Jesús Dios

San Atanasio, contra haeret

El apóstol San Juan, anticipando desde mucho antes, con la luz del Espíritu Santo, la locura de este hombre, lo despierta del profundo sueño de su ignorancia con el poderoso acento de su voz diciéndole: “En el principio era el Verbo” (cap. 1). Luego el que en el principio era con Dios no ha tenido necesidad en lo último de los tiempos de recibir el principio de su origen del ser humano. Además dice: “Padre, glorifícame con aquella gloria que tuve en ti antes que fuese el mundo” (cap. 17). Aprenda aquí Fotino que éste poseyó la gloria antes del principio de los tiempos

Esterilización



A través de una intervención quirúrgica se suprime, tanto en el hombre como en la mujer, la capacidad de procrear; es decir, se privan del don de la paternidad y de la maternidad. Ésta atenta directamente contra uno de los fines del acto conyugal.

Existe la esterilización terapéutica, que es la irremediablemente exigida por la salud o la supervivencia del hombre, y es lícita en bien del todo – la vida- si se dan las siguientes condiciones: que la enfermedad sea grave, que la esterilización sea el único remedio para recobrar la salud o conservar la vida, que la única intención sea la de curar y no la de esterilizar. En otras condiciones, esta práctica no es justificable

Jesucristo

Flavio Josefo (37 al 97 d.C.)[ 3]: este historiador hebreo, en su libro titulado Las antigüedades judías, Cap. XVII, nos dice:

«Aunque Pilato, ante la denuncia de los primeros hombres entre nosotros, le condenó a la cruz, no le abandonaron los que desde el principio le habían amado».

Padre Nuestro



En el Bautismo y la Confirmación, la entrega [traditio] de la Oración del Señor significa el nuevo nacimiento a la vida divina. Como la oración cristiana es hablar con Dios con la misma Palabra de Dios, “los que son engendrados de nuevo por la Palabra del Dios vivo” (1 P 1, 23) aprenden a invocar a su Padre con la única Palabra que él escucha siempre. Y pueden hacerlo de ahora en adelante porque el sello de la Unción del Espíritu Santo ha sido grabado indeleble en sus corazones, sus oídos, sus labios, en todo su ser filial. Por eso, la mayor parte de los comentarios patrísticos del Padre Nuestro están dirigidos a los catecúmenos y a los neófitos. Cuando la Iglesia reza la Oración del Señor, es siempre el Pueblo de los “neófitos” el que ora y obtiene misericordia (cf 1 P 2, 1-10).

Oración

Padre, lleno de amor, concede a tu Iglesia congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es verdad;
santifícanos en la verdad.
Aleluya, aleluya, aleluya.


EVANGELIO
Jn 17, 11b-19.

Que sean uno, como nosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

Palabra del Señor

Jesucristo

«Fue oprimido y se humilló; no abrió la boca. Enmudecía como cordero llevado al matadero; como oveja a quien trasquilan, no abrió la boca». Is 53, 7.

Pater Noster



Según la Tradición apostólica, la Oración del Señor está arraigada esencialmente en la oración litúrgica «El Señor nos enseña a orar en común por todos nuestros hermanos. Porque Él no dice “Padre mío” que estás en el cielo, sino “Padre nuestro”, a fin de que nuestra oración sea de una sola alma para todo el Cuerpo de la Iglesia« (San Juan Crisóstomo, In Matthaeum, homilia 19, 4).

En todas las tradiciones litúrgicas, la Oración del Señor es parte integrante de las principales Horas del Oficio divino. Este carácter eclesial aparece con evidencia sobre todo en los tres sacramentos de la iniciación cristiana

Oración

Te pedimos, Señor, que envíes tu Espíritu Santo, para que, haciendo morada en nosotros, nos convierta en templos de su gloria

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito,
que esté siempre con vosotros.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 17, 1-11a.

Padre, glorifica a tu Hijo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

Palabra del Señor.