Es importante hacer notar también el mito que se esconde detrás de estas ideas, que no es otro que el del “buen salvaje”, mito trillado que permitió a Tomás Moro componer su Utopía, a Montaigne idealizar al indio americano en Los ensayos, a Rousseau fantasear con su “hombre en estado de naturaleza” (por supuesto, cada uno con sus grandes diferencias), y a la izquierda de nuestros tiempos delirar con el culto al indigenismo. El mito funciona de manera más que sencilla: se construye una antropología de ficción donde las condiciones de existencia son un reflejo de nuestros deseos de un mundo perfecto, se busca a continuación un chivo expiatorio que provocó la “caída”, y se plantean los conductos a través de los cuales es factible volver hacia atrás pero yendo presuntamente para adelante (de ahí que, paradójicamente, se digan “progresistas”). Esos conductos no suelen ser otros que las revoluciones sangrientas —como se hace explícito en el planteo de Montainge, o del propio Engels — cuyo sufrimiento es subsanado por la construcción —o mejor dicho, la devolución — del paraíso a la Tierra. De manera que nos encontramos frente a un mito mesiánico, frente a una secularización del movimiento milenarista bajo el que se colocaron algunos cristianos de los primeros tiempos, cuya convicción indicaba que Cristo traería su reino a la Tierra durante mil años. Así, mediante una transformación repentina, la Tierra se hace paraíso; se regresa al estado previo a la caída, en el caso de los milenaristas, por obra y gracia de Dios; en el caso de los izquierdistas, por obra y gracia de la abolición de la propiedad privada. Es dable notar, pues, el carácter de religión política que entraña el marxismo
Nicolás Márquez y Agustín Laje. El Libro Negro de la Nūëva Izquīērda: Ideolœgįa de génęrº o subversión cultural
Nuestra alma es libre: tiene la facultad de poder determinarse por su libre elección, de hacer u omitir, de elegir el bien o el mal. El libre albedrío se prueba:
1° Por el sentido íntimo de la conciencia. 2° Por la creencia universal de todos los pueblos. 3° Por las consecuencias funestas que resultarían del error contrario.
1º Sentido íntimo y conciencia. Nosotros tenemos el sentido íntimo de nuestra libertad: siento que soy libre, como siento que existo. Siento en mí la libertad de seguir la voz del deber o los halagos de las pasiones. Es ésta una verdad tan apodíctica, que basta entrar dentro de sí mismo para convencerse de ella. Tanta es nuestra libertad que podemos contrariar nuestros gustos, nuestros instintos, nuestros intereses, aun los más queridos. El hombre, en la plenitud de su libre albedrío, sacrificará sus bienes, su libertad, su familia, su vida, todo, por la verdad que él no ve, por la virtud que contraría sus apetitos.
Me ordenas con el cuchillo al cuello, que niegue a mi Dios, que abjure mi fe Yo siento que ningún poder me hará cometer semejante vileza. Yo encuentro en mi camino una bolsa de monedas de oro, y podría apropiármela, pues nadie me ha visto recogerla.
Pero si la tentación me asalta, yo la rechazo rápidamente, y devuelvo la bolsa a su dueño, prefiriendo vivir en mi indigencia antes que mancharme con un robo a los ojos de Dios. Es innecesario multiplicar los ejemplos.
“Oigo hablar mucho contra la libertad del hombre, y desprecio todos esos sofismas, porque, por más que un razonador trate de probarme que no soy libre, el sentimiento íntimo más fuerte que todos los razonamientos, los desmiente sin cesar” (J. J. Rousseau)
R. P. Hillaire, la religión demostrada LOS FUNDAMENTOS DE LA FE CATÓLICA ANTE LA RAZÓN Y LA CIENCIA
jOh, si Maria fuese más conocida, cuanto mas dichosos, cuanto mas santos, cuanto menos mundanos seriamos y con cuanta mas perfeccion seriamos vivas imágenes de nuestro único Señor Salvador su queridsimo y santisimo Hijo!
Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen libro de Luis María Grignion de Montfort
Señor Jesús, acuérdate de tu Congregación. Acuérdate de dar a tu Madre una nueva Compañía, para renovarlo todo por Ella y acabar por María los años de la gracia, como los has comenzado por Ella. “Da hijos” y servidores a tu Madre. “Que si no, me muero”
“Dalos a tu Madre”. Por Ella te pido. Acuérdate de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechaces. Acuérdate de que eres su Hijo y escúchame. Acuérdate de lo que Ella es para Ti y de lo que Tú eres para Ella, y cumple mis deseos.
¿Qué te pido? Nada en mi favor. Todo para tu gloria.
¿Qué te pido? Lo que Tú puedes, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debes concederme, como Dios verdadero que eres, a quien se ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra, y como el mejor de todos los hijos, que amas infinitamente a tu Madre
Gén 30,1 Mt 28,18
Súplica ardiente para pedir misioneros (S. Luis M. G. de Montfort)
Como muchas prácticas culturales, las circuncisiones masculina y femenina han sido ejercidas por numerosos motivos y continuadas por la tradición, incluso cuando las razones originales habían quedado atrás. Uno de los motivos menos conocidos en el caso de la primera es el control de la sexualidad masculina. Desde la Antigüedad hasta nuestros días se ha aprobado este procedimiento para reducir el deseo sexual y canalizar las energías del varón al servicio del grupo o comunidad.
Antes de que nadie descarrile el tema con la ablación, recuerden que esta última es ilegal. La circuncisión masculina no. Lo importante aquí es que todas las personas deberían tener derecho a su integridad genital y poder decidir cuando sean adultos
Tomás de Aquino [1225-1274 d.C.], aunque opuesto a la práctica como la mayoría de la cristiandad medieval, comenta que su imposición:
…tenía como meta disminuir la lujuria, que reside especialmente en estos órganos, debido a la intensidad del placer carnal [Thomas d’Aquin, IaIIae, q. 102, a. 5, ad 1.].
En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval
Bernabé de Módena (en italiano: Barnaba da Modena) fue un pintor italiano de estilo italo-gótico de mediados del siglo XIV, que trabajó en Lombardía
Evangelio según san Mateo, 6: 1- 1 «Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos de ellos. De otra manera no tendréis galardón de vuestro Padre, que está en los cielos». (v. 1)
Dice también nuestro Señor: «Para que seáis vistos por ellos», porque hay algunos que obran las cosas justas delante de los hombres, de tal modo que no desean ser vistos por ellos, sino que sean vistas sus obras y sea glorificado el Padre que está en los cielos. No buscan, pues, su gloria, sino la de Aquél en cuya fe viven
Postular la resurrección de Cristo como explicación de los tres hechos mencionados implica una clara contradicción porque la mejor explicación debe ser la más probable y un milagro es, por definición, el suceso más improbable. Luego, no se prueba la conclusión de la tercera vía. Respuesta: Esta objeción es planteada por Bart Ehrman, uno de los críticos del Nuevo Testamento más famosos de la actualidad. De acuerdo con él postular la resurrección de Cristo como explicación resulta improcedente porque, “como los historiadores solo pueden establecer lo que probablemente sucedió en el pasado, ellos no pueden mostrar que los milagros suceden ya que esto envuelve una contradicción: que el evento más improbable es el más probable”.
Sin embargo, este argumento no es nuevo. Ya había sido propuesto por el filósofo escocés David Hume en su ensayo Sobre los Milagros. Pues bien, ¿es procedente la objeción de Ehrman de que la inferencia de la resurrección es improcedente? Para nada. Más aún: se trata de una objeción demostrablemente falaz. En efecto: es claro que Ehrman disocia la consideración de la probabilidad de la resurrección de la consideración del contexto específico en que esta se postula. Pero ello es ilegítimo. La investigación contemporánea ha demostrado que para analizar coherentemente la probabilidad de algún evento o hipótesis debemos tomar en cuenta:
i) nuestro conocimiento de fondo sobre el mundo, ii) la evidencia específica en torno al evento, y iii) las interacciones probabilísticas de lo anterior.
