Como muchas prácticas culturales, las circuncisiones masculina y femenina han sido ejercidas por numerosos motivos y continuadas por la tradición, incluso cuando las razones originales habían quedado atrás. Uno de los motivos menos conocidos en el caso de la primera es el control de la sēxûålidad masculina. Desde la Antigüedad hasta nuestros días se ha aprobado este procedimiento para reducir el deseo sēxûąl y canalizar las energías del varón al servicio del grupo o comunidad.
Estos argumentos para la circuncisión masculina pueden parecernos lejanos en el tiempo, pero no lo son. A mediados del siglo XIX el mundo anglófono reintrodujo esta práctica, que había sido abandonada en la Edad Media por la mayoría de los cristianos. Su propósito era el mismo: controlar la sēxûålidad masculina, y fēmėnina A continuación citas de médicos que hasta hace relativamente poco consideraban la circuncisión como una práctica que servía para disminuir el placer del varón y aminorar así sus impulsos sęxûâles.
Se ha instado como argumento contra la adopción universal de la circuncisión que la extracción de la cubierta protectora de los glandes tiende a anestesiar la sensibilidad de esa exquisitamente sensible estructura y por tanto a disminuir el apetito sexual y los efectos placenteros del coito. Si damos por hecho que esto es cierto, mi respuesta es que, cualquiera que haya sido el caso en el pasado, la sensualidad de nuestros días no necesita látigo ni espuela, sino que vendría mejor un uso algo más juicioso de la contención y las riendas para el comportamiento. [E. Harding Freeland, Circumcision as a Preventative of Syphilis and Other Disorders, The Lancet, vol. 2 (29 Dec. 1900): pp.1869-1871.]
Enunciación: La cuarta vía para mostrar la veracidad de la religión cristiana se basa en el claro carácter milagroso de la expansión inicial del Cristianismo y se estructura como sigue: 1. Si una religión exhibe singularmente una clara “ayuda divina” en su expansión inicial, debe ser la religión verdadera. 2. Teniendo prácticamente todo en su contra desde el punto de vista humano, el Cristianismo logró una rápida e impresionante expansión inicial. 3. La explicación más razonable para esto es una ayuda divina especial. 4. Luego, el Cristianismo es la religión verdadera
Premisa 3: “La explicación más razonable es una ayuda divina especial”. En efecto, si en términos humanos las oposiciones y obstáculos son inmensamente grandes y los medios con que se cuenta son inmensamente pequeños, lo único que puede lograr que lo segundo venza a lo primero es el factor sobre- humano, es decir, una ayuda divina especial. ¿Se dio esta ayuda para el surgimiento del Cristianismo? Lo más razonable es suponer que sí. Para probarlo nos basta con lo que sigue de la cita de Hillaire: “El filósofo se va, mientras, hablando consigo mismo, dice: ‘¡ Pobre loco! Es una lástima que este judío haya perdido la cabeza; parecía una persona respetable’.
Pedro besa su Cruz de madera y penetra en Roma. Allí, a pesar de los sacerdotes judíos, a pesar de los filósofos, a pesar de los Césares, funda la religión de Jesucristo; hace adorar por esos orgullosos romanos a un judío crucificado; persuade a los voluptuosos a que practiquen la penitencia y puebla de vírgenes aquella ciudad disoluta. El ignorante pescador demuestra su doctrina tan cumplidamente, que los que la abrazan derraman con gusto su sangre en defensa de la misma. Algunos años más tarde, el apóstol extiende sus brazos sobre la Cruz que ha predicado. Su muerte fija para siempre en Roma la sede de su imperio. Después de su martirio, la cátedra desde la cual ha enseñado nunca queda vacante. Durante trescientos años la espada de los Césares hiere a todos los que la ocupan. Pero su trigésimo segundo sucesor bautiza al César y enarbola la Cruz sobre el Capitolio.
