San Juan 4:46-53 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir. Entonces Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis.» Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.» Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.» El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.
Estas páginas son el fruto de casi diez años de seguimiento de los documentos de las Naciones Unidas. Con un reducido, eficaz y sacrificado grupo de colaboradores, comprometidos sólo por su fidelidad al Evangelio de la Vida. Hemos clasificado y analizado 3.103 documentos oficiales de la ONU y sus agencias, y 4.482 documentos elaborados por reparticiones de las Naciones Unidas en conjunto con la Organizaciones No-Gubernamentales (ONG’s)
LA PREOCUPACIÓN POR LA NATURALEZA
Un poco de historia
Ernst Haeckel (1834-1919), alemán, discípulo de Darwin y Spencer, es quien habla por primera vez de «ecología». No es un buen comienzo, ya que Haeckel se sitúa en una linea de pensamiento profundamente materialista, el evolucionismo ideológico, que pretende hacer del evolucionismo radical y universal una filosofía omnicomprensiva aplicable a todos los órdenes de la realidad. La cumbre de la autoelevación de la materia sería la glorificación de la especie humana, autotransformada por la ciencia, el cultivo racial, la socialización o la revolución. Como las especies evolucionan, el hombre puede acelerar su marcha hacia el perfeccionamiento de su especie con la programación del Estado: el control de natalidad, los campos de «reeducación». Este evolucionismo ideológico, opuesto radicalmente a la metafísica del ser, se asienta en la concepción de la realidad como devenir. Naturalmente vienen a la cabeza, Hegel, Marx y el nazismo. Como comenta Graf Huyn, bien puede decirse que si Dios habia perdido su morada» en el Renacimiento a causa del giro copernicano, y si el determinismo de Laplace lo » dejó sin trabajo» en la época de la Ilustración, a comienzos de este siglo por obra de Darwin, Buchner y Haeckel, 2 Dios es un error probado por la Ciencia
Vid. Graf Huyn, H., Seréis como dioses, EIUNSA, Barcelona 1991, p. 49; Palafox M., E., Evolución y Darwinismo, Editora de Revistas, México 1287. nn. 32-38
Juan Claudio Sanahuja. El desarrollo sustentable. La nueva ética internacional
Oh sublimidad incomprensible! i Oh extensión inefable! ;Oh grandeza sin medida! iOh abismo impenetrable! Todos los momentos del día, en todos los confines de !a tierra, en lo más alto de los cielos y en lo más profundo de los abismos, todo nos predica, nos todo nos habla admirablemente de Maria. Los nueve coros de los ángeles, los hombres de todo sexo, edad, condición y religión, los buenos y los mnalos, hasta los mismos diablos se ven, por la fuerza de la verdad obligados a !lamaria, de grado o por fuerza,
Bienaventurada
En los cielos todos los ángeles la proclaman incesantemente, ha dicho S. Buenaventura: Sancta, Sancta, Sancta Maria, Dei Genitrix et Virgo; y todos los días la ofrecen millones y millones de veces la Salutación María, ante Ella, la suplican angélica: El que Ave mismo los honre etc., por Y favor postrados con de sus Órden alguna
De San Miguel, dice S. Agustín, con ser el príncipe de aquella corte celestial, es el más celoso en rendirla y procurar que los demás la rindan loda clase de honores, y estén siempre dispuestos a obedecer sus mandatos y acudir, a su palabra, a prestar aus servicios a alguno de sus servidores
Hagan lo que el les diga…
Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen libro de Luis María Grignion de Montfort
por aquellos santos y buenos sacerdotes y religiosas, buenos y santos misioneros
Es verdad, Dios soberano, que el demonio pondrá, como Tú lo has predicho, grandes asechanzas al calcañar de esta mujer misteriosa, es decir, a esta pequeña Compañía de hijos tuyos, que vendrán hacia el fin del mundo. Y que habrá grandes enemistades entre esta bienaventurada descendencia de María y la raza maldita de Satanás. Pero es una enemistad totalmente divina, la única de que Tú eres autor: “Pongo enemistad”
Súplica ardiente para pedir misioneros (S. Luis M. G. de Montfort)
Como muchas prácticas culturales, las circuncisiones masculina y femenina han sido ejercidas por numerosos motivos y continuadas por la tradición, incluso cuando las razones originales habían quedado atrás. Uno de los motivos menos conocidos en el caso de la primera es el control de la sēxûålidad masculina. Desde la Antigüedad hasta nuestros días se ha aprobado este procedimiento para reducir el deseo sēxûąl y canalizar las energías del varón al servicio del grupo o comunidad.