Así, sea R la hipótesis de la resurrección, B nuestro conocimiento de fondo sobre el mundo, E el conjunto de evidencia específica en torno al tema (tumba vacía, testimonio de las apariciones, etc.) y Pr( X/ Y) la probabilidad de un evento X dado Y, tendremos que, considerando la estadística bayesiana, la probabilidad total de la resurrección de Cristo vendrá dada por: P( R/ B + E) = [P( R/ B) x P( E/ B& R)] / [P( R/ B) x P( E/ B& R) + P( noR/ B) x P( E/ B& noR)] Esta es la expresión compleja que debe usarse para considerar correctamente la hipótesis de la resurrección.
¿Cuál es el error de Ehrman, entonces? Tomar únicamente en cuenta la probabilidad intrínseca de la resurrección Pr( R/ B) sin tomar en cuenta todos los demás factores, es decir, los relativos a la evidencia específica (todos los términos de la expresión que contienen la letra E) y la consideración de que no se haya dado la resurrección (los términos que incorporan el no R). Así, incluso si la probabilidad intrínseca de la resurrección fuera muy baja (que es lo que propone Ehrman), la probabilidad total de la misma puede ser alta en cuanto: i) la hipótesis de la resurrección interactúe bien con la evidencia específica (la tumba vacía, el testimonio de las apariciones, la creencia de los discípulos originales, etc.) y ii) las explicaciones naturalistas (teoría del desmayo, teoría de la conspiración, teoría de la alucinación, etc.) sean altamente implausibles. ¡Pero eso es justo lo que hemos demostrado en el argumento y en la solución a las objeciones anteriores! De hecho, el profesor Richard Swinburne, de la Universidad de Oxford, ha calculado detalladamente la probabilidad de que “Dios se haya encarnado en Jesucristo que resucitó de entre los muertos” y ha llegado a un resultado del ¡97%!
Uno puede tomar esto solo como un dato referencial pero el hecho es que, cuando consideramos toda la información disponible en su contexto, resulta que la hipótesis de la resurrección es bastante plausible. Luego, la crítica de Ehrman fracasa irremediablemente. Pero ¿debemos necesariamente considerar, como hace Ehrman, que la probabilidad de la resurrección es intrínsecamente baja? Nos parece que no.
Y es que nuestro argumento sobre la resurrección de Cristo no es para nada un argumento aislado sino que se constituye como parte de un caso acumulativo a favor del teísmo cristiano. En el libro anterior hemos demostrado rigurosamente la existencia de Dios por medio de múltiples argumentos y en los capítulos precedentes hemos probado que los documentos del Nuevo Testamento son históricamente fiables y que la tesis de divinidad de Cristo es perfectamente plausible. Por tanto, no hay mayor motivo para pensar que la probabilidad de la resurrección es intrínsecamente baja. Se trata meramente de un prejuicio naturalista de Ehrman.
Entonces, una vez que uno se libra de su prejuicio contra los milagros y se abre a la posibilidad de lo sobrenatural, puede darse fácilmente cuenta de que la resurrección de Cristo se constituye como la mejor explicación de los tres hechos establecidos mencionados y que, por tanto, puede ser perfectamente aceptada por cualquier persona racional
Barth Ehrman, The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings, Oxford University Press, New York, 2004, p. 229
William Lane Craig, » Existe evidencia histórica de la resurrección de Jesús?», debate contra Bart Ehrman, realizado en el Colegio de la Santa Cruz (Massachusetts), 28 de marzo del 2006 primera refutación.
Richard Swinburne, The Resurrection Of God Incarnate, Oxford University Press, New York, 2003, p. 214
Dante A. Urbina, Dios existe?: El libro que todo creyente deberá y todo ateo temerá leer, Ed CreateSpace, Charleston, 2016
Jeffery Jay Lowder, «Historical evidence and the empty tomb story: A reply to William Lane Craig», Journal of Higher Criticism, vol. & ne 2, 2001, pp. 251-293