En adelante, la Cruz de madera llevada a Roma por Pedro dominará sobre el mundo: Stat crux dum volvitur orbis. ¿No es este un milagro? ¡Un pescador triunfa de todo el poder romano encarnizado en destruir su obra, y el mundo adora a un judío crucificado, bajo la palabra de doce hombrecillos de Galilea! ¡Esto no era humanamente posible, y, sin embargo, ha sucedido!… La locura de la cruz ha triunfado de todo el universo: he ahí el monumento inmortal de la divinidad del Cristianismo. ¡El dedo de Dios está ahí!”. Ignorantes, miedosos, pobres, pecadores… es con base en un grupo de doce de este tipo de hombres que la religión del “judío crucificado” logra expandirse y finalmente establecerse en el tal vez más grande imperio de la historia: el Imperio Romano. Esto es simplemente inverosímil y no hay explicación más razonable que la dada por la propia tradición cristiana: que el día de Pentecostés el Espíritu Santo bajó sobre este grupo de hombres y les concedió gracias especiales para difundir el Evangelio (buena noticia) en todas las naciones (cfr. Hechos 2: 1- 11).
Luego de tres siglos de feroz persecución por parte del poder romano se da, en el año 313, libertad de culto a los cristianos con el Edicto de Milán y luego, en el año 380, se proclama al Cristianismo como religión oficial del Imperio con el Edicto de Tesalónica. En el año 476, luego de más de mil años de existencia, el Imperio Romano cae a manos de los bárbaros. Pero la Iglesia sigue en pie. Es evidente que verdaderamente la impulsa, ayuda y sostiene una mano divina… A este respecto, resulta muy interesante la reflexión del filósofo cristiano J. P. Moreland:
“Pensemos en el comienzo de la Iglesia cristiana. No hay duda de que comenzó poco después de la muerte de Jesús y se propagó tan rápido que en el transcurso de un período de quizás veinte años ya había llegado al palacio del César en Roma. No solo eso, ese movimiento triunfó sobre una cantidad de ideologías rivales y finalmente sobrepujó al Imperio Romano entero. Ahora bien, si usted fuera un marciano que observa el siglo I, ¿creería que sobreviviría el Cristianismo o el Imperio Romano? Probablemente no apostaría dinero por un grupo de gentuza cuyo mensaje principal era que un carpintero de un pueblecito desconocido que había sido crucificado, había vencido la tumba. Sin embargo, ¡fue tan exitoso que hoy en día llamamos a nuestros hijos Pedro y Pablo y a nuestros perros (…) Nerón!”
Conclusión: “El Cristianismo es la religión verdadera”. Dada la impresionante expansión del Cristianismo pese a que tenía todas las dificultades imaginables en su contra y solo disponía de medios humanamente ínfimos para hacerles frente, es legítimo inferir que allí hubo una ayuda divina especial. Y así lo veía claramente Orígenes cuando en su refutación a Celso, uno de los escritores paganos más críticos del Cristianismo en los primeros siglos, escribía: “Los cristianos, en cambio, han sido combatidos por el senado romano, por los emperadores que se han ido sucediendo, por el ejército y el pueblo y hasta por sus propios parientes, y se hubiera perdido su doctrina, vencida por tamaña conjura de asechanzas, de no haberla sostenido y levantado una virtud divina, hasta el punto de vencer al mundo entero conjurado contra ella”. “Yo he vencido al mundo”, dice Jesucristo (Juan 16: 33). Luego, el Cristianismo es la religión verdadera
A. Hillaire, La Religión Demostrada: Los Fundamentos de la Fe Católica ante la Razón y la Ciencia, Ed. Difusión, Buenos Aires, 1956, pp 238-241
Lee Strobel, El Caso de Cristo, Ed Vida, Florida, 2000, p. 295
Origenes, Contra Celso, Lib. cap. 3
«ECCE CRUX DOMINI – FVGITE – PARTES ADVERSAE – VICIT LEO DE TRIBV IVDA», en español: «Esta es la cruz del Señor. Huid, adversarios. Triunfa el león de la tribu de Judá».
En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval
Juan Rexach o Juan Reixach (fl. 1431-1482/1495) fue un pintor español formado en el estilo gótico internacional, activo en la Corona de Aragón. Avecindado en Valencia desde 1437, en contacto con Jacomart asimiló las novedades del estilo hispanoflamenco del que ambos pintores serán principales impulsores en el Reino de Valencia
Life of the Virgin and Saint Francis by Nicolás Francés, altarpiece, now located in Museo del Prado
Los investigadores de medios masivos tienden a coincidir en que, aun considerando que estos efectos puedan no recaer sobre todo el mundo y que distintas categorías de individuos, por razones psicológicas o sociológicas, son capaces de esquivar la penetración cultural de los medios o que estos los impacten de manera variable, existe todavía un efecto mucho más difícil de neutralizar: el poder del que los medios disponen para ordenar las prioridades de la agenda que la opinión pública discute.
Este poder fue denominado agenda-setting, y quedó inicialmente descrito por Maxwell McCombs y Donald Shaw en un célebre experimento que tuvo lugar con motivo de la campaña presidencial norteamericana de 1968. Los investigadores cruzaron datos sobre la prioridad que los medios masivos otorgaban a los distintos temas y la prioridad que la opinión pública, a su vez, le confería a los mismos.
El resultado, en pocas palabras, fue que la gente otorgaba mayor importancia a los temas que más aparecían en los medios; por tanto, el medio tiene un enorme poder a la hora de seleccionar de qué temas se hablará en una sociedad determinada, mientras descarta otros. Al margen del grado de éxito en la orientación concreta de las opiniones, lo cierto es que, cuando menos, los medios tienen la capacidad de hacer que determinados temas aparezcan en esas opiniones. Así las cosas, en el caso en que no nos digan qué pensar, de todas formas nos dicen en qué pensar.
La selección de temas a tratar implica, al mismo tiempo, jerarquización: algunos temas reciben más espacio que otros, y terminan ocupando un lugar relevante en la prioridad que la opinión pública les dispensa. Además de jerarquizar los temas, los medios de comunicación masivos jerarquizan la importancia de las voces que por ellos se difunden. Es evidente que no todas las voces valen lo mismo en los medios. Piénsese en un ciudadano que, en el marco de su quehacer cotidiano, se cruza con un periodista que está solicitando la opinión del «hombre común» sobre un determinado tema. Diga lo que tenga para decir, la de este hombre nunca será más que eso: la opinión de un anónimo, de un «común». A nadie le llama realmente la atención: su poder cultural es minúsculo, porque tiene muy pocas probabilidades de constituirse en la referencia activa de un proceso de cambio o refuerzo de opinión. Pero una entrevista ya no casual, sino pactada y pautada de antemano, no ya al hombre corriente, sino a un «hombre del medio», a un «hombre de la farándula» o a quienquiera que sea presentado como «experto en…», se garantiza la casi automática bendición del medio como voz autorizada y la consiguiente atención del receptor. Los medios, entonces, no simplemente ofrecen informaciones y opiniones, sino que definen distintos grados de autoridad a distintos agentes culturales a la hora de discurrir sobre determinados temas.
Así, los llamados «líderes de opinión», que no son otra cosa que autoridades culturales mediáticas, lideran la opinión precisamente porque aparecen en los medios de comunicación masiva. Hay aquí un círculo vicioso manifiesto.
Maxwell McCombs, Donald Shaw, «The Agenda-Setting Function of the Mass Media». En Public Opinion Quaterly, 1972, pp. 176-187. Lippmann, sin embargo, ya había adelantado estas nociones mucho antes. Cf. Lippmann, La opinión pública.
Evangelio según san Mateo, 6: 5- 6 «Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas que aman el orar en pie en la sinagoga, y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón. Mas tú cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre, en secreto: Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará». (vv. 5- 6)
Siempre es bueno separarse de la vanagloria, especialmente cuando se está en oración. Si aparte de este defecto tenemos el de dejarnos llevar de pensamientos y entramos a orar en la iglesia con tal enfermedad, ¿cómo entenderemos lo que se nos dice?
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 19,3
La #familia es la #base del #plan de #nuestro #Señor y #todas las #fuerzas del #mal #apuntan a #demolerla. #Defiendan a sus #familias y #protéjanlas #contra la #rabia del #Maligno con la #presencia de #Dios. #San #CharbeldeMakhlouf
San Mateo 16:13-19 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Evangelio según san Mateo, 6: 5- 6 «Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas que aman el orar en pie en la sinagoga, y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón. Mas tú cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre, en secreto: Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará». (vv. 5- 6)
Y por ángulos de las plazas se entienden aquí aquellos sitios en que se cruzan dos o más calles, formando lo que se llama una encrucijada
En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval
Enguerrand Quarton (Laon, hacia 1415 (otros dan como años de nacimiento entre 1418 y 1419) – Aviñón, 1466) es un pintor francés del estilo franco-flamenco, última fase del gótico o, también llamado por algunos autores, prerrenacimiento. Trabajó en Provenza (Aix-en-Provence, Arlés, luego en Aviñón) donde ejecutó tablas, retablos y miniaturas