Estos argumentos para la circuncisión masculina pueden parecernos lejanos en el tiempo, pero no lo son. A mediados del siglo XIX el mundo anglófono reintrodujo esta práctica, que había sido abandonada en la Edad Media por la mayoría de los cristianos. Su propósito era el mismo: controlar la sēxûålidad masculina, y fēmėnina A continuación citas de médicos que hasta hace relativamente poco consideraban la circuncisión como una práctica que servía para disminuir el placer del varón y aminorar así sus impulsos sęxûâles.
Otra ventaja de la circuncisión… es la reducida propensión a masturbarse. Un prepucio largo es irritante de por si, ya que necesita más manipulación de las partes durante el baño… esto lleva al niño a tocarse las partes y, por norma general, sensaciones placenteras son despertadas en esta membrana mucosa extremadamente sensitiva, resultando en manipulación y masturbación. La exposición de los glandes del pene tras la circuncisión… reduce la sensibilidad del órgano… Por tanto reside en el médico -el consejero familiar en temas médicos y de higiene- promover su aceptación. [Ernest G. Mark, Circumcision, American Practitioner and News, vol. 31 (1901): p. 231.]
Evangelio según san Mateo, 6: 5- 6 «Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas que aman el orar en pie en la sinagoga, y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón. Mas tú cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre, en secreto: Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará». (vv. 5- 6)
Cada uno en donde siembra, allí recoge. Por lo tanto, los que oran por los hombres y no por Dios, no serán alabados por Dios sino por los hombres
Pseudo- Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 13
No prueba que exista por influencia divina, por tanto no se puede demostrar que el cristianismo es la religión verdadera
El hecho de que una religión se expanda rápidamente o de que quienes creen en ella estén dispuestos a morir por su fe no prueba que esa religión es la verdadera. Por ejemplo, el Islam se expandió muy rápidamente en Medio Oriente y se hallan quienes han muerto por sus creencias en prácticamente todas las religiones, pero no por eso decimos que todas ellas son verdaderas.
Respuesta: Esta objeción, aparentemente persuasiva, comete en realidad una doble falacia de blanco móvil como mostraremos a continuación.
En primer lugar, respecto de la rápida expansión, tenemos que se comete una falacia de blanco móvil por cuanto nuestro argumento no dice que el Cristianismo es verdad simplemente porque se expandió rápidamente sino más bien que es razonable inferir ello del hecho de que se expandió teniendo prácticamente todo en contra, siendo la explicación más plausible la “ayuda divina especial”. No vemos que lo anterior se cumpla en el caso de la expansión del Islam en Medio Oriente, que es el ejemplo que cita la objeción. Si los cristianos inicialmente se expandieron muriendo (véanse las actas de los mártires del siglo I al siglo III), los musulmanes se expandieron matando (véase la historia de conquistas militares del siglo VII -es decir, desde la misma aparición de Mahoma- al siglo XV); si Jesús se centró en el pequeño y oprimido Israel, Mahoma se centró en la gran Arabia; si Jesús hizo reclamos de divinidad en un contexto judío fuertemente monoteísta que de seguro lo iba a rechazar, Mahoma propuso un monoteísmo en un contexto pagano politeísta que se podía unificar; si Jesús fue asesinado por su propio pueblo que lo despreció, Mahoma conquistó militarmente al pueblo que no le creyó; si Jesús ofrece bienes espirituales, Mahoma ofrece también deleites carnales (sobre ellos, incluyendo el “gozar” de mujeres vírgenes, véase en el Corán: Sura 44: 51- 55, Sura 37: 40- 48 y Sura 55: 70- 77).
De ahí que Santo Tomás de Aquino diga: “Así sucede con Mahoma, que sedujo a los pueblos prometiéndoles los deleites carnales, a cuyo deseo los incita la misma concupiscencia. En conformidad con las promesas, les dio sus preceptos, que los hombres carnales son prontos a obedecer, soltando las riendas al deleite de la carne”.
Por tanto, no hay conmensurabilidad alguna entre el caso del Islam y el caso del Cristianismo. De otro lado, respecto del tema del martirio, tenemos que la objeción también allí comete una falacia de blanco móvil. Y es que, dado el sentido de nuestro argumento, no sostenemos que el Cristianismo es verdad simplemente porque hubo gente que murió porque creía que era verdad, sino porque ello se dio en un contexto en que varios de los que daban su vida por esa causa tenían la posibilidad clara de dilucidar si eso era verdad o no.
Para comprender bien esto hay que atender primero a la singularidad del Cristianismo como religión histórica. Mientras las otras religiones tienen “profetas” (como Mahoma), “sabios” (como Lao- Tse) o “iluminados” (como Buda) que al final de cuentas hablan de una verdad abstracta; el Cristianismo se refiere directamente a una verdad concreta señalando eventos históricos en torno a la predicación, ministerio, muerte y resurrección de un personaje histórico concreto: Jesucristo.
