Oración

Señor, escucha nuestra oración. Y llegue a ti nuestro clamor

Evangelio


San Lucas 11:47-51
«¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros erigís monumentos. «Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan a esta generación cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación

Palabra del Señor

Al pie del altar

Ne reminiscáris, Domine, delícta nostra vel paréntum nostrórum, neque vindíctam sumas de peccátis nostris. Via sacra

En la Carta Novo milenio ineunte, el Santo Padre nos indica el camino



Interpela a la conciencia de los cristianos su llamado a la conversión, íntimamente unido a la misión de llevar el Evangelio a todas las gentes, recordando, como escribe el Cardenal Ratzinger, que «el Señor mismo -extendiendo y ampliando la parábola del
grano de mostaza- ha formulado esta ley de la fecundidad en el pasaje de la semilla del grano que muere, caído en la tierra (Jn 12, 24).

También esta ley es válida hasta el final del mundo Y es –junto con el misterio del grano de mostaza- fundamental para la nueva evangelización. Toda la historia lo demuestra. Serfa fácil demostrarlo en la historia del cristianismo.

Quisiera recordar ahora solamente el comienzo de la evangelización en la vida de San Pablo.

El éxito de su misión no fue el fruto de un gran arte retórico o de prudencia pastoral. La fecundidad fue vinculada al sufrimiento, a la comunión en la pasión con Cristo (cf. 1 Cor 2, 1-5; 2 Cor 5, 7; 11, 10s; 11, 30; Gal 4, 12-14). <Ninguna señal será dada sino aquella de Jonás el profeta>, ha dicho el Señor. La señal de Jonás eS el Cristo crucificado, son los testimonios que completan que falta a los sufrimientos de Cristox (Col 1, 24). En todos los
períodos de la historia siempre se ha verificado la palabra de Tertuliano: <Es una semilla la sangre de los mártires>

Juan Claudio Sanahuja. El desarrollo sustentable. La nueva ética internacional

Te pido señor



Hijos: Verdaderos hijos de María, tu Santa Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazo y enriquecidos con sus gracias

Súplica ardiente para pedir misioneros (S. Luis M. G. de Montfort)

Circuncisión y control de la sēxûålidad masculina y femenina


Como muchas prácticas culturales, las circuncisiones masculina y femenina han sido ejercidas por numerosos motivos y continuadas por la tradición, incluso cuando las razones originales habían quedado atrás. Uno de los motivos menos conocidos en el caso de la primera es el control de la sēxûålidad masculina. Desde la Antigüedad hasta nuestros días se ha aprobado este procedimiento para reducir el deseo sēxûąl y canalizar las energías del varón al servicio del grupo o comunidad.

Estos argumentos para la circuncisión masculina pueden parecernos lejanos en el tiempo, pero no lo son. A mediados del siglo XIX el mundo anglófono reintrodujo esta práctica, que había sido abandonada en la Edad Media por la mayoría de los cristianos. Su propósito era el mismo: controlar la sēxûålidad masculina, y fēmėnina A continuación citas de médicos que hasta hace relativamente poco consideraban la circuncisión como una práctica que servía para disminuir el placer del varón y aminorar así sus impulsos sęxûâles.

Finalmente, la circuncisión tiende a incrementar el poder de control sexual. La única ventaja que supuestamente confiere el prepucio es la de mantener al pene en una condición susceptible a una sensación más aguda que de otra forma no experimentaría. El prepucio puede incrementar el placer del coito y el impulso hacia él, pero éstas son ventajas de las que uno puede desprenderse en el estado actual de la sociedad. Si su pérdida da como resultado un incremento en el control sexual [en ambos casos se refiere a menos sexo, no a más poder de control por parte del varón], uno debería estar agradecido. Editor, Medical News. Our London Letter. Medical World, (1900) vol.77: pp.707-8]

¿Cómo, Señor?



Evangelio según san Mateo, 6: 5- 6 «Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas que aman el orar en pie en la sinagoga, y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón. Mas tú cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre, en secreto: Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará». (vv. 5- 6)

No nos dice precisamente ahora que oremos, sino que nos dice cómo debemos orar, así como antes nos ha enseñado, no que demos limosna, sino cómo debemos darla

San Agustín, de sermone Domini, 2, 3

Medios hegemónicos

Medios hegemónicos (dueños de casi todos los medios de comunicación que conocemos)
BlackRock
Vanguard grup
Tarea: investiguen a qué partido político tiene afinidad, y luego piensen en cnn

También las imágenes y otro tipo de estímulos pueden desencadenar el efecto priming. Lo relevante por ahora es comprender que, si lo que caracteriza a los medios de comunicación masiva es su capacidad técnica para ofrecer mensajes de distinta naturaleza (estímulos) a una enorme cantidad de audiencia, aquellos pueden instalar en esta determinadas palabras, conceptos, sonidos, imágenes, que afecten la percepción o el comportamiento que sucede a estímulos posteriores. Las emociones más estrechamente vinculadas al comportamiento político, por ejemplo, son el entusiasmo y el miedo. Los medios bien pueden activar con determinadas palabras e imágenes para mucha gente alguna de estas emociones, que a la postre puede terminar siendo asociada a determinado político, partido o ideología, con arreglo a estímulos políticos posteriores de manera inconsciente. Así, es importante reconocer que los medios de comunicación no actúan en el sujeto simplemente en un nivel consciente y superficial, sino que su información penetra mucho más hondo y, por medio de la memoria implícita, sus contenidos vuelven a la superficie para condicionar en muchos casos lo que se piensa, se dice y se hace, sin que, además, uno se percate de ello. Además del priming, los teóricos de medios de comunicación masiva destacan también el framing («enmarcado») como una forma de poder cultural. Los medios —ya se ha visto— no devuelven la realidad, sino apenas un recorte: una representación necesariamente defectuosa. Dentro de la gama de defectos imaginables, se encuentra la inevitable selección de imágenes, palabras, gestos, sonidos, colores para configurar un determinado mensaje a comunicar. La selección en cuestión generalmente

no es inocente;

a ella subyacen intereses, preferencias y posicionamientos conscientes e inconscientes que «enmarcan» el mensaje que luego recibe el receptor-masa. Este último, por lo tanto, no recibe mera información de los medios, sino sobre todo la manera concreta de interpretar esa información: los marcos a través de los cuales la información adquiere un sentido particular. Sin embargo, tal vez más importante que esto es el hecho de que el framing termina revistiendo efectos obvios no simplemente a nivel individual, sino también a un nivel agregado, es decir, en el conjunto de la opinión pública, que Manuel Castells resume así:

«Dado que los medios son la principal fuente de la comunicación socializada, que es una comunicación con el potencial de alcanzar a la sociedad en su conjunto, el enmarcado de la opinión pública se realiza mediante procesos que se producen principalmente en los medios de comunicación».

Por eso cuando la mayor parte de los medios, o mejor dicho, de los más poderosos en términos de su alcance masivo, enmarcan de la misma manera la realidad, la opinión pública termina articulándose a partir de la información, las palabras, los conceptos, las impresiones y valoraciones transmitidas por ese conjunto de medios hegemónicos

Castells, Comunicación y poder, p. 203

El argumento de la milagrosa expansión del Cristianismo



Enunciación: La cuarta vía para mostrar la veracidad de la religión cristiana se basa en el claro carácter milagroso de la expansión inicial del Cristianismo y se estructura como sigue: 1. Si una religión exhibe singularmente una clara “ayuda divina” en su expansión inicial, debe ser la religión verdadera. 2. Teniendo prácticamente todo en su contra desde el punto de vista humano, el Cristianismo logró una rápida e impresionante expansión inicial. 3. La explicación más razonable para esto es una ayuda divina especial. 4. Luego, el Cristianismo es la religión verdadera

Premisa 2: “Teniendo prácticamente todo en su contra, el Cristianismo logró una rápida e impresionante expansión inicial”.

Como es sabido, el Cristianismo exhibía una gran expansión inicial desde el mismo siglo I, contando con numerosos conversos judíos y gentiles en zonas como Palestina, Jerusalén, Éfeso, Corinto, Atenas, Alejandría, Roma, Egipto, Siria e incluso España y la India, por mencionar algunas. Una expansión claramente impresionante. Pero, ¿estaba el Cristianismo con el “viento a su favor” o más bien tenía toda la “marea en su contra”? En realidad, lo segundo.

El Cristianismo tenía prácticamente todo en su contra en términos humanos. Para probarlo basta y sobra con citar el siguiente diálogo elaborado por Hillaire (se resaltan en cursivas los aspectos que precisamente implican mayores dificultades):

“Bajo el reinado de Claudio, en el año 42 de nuestra era, un viajero, cubierto de polvo y abrumado por el cansancio luego de un largo camino, llegaba a la entrada de Roma, cerca de la puerta Naval. Un filósofo romano, amante de novedades, impresionado al observar el traje del extranjero y la expresión grave e inteligente de sus rasgos, le habló, entablándose el siguiente diálogo:

EL FILÓSOFO: Extranjero, ¿de dónde vienes?, ¿cuál es tu país?
PEDRO: Vengo de Oriente; y pertenezco a una raza que vosotros detestáis, a la que habéis expulsado de Roma: mis compatriotas se encuentran relegados al otro lado del Tíber. Soy judío de nación, nacido en Betsaida de Galilea.
EL FILÓSOFO: ¿Qué es lo que te trae a Roma
PEDRO: Vengo a destruir el culto de los dioses que vosotros adoráis y a haceros conocer al único verdadero Dios que no conocéis. Vengo a establecer una religión nueva, la única buena, la única divina.
EL FILÓSOFO: ¡Esto sí que es algo nuevo! ¡Hacer conocer un nuevo Dios, establecer una religión nueva!… ¡La empresa es grande! Pero, ¿cuál es el Dios desconocido del que hablas? PEDRO: Es el Dios que ha creado el cielo y la tierra; es un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios Padre ha enviado al mundo a su Hijo único, Jesucristo, que se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Como hombre, fue al principio carpintero en una pequeña aldea, Nazaret; vivió pobre; murió en una cruz en Jerusalén para expiar los pecados del mundo, pero resucitó al tercer día. Como Dios, tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, y me envía para deciros que todos los dioses del Imperio no son sino falsas deidades introducidas por el demonio. Él es el único verdadero Dios a quien se debe adorar en todo el universo.
EL FILÓSOFO: ¡Por Júpiter, tú deliras!… ¡¿ Tú querrías derribar los altares de nuestros dioses, que han dado a los romanos el imperio del mundo, para hacer adorar en su lugar a un Dios crucificado?! Pero ¿puede, acaso, imaginarse algo más absurdo, más impío? PEDRO: No, no deliro. Dentro de poco vuestros templos serán un montón de ruinas; y en Roma no habrá más que un solo Dios, el Dios crucificado en Jerusalén…
EL FILÓSOFO: ¿Y qué vienes a anunciarnos de parte de un Dios tan extraño?… Seguramente tu religión debe ser cómoda, fácil y atrayente, puesto que esperas sustituir con ella la religión del Imperio.
PEDRO: La religión que yo predico parece una locura a los hombres. Obliga a la inteligencia a creer misterios insondables, y al corazón a domar todas sus pasiones. Condena todos los vicios que tienen templos en esta ciudad; impone la práctica de las virtudes más difíciles: la humildad, la castidad, la caridad, la penitencia.
EL FILÓSOFO: ¿Y qué prometes a los seguidores de tu religión?
PEDRO: Aquí en la tierra tendrán que soportar incesantes luchas, privaciones y sufrimientos. Deben estar prontos a sacrificarlo todo, hasta la propia vida, antes que apostatar de su fe. Pero en el cielo, después de su muerte, yo les prometo un trono de gloria más hermoso que todos los tronos del mundo.
EL FILÓSOFO: Si los romanos renuncian a las delicias de la vida para abrazar tu religión tan austera; si cambian los bienes presentes por los tronos que les prometes sobre las nubes, yo te miraré como a un dios.
PEDRO: Yo no soy nada por mí mismo, pero Aquél que me envía es Todopoderoso. Yo vengo en su nombre a enseñar a todas las naciones y a restablecer su religión en todo el universo.
EL FILÓSOFO: ¡Dioses inmortales! ¡Jamás hombre alguno soñó con semejante proyecto!… Establecer una religión de tal naturaleza en Roma, en el centro de la civilización y de las luces; querer hacer adorar a un Galileo crucificado, ¡es una locura!… ¿Quién eres tú para soñar con semejante empresa?
PEDRO: ¿Ves allá en la orilla a aquellos pescadores? Pues ese es mi oficio. Para ganar el pan, he pasado una buena parte de mi vida remendando redes y pescando en un pequeño lago de mi tierra.
EL FILÓSOFO: ¿De qué medios dispones para imponer al mundo tus ideas? ¿Tienes, por ventura, soldados más numerosos y más valientes que los de César?
PEDRO: Nosotros somos doce, diseminados por todos los pueblos, y mi Dios me prohíbe emplear la violencia. Él nos ha enviado como ovejas en medio de los lobos. No tengo más arma que esta cruz de madera…
EL FILÓSOFO: ¿Posees, al menos, inmensos tesoros para ganar discípulos?
PEDRO: No tengo ni oro ni plata. En el mundo no poseo más que este vestido que me cubre. EL FILÓSOFO: En ese caso, confiarás en tu elocuencia. ¿Cuánto tiempo has estudiado con los retóricos de Atenas o de Alejandría el arte de persuadir a los hombres?
PEDRO: Ignoro los artificios del lenguaje. No he frecuentado más escuela que la del carpintero, mi Maestro, y no sé nada fuera de la santa religión que Él me ha enseñado.
EL FILÓSOFO: Pero, ¿esperas tú entonces que los emperadores, los magistrados, los gobernadores de provincia, los ricos y los sabios favorezcan tu empresa?
PEDRO: No; toda mi esperanza está en Dios. ¿Cómo podría yo contar con los ricos, los sabios y los césares?… Yo mando a los ricos que desprecien sus riquezas, a los sabios que sometan su razón al yugo de la fe, al César que abdique su dignidad de gran Pontífice y acate las órdenes de Aquél que me envía.
EL FILÓSOFO: En tales condiciones, es fácil prever que todo estará contra ti. ¿Qué intentas hacer cuando tal cosa suceda?
PEDRO: Morir sobre una Cruz: mi divino Maestro me lo ha predicho.
EL FILÓSOFO: Verdaderamente esto es lo más inverosímil de todo cuanto acabas de decirme. Extranjero, tu empresa es una locura… ¡Adiós!”.

En términos humanos el filósofo tiene toda la razón: el Cristianismo tiene todo en su contra y el pretender su expansión es una total locura…

A. Hillaire, La Religión Demostrada: Los Fundamentos de la Fe Católica ante la Razón y la Ciencia, Ed. Difusión, Buenos Aires, 1956, pp. 238-241

Oración

¡Oh Dios, que hiciste que el arcángel San Rafael fuese compañero de camino de tu siervo Tobías!; concédenos a tus siervos ser siempre protegidos por él y defendidos con su auxilio