigue leyendo «Caifás y Jesús»
Mi sangre es tuya
Tengo vocación de apóstol… Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre y plantar tu cruz gloriosa en suelo infiel. Pero Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las 5 partes del mundo, y hasta las islas más remotas… Quisiera ser misionero no sólo duranteSigue leyendo «Mi sangre es tuya»
Acusaciones contra Cristo
En el caso de Jesús, se presentaron dos testigos que declararon juntos, cosa que iba también contra la ley, como señala el libro de Daniel en el caso de la casta Susana y los vejetes abusadores (Dan 13, 51: «separadles unos de otros y yo los examinaré»). Si una vez separados los testimonios no coincidíanSigue leyendo «Acusaciones contra Cristo»
Pobres pecadores
«¿Quién podría santificar a Dios puesto que Él santifica? Inspirándonos nosotros en estas palabras “Sed santos porque yo soy santo” (Lv 20, 26), pedimos que, santificados por el bautismo, perseveremos en lo que hemos comenzado a ser. Y lo pedimos todos los días porque faltamos diariamente y debemos purificar nuestros pecados por una santificación incesanteSigue leyendo «Pobres pecadores»
Santificado sea tu nombre
En la promesa hecha a Abraham y en el juramento que la acompaña (cf Hb 6, 13), Dios se compromete a sí mismo sin revelar su Nombre. Empieza a revelarlo a Moisés (cf Ex 3, 14) y lo manifiesta a los ojos de todo el pueblo salvándolo de los egipcios: “se cubrió de Gloria” (ExSigue leyendo «Santificado sea tu nombre»
Gloria de Dios
La santidad de Dios es el hogar inaccesible de su misterio eterno. Lo que se manifiesta de Él en la creación y en la historia, la Escritura lo llama Gloria, la irradiación de su Majestad (cf Sal 8; Is 6, 3). Al crear al hombre “a su imagen y semejanza” (Gn 1, 26), Dios “loSigue leyendo «Gloria de Dios»
Que estás en el cielo
El símbolo del cielo nos remite al misterio de la Alianza que vivimos cuando oramos al Padre. Él está en el cielo, es su morada, la Casa del Padre es, por tanto, nuestra “patria”. De la patria de la Alianza el pecado nos ha desterrado (cf Gn 3) y hacia el Padre, hacia el cielo,Sigue leyendo «Que estás en el cielo»