La vida de los otros líderes religiosos constituye una importante referencia para sus respectivas religiones pero no es el centro de doctrina; en cambio en el Cristianismo la misma profesión de fe implica desde ya creer que determinados eventos históricos realmente ocurrieron. ¿Cuál es el punto aquí? Que las personas que mueren por sus creencias en otras religiones mueren por algo en que creen profundamente pero que no tienen oportunidad directa de verificar, mientras que entre los mártires del Cristianismo del primer siglo hallamos varios que sí tenían oportunidad directa de verificar si estaban muriendo por algo cierto o falso.
No obstante, ellos eligieron morir por su fe y sostenían con toda confianza y seguridad la veracidad de los hechos relevantes frente a sus interlocutores. Esto último se evidencia claramente en el libro de Hechos de los Apóstoles, el cual, como vimos en el análisis sobre la fiabilidad del Nuevo Testamento, se escribió en torno al año 61. Pues bien, ¿qué nos encontramos en este libro? Que, situándose en un contexto donde estaban vivos varios de los coetáneos de Jesús, los apóstoles (es decir, los más representativos mártires) hablan con total soltura sobre los hechos en torno a Jesús asumiéndolos como de razonable conocimiento público. Así, nos encontramos con que Pedro, dirigiéndose a un hostil auditorio judío, dice directamente: “Escuchen, pues, israelitas, lo que voy a decir: Como ustedes saben muy bien, Jesús de Nazareth fue un hombre a quien Dios acreditó ante ustedes, haciendo por medio de Él grandes maravillas, milagros y señales” (Hechos 2: 22). Notemos que Pedro no dice “Nosotros los apóstoles sabemos…”, sino que apela directamente al conocimiento común de la gente diciendo “Como ustedes saben muy bien…”. Y ese sería el peor modo de comenzar su discurso si ello no fuera cierto, pues inmediatamente lo desmentirían.
Pero Pedro parece confiado. Y la misma confianza hallamos en el apóstol Pablo cuando, en su comparecencia ante el rey Agripa y respondiendo a la crítica del gobernador Festo, dice: “Lo que digo es razonable y es la verdad. Ahí está el rey Agripa, que conoce bien estas cosas, y por eso hablo con tanta libertad delante de él; porque estoy seguro de que él también sabe todo esto, ya que no se trata de cosas en algún rincón escondido” (Hechos 26: 25- 27). Y Pablo, que dice estas cosas, no es ningún tonto sino un hombre de “gran erudición”, como en la misma comparecencia se le reconoce (cfr. Hechos 26: 24), perfectamente capaz de hacer una investigación seria sobre algo que compromete su cabeza misma (la cual le fue finalmente cortada según relata la tradición). No se trataba, pues, de pura gente ignorante ya que, como reconocía el propio filósofo anticristiano Celso su Discurso Verídico, “se hallan también entre ellos (los cristianos) aquellos que son moderadores, equilibrados e inteligentes, que están dispuestos a explicar sus creencias”. Y de este grupo también salieron varios mártires. Así que los primeros mártires cristianos no fueron meramente personas que morían por algo de lo cual solo tenían referencia indirecta por medio de algún maestro o líder espiritual, sino que varios de ellos morían por algo de lo cual tenían (o podían perfectamente tener) referencia directa por ser de la misma época de Jesús (de hecho, muchos tuvieron la oportunidad de conocerle y andar con él).
Ergo, hay una gran diferencia entre los primeros mártires cristianos y las personas que mueren por sus creencias en otras religiones. Como anotan Habermas y Licona: “Nadie cuestiona la sinceridad del terrorista musulmán quien se inmola en un lugar público o del monje budista que se quema vivo como forma de protesta política. Los actos extremos no validan la veracidad de sus creencias sino que su disposición a morir indica que ellos ven sus creencias como verdad. Por otra parte, hay una diferencia importante entre los mártires apostólicos y aquellos que mueren por sus creencias hoy. Los mártires actuales solamente actúan confiando en creencias que otros les han enseñado. Los apóstoles murieron por mantener su propio testimonio de que habían visto personalmente a Jesús resucitado. Los mártires contemporáneos mueren por lo que creen que es verdad. Los discípulos de Jesús murieron por lo que sabían si era verdad o no” .
