Verdadero Dios y verdadero hombre



Nosotros no creemos así. Confesamos que Cristo ha nacido de la Virgen María, no precisamente porque de otra manera no podría existir en verdadera carne y aparecer a los hombres, sino porque así está consignado en la Escritura. Si a ella no creemos, no podemos ser cristianos ni salvarnos. Y si el cuerpo asumido de una sustancia celestial o líquida lo hubiera querido convertir en verdadera carne humana, ¿quién negaría que lo hubiera podido hacer?

San Agustín, contra Faustum, 20,7

Para fariseos y presbiteros actuales



«La lucha contra el fariseísmo, ese “pecado contra el Espíritu Santo” que le impedía su manifestación mesiánica y hería terriblemente su amor a los hombres y a los pobres y a los débiles… sin contar su amor al Padre –y a la Verdad. Ésa es la clave de su carácter, quizá la principal, la que engloba todos los rasgos de su espléndida personalidad humana (…). En efecto, ésa es la esencia del fariseísmo (…): crueldad, soberbia religiosa y resistencia a la Fe. Pero Cristo desde la cruz pudiera responderles: «Creed en Mí y bajaré de la cruz». En efecto, cuando los judíos crean en Él, y los gentiles hayan caído en el pecado de muerte, bajará Cristo de su larga Cruz, que es toda la historia de la Iglesia (…). Los fariseos son «religiosos profesionales»… como el profesionalismo de la religión (…) es solamente el primer grado del fariseísmo en todo caso (…). El segundo: la religión se vuelve instrumento, profesión (…). El tercero: la religión se vuelve instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero»[22]

Padre Castellani

Abba Pater



Podemos adorar al Padre porque nos ha hecho renacer a su vida al adoptarnos como hijos suyos en su Hijo único: por el Bautismo nos incorpora al Cuerpo de su Cristo, y, por la Unción de su Espíritu que se derrama desde la Cabeza a los miembros, hace de nosotros “cristos”:

«Dios, en efecto, que nos ha destinado a la adopción de hijos, nos ha conformado con el Cuerpo glorioso de Cristo. Por tanto, de ahora en adelante, como participantes de Cristo, sois llamados “cristos” con todo derecho» (San Cirilo de Jerusalén, Catecheses mystagogicae, 3, 1)

«El hombre nuevo, que ha renacido y vuelto a su Dios por la gracia, dice primero: “¡Padre!”, porque ha sido hecho hijo» (San Cipriano de Cartago, De dominica Oratione, 9).

Oración

Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda en aquel mismo fuego con que abrasó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

San Marcos 10:32-45
Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará.» Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos nos concedas lo que te pidamos.» Él les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?» Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.» Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»

Palabra del Señor

Los saduceos



constituían la mayoría del Sanedrín. Era el partido de la nobleza sacerdotal y laical, conservador en religión y amigo de los romanos en política; contaban también con escribas en sus filas. El historiador judío Flavio Josefo resume así su doctrina: «enseñaban que el alma muere con el cuerpo»; tampoco creían en la resurrección (basta con recordar las famosas preguntas a Cristo sobre el matrimonio[18]). Eran, por decirlo así, los «materialistas» o epicúreos de la época, para quienes el destino del hombre no consistía más que en el goce de los bienes terrenales[19]. Entre ellos estaban Anás y Caifás[20]. La reunión del Sanedrín era utilizada para casos estrictamente reglamentados por la ley judía que exigían gravedad. Así, la Mishná determinaba que la sentencia de los setenta y uno es invocada cuando el negocio concierne a toda una tribu, a un falso profeta o al gran sacerdote; cuando se trata de saber si se debe hacer la guerra, si importa agrandar Jerusalén… o hacer cambios sustanciales… Sus atribuciones eran soberanas. A pesar de las divisiones internas, todos se aunarán –con excepciones– para el proceso de Cristo. La gran popularidad del rabí de Galilea llevó a que, en el primer año de su predicación, comenzase un gran resentimiento contra su Persona; y fue, según la tradición cristiana tradicional, ese resentimiento y envidia lo que terminó de cegar a la Sinagoga (Mc 11, 18; Jn 4,1; 7, 32 y ss.). Al mismo tiempo, el Sanedrín temía que los romanos tomasen cualquier movimiento mesiánico como una excusa para acabar con el último resto de independencia judía representado por ellos mismos (Jn 11, 48); el rencor contra Jesús crecía no sólo por su modo de vida sino por su lucha pública contra el modo de vivir de los jerarcas israelitas y la falsificación de la religión a la que habían

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Orar al Padre



Cuando oramos al Padre estamos en comunión con Él y con su Hijo, Jesucristo (cf 1 Jn 1, 3). Entonces le conocemos y lo reconocemos con admiración siempre nueva. La primera palabra de la Oración del Señor es una bendición de adoración, antes de ser una imploración. Porque la Gloria de Dios es que nosotros le reconozcamos como “Padre”, Dios verdadero. Le damos gracias por habernos revelado su Nombre, por habernos concedido creer en Él y por haber sido habitados por su presencia

Oración

Señor, tú me sondeas y me conoces; De lejos penetras mis pensamientos. ¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada?

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 10, 28-31.

Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.

Santo Sacrificio de la Misa


Si mucho recibimos de alguien, mucho tenemos obligación de agradecerle, de lo contrario, pasaríamos por ingratos.
Colmados por Dios de beneficios sin número, no podemos menos de preguntarnos con David, (Salmo 65,12) ¿Cómo corresponderé yo al Señor por tanto como me ha dado?; y con el profeta Miqueas (Miqueas 6, 6) ¿Qué puedo ofrecer al Altísimo que sea digno de Él?; o también con el joven Tobías (Tobías 12, 2); ¿Qué le daremos que iguale a sus servicios?
Escuchad la respuesta de David (Salmo 44,14): Inmolad a vuestro Dios un sacrificio de Alabanza, y dirigid vuestros ruegos y promesas al Altísimo. ¿Cuál es este sacrificio de alabanza, sino la Santa Misa? ¿y cómo daremos mejor gracias a nuestro Bienhechor, sino asistiendo a ella devotamente?
El Divino Sacrificio ha sido instituido, para proporcionarnos un medio de manifestar a Dios nuestro reconocimiento
Ireneo quiere decir, si por nosotros mismos no tenemos nada adecuado que ofrecer al Cielo, Jesucristo nos ha legado en su mística inmolación un don proporcionado a nuestra deuda.
Contra los Herejes, Libro IV. Capítulo XXII (Ireneo, fué obispo de Lyon Francia, murió en 202, Fué discípulo de San Policarpo quien fue discípulo de San Juan Evangelista. San Ireneo defendió la fe recibida de los Apóstoles porque ya en su tiempo habían sectas llamadas gnósticas que falsificaban la Fe cristiana auténtica que es la Fe católica)
Explicación de la Santa Misa (R Padre Martin de Cochem)