Otra anotación que es importante hacer sobre la singularidad del martirio cristiano es que no se estaba persiguiendo a un grupo religioso ya previamente consolidado sino a un grupo que recién estaba surgiendo y que, curiosamente, ¡se estaba expandiendo de modo extraordinario durante esas mismas persecuciones! Eso no es nada común. Una cosa es que, por ejemplo, un determinado régimen político persiga un grupo religioso ya establecido y que sus creyentes sufran y/ o resistan mayoritariamente la persecución; y otra muy distinta que es que la minoría que conforma una nueva religión que recién se está estableciendo se convierta en mayoría de modo sostenido en medio de la misma persecución.
Esto sorprendía tanto a los judíos y romanos que, preocupados y confundidos por el impresionante crecimiento de esta religión aun cuando la perseguían, preferían un “cristiano apóstata” en lugar de un “cristiano muerto”. Así, Orígenes, comparando la persecución a un grupo ya consolidado como los samaritanos con la persecución a los cristianos, escribe: “Alguno dirá que también los samaritanos son perseguidos por causa de su religión; a lo que contestamos que se los mata como a sicarios por razón de la circuncisión, por suponerse que se mutilan a sí mismos contra las leyes vigentes, haciendo lo que solo está permitido a los judíos. Por otra parte, nadie oirá a un juez que le proponga a un sicario empeñado en vivir según esa supuesta religión, esta alternativa: o dejarla y ser absuelto o, de perseverar en ella, ser condenado a muerte. Basta comprobar la circuncisión, para quitar de en medio al que la ha sufrido. Solo a los cristianos (conforme a lo dicho por su Salvador: ´ Ante gobernadores y reyes seréis conducidos por causa mía ´) los exhortan los jueces hasta el último aliento a que renieguen del Cristianismo, sacrifiquen y juren según los usos comunes, y vivan así en casa tranquilos y sin peligro”.
Por tanto, las muertes de los mártires cristianos tienen muchas características especiales que las distinguen cualitativamente respecto de lo que se observa en otras religiones y, considerando su contexto, sí constituye un importante elemento de plausibilidad para la veracidad del Cristianismo.
Corán
Santo Tomás de Aquino, Suma Contra Gentiles, Lib. I 5
Orígenes, Contra Celso, Lib. I, cap. 27
Gary Habermas and Michael Licona, The Case for the Resurrection of Jesus, Kregel Publications, Grand Rapids, 2004, ch. 3
En la pintura, una vez más, nos vemos obligados a citar las grandes obras que aun permanecen y que nos siguen asombrando, de las cuales no siempre han quedado los nombres de sus autores, pero toda iglesia europea (cristiandad) de aquella época es testigo de lo que decimos. Sin embargo hay algunos nombres que permiten mostrar el “barbarismo” medieval
Martin Schongauer (Colmar, h. 1448-Breisach, 2 de febrero de 1491) fue un grabador y pintor alemán perteneciente a la fase flamenca del gótico o prerrenacimiento. Fue el grabador más importante de Alemania antes de Alberto Durero.
The Holy Family, 10.25 x 6.75 inches. Kunsthistorisches Museum, Vienna.
El hombre teme el aislamiento, y los medios pueden jugar de alguna manera con esa sensación. La psicología social ha demostrado con célebres experimentos sociales la inclinación que tiene el ser humano a adherirse a las opiniones y percepciones mayoritarias, incluso cuando estas van contra toda evidencia o experiencia personal. Es conocido por ejemplo el experimento de Solomon Asch realizado más de cincuenta veces en la década de 1950 en Estados Unidos, en el que a los sujetos se les presentaban tres líneas bajo la consigna de que debían señalar cuál de ellas era más parecida a una cuarta línea en cuanto a su longitud. La respuesta era a todas luces evidente: de las tres líneas, había una que era virtualmente idéntica a la cuarta línea, y otras dos que eran notablemente diferentes.
Pero el experimento se realizaba en grupos, de siete a nueve personas, de las cuales todas menos una eran cómplices de Asch y brindaban adrede una respuesta evidentemente errónea. El último en dar su respuesta, en cada ronda, era el sujeto cuya conducta se estaba estudiando y que desconocía que los demás eran asistentes del experimento.
Lo que se pretendía medir, entonces, era la incidencia de la opinión del grupo sobre el sujeto no avisado, y los resultados fueron contundentes: solo un 25% de las personas se aferraba en todos los casos a su propia percepción sobre la longitud de las líneas, mientras que la mayor parte terminaba uniéndose al punto de vista mayoritario, aunque fuera a todas luces equivocado.
Asch, Solomon E., Studies of Independence and Conformity: I. A Minority of One against a Unanimous Majority. Psychological Monographs: General and Applied, (Washington: American Psychological Ass, 1956), 70(9), pp. 